Rivalidad y Redención - Capítulo 11
- Inicio
- Todas las novelas
- Rivalidad y Redención
- Capítulo 11 - 11 Capítulo 2 Intentar ser social IV
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
11: Capítulo 2: Intentar ser social (IV) 11: Capítulo 2: Intentar ser social (IV) Bloque IV Desperté más temprano de lo normal.
No porque tuviera una alarma, sino porque el cuerpo simplemente decidió abrir los ojos.
La habitación estaba silenciosa, solo con una tenue luz del teléfono.
Me quedé un rato mirando el techo, sintiendo un nudo extraño en el estómago.
La votación era hoy, mientras suspiraba, me levanté y me preparé.
No quería pensar demasiado.
Cuando abrí la puerta, la brisa fría del pasillo me dio un golpe suave en la cara.
Peter estaba saliendo, tenía una sudadera del instituto.
Tenis deportivos.
Cabello despeinado y una mochila pequeña.
—¿Tan temprano?
—preguntó con una sonrisa ligera, acomodándose el cabello despeinado—.
Iba a correr un rato.
—No podía dormir —respondí, apoyando la puerta detrás de mí—.
Pensé en salir a caminar.
Peter arqueó una ceja, curioso, pero sin insistir.
—¿Quieres que te acompañe?
No hay tanta gente ahora, además del frío.
—Si, está bien —Asentí.
Caminamos juntos hacia la salida del edificio.
El aire de la mañana estaba frío, pero agradable.
Aún no había muchos estudiantes afuera.
solo un par estirando o trotando.
Durante un rato caminamos en silencio.
Solo se escuchaba el sonido de nuestras pisadas y la brisa moviendo las hojas.
Hasta que Peter habló.
—Oye… —dijo de forma casual, aunque se notaba que lo había pensado antes—.
¿Ya sabes a quién vas a votar?
No me sorprendió la pregunta.
Todos lo tenían en mente.
—Sí —respondí después de pensarlo unos segundos—.
Aiden… Jiho… y Melisa.
Peter giró un poco la cabeza hacia mí.
—¿Melisa?
—preguntó, curioso—.
No sabía que se llevaban tan bien.
—Es una buena amiga —respondí.
Fue lo primero que salió de mi boca.
No era mentira, pero tampoco era toda la verdad.
Peter asintió, aunque algo en su expresión cambió.
No triste, ni molesto… solo un pequeño ajuste en los ojos, como si hubiera tenido algo más que decir.
—Ya veo —murmuró.
Luego soltó una risita suave, casi imperceptible.
—Qué raro… pensé pedirte que votaras por mí —admitió de repente, con un encogimiento ligero de hombros—.
Pero si ya tienes tus tres votos, no tiene sentido.
Me detuve un poco.
—Lo siento —dije, aunque ni siquiera sabía si debía disculparme.
—Nah, no te preocupes.
—Peter levantó las manos en señal de calma mientras retomaba el paso—.
Solo tenía una simple curiosidad.
Su voz sonó sincera… pero también cansada.
Seguimos caminando un rato más hasta llegar a la pista de Thrymere, él comenzó a trotar alrededor de la pista, y yo lo acompañe, siguiéndole el paso a la distancia.
Cuando terminó, abrió su mochila y sacó una toalla pequeña para secarse.
El comedor estaba más silencioso que nunca.
Incluso las charlas habituales de la mañana parecían contenerse, como si todos estuvieran guardando energía o nervios.
Peter y yo terminamos de desayunar sin hablar demasiado, no porque fuera incómodo, sino porque la tensión flotaba en el ambiente como una niebla invisible.
Cuando salimos de la cafetería, ya muchos estudiantes iban en dirección al edificio académico, aunque aún era temprano para las clases.
Algunos revisaban ansiosos sus teléfonos, otros murmuraban entre ellos sobre posibles candidatos o favoritismos… y otros simplemente caminaban en silencio, como yo.
El pasillo hacia nuestra clase estaba lleno de susurros.
—¿Votarás por él?
—Yo ni sé a quién elegir… Llegue al salón y, para mi sorpresa, casi todos ya estaban dentro.
Las paredes estaban cubiertas con la luz blanca que entraba por las ventanas, creando un ambiente casi tenso.
Me senté en mi lugar.
Aiden y Jiho entraron casi al mismo tiempo y, al verme, se acercaron con un saludo leve.
—¿Listo para hoy?
—preguntó Aiden, acomodando su mochila.
—Supongo —respondí, tragando saliva sin querer.
Jiho asintió con calma.
—No parecerá difícil.
Solo votar y ya.
Aunque ambos hablaban tranquilamente, podía verles un pequeño brillo inquieto en los ojos.
Un minuto después, la puerta del salón se abrió, el profesor Dante entró con su acostumbrada carpeta y su expresión de eterna neutralidad, no saludó enseguida, no sonrió, solo dejó papeles sobre el escritorio y revisó algo en su tableta.
Cuando por fin habló, lo hizo con su voz firme, pero sin dureza.
—Buenos días.
Hoy —hizo una pausa breve, permitiendo que todos lo procesaran— es el día de la votación interna de las clases de primer grado.
Un murmullo recorrió el salón, Jiho enderezó la espalda, mientras Melisa, un par de filas más adelante, bajó los hombros un segundo, como respirando hondo.
Dante continuó.
—Recibieron la notificación en sus dispositivos hace unos minutos.
Tendrán hasta el final de esta hora para emitir tres votos.
Recuerden que no hay método para anular o modificar votos una vez enviados.
—Pasó la mirada por el salón—.
Esta votación definirá quiénes ocuparán los cargos de liderazgo de la clase, y cómo se evaluará su rendimiento posteriormente.
—Comiencen cuando estén listos —concluyó Dante, tomando asiento.
Un silencio inmediato cubrió el salón, solo se escucharon los “clic” y “tap” suaves de dedos nerviosos desbloqueando pantallas.
Mi teléfono vibró.
[Notificación: Votación Interna — Sección 1-04] “Seleccione a tres estudiantes para ocupar los cargos de liderazgo.” Sentí un pulso en el pecho, pero apreté mi teléfono, mientras los nombres aparecían uno por uno, ordenados alfabéticamente, veintinueve estudiantes, además de mí.
Busqué los tres que necesitaba, los tres que había decidido desde antes.
“Aiden Black — Seleccionar” “Jiho Matthew — Seleccionar” “Melisa Turner — Seleccionar” Mis dedos se movieron despacio, como si cada toque definiera algo más allá de un simple voto.
Clic, Clic.
Respiré hondo, mientras miraba a Melisa unos segundos.
Ella no había votado aún; estaba inmóvil, absolutamente inmóvil, mirando su pantalla como si su vida dependiera de ello.
Clic.
La pantalla mostró los nombres de los estudiantes seleccionados y un aviso de que no se puede modificar la selección después de confirmar.
Presioné Confirmar, un pequeño sonido de notificación.
Generando un ícono verde indicando que ya estaba hecho.
El profesor Dante revisaba algo en su tableta, como si los votos ya estuvieran llegando en tiempo real.
Cuando el último estudiante dejó su dispositivo sobre la mesa, Dante se aclaró la garganta.
—Muy bien.
Los resultados se publicarán en treinta minutos —anunció sin alterar su voz calmada—.
Guarden sus teléfonos y tomen un descanso.
Pueden salir del salón si lo desean, pero no se alejen demasiado.
Un suspiro general recorrió el salón, como si todos hubieran estado conteniendo el aire durante minutos.
Algunos se quedaron en sus lugares hablando en voz baja, otros se estiraron o salieron casi corriendo para liberar tensión.
El ambiente se suavizó, pero la inquietud seguía allí, flotando, aunque ya no podíamos hacer nada, todos sabíamos que en media hora alguien ocuparía los cargos… y que eso podría cambiar el rumbo de la sección.
Me levanté con calma ya que necesitaba aire, salí del salón y empecé a caminar hacía un pasillo casi vacío, con las manos en los bolsillos y los pasos lentos.
La luz que entraba por las ventanas era cálida, y el edificio entero parecía sostener la respiración.
No había avanzado mucho cuando escuché pasos suaves detrás de mí.
—Lían.
Me giré, pude ver que era Melisa, me había seguido.
Tenía las manos entrelazadas delante del pecho y una expresión que mezclaba nervios, alivio y algo de timidez.
—Hola —saludé despacio.
Melisa esbozó una sonrisa pequeña, pero sincera.
—Quería… verte antes de que salgan los resultados —dijo, aproximándose un poco—.
Y quería decirte… gracias.
—¿Por qué?
—pregunté, aunque sabía la respuesta.
Ella bajó la mirada.
—Por escucharme ayer.
Y por… apoyarme hoy —admitió, apretando un poco los dedos—.
No sé si voy a quedar o no, pero… saber que al menos que creíste en mí… ya significa demasiado.
Sentí una ligera emoción, cálida, en el pecho.
—No fue nada —respondí, aunque en realidad sí lo fue—.
Creo que puedes hacerlo bien.
Melisa levantó la mirada.
Sus ojos brillaban un poco.
—Espero demostrarlo —dijo con un tono más firme—.
Incluso si no quedo, quiero intentar… ayudar, No quiero que la clase no esté tan dividida.
Asentí, esa convicción tan suave pero tan auténtica era parte de lo que me había llevado a votar por ella.
—Eres capaz —añadí.
Ella sonrió de nuevo, esta vez un poco más amplia.
—Tú también.
Eres… mejor de lo que crees —dijo, casi en un susurro.
Hubo un pequeño silencio entre nosotros.
No incómodo, Solo muy tranquilo… hablamos un poco hasta que el timbre sonó repentinamente por todo el pasillo.
Melisa dio un pequeño brinco por la sorpresa.
—Vaya… ya termino el descanso —murmuró.
—Sí… debemos volver —respondí.
Ella respiró hondo y asintió, caminando a mi lado.
Regresamos juntos hacia el salón, los pasos sincronizados y la tensión regresando poco a poco a medida que nos acercábamos a la puerta.
El salón estaba en silencio mientras el profesor Dante tomaba la palabra.
—Muy bien —dijo, con su tono habitual neutral—.
Los resultados de la votación han sido procesados.
Se movió hacia la pantalla principal del salón, donde aparecieron los nombres de los nuevos líderes.
Líder: Peter —23 votos.Sublíder: Ryan —20 votos.Portavoz: Melisa —16 votos.
Todos los demás recibieron menos de 11 votos, incluidos algunos que recibieron 4 o 5, yo personalmente, había conseguido 4 votos.
El salón murmuró apenas.
Algunos sonreían, otros se veían pensativos.
Peter se levantó ligeramente, cruzando los brazos con esa calma natural que siempre lo caracterizaba, Ryan, sentado, esbozó una sonrisa leve mientras que Melisa respiraba hondo, con los ojos brillantes.
Observé a Melisa.
—Portavoz —susurré para mí mismo.
Ella había logrado una posición, pequeña pero significativa.
La sonrisa tímida en su rostro me decía que sabía que podía empezar a influir, aunque fuera un poco, en la clase.
Aiden y Jiho me miraron con complicidad.
—Buen trabajo —dijeron en un susurro, satisfechos.
Peter suspiró, mirando a todos.
—Bien, eso nos da un punto de partida —comentó, con esa mezcla de serenidad y autoridad—.
Ahora cada uno sabe dónde está y qué papel podría desempeñar.
El profesor Dante levantó la vista de su escritorio, tomando la palabra de nuevo.
—Para que quede claro, los roles de líder, sublíder y portavoz permanecerán asignados hasta la graduación —dijo con calma—.
Cada decisión, cada voto que se emita, definirá esta estructura hasta que finalice su ciclo escolar.
Peter frunció el ceño, pensativo.
—¿Y si algún día quiero dejar de ser Líder?
¿O alguien más quisiera competir por el cargo?
—preguntó, mirando al profesor con cierta curiosidad—.
¿Se puede cambiar?
Dante asintió levemente.
—Sí.
Se puede.
Pero deben considerar que cambiar de líder tiene una repercusión de 200 puntos de la clase.
Además, si alguien en un rol importante es expulsado, habrá una penalización que afectará a toda la sección.
Suspiré suavemente, entendiendo la magnitud de lo que implicaba.
No se trataba solo de asignar cargos, cada acción tendría consecuencias duraderas, y los puntos de clase eran la moneda que equilibraba poder y responsabilidad.
Miré de reojo a Melisa, que aún sostenía su teléfono con cierta nerviosidad, pero sus ojos brillaban con la determinación de alguien que ya había dado su primer paso y supe que, desde aquel momento, cada decisión, contaría más que nunca.
Peter, Ryan y Melisa iban a ser los soportes de la clase.
Esperaría que ninguno traicionara a esta clase ya que, si lo hacen, sería un gran problema en el futuro.
Justo entonces, Dante apagó su tableta y se levantó, anunciando que debía registrar los nombres de los postulantes en el sistema.
La clase había terminado antes de lo previsto, y todos quedamos libres para retirarnos.
El murmullo comenzó de inmediato, estudiantes guardando cosas, sillas moviéndose, algunos saliendo sin esperar a nadie.
En medio del ruido, Melisa apareció junto a mi pupitre y me regaló una sonrisa tímida.
Quise preguntarle algo, pero mi mente ya estaba en otra parte, necesitaba explorar la sección 3, descubrir si Eris había hecho algo… y si acaso se estaba adelantando a algo.
Me levanté, tomé mis cosas, y cuando iba a salir del salón, una voz suave me detuvo.
—Lían, espera —me llamó Melisa.
—¿Sí?
—respondí, girándome hacia ella.
—Lían, quería agradecerte de nuevo —dijo con voz baja pero clara.
—No hay de qué —respondí, sonriendo levemente—.
Oye… necesito tu ayuda para encontrar la clase de la sección 3 —Claro, sé dónde está.
Te puedo acompañar — Melisa asintió Empezamos a caminar por los pasillos del edificio.
Mientras que Melisa iba a mi lado, y seguíamos avanzábamos.
—¿Por qué quieres ver justo la clase 3?
—preguntó, sosteniendo su teléfono contra el pecho—.
Hasta ahora no habías mostrado interés.
—Curiosidad —respondí, aunque sabía que no era solo eso—.
Quiero ver a una persona.
—¿Una persona?
—Melisa me miró de reojo.
—Sí.
Solo es curiosidad por las otras clases —expliqué—.
Y quiero saber cómo están organizándose.
Melisa frunció los labios, algo incómoda.
—Lían… no sé si sea buena idea meterte con una sección así —susurró—.
¿Y si se enteran de que los estuvimos viendo?
— No vamos a meternos con nadie —respondí, manteniendo la voz baja—.
Solo estamos de paso.
Ni siquiera notarán que estuvimos ahí.
Melisa soltó una risa nerviosa.
—De paso… sí, claro —dijo, aunque la duda seguía en sus ojos—.
Supongo que ya entiendo por qué te interesa.
Llegamos al cartel “Clase 1-03”.
Nos detuvimos justo antes de la puerta, y una conversación tensa se filtró hacia el pasillo.
—Solo porque es amigo de la mayoría del salón no significa que pueda ser un buen líder… —la voz de una chica resonó con molestia.
Melisa me lanzó una mirada preocupada, pero yo ya estaba acercándome a la ventana.
Ella suspiró y me siguió.
Adentro, Eris estaba de pie junto a tres estudiantes más.
Los demás permanecían sentados y atentos.
—¿Cómo sabes que no es buen líder si ni siquiera lo conoces?
—reclamó un chico desde su lugar.
—Sí, solo llevamos poco tiempo aquí —añadió una chica—.
No puedes decir eso sin ver cómo se organizan.
Un estudiante de cabello blanco intervino tranquilamente.
—Lo que dicen Samuel y Celine es cierto.
La mayoría confía en mí, y no creo que estén listos para confiarte ese cargo todavía.
Eris apretó los puños, incómoda, pero no respondió de inmediato.
Antes de que pudiera hacerlo, una chica de cabello castaño claro tomó su mano.
—No hay por qué discutir esto ahora —dijo, intentando sacarla del conflicto.
—Isabelle, es mejor discutirlo ahora —Eris soltó su mano—.
Michael, solo te advierto que, si algo sale mal, espero que estés preparado.
—Bien, lo tendré presente —respondió Michael, devolviéndole la mirada sin parpadear.
Eris regresó a su asiento para guardar sus cosas, y la tensión disminuyó poco a poco.
Yo solté un suspiro.
Había visto lo que necesitaba.
—Vámonos, ya vi suficiente —dije, dando media vuelta.
—¿Tan rápido?
—Melisa parpadeó—.
¿No querías ver más?
—Solo quería entender cómo funcionan aquí —respondí mientras nos alejábamos del salón.
Melisa guardó silencio por un momento, antes de añadir, con una sonrisa tímida.
—Aunque… debo decirlo.
Ese chico de cabello blanco… algo tiene.
No sé si es carisma o qué.
Fruncí el ceño.
—¿Te recuerda a Ryan?
—bromeé, aunque no del todo.
— O tal vez solo estoy sobre pensando.
Se encogió de hombros —.
Ryan habla de manera clara y algunas veces fría sin darse cuenta, lo he notado ya que empezamos a hablar durante este tiempo.
— Ya veo…
— Me sentí incomodo por lo último que dijo.
Caminamos unos pasos en silencio antes de que me decidiera.
—Oye, ¿cuál fue tu motivo para entrar a este instituto?
Melisa bajó la mirada hacia su teléfono, pensativa.
—Yo… —titubeó un instante—.
La verdad solo quiero ser una buena profesional.
Aquí salen los mejores, así que… ese es mi único motivo.
—Supongo que es un deseo común —dije, deteniéndome.
Ella también se detuvo y asintió.
—Sí.
La mayoría piensa así.
Graduarse para tener un buen futuro.
Mientras la miraba sentí algo raro, no estoy aquí por un buen futuro, solo para salvar a mi madre.
Ese es mi primer y único motivo que tengo.
Sintiéndome raro preferí cortar la charla y porque necesitaba buscar a Peter.
—Bien —me acomodé el bolso al hombro—.
Me voy.
—Gracias por acompañarme un rato, también —Melisa dio un paso atrás, se rio suave—.
Bueno, yo ya me voy.
Igual tú ya estabas por irte.
Nos despedimos.
No sabía si era bueno o malo que Melisa estará cerca mía, además que no ha pasado nada con Grace, siento que quiere vivir la vida ignorándome y es algo bueno, asi que no tendré que concentrarme en poder lidiar.
Me dirigí a la cafetería para pedir algo de comer.
Mientras lo buscaba por las mesas, vi a Peter.
Aproveché para saludarlo y obtener un poco de información.
—¿Cómo estás?
—le pregunté con tono casual.
—Bien, aunque algo cansado —respondió con una sonrisa agotada—.
¿Y tú?
—Todo en orden.
Pero tengo una duda… ¿sabes quién podría ser el líder en la clase 03?
Peter se quedó pensativo.
—No estoy seguro, pero creo que Michael podría serlo.
—¿Michael?
—pregunté, fingiendo sorpresa, aunque ya sabía la respuesta por lo que había visto.
Me llamó la atención otra cosa, cómo sabía Peter su nombre.
—¿Lo conoces?
—Sí —respondió con naturalidad—.
Lo conocí hace poco.
—No sabía que te relacionabas con gente de otras clases.
—No lo planeaba —admitió—.
Pero si quería liderar, tenía que hacerlo.
—¿Y por qué crees que él podría ser elegido?
—Cuando hablé con él, mucha gente lo rodeaba.
Se notaba que era popular en su clase.
Pasa lo mismo que conmigo… o con Ryan bueno, llamó mucho la atención por ser serio.
Asentí, tenía sentido.
Peter miró hacia la salida, como si ya supiera lo que estaba por hacer.
—¿Ya te vas?
—Sí —respondí, tomando mis cosas con calma—.
Tengo cosas que hacer.
Él arqueó una ceja, dudando.
—¿No vas a comer?
—Luego vendré —mentí sin pensarlo demasiado—.
Jiho y Aiden quieren que los acompañe a… no sé, ver un par de cosas.
Peter asintió, aunque su expresión decía que no estaba del todo convencido.
No insistió, nunca lo hacía cuando percibía que necesitaba espacio.
Yo solo quería volver a mi cuarto, cerrar la puerta y pensar sin interrupciones.
Entre los votos, las responsabilidades y lo que se venía con la clase 3, necesitaba ordenar mi cabeza antes de que todo comenzara a moverse demasiado rápido.
—Sí… —respondí, aunque la incomodidad seguía flotando entre nosotros.
Salí del comedor y tomé el camino hacia los dormitorios, mientras caminaba con pasos lentos hacia mi cuarto cuando alguien se acercó con paso seguro, no necesité pensar dos veces.
Cabello rubio, presencia firme y una sonrisa maliciosa, era Eris.
Se detuvo frente a mí.
No dijo nada al principio; simplemente me observaba, evaluando cada gesto, cada respiración.
—Hola, Perdedor —dijo, con voz dulce, pero con un filo que helaba.
No respondí.
Solo la miré.
Eris ladeó el rostro y su sonrisa se amplió.
—Dime… ¿por qué me estabas observando?
—susurró.
—¿Te disté cuenta…?
—pregunté.
—Sí, me di cuenta.
No quería que me vieras así, pero fue algo no planeado —replicó.
—¿Quién era la chica que estaba contigo?
—preguntó, fija en mí.
—Nadie en especial —respondí.
—¿Hmm?
Sabes que lo averiguaré si no me lo dices… —Melisa.
Así se llama —dije, frío y directo.
—Entonces… ya encontraste a tu futura novia —bromeó, sonriendo.
La miré con frialdad.
—No tengo intenciones para eso —respondí con firmeza.
—Ya, ya… solo era una broma —río levemente—.
Ya quiero tener mi primer examen —suspiró con cierta impaciencia.
—¿Para qué lo deseas?
—pregunté, cruzando los brazos.
—Hmm… solo para ganarte —me miró sonriendo.
—Bien, pero no sabes si ganarás —le recordé.
—Supongamos que ya sé la respuesta y estaré en ventaja —dijo, sonriendo de forma confiada—.
Bueno, me tengo que ir.
No quiero que me vean con un bicho raro.
—Está bien —dije, observándola alejarse.
Mientras Eris desaparecía por el pasillo, suspiré y retomé mi camino hacia mi cuarto.
Al llegar, me dejé caer en la cama, sintiéndome abrumado, la tarde me pesaba, quería proteger a Melisa si Eris decidía hacer algo, y no podía evitar sentir rabia.
Era increíble cómo alguien podía ser tan diferente, cuando se enojaba, inmadura y explosiva, y cuando buscaba provocarme a mí, igual de infantil, la llamaría “Inmadura” y me juré que tengo que ganar contra Eris para que me deje de molestar.
El sueño no llegaba fácil.
Mi mente giraba, repasando cada gesto de Eris, cada palabra de Melisa, y el deseo de mantener a salvo a quienes me empezaron a importar.
Me desperté varias veces cuando tocaron el timbre de mi cuarto, no quería levantarme, pero el sonido era persistente y me obligaba a incorporarme una y otra vez, hasta que finalmente se calmó, y así pasé la noche, inquieto y vigilante en mi mente.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com