Rey Vikingo: Regreso - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 El reino escondido Parte 2
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12: El reino escondido: Parte 2 12: El reino escondido: Parte 2 Ella se sonrojó.
—¿Lo dices de verdad?
—se demostraba nerviosa.
—¿Por qué mentiría?
—Ezequiel la besó con lentitud por varios segundos.
—me estoy dejando llevar mucho, tal vez se deba por no haber estado con una mujer.
—Erik… —Está bien que la alagues, hermano, pero no digas mentiras.
Mi chica es la única atractiva.
Mira estas cosas.
—le sujetaba los pechos.
—Ay, Fulker… —Ajá, ¿Y yo para qué quiero mucha carne si después no puedo agarrar bien?
Prefiero tenerlas en mis manos y tocarlas mejor, ¿Pero qué cosas estoy diciendo?
¡Qué vergüenza!
Como sea, ¿Iremos, o te quedarás con ella?
—¿Ir a dónde?
—A montar caballos, ¿Quieres ir?
Le enseñaremos a hacerlo.
—Suena divertido, quiero verlo caer.
—¿Esta qué tiene conmigo?
Bueno, con Erik.
—No insultes a tu futuro Rey, ingrata.
Y verás a Erik hacerlo mejor que todos.
—Todavía no es Rey.
Puedo tratarlo como a cualquiera.
—¿No dirás nada?
—lo miró molesta.
—Es que todavía no soy Rey, ¿Qué puedo hacer?
Pero cuando lo sea, te dejaré hacer lo que quieres con estos dos, ¿Te parece?
—Amigo, no bromees con eso, sabes que toma en serio todo.
—Sí, no seas idiota.
—¿Tienes miedo?
—sonreía.
—haré una lista hasta ser Reina… —Tu cara da miedo, Hilda.
—comentó Ezequiel.
—estamos tardando, ¿Les parece si vanos ahora?
Ya me siento mejor.
—¿No querías tener a esos gemelos?
Mi padre los apartó.
—Más tarde.
* El establo tenía un gran tamaño, cabían varios animales, en su mayoría caballos y ovejas.
Ezequiel no tenía uno asignado.
Eligieron el de alguien asesinado no hace mucho tiempo, iban a entregárselo a su hijo, pero no había problema si el hijo del Rey lo tomaba por corto tiempo.
Hilda tomó una manzana de un pozo grande y fue hacia el caballo con confianza.
Se la entregó mientras le acariciaba debajo de la cabeza y hablaba de forma tierna; algo que le gustó ver a Ezequiel.
Lo amarró despacio para no alterarlo y lo llevó afuera, con el resto de sus caballos ya listos: lo ató a su caballo.
Quisieron ayudarlo a subirse, pero se rehusó, no quería demostrarle a la chica ser un inútil.
Apoyó el pie en el soporte y chocó la pierna contra el lomo, haciéndole perder el equilibrio hasta caer.
—¡Pero qué imbécil!
—la chica reía a carcajadas—.
¡No puede ser, es peor que mi hermanito!
—Arne, ya te pasaste.
—expresó Fulker.
—¿¡Te estás burlando del heredero!?
—exclamó un guerrero acercándose—.
¡Eso es una grave ofensa!
—¡Yo lo siento!
¡No creí…!
—¿¡Creíste que podías porque dejamos que lo traten como a cualquier otra persona!?
¡Tú cruzaste el límite!
¿¡Cómo te atreves a compararlo con tu hermano!?
—Señor, discúlpela, por favor.
No fue su intención ofender al heredero.
Sólo se confió por ver cómo nos hablamos con él.
—Si no digo nada, tal vez la maten.
No importa, sólo estaba bromeando, eso no me ofende.
Son sólo palabras.
—Como diga.
Te salvaste niña, agradece que él es bueno.
Pero que sea la última vez que te pases de la raya, ¿Entendido?
Y tú educa mejor a tu novia.
—Sí, señor.
Me encargaré de eso.
—Lo siento de verdad, Erik.
—expresó Arne.
—No te disculpes.
Me ofendió, pero son sólo bromas, no te preocupes.
—Muchas gracias.
—La próxima piensa antes de hablar.
—comentó Hilda.
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