Rivalidad y Redención - Capítulo 12
- Inicio
- Todas las novelas
- Rivalidad y Redención
- Capítulo 12 - 12 Capítulo 3E Mi nueva amistad
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
12: Capítulo 3E: Mi nueva amistad 12: Capítulo 3E: Mi nueva amistad Interpretado por Melisa Lavoie Desde el primer día que hablé con Lían sentí algo extraño… no hacia él, sino hacia mí.
Como si mi voz, cuando él me escuchaba, adquiriera un peso distinto.
Me acuerdo bien estaba parada a un lado suyo, dudando si interrumpirlo o no, y al final murmuré.
—¿podemos hablar?
Él me vio, tranquilo como siempre.
—Está bien.
Ese “está bien” fue suficiente para que mis nervios se aflojaran.
Desde entonces empecé a buscarlo sin darme cuenta, como si él fuera un pequeño refugio en medio del caos.
Me encantaba cómo respondía sin prisa, como si cada palabra la pensara dos veces.
Había algo en su manera de escuchar que me hacía sentir… acompañada.
Nunca se lo dije, claro, solo lo pensaba para mí, que me gustaba estar cerca de él, que su presencia me calmaba más de lo que debería.
Y también que quería ser una buena amiga, especialmente después de que él me ayudó después que yo se lo pidiera.
Cuando fueron las votaciones, recuerdo cuando fui a buscarlo para poder agradecerle.
—Eres capaz —me dijo, casi como si no quisiera que sonara importante.
Y luego, sin presumirlo, agregó que también había hablado con Jiho y Aiden para que consideraran votar por mí.
No fueron muchos votos, pero para mí significaron más de lo que él sabe.
Ese pequeño gesto me marcó, me hizo sentir vista, apoyada, valorada.
A veces, durante los descansos, cuando conversábamos de cualquier cosa, quería decirle lo que pensaba que su calma me contagiaba, que su forma de estar me hacía sentir más segura del lugar que ocupaba ahí.
Pero nunca lo hice.
Prefería quedarme con mis pensamientos, sonriendo por dentro mientras él respondía con esa serenidad que ya se me había vuelto familiar.
Y tal vez por eso, sin darme cuenta, decidí que quería cuidar esa amistad, hacerla crecer, ser una presencia confiable para él… así como él lo había sido para mí desde el principio.
Con el tiempo, también empecé a hablar a diario con Peter y Ryan.
Al principio fue incómodo, especialmente con Ryan, que tenía una forma formal, pero al ser del mismo equipo, era inevitable cruzarnos, Peter, en cambio, era más amable, siempre tenía algún comentario ligero para romper la tensión.
Sin darme cuenta, ya había pasado casi un mes y medio desde que llegué a Thrymere, y mi rutina empezaba a sentirse más estable, por las tardes salía con mis amigas a una cafetería cerca de los dormitorios, un lugar cálido, lleno de ruido suave y luces en tonos naranja que me hacían olvidar por un rato la presión constante del instituto.
Una noche, mientras todas reíamos por alguna tontería, fui al baño.
Apenas empujé la puerta, escuché pasos detrás de mí y una voz femenina susurró muy cerca —No confíes en Lían.
Te lo digo como advertencia.
Me quedé paralizada.
No reconocí la voz… no se parecía a ninguna de mis amigas.
Miré hacia atrás, pero el pasillo estaba oscuro y la luz del baño no alcanzaba a iluminar bien, Salí rápido pero no había nadie.
Caminé rápido hacia mi mesa.
—¿Vieron a alguien salir del baño?
—pregunté, aún con un nudo incómodo en la garganta.
—¿Eh?
No —dijo Cristal, distraída con su teléfono—.
Ni estábamos viendo.
Las otras solo negaron con la cabeza.
Nadie había visto a nadie.
Esa sensación fría en el estómago se quedó conmigo el resto de la noche.
Pocos días después, mientras caminaba hacia el comedor, mi teléfono vibró.
Era Dansy.
—¿Dónde estás?
—preguntó de inmediato.
—Voy a comer —respondí.
—Te tengo que decir algo… Es un rumor.
Y es sobre Lían.
Me detuve sin pensarlo.
—¿Qué rumor?
—Pues… Grace me contó algo.
Dice que tuvo un incidente con él en el pasado.
No quiso decir detalles, pero dijo que no deberías acercarte tanto… que ella siente que te puede afectar.
Mi estómago se encogió.
—¿Grace dijo eso?
¿Por qué?
—Porque tú nos contaste que te cae bien Lían —respondió Dansy, bajando la voz—.
Y pues… Grace dijo que era mejor advertirte.
Me quedé sin palabras.
Ese nudo incómodo volvió otra vez, más fuerte que la primera vez en el baño.
No sabía qué sentir.
¿Molestia?
¿Miedo?
¿O simplemente tristeza porque parecía que todos tenían una opinión sobre él menos yo?
Cerré los ojos por un momento, respirando hondo, intentando no permitir que esas palabras se quedaran clavadas, pero lo hicieron, me dolió, no por el rumor… sino porque, por primera vez desde que llegué a Thrymere, sentí que estar cerca de Lían empezaba a atraer sombras que yo no entendía y aun así, por más que intentara ignorarlo, esa sensación de injusticia se quedó conmigo mientras caminaba sola hacia el comedor, con el corazón pesado y la mente llena de preguntas que no sabía cómo empezar a responder.
—Ignóralo, Dansy… —le dije al final, esforzándome por sonar tranquila—.
Está bien.
Yo… yo voy a pensar qué hacer.
—¿Segura?
—Sí.
No te preocupes.
Pero sí me preocupaba.
Mucho más de lo que quería admitir.
Los días siguientes me costaron más de lo que esperaba.
No quería que Lían notara nada, así que, cada vez que podía, me quedaba con mis amigas hasta más tarde en la cafetería o en cualquier pasillo donde hubiera ruido suficiente para distraerme, cuando me encontraba con él, hablaba como siempre… o al menos lo intentaba.
Sonreía, respondía, hacía preguntas pequeñas, pero por dentro me sentía tensa, incómoda y aunque trataba de ocultarlo, empecé a darme cuenta de que él lo notaba, su mirada se quedaba un segundo más en mí, como intentando entender qué había cambiado, eso solo me hacía sentir peor, no quería ignorarlo, no quería alejarme, pero el rumor seguía ahí, atravesado en mi pecho como una espina.
Un día, estaba con Peter y Ryan en uno de los salones exteriores del edificio.
Estábamos esperando algún anuncio sobre el primer examen, pero nadie decía nada y la incertidumbre solo aumentaba.
—¿Tú no sabes nada?
—preguntó Ryan, mirándome de reojo.
—No… —respondí—.
El beneficio del Portavoz solo sirve cuando ya tienen los datos preparados, según lo que me dijo el profesor Dante.
Peter me observó de manera distinta, como si buscara algo detrás de mis palabras.
—¿Estás bien?
—preguntó, directo—.
Te ves… incómoda.
—Solo estoy cansada —mentí, mirando hacia los árboles para evitar su mirada.
Ryan se levantó sin decir mucho, típico de él, y se fue a revisar su teléfono lejos de nosotros.
Peter, en cambio, se quedó quieto a mi lado.
No dijo nada al principio, pero su silencio se sintió como una pregunta.
—¿Es por Lían?
—soltó por fin.
El corazón se me detuvo.
—¿Cómo… cómo supiste eso?
—pregunté bajito.
Peter suspiró, como si hubiera esperado esa reacción.
—Porque cada vez que él aparece, tú te vas con tus amigas o conmigo o con Ryan, no es que huyas, pero… te apartas y no lo hacías antes.
Me sentí expuesta.
Avergonzada.
—Estoy apenada —confesé, sin saber cómo esconderlo.
Peter ladeó la cabeza.
—¿La razón?
Tardé unos segundos en poder decirlo.
—Escuché algo… —murmuré—.
No sé si es cierto ni si quiero averiguar.
Pero me dijeron que… que no me acercara a él.
Peter no habló de inmediato, solo me miró con una mezcla de preocupación y algo que no supe identificar y en ese silencio.
Entendí que ya no podía seguir evitando lo que sentí, que algo se estaba rompiendo dentro de mí por tratar de alejarme de alguien que nunca me había hecho daño y que, tal vez, tenía que enfrentar lo que fuera que estuviera detrás de esas advertencias… antes de perder esa amistad que había empezado a significar más de lo que admitía.
Cuando me despedí de Peter, respiré hondo para intentar calmarme, caminé por la vereda, sintiendo el viento frío contra las mejillas, no quería pensar más en rumores ni advertencias, solo llegar a mi dormitorio y descansar, pero, al doblar la esquina, lo vi.
Lían estaba hablando con Jiho, tranquilo como siempre, cuando me vio, se detuvo, por un momento pensé en girar y tomar otro camino, pero ya era demasiado tarde, nuestras miradas se cruzaron, caminé firme, con esa incomodidad que llevaba días escondiendo, fingiendo que nada estaba mal.
Cuando pasé a su lado, él dio un pequeño paso hacia mí.
—Melisa… —su voz salió baja, casi insegura—.
No sé qué te estoy haciendo, pero… perdón si te estoy molestando.
Me congelé, no esperaba escucharlo así y no esperaba que lo notara, ni mucho menos que se disculpara por algo que ni siquiera tenía la culpa.
Quise responderle, decirle que no era él y que era yo, mis dudas, ese miedo absurdo que no sabía de dónde venía, pero las palabras no salieron, solo pude apretar los labios y asentí, incapaz de mirarlo más tiempo sin que se me partiera el pecho.
Seguí caminando, sintiendo su mirada en mi espalda hasta que doblé la esquina, cuando llegué a la puerta de mi dormitorio, me detuve, cerré los ojos y apoyé la frente contra la madera fría, dejando que el silencio me envolviera.
No quería alejarme de él, no quería hacerlo sentir así y, aun así, lo estaba haciendo.
Ahí supe que tenía que enfrentar esto tarde o temprano… pero no esa noche.
Así terminó mi día, con un perdón de Lían que no merecía, y una culpa que no sabía cómo cargar.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com