Rey Vikingo: Regreso - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 Adaptación al entorno Parte 4
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8: Adaptación al entorno: Parte 4 8: Adaptación al entorno: Parte 4 —Lo siento, ¿Entonces quieres aprender a montar un caballo?
¿Es para impresionarla?
—sonreía.
—¿Impresionarla?
Deja de decir estupideces.
Ni que fuera algo extraño.
—Hey, no me insultes, sólo fue una pregunta.
Nunca quisiste aprender, siempre dijiste que no te hacía falta, que otros te llevarían, ¿Ahora por qué sí quieres?
—¿Tan imbécil era ese Erik?
Débil y soberbio… Ahora cambié de opinión.
Quiero hacerlo porque no me gusta que, siendo el hombre, sea llevado por su novia, ¿No te parece humillante?
—Hasta que al fin te diste cuenta, idiota, ¿Cuánto más ibas a tardar?
Cuando lleguemos te enseño.
—Genial.
Muchas gracias.
Será la primera vez que monte uno, ¿Será difícil?
Ah, y no vuelvas a decirme idiota, ¿Quieres?
—También intimidas, ¿Qué le hiciste a Erik, amigo?
—Como le dije a Hilda, soy uno nuevo.
La lluvia pasó a ser una torrencial, teniendo que cubrirse con una capa para poder ver el camino, excepto por los esclavos.
Ezequiel se molestó de inmediato.
—¿Por qué ellos no llevan una capa?
—preguntó enojado.
—Son esclavos, ¿Por qué tienen que hacerlo?
—contestó Fulker.
—eso les pasa por ser débiles.
—¿Débiles?
¿¡De que carajos hablas!?
¡Nadie se merece ser tratado así!
—¿¡Por qué mierda me gritas!?
¿¡Qué carajos te pasa!?
—¿Qué le sucede?
—preguntó Hilda—.
¿Perdieron la cabeza?
—¡Ustedes tres!
¿¡Qué hacen!?
—exclamó uno que iba atrás.
—¡Cállense!
—Fulker, no molestes a Erik.
—¿Molestarlo yo?
Él empezó.
Reinar se acercó a ellos.
—¿Les pasó algo, niño?
Díganme la razón por la que gritan.
Saben que no podemos estar así mientras viajamos.
—Lo siento, señor.
—expresó Hilda.
—Tú no te disculpes, niña.
—Tengo que hacerlo yo.
—añadió Ezequiel.
—yo empecé.
Lo siento.
La razón por la que estoy molesto es porque los esclavos no llevan una capa para ver, son los que llevan nuestras cosas.
Sin mencionar que está mal esclavizar.
Hilda se quedó mirándolo atenta.
—¿Qué está mal?
¿Lo dices en serio?
—añadió Reinar.
—hijo, ellos son del bando enemigo y mataron a muchos de nosotros.
Tú pudiste ser su esclavo si no ganábamos, ¿Crees que alguno de ellos, o el que está llevando tu carreta, pensaría lo mismo que tú?
No lo haría, entonces, ¿Por qué nosotros sí tenemos que pensar eso?
—Creo… Que tienes razón, pero aun así debemos darle algo para que puedan ver bien, ¿No lo crees?
Llevan nuestras cosas.
Y no queremos que se les caigan, ¿Verdad?
—Buen punto.
—sonrió.
—no queremos eso, ¡Björn!
¡Entrégales una capa!
—¡Claro!
Sus miradas demostraban una clara evidencia de no saber cómo absorber la situación.
—Sigue así, hijo.
Quiero esas agallas.
Así serás un buen Rey con esa postura.
Y tú, hija, cuídalo.
—Sí, señor.
—Yo también lo protegeré, pronto haré mi juramento hacia su hijo.
—añadió Fulker.
—Claro que no lo olvidaba.
Si ya todo está arreglado, volveré a mi posición.
—No entendí mucho de lo que pasó, ¿Es en serio, Fulker?
—¿El qué?
Explícate.
—¿Darás un juramento hacia mí?
¿Cuál es la razón?
—¿La razón?
¿Hablas en serio?
Somos amigos desde que nacimos, junto con Hilda, siempre estaré para ti, imbécil.
Aunque peleemos por estupideces o por cosas importantes, nunca te abandonaré.
—¿A caso… Te gusto?
—se rio.
—¿¡Qué mierda dices!?
—Erik, ¿Cómo puedes decir eso?
—Hilda no contuvo la risa.
—eres un tonto.
—Es que parecía que se estaba declarando.
—¿Tan fuerte fue el golpe de Igor?
Muérete.
—¿Ahora quieres que me muera?
¿Traicionarás a la corona?
Le diré a mi padre.
—De verdad eres un completo imbécil, hermano.
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