Rey Vikingo: Regreso - Capítulo 3
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- Capítulo 3 - 3 Miedo y Furia Parte 1
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3: Miedo y Furia: Parte 1 3: Miedo y Furia: Parte 1 Despertó en una tienda bastante acogedora con suficiente espacio para vivir con normalidad.
—¿Dónde estoy?
—En nuestra jaima, Erik.
—¿¡Y tú quién eres!?
—se sentó alejándose con rapidez.
—¿Qué te sucede?
Actúas extraño.
—No puede ser… —llevó las manos a su cabeza—.
¿Cómo sucedió esto?
—sus ojos se inundaban de lágrimas.
—morí… Yo… Morí.
—¿Moriste?
Erik, estás delirando.
El golpe que te dio fue muy fuerte.
—Deja de llamarme así, ese no es mi nombre.
—¡Puta madre, Erik!
—gritó el chico—.
¡Deja de delirar!
¿Por qué no le das un baño, Hilda?
Él es tu novio, ¿No?
—cerró los ojos poniendo los dedos en el ceño.
—Y Erik, por Odín, deja de decir tonterías, tu padre llegará pronto.
Tienes que estar listo.
—Vete al diablo.
—contestó Ezequiel.
Lo miró por un momento.
—Tienes suerte, de ser su hijo.
—salió suspirando.
—Calentaré el agua.
Se puso de pie lentamente mientras miraba a Ezequiel con una sutil sonrisa.
Había un caldero cerca de la esquina y leña al lado.
Tomó un trozo de metal y un pedernal que estaban a un costado para hacer el fuego.
Ya tenía en su caldero grande.
Esperando a calentarse, regresó con Ezequiel con la intención de desvestirlo.
—¿Qué haces?
—Tienes que darte un baño para aclarar tu mente.
—¿Aclarar mi mente?
Por dios… —sonrió con una pequeña mueca.
—un baño, ¿He?
Bien… Pero yo me desvisto, gracias.
—¿Seguro?
Puedo hacerlo, no tengo problema.
—aflojó el cinturón.
—En serio, yo puedo.
—la detuvo sosteniéndole la mano—.
¿Por qué sigues insistiendo?
—Sólo quiero ayudarte.
Recibiste una paliza de Igor, mira tu cara, ¿Cómo es que terminaste peleando con él?
Sabes que no eres… Alguien fuerte.
—No sé qué decirte.
No entiendo un carajo lo que pasa, pero puedo decirte algo, a ese tipo ni siquiera le dirigí la palabra, ¿Cuál sería la razón para meterme con un desconocido?
—¿Desconocido?
—cuestionó confundida.
—no importa.
Así que tú no comenzaste la pelea.
—Ya te lo dije.
—Entiendo.
Tendrá que pagarlo entonces.
—Claro, lo que digas, ¿Al final me vas a quitar la ropa, o lo hago yo?
—Yo lo hago.
Quiero que descanses todo lo que puedas.
Con lentitud fue removiendo la túnica.
Tenía varias lesiones en el torso, e Hilda posó su mano en él, haciéndole chistear un poco por el dolor.
—Lo siento.
No pude evitarlo, fue un impulso.
—Da igual, tus manos son suaves y pequeñas, se sienten bien.
—las sujetó.
—además me ayudarás a bañarme.
—Claro.
—sonrió.
Al momento de llegar a la ropa interior, Hilda se detuvo y lo veía nerviosa.
—¿A caso nunca vio a este cuerpo desnudo?
Y a todo eso, si de verdad morí, ¿Por qué estoy usurpando su cuerpo?
¿Yo lo maté?
—¿Quieres… Que yo te… Lo quite?
—Perdón, ¿Qué me has dicho?
¿Lo puedes repetir?
—¿Si quieres… Que te quite…?
—Ah, claro, como quieras… —miraba a un punto fijo.
—Está bien.
—procedió a quitárselo.
—Espera, ¿Qué haces?
—Tú me dijiste que te lo quitara.
—¿En serio?
Ah, cierto, ¿El agua está lista?
Miró el caldero.
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