Rey Vikingo: Regreso - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Un secreto a conservar Parte 1
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18: Un secreto a conservar: Parte 1 18: Un secreto a conservar: Parte 1 Llegada la noche, Fulker se encargaba de la comida junto a Arne.
Ezequiel e Hilda esperaban nadando en el lago.
Él se detuvo de repente, obligándola a hacer lo mismo.
Permanecieron en silencio, entrelazando sus miradas.
Ezequiel la tomó de la cintura y ella se acercó más, apoyando su cuerpo contra el de él mientras rodeaba sus hombros con los brazos.
Su expresión era tranquila e ingenua, mientras sus pupilas se dilataban.
Ezequiel le sujetó los muslos con firmeza y comenzó a acariciarlos, provocando que se le escapara un gemido suave, sin apartar los ojos de él.
Su corazón comenzó a latir con fuerza, y su respiración se volvió cada vez más agitada mientras acercaba lentamente sus labios, cerrando los ojos.
La alzó sobre su cadera y ella rodeó su cintura con las piernas.
La presión firme contra su abdomen la hizo estremecerse mientras movía su cuerpo al ritmo calmado del agua.
Sus cuerpos, rozándose, parecían incapaces de resistirse al deseo.
Entonces ella se alzó con un movimiento brusco, hasta sentir su interior rodeándolo.
—¿Te sientes bien?
—susurró Ezequiel.
—Sí… no pares… —respondió ella con la voz agitada.
Sus movimientos se volvieron más bruscos y él tomó su largo cabello con firmeza.
Ella no logró contener los gemidos que escapaban cada vez con más intensidad.
Sus bocas se separaron y ella alzó la mirada hacia el cielo.
Ezequiel llevó sus labios hacia sus pechos, lamiendo con suavidad.
Ambos parecían perdidos en el éxtasis de sus cuerpos.
—Quiero… más duro… Él aumentó el ritmo hasta llevarlos al límite y la apretó con fuerza contra su cuerpo.
Un último suspiro escapó de los labios de Hilda.
Sus piernas le temblaban, así que, luego de recuperar el aliento, Ezequiel la tomó con un brazo y salieron del lago.
La recostó cerca del fuego poniéndole una manta de su jaima.
Él sólo se cubrió la entrepierna con una tela.
—¿Se divirtieron?
—preguntó Fulker sonriendo.
—pareces muy cansada.
—Nadamos mucho, eso es todo.
No molestes y sigue cocinando.
—No seas tan hostil.
—añadió Arne.
—la comida ya está, siéntate y come.
Así recuperas esa energía.
—Comamos y acostémonos, ¿Sí, Erik?
Ya me dio sueño.
—En ese caso, comamos rápido.
Además, quiero probar si la comida de ellos dos saben tan bien como la tuya, aunque no lo creo, ¿Tú qué dices?
—Nunca probé lo que él cocina.
Seguro que sabe a basura podrida.
—Pruébalo y verás.
Ezequiel fue el primero en llevar un bocado y cerró los ojos.
—Sabe horrible… —¿¡En serio no te gustó!?
¡No te creo!
—Estás mintiendo.
—añadió Arne.
—¿Por qué mentiría?
—Pero si sabe bien… —expresó Hilda.
—El de ella sabe mejor.
—la sujetó con el brazo izquierdo.
—sólo lo comeré por hambre.
Lo miró con los ojos brillosos.
—Dices eso para no lastimarla.
—señaló Fulker.
—hasta ahora nadie se quejó de mi comida.
—No te creo.
—¡En serio!
¡Soy el mejor cocinando!
—Sigo sin creerte.
Hilda le tomó de la mano sonriendo.
Apenas terminar de comer, Hilda y Arne se acostaron a dormir.
Ellos dos se quedaron sentados en frente de la fogata.
Ezequiel jugaba con una braza moviéndolo usando un palo.
—¿Hasta cuándo durará esta paz?
—cuestionó Fulker.
—¿Por qué lo dices?
—Ya sabes, estamos enemistados con el clan Ormsson.
Los bastardos nos atacaron con la guardia baja mientras viajábamos.
Nunca lo olvidaré.
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