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Rivalidad y Redención - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 Capítulo 2 Intentar ser social III
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10: Capítulo 2: Intentar ser social (III) 10: Capítulo 2: Intentar ser social (III) Bloque III La noche avanzaba lenta.

El edificio estaba casi en silencio, apenas interrumpido por la luz tenue de los pasillos y el murmullo lejano de algún estudiante que aún no se dormía.

Yo estaba acostado en mi cama, mirando el techo, repasando una y otra vez la conversación con Melisa.

Su voz, su expresión nerviosa, la sonrisa final… sentí otra pequeña punzada en el pecho.

De esas cálidas.

Necesitaba hablar con Aiden y Jiho, tenía que hacerlo, tomé mi teléfono y marqué el número de Aiden.

Contestó rápido.

― ¿Lían?

¿Qué pasó, amigo?

—preguntó con su tono energético habitual.

― ¿Estás con Jiho?

—le pregunté, sentándome en la cama.

―Sí… estamos saliendo del edificio de recreación.

¿Por?

― ¿Podemos vernos?

Necesito hablar con ustedes dos.

Hubo un breve silencio al otro lado.

―Dale, ¿vienes?

Vamos a ir al arcade, que está en el edificio H3, en el segundo nivel.

El pase cuesta dos puntos la entrada.

Miré mi pantalla.

“puntos de consumo disponibles: 2/3”  No había gastado nada en todo el día, además de un sándwich.

―Está bien —respondí—.

Yo pago mi entrada.

―Perfecto, te esperamos aquí.

Está casi vacío a esta hora.

Colgué, me puse la chaqueta del uniforme y salí sin hacer ruido para no despertar a nadie.

El corredor estaba casi a oscuras.

Solo unas pocas luces de emergencia iluminaban el camino con un brillo tenue, creando sombras alargadas que se movían con cada paso que daba.

Mis zapatillas apenas hacían ruido contra el suelo frío.

Aún era tarde, pero no lo suficiente como para que todo estuviera completamente muerto.

Desde una ventana al final del corredor, pude ver la noche extendida, un cielo oscuro y profundo sin estrellas visibles.

Todas las luces del campus titilaban, reflejándose en el pavimento húmedo como si acabara de llover —aunque no recordaba haber escuchado lluvia.

El aire nocturno era fresco y ligeramente cortante, llenándome los pulmones con ese aroma metálico característico del edificio.

Mientras caminaba, pensé en Melisa, en su voz temblorosa, en la sonrisa tímida que me dio al despedirse y pensé también en lo extraño que era sentirme útil para alguien, en lo extraño que era… sentir algo parecido a orgullo.

Mis pasos me llevaron por el corredor que conectaba con el tercer edificio, bajando por unas escaleras silenciosas y cruzando un pequeño vestíbulo donde solo se escuchaba el tic-tac de un reloj.

Justo cuando doblé la esquina, vi la entrada del arcade.

El arcade estaba iluminado por luces neón azules y moradas que parpadeaban sobre los juegos.

La mayoría de las máquinas estaban apagadas, pero algunas seguían en modo demostración.

Aiden estaba apoyado contra la máquina de baile, moviendo el pie al ritmo de la música de demostración.

Jiho estaba sentado en un taburete, revisando algo en su teléfono.

Los dos levantaron la mirada al verme acercar.

― ¡Ea, llegó el tímido!

—dijo Aiden, levantando los brazos.

Jiho inclinó la cabeza.

―Hola, Lían.

Toqué mi tarjeta en el lector del arcade.

Los dos puntos desaparecieron al instante.

Una luz verde me dio acceso.

Aiden sonrió satisfecho.

—Bien, ahora sí eres parte de la resistencia —bromeó, levantando una ceja con orgullo burlón.

Me acerqué, pero antes de que pudiera decir nada, Jiho ya estaba deslizando su dedo al botón de empezar en una de las máquinas que aún estaban encendidas.

—Quería probar este juego antes de que lo apaguen —anunció sin emoción, acomodándose frente a la pantalla con total seriedad.

Aiden rodó los ojos.

—Hermano, siempre dices eso y siempre pierdes.

— comentó, apoyándose contra la máquina de al lado.

—Porque siempre me hablas en medio de una partida —respondió Jiho, sin apartar la vista mientras movía los dedos con precisión.

Aiden río por lo bajo.

Yo respiré hondo, era buen momento para decirlo… o tal vez terrible.

Pero no había vuelta atrás.

—Chicos… quería pedirles algo.

Es sobre la votación de mañana.

— dije, frotando mis manos por nervios.

Aiden dejó de sonreír un poco y Jiho, en cambio, siguió presionando botones frenéticamente.

—¿Qué pasa?

—preguntó Aiden.

inclinándose hacia mí.

Los miré a ambos.

Clic.

Clic.

Clic.

Los botones de Jiho siguieron sonando.

—Quería que votáramos por Melisa.

—solté al fin.

Pero en cuanto dije “Melisa”, los dedos de Jiho se quedaron en el aire.

La pantalla del juego pitó, un sonido agudo y un mensaje gigante apareció.

“GAME OVER”  Jiho parpadeó tres veces.

—…perdí —dijo en voz baja, sin emoción… pero claramente sorprendido.

―Quiero que votemos por Melisa.

—repetí, más firme esta vez.

Aiden frunció el ceño, sorprendido.

—¿Melisa?

¿La chica de cabello negro?, ¿La que te habló el primer día?

—preguntó, señalando vagamente hacia la entrada del arcade.

―Sí, pero tiene el cabello café —corregí, intentando que mi tono sonara casual, aunque mis dedos tamborileaban nerviosos contra la mesa.

Jiho entrecerró los ojos, analizando.

― ¿Por qué ella?

— preguntó, recostándose contra la silla mientras me evaluaba.

Tenía que decirlo sin revelar demasiado.

―Ella quiere unir a la sección.

No busca el cargo por ego.

Quiere que trabajemos juntos… que no estemos divididos desde el inicio.

Y creo que… puede hacerlo bien.

—expliqué, sintiendo cómo el aire se tensaba un poco.

Aiden se cruzó de brazos.

― ¿Y tú confías en ella?

—preguntó, clavando su mirada en la mía.

Asentí.

―Creo que tiene potencial.

Mucho más del que deja ver.

—añadí, tratando de sonar seguro.

Jiho me observó un momento, con esa calma analítica suya  —¿Te pidió que hablases con nosotros?

—dijo inclinando apenas la cabeza, como si ajustara una ecuación mental.

Me quedé en silencio un segundo.

—Sí —admití al final.

Aiden soltó una carcajada suave, una de esas que ya anuncian problemas.

—Ya decía yo que había algo raro —comentó, acercándose un poco y sonriendo de lado—.

Lían… ¿te gusta Melisa?

Sentí que se me trababa la respiración.

—¿Qué?

¡No!

—respondí demasiado rápido, demasiado alto.

Boom, Aiden y Jiho se miraron entre sí con una sincronización casi insultante, como si acabaran de descubrir un secreto jugoso.

—Mmmm, sospechoso —dijo Aiden avanzando un paso, señalándome dramáticamente—.

Muy sospechoso.

Jiho añadió con total serenidad —La reacción exagerada aumenta la probabilidad en un 78%.

Confirmado —dijo cruzándose de brazos como si diera un veredicto científico.

—¡¿Qué?!

—casi grité, sintiendo cómo me ardían las orejas.

Aiden explotó en risa, dándome un golpecito en el hombro que casi me tambalea.

—Relájate, amigo.

Solo molestamos —río—.

Pero igual… es interesante.

—No me gusta —repetí, esta vez más controlado—.

Solo… quiero ayudarla.

Aiden finalmente dejó de reír y se enderezó, con una expresión más seria.

—Ya, ya.

Entiendo —asintió—.

Mira, igual íbamos a votarnos entre nosotros.

Lo miré, confundido.

—¿Entre ustedes?

Jiho intervino sin levantar la voz —Sí.

Aiden iba a votarte a ti y a mí —explicó con naturalidad—.

Y yo iba a votarlo a él y a ti.

Aiden chasqueó los dedos, como si confirmara una estrategia.

—Pensamos también en Peter… porque tiene pinta de líder.

Mucha —admitió—.

Pero… si tú crees que Melisa es buena opción… pues no tengo problema.

Jiho asintió de nuevo.

—Estoy de acuerdo.

No es mala candidata.

Sentí un alivio enorme, tanto que tuve que soltar el aire de golpe.

No esperaba que me escucharan tan fácil.

—Entonces… ¿sí lo harán?

Aiden me dio una palmada fuerte en la espalda, casi haciéndome avanzar medio paso.

—Sí, hermano.

Vamos a votar por Melisa.

Jiho añadió con tono más suave, casi conciliador.

—Considera que también queremos que tú votes por nosotros en caso de que eso afecte los rangos —dijo mientras ajustaba su asiento—.

Pero ahora… Melisa tiene prioridad, ¿cierto?

Sonreí apenas, sin poder evitarlo.

—Sí… tiene prioridad.

Aiden levantó ambas manos como si celebrara una victoria.

—¡Entonces está decidido!

Y ahora deja de ponerte tan romántico —me pasó un joystick que había tomado de la máquina—.

Ven, vamos a jugar antes de que apaguen las maquinas.

Jiho seleccionó un juego de peleas retro; las luces parpadearon en la pantalla mientras cargaba el menú principal.

Aiden ya estaba moviendo el joystick con impaciencia.

—Voy a destruirlos a los dos —anunció, con una confianza exagerada.

—No tienes una probabilidad de ganar hoy —respondió Jiho, sin levantar la mirada.

—¡Eso porque siempre me distraes con tus estadísticas raras!

—se quejó Aiden.

Yo solo tomé el joystick que Aiden me había lanzado, sintiendo el peso cómodo en las manos.

El ambiente era distinto ahora.

Menos tenso.

Más… cálido, las luces del arcade bailaban suavemente sobre las máquinas apagadas y el eco de las risas de Aiden llenaba el espacio casi vacío, mientras que Jiho se limitaba a verlo con una expresión mezcla entre resignación y paciencia infinita.

—Listo, entren —indicó Jiho.

Los tres aparecimos en la arena pixelada.

Mis dedos se movieron algo torpes al principio.

Aiden me empujó con el codo.

—Vamos, Lían.

Si eres tan héroe para pedir favores, deberías ser héroe para pelear también.

—No funciona así —murmuré, concentrado.

Jiho comentó  —Pero tiene más coordinación que tú, Aiden.

—¡Oye!

—protestó Aiden mientras su personaje recibía un golpe directo.

En un instante, los tres estábamos riéndonos mientras nuestras figuras en la pantalla saltaban, rodaban y se golpeaban mutuamente sin compasión.

No recordaba la última vez que había pasado un rato sintiéndome así.

Después de unas rondas —y un número vergonzoso de derrotas mías— Aiden se dejó caer contra la máquina, respirando agitado como si realmente hubiera peleado de verdad.

—Amigo… tienes que jugar más —dijo entre risas.

Jiho añadió suavemente  —O practicar coordinación visomotora.

La tuya es… promedio.

—Gracias por el insulto camuflado —respondí, levantando una ceja.

Jiho se encogió de hombros.

—Solo digo la verdad.

Aiden revisó su teléfono y gruñó.

—Ya casi es hora de que apaguen esto.

Deberíamos volver antes de que nos cierren la puerta.

Jiho se puso de pie, estirándose un poco.

Yo asentí.

El cansancio empezaba a alcanzarme, pero no era el tipo de cansancio pesado… era uno agradable.

Salimos del arcade caminando juntos, el edificio estaba todavía más silencioso que antes, como si la noche completa nos perteneciera a nosotros tres.

Aiden metió las manos en los bolsillos.

—Oye, Lían —dijo con voz más tranquila—.

Hablando en serio… lo que hiciste hoy estuvo bien.

Jiho añadió  —Sí.

No cualquiera pide algo pensando en otra persona, fue maduro.

Sentí ese pequeño calor en el pecho otra vez.

—Gracias —respondí, sin saber qué más decir.

Aiden sonrió de lado.

—Melisa va a estar feliz mañana.

Jiho caminó a mi lado y concluyó  —Y tú también.

No supe contestar, pero hoy pude relajarme completamente.

Mientras regresábamos al edificio residencial… me sentí exactamente donde debía estar, rodeado de gente que me aprecia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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