Rey Vikingo: Regreso - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 Miedo y Furia Parte 2
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4: Miedo y Furia: Parte 2 4: Miedo y Furia: Parte 2 —Sí, ya se calentó.
—se levantó apoyándole la mano cerca de la entrepierna por descuido.
—lo siento.
—Está bien, descuida.
Luego de llenar algo parecido a una bañera, Hilda le ayudó a sentarse.
Cerró los ojos con los brazos apoyados en los costados sin prestar atención a otra cosa, hasta que sintió a alguien metiéndose: era Hilda abrazándolo, sentía su piel frotando con la suya.
No dijo nada.
Le sujetó las manos para colocarlas en su abdomen, manteniendo las piernas y el cuerpo entero pegados.
Hilda apoyó la cabeza en la espalda con los ojos cerrados y sonriendo.
Ezequiel entrelazó los dedos con los de ella.
Se quedaron sentados en silencio sin mover un músculo.
El tiempo pasó y aún se mantenían abrazados.
El grito de un hombre les hizo percatarse.
—¡Erik!
—entró de forma brusca.
Ambos dirigieron, nerviosos, sus miradas hacia él.
Hilda se cubrió los pechos.
—Oh, lo siento.
—se cubrió los ojos.
—ya no podía ver la hora que hicieras eso, hijo.
—¿Hijo?
¿El dueño de este cuerpo es su hijo?
—Señor, yo… No quise… —Descuida, niña.
Esto no me molesta, es lo contrario, me agrada mucho.
Bueno, no de verlos desnudos, claro.
Mi hijo lo entiende, ¿No es así, Erik?
—sonreía.
—Ah… Sí, ¿Dices que esto no es normal?
—En ti no, hijo.
Ya me preocupaba.
—¿Preocuparte?
—Jefe, ¿Cómo puede decir eso de su hijo?
—Espera, ¿Creías que a mí…?
—Bueno, hijo, es que en estos años… —Ya entiendo.
Su hijo es un bueno para nada y debilucho, también debe ser alguien cobarde.
Ya veo… —sonrió y miró a Hilda.
—creo que… Eso va a cambiar.
—Eso ya lo estoy viendo, muchacho.
* —¿Y qué era lo que quería, jefe?
—¡Ah, cierto!
Lo olvidé.
Hijo, ya me comentaron sobre Igor.
—Ese tipo… ¿Qué mierda le pasó?
—No lo sabemos.
No nos quiere decir, así que decidimos mantenerlo encarcelado, pero si quieres, puedes matarlo con tus propias manos.
—¿Matarlo?
¿No es mucho?
—Hijo, él tiene que pagar por eso, no puede hacer eso y salir ileso.
Recién dijiste que ibas a cambiar.
—Erik, no lo hagas si no quieres.
—le tocó el hombro.
—Esto está muy loco, ¿Seré capaz de hacerlo?
Está bien, lo haré.
—¡Perfecto!
Nos están esperando afuera.
Tenían a Igor amarrado de rodillas con una cadena y sujetándole la cabeza desde el cabello, tenía la cara lastimada.
Los tres se acercaron.
Un hombre le entregó una espada y un escudo.
—¿Y esto?
—No creías que te iba a dejar matarlo así atado, ¿O sí?
—Me lo imaginaba.
Tiene sentido, hubiera sido injusto.
—Erik, amigo, ¿Seguro de pelear contra él?
Es muy fuerte, hermano.
Es imposible que tú… —¡Fulker, no te metas!
¡Él es el sucesor del reino!
Así que cierra la boca.
—Sí padre.
—Suelten al bastardo.
Le devolvieron la espada.
—Igor, es una lástima que me hayas traicionado.
Pelearás con mi hijo a muerte.
Si ganas, podrás irte.
—¿Qué?
—Erik, tú puedes, demuestra que sí vales.
—expresó Hilda.
—¡Asesina a ese bastardo de mierda!
Ezequiel se quedó mirándola.
—Vas a morir por segunda vez, pequeño bastardo, terminaré con el trabajo.
—¿Por segunda vez?
¿¡De qué mierda hablas!?
—exclamó el jefe.
Igor corrió hacia Ezequiel y lo embistió.
Se cubrió con el escudo, pero se partió en dos, aunque pudo desviarla hacia el suelo y hacer que su cuerpo se incline hacia adelante.
Ezequiel aprovechó la situación pateándole la cabeza, y a sorpresa de todos, lo tumbó, pudiendo tomar distancia.
El jefe sonrió con admiración, el orgullo hacia él había regresado.
—¡Eso es Erik!
—gritó Fulker—.
¡Ahora acaba con él!
—¡Tú puedes, Erik!
—replicó Hilda.
Ezequiel empuñó rápido la espada al levantarse.
No tardó mucho en embestirlo con furia y una velocidad casi sobrehumana, dejando a todos sorprendidos por tal hazaña.
Apenas se postró en frente, alzó la espada a punto de atacarlo.
Fue detenido al instante chocando las hojas y golpeado en el estómago con una patada hasta caer.
Su espada había caído lejos suyo, siendo un momento clave para abalanzarse hacia él.
Ezequiel se puso nervioso, mirando la espada e intentando alcanzarla, sin embargo, no era posible.
Estando por perder la esperanza de salir ileso, recordó la daga guardada en su pantalón, así que llevó su mano al bolsillo.
Sus ojos se abrieron temblando.
La daga no estaba allí, recordando que la había dejado sobre la cama.
Ya no tenía una manera de defenderse, y el miedo le invadió de repente cuando vio a Igor a pocos centímetros con la espada apuntando a su cabeza.
Su respiración comenzó a agitarse, sintiendo como si el corazón estuviera por explotar.
—¡Muere!
Cerrando los ojos puso su mano por encima.
Fue atravesado, pero se detuvo en el proceso.
Abrió los ojos y vio a Igor siendo detenido por el padre de Erik.
Lo sostenía desde el cabello.
Tomó su daga y le cortó el cuello aún encima de Ezequiel, por lo que la sangre le bañó toda la cara.
—Estuviste bien, hijo.
Demostraste tu valor.
Sabíamos que no ibas a ganarle, al final era bastante fuerte, ¡Pero no tanto como tú padre!
—reía a carcajadas.
—¡Erik!
—Hilda lo abrazó.
—Estuve a punto de morir… Casi muero… —miraba su palma mientras respiraba acelerado—.
¿Viviré todos los días así?
Tengo miedo… REFLEXIONES DE LOS CREADORES Thiago_b Sajones: Llamados antiguamente el pueblo Germánico.
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