Rey Vikingo: Regreso - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 El reino escondido Parte 4
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14: El reino escondido: Parte 4 14: El reino escondido: Parte 4 —¿Ya te cansaste?
—¿Cansarme?
Para nada, ¿Pero no te diste cuenta que las chicas no están?
—¿En dónde…?
—¡Ahg!
—ambas salieron del agua y se colgaron en sus espaldas, luego de girarse los besaron.
—¿Te asustaste?
—preguntó Hilda.
—Para nada, me puse contento por un segundo.
—¡Oye!
Eres malo.
—lo besó sonriendo—.
¿Y?
Le ganaste, ¿Verdad?
—En eso estaba.
—¿Es cierto?
¿Erik casi te gana?
—¿Ganarme?
Ni en sus sueños.
Le falta mucho para hacerme algo.
—Yo no lo vi así, él te levantó como si nada.
—contestó Hilda.
—Fue suerte, ¿Quieres continuar?
—Más tarde.
Recuperemos energía para ir con todo, ¿Te parece?
—De acuerdo, ¿Qué haremos ahora?
—Relajarnos, nadar un poco.
—¿Nadar?
—Así es.
—se puso boca arriba, flotando y tomó las manos de Hilda.
—súbete a mi abdomen, te llevaré así.
—¿Puedes hacerlo sin hundirte?
—Tú súbete.
—Bien, pero no intentes otra cosa, ¿Entendido?
—se subió.
—¿Por quién me tomas?
¿Ves?
Sigo flotando.
Es una tontería hacerlo, sólo ha que relajar el cuerpo, ¿Puedes agacharte un poco?
Me está dando el sol en la cara.
—¿Así está bien?
—se inclinó apoyando los antebrazos en su pecho.
—Perfecto.
—¿Tú quieres que haga lo mismo?
—Sí, se ve romántico.
Sabes que yo soy una mujer dulce y delicada.
—Está bien… —Dime, Erik, ¿Cómo es que cambiaste tanto?
Antes no eras así conmigo, y nunca demostraste estas habilidades, ¡Apareciste muy rápido en frente de mí!
—Eso… Fue la adrenalina del momento.
Cómo dijo Fulker, quizás los Dioses me están ayudando a ser un mejor guerrero y a… Ser un buen amante.
Yo tampoco lo sé.
También quiero saberlo, créeme.
—¿Un buen amante?
—sonrió.
—eso me gusta.
—¿Y qué hay de ti?
Eres dulce y tierna, como en este momento, pero también demuestras el carácter de una guerrera.
—¿Eso te molesta?
¿Quieres que sea una debilucha como la mayoría de las mujeres?
—No, eso me gusta de ti.
Pero admito que puedes dar un poco de miedo.
—sonreía.
—Ah, ¿Sí?
¿Te doy miedo?
—sonriendo arrimó la cara con la suya, apretándole los pectorales—.
¿Y ahora?
¿Te intimido?
—Un poco… —Oigan, no vayan a coger a aquí, ¿Quieren?
—expresó Arne.
—Son unos enfermos.
—añadió Fulker riendo.
Ezequiel e Hilda se miraron riendo.
Él la hizo bajar para poder girarse boca abajo y se sentara sobre su espalda.
Hilda no entendía bien qué quería intentar, pero accedió.
De repente, Ezequiel se sumergió en el agua, y ella se sujetó enseguida, aunque estuvo a punto de caerse.
Entonces comenzó a nadar usando toda su potencia.
Ella se sujetaba por debajo de sus brazos y apoyando el cuerpo completo.
Los peces pasaban a su lado, rosando sus pieles, como si no sintieran el peligro en ellos.
El rostro de Hilda se mostraba maravillado y sus ojos daban un brillo vívido.
Extendió con cuidado su mano izquierda para tocarlos.
Ezequiel estaba asombrado, ya que no era propio de los peces actuar de esa forma.
Hilda ya no podía resistir más el oxígeno, así que se soltó y salió a la superficie.
Él también lo hizo apenas se percató.
—¿Te quedaste sin aire?
—preguntó riendo.
—no soportas mucho, ¿He?
—le acarició la mejilla.
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