Rey Vikingo: Regreso - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 Adaptación al entorno Parte 2
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6: Adaptación al entorno: Parte 2 6: Adaptación al entorno: Parte 2 —Qué vergüenza… —tenía la mirada entre abierta.
Hilda lo miró sonriendo con una pequeña risa.
—Eso no me lo esperaba.
—expresó Fulker secándose.
—ahora me doy cuenta que sí son el punto débil de los hombres.
—Cállate.
—contestó Ezequiel.
—esta vida… Se siente muy bien… Pero siento mal por el verdadero Erik.
—Hijo, me alegro que hayas vuelto, de verdad.
—A mí también.
Ah, y gracias por salvarme de Igor.
—¿Hablas en serio?
Eres mi hijo, nunca dejaría que algo malo te pase.
Desde que tu madre… —Parece que su madre murió.
Lo sé, padre.
—extendió el puño, pero él no entendía.
—debes chocar tu puño con el mío, es un gesto de amistad.
—¡Ya veo!
—chocó el puño riendo.
—te quiero, hijo.
—se puso de pie—.
¡Coman y beban hasta desmayarse!
—levantaba la jarra.
Ezequiel sonrió.
—¡Sí!
—gritó levantándose con la jarra en mano, junto a Hilda, que la sostenía desde la cintura, mientras ella lo miraba sonriendo.
Reinar sonrió y le acarició el cabello.
El tiempo pasó y todos estaban desmayados.
Ezequiel hizo el intento de despertar a Fulker, pero no dio resultado.
Las mujeres, que todavía estaban despiertas, fueron a sus jaimas, al igual que Ezequiel e Hilda.
Ambos, ebrios, se recostaron abrazados y mirándose.
Sus cuerpos entrelazándose el uno con el otro, sintiendo la fricción de sus pieles cálidas.
La suavidad de Hilda hacía que su mente no pensara en otra cosa, más que en ella.
Cerraron sus ojos y dejaron que los labios actuarán por sí solos, como sus cuerpos.
La despojó de su vestimenta con suavidad sin separarse.
Sus respiraciones aumentaban e intensificaban, provocándole a Hilda el impulso de ponerse por encima.
Rozaban su cuerpo con lentitud.
Ezequiel la tomó de la cintura, manteniendo sus cuerpos juntos mientras ella se sostenía de sus hombros, y la hizo suya, sintiendo su interior.
Su cuerpo respondió con un pequeño y sutil gemido, mezclado con un pequeño gesto de dolor.
* El sonido de la lluvia hizo que se despertasen del sueño profundo.
Permanecían abrazados con Ezequiel por detrás.
Ninguno de los dos quería levantarse, hasta que Hilda recordó ser el día de regresar al asentamiento, ya que habían obtenido suficientes provisiones para el invierno.
Antes de salir, Ezequiel fue directo a la daga, guardada sobre la mesa de luz.
Se dio la vuelta y vio sangre en las sábanas cuando Hilda se levantó.
—Las sábanas están… Hilda se puso nerviosa al verlas.
—¡No mires, es asqueroso!
—corrió hacia él para cubrirle los ojos.
—¿Entonces fui…?
—Pues sí, estamos juntos desde hace dos años.
—lo abrazó mirándole a los ojos.
—la verdad… No creí que pasaría.
—¿De verdad?
—sonrió.
—Pero ahora veo que estabas esperando el momento adecuado.
Lo siento.
—No te disculpes.
—expresó riendo.
—desarmemos esto.
—Sí.
—sonrió.
—Ya era hora de que salieran.
—comentó Fulker.
—Pero si seguro que te despertaste porque la lluvia te mojó.
—contestó Hilda.
—estabas desmayado en el suelo.
—No es mi culpa que disfrute de la vida.
—Creo que no fuiste el único.
—contestó Ezequiel sonriendo mientras apoyaba el brazo sobre los hombros de Hilda.
—Ay… Por favor, ¿¡Me lo presumes así!?
¡No tengo la culpa que mi novia no sea una salvaje como ella, para que viniera!
—¡Oye!
¿¡A quién le llamas salvaje!?
¡Te romperé la cabeza, imbécil!
—¿Ves?
Se parece a un berserker.
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