Rey Vikingo: Regreso - Capítulo 9
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9: Revelación: Parte 1 9: Revelación: Parte 1 Luego de entrar a un bosque y avanzar muchos kilómetros, vieron a lo lejos una pequeña aldea desconocida.
Se bajaron de los caballos de inmediato.
Ataron a los esclavos en las carretas y continuaron a pie, dejando a algunos con ellos.
Blandieron sus armas al estar a unos pasos.
—¿Iremos a atacar a esa gente?
¿En serio?
¿Por qué vamos a esa aldea?
—susurró.
—Necesitamos recursos y gente para que trabajen.
—contestó Hilda—.
¿Lo olvidaste?
Nos atacaron y perdimos a muchos esclavos.
—¿Entonces no matarán a nadie?
—Si se rinden, no.
Eso creo.
—¿Eso cree?
Al final son vikingos, ya sea el pasado u otra dimensión, o lo que sea.
Entiendo.
Se pusieron de pie y arremetieron contra ellos gritando.
Las personas presentes allí, comenzaron a huir mientras otros aparecieron de repente con sus armas.
—¡Es mejor que se rindan, imbéciles!
—gritó Ezequiel con furor—.
¡Muchos de ustedes morirán!
Hilda lo miró por un instante.
—No te harán caso, Erik.
—corrió más rápido.
—¡Mueran pedazos de mierda!
—gritó un tipo de la aldea, quien fue directo a Hilda.
Ezequiel, apenas presenció eso, le invadió un escalofrío y se abalanzó acortando una distancia de al menos cinco metros, en menos de un segundo.
A los ojos de todos pareció como aparecer de repente en frente de ella, dejándolos impactados, incluso a Reinar.
—¡No la toques!
Teniendo su espada en mano derecha, abrazó a Hilda y decapitó al hombre.
Su respiración se agitó de repente.
—¡Quien se atreva a tocarla, lo mataré como a este infeliz!
¿¡Me oyeron!?
—¿Acaba de desaparecer y aparecer en frente de ella?
—cuestionó el padre de Fulker.
—¡Olviden eso y ataquen!
¡Esto no terminó!
—exclamó Reinar a todo pulmón.
—Sí… ¡Adelante!
La gente de la aldea se rindió sin dar batalla.
Al ver a Erik hacer ese movimiento bajaron sus espadas.
—¿No pelearán?
—preguntó Fulker.
—¿Pelear?
¿No viste a tu amigo?
No hay manera de vencer a los de su clase.
—¿A los de su clase?
¡Mi hijo no es ningún bicho raro, malnacido de porquería!
—corrió hacia él y lo decapitó con su hacha.
Miró a los demás—.
¡Mi hijo no es un maldito monstruo!
¿¡Entendieron!?
—A, ¡Así es!
—replicó Fulker—.
¡El querer proteger a su futura prometida, lo ayudaron los dioses!
¿¡Dudan del heredero al trono!?
¡Pedazos de mierda!
—Hijo, ya bájale un poco, ¿No?
—¿¡Qué dijiste!?
—lo miró—.
¡Lo siento, padre!
—Única vez que te lo dejo pasar, ¿Entendiste?
—Sí, padre.
Lo siento, padre.
No volverá a pasar, padre.
—Ya, ya, cállate de una vez.
Mi hijo tiene razón.
—Fulker alzó la mirada, sorprendido.
—los Dioses lo han ayudado por esta vez para proteger a su amada.
Ustedes saben más que nadie, que ellos están juntos desde que son unos bebés, ¿Creen que lo Dioses los abandonarían?
—Es cierto, no lo harían.
—¿Estás bien, Hilda?
—apenas mantenía la respiración.
—Lo estoy, no era necesario salvarme, yo podía.
Pero… Gracias.
—¿Ven?
El chico apenas puede respirar.
Si fuera uno de esas cosas, estaría bien.
—Gracias, Björn.
Creo que ya no hace falta… Ve a buscar a los demás y trae las carretas, ellos se rindieron.
—Sí, señor.
—Fulker, ve con Erik.
—¡Enseguida!
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