Rey Vikingo: Regreso - Capítulo 1
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1: Un nuevo comienzo: Parte 1 1: Un nuevo comienzo: Parte 1 En la cafetería de cierta cuidad, se encontraba Ezequiel desayunando tranquilo.
Vio la hora en su reloj de muñeca y era momento de ir a su primer día como residente en el hospital.
Recogió sus pertenencias y dio marcha.
De lejos, un hombre corría con un bolso de mujer, con Ezequiel a varios metros delante.
Debido a no notarlo, por estar detrás, el desconocido lo empujó y cayó a la calle con centenares de vehículos.
Ezequiel no tuvo tiempo de reaccionar, o equilibrarse, el vehículo estaba cerca.
Aceptó su destino cerrando los ojos con el cuerpo relajado.
No sintió, no escuchó.
Un espacio oscuro lo invadía.
No podía mover su cuerpo, era como si no lo tuviera, sólo una mente flotando: eso no duró por mucho.
Abrió los ojos.
Yacía en la orilla de un pequeño lago, alejado de toda la sociedad.
Su apariencia había cambiado.
Compartían altura y una edad aproximada, sin embargo, su rostro era otro.
Tenía ojos azules y cabello rubio.
La tranquilidad que tenía no la comprendía.
Se arrodilló para echarse agua en el rostro y ahí se percató de su rostro gracias a la luz de la luna.
Quedó conmocionado.
No tuvo ningún tipo de reaccionar, su mirada se demostraba apagada.
Se mantuvo viéndose en silencio unos segundos mientras se tocaba el rostro y analizaba su vestimenta notoria al estilo medieval.
Luego de meditar su situación actual, llegó a una conclusión: se hallaba internado en el hospital.
Notó una choza después de ponerse de pie y se dirigió a él.
Quería saber lo que podía esconder algo como eso; no recordaba nunca haber visto una en su vida para que estuviese en su sueño.
—¿Cómo podré despertar?
No hay mucha información a cerca de esto.
—expresó caminando—.
¿Es posible que esté consciente de estar en coma?
Acercándose a la choza, pensaba en su familia y lo preocupada que podía estar su madre.
Cuando abrió la puerta vio una cama, una mesa y una silla.
Lo realista que era todo le impactó.
Decidió sentarse sobre la cama, notando, en un punto del suelo de madera, un sonido distinto.
Fue obvio que la curiosidad le ganó.
Se bajó y golpeó el suelo para comprobarlo mejor, pudiendo reafirmarlo.
Comenzó a revisar alguna abertura, o algo flojo, con el que pudiera quitar las tablas.
Encontró que se movía una y pudo desmantelar las demás.
Allí había varios objetos: una gema morada con un leve brillo, un arco con sus flechas al lado, una daga y un odre de agua.
Debajo de la cama se ocultaba una lanza.
No tenía idea de lo que podía hacer con ellos.
Tomó primero la gema y el brillo rebosaba con intensidad, nublando la vista de Ezequiel por unos segundos.
—¿Qué mierda fue eso?
¿Qué clase de sueño es este?
Tuvo una rara sensación de hormigueo en todo el cuerpo.
Lo guardó en el bolsillo de su pantalón junto a la daga, además de colocarse el carcaj con el arco enganchado.
Después de tomar la lanza, salió de ahí.
Aunque suponía que se mantenía en un coma, le parecía divertido interactuar con estas cosas; no quería pasar ese tiempo sin hacer nada y aburrirse.
Fue al lago a llenar el odre.
Por algún motivo que desconocía, tenía sed y hambre.
Asumió que podía ser su cerebro aún no reconociendo la situación actual.
Dio inicio la exploración en la vasta llanura con algunos árboles.
Sin pasar mucho tiempo se topó con un ciervo a metros de él, y el hambre era inmensa.
—Esto ya es muy raro, nunca vi un ciervo en persona, ¿Es normal que se vea tan realista?
El hambre le invadía tanto la mente que no le dejaba pensar con claridad, tomando la decisión de atacar a ese ciervo.
Sujetando la lanza, su mente se aclaró, podía notar, de alguna manera, dónde y cómo atacarlo.
Sin pensarlo más, decidió arrojarla, insertándola directo al corazón.
Fue hacia él de inmediato.
—No puede ser que haya podido hacer eso… ¿Será que se deba a estar en un sueño?
—veía su mano.
—aunque su chillido suena muy real, ¿De verdad estoy soñando?
Le faltaba el conocimiento de carnear a un animal, por esa razón lo hacía con intuición usando sus conocimientos médicos para perforar su piel.
El tacto con la piel era muy suave y sus dedos se entrelazaban con el pelaje.
Cada cosa que sucedía le hacía dudar más sobre si era un sueño o real, pero no le encontraba lógica que sea la realidad.
Ahora no podía quitarse la idea de la cabeza.
No quería revolver su cabeza y entrar en un conflicto interno.
Ignoró esas ideas cortando la piel del ciervo, fascinándole la facilidad del corte.
En el proceso se percató de unas huellas de zapatos cerca.
A cualquiera en la situación de Ezequiel estaría confundido, y él no era la excepción.
Quería averiguar de qué trataba, pero a su vez no le sentaba bien dejar el ciervo.
Se postró delante y se posicionó con las manos sobre él.
No creía poder levantarlo.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Thiago_b Odre: Recipiente de cuero de la edad media que se utiló para guardar agua.
Similar a una botella.
¿Cuál es su idea sobre mi cuento?
Deje sus comentarios y los leeré detenidamente
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