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Rivalidad y Redención - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 Capítulo 4 Angustia y Deliberación I
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14: Capítulo 4: Angustia y Deliberación (I) 14: Capítulo 4: Angustia y Deliberación (I) Bloque I Las clases de la mañana estaban pasando como siempre muy lentas, densas y llenas de explicaciones que parecían más largas de lo necesario.

Mientras que yo intentaba mantener la atención, pero honestamente… no podía.

La mayoría de los temas no me atrapaban y mi mente tendía a perderse a los pocos minutos.

El profesor Dante estaba de pie frente al pizarrón explicando algo sobre sistemas de evaluación cuando el aparato en su muñeca vibró, frunció el ceño al leer el mensaje.

—Tengo que ir un momento a la oficina de administración —anunció mientras guardaba su bolígrafo—.

No hagan ruido, vuelvo en unos minutos.

Sabía lo que significaba un pequeño descanso camuflado, posiblemente porque haya pasado un buen tiempo sin que hayamos tenido algo de información sobre el examen.

La puerta se cerró y la sala se llenó de murmullos de inmediato y unos sacaron el teléfono bajo la mesa, otros aprovecharon para hablar, yo… solo me dejé caer en mi asiento, me aburría demasiado.

Así que abrí mi cuaderno y empecé a escribir.

No eran apuntes, sino nombres de personas que tenían relevancias posibles que conocía que eran Eris, Peter y Melisa.

Me quedé mirando esos tres nombres.

Eris estaba en otra sección… pero algo no me terminaba de cerrar sobre ella, algo que no podía explicar, mientras que Peter era alguien agradable, hablaba demasiado y a veces demasiado rápido y Melisa… bueno.

Melisa seguía en mi cabeza más de lo que quería admitir.

Mientras pensaba, añadí un pequeño símbolo junto a cada nombre, no significaba nada, eran solo una forma de ordenar mis ideas.

—Ey!, tú.

¿Qué estás anotando?

La voz, cortante y molesta, llegó por detrás.

Al girar, me encontré con Jaden, plantada frente a mi pupitre como si me hubiera atrapado robando algo.

—¿Me dices a mí?

—pregunté, confundido.

—A quién más —resopló.

Antes de que pudiera explicarle o siquiera cerrar el cuaderno, Jaden me lo arrebató de las manos.

Tomó la hoja con exagerada delicadeza, como si temiera quemarse, pero con esa sonrisa ladina que anunciaba problemas.

Sus ojos recorrieron rápidamente los nombres.

Sus labios se curvaron, pero no en una sonrisa amistosa, más bien en esa mueca que da alguien que está a punto de inventar un escándalo.

—¿Qué es esto?

—preguntó levantando la hoja frente a todo el salón—.

¿Estás escribiendo… nombres de personas?

Murmullos empezaron a levantarse, varias cabezas se giraron hacia nosotros.

—Solo… —intenté decir— son nombres de gente que he conocido.

—¿Ah sí?

—Jaden arqueó una ceja—.

¿Y eso no es extraño?

Digo… escribir nombres de Melisa, Peter… ¿y esta otra?

—señaló a Eris con un tono acusador—.

Suena un poco sospechoso.

Algunos se rieron.

Otros se quedaron mirando, esperando más y Jaden, por supuesto, lo dio.

—Qué bueno que yo no soy una acosadora.

El silencio fue inmediato.

Esa palabra fue como un balde de agua helada, sentí varias miradas clavarse en mí, veía que un par de chicas murmuraron algo entre ellas e incluso Peter giró bruscamente desde su asiento.

—Oye —dijo Peter, levantándose—.

No digas estupideces.

Jaden lo ignoró.

—¿Acosar a gente desde el segundo mes?

Qué rápido trabajas, ¿eh?

Me quedé sin palabras.

No sabía qué decir… no porque fuera cierto, sino porque la acusación había sido demasiado directa, demasiado pública.

Fue entonces cuando escuché una silla moverse bruscamente.

Jiho se puso de pie.

—Devuélvele la hoja —dijo, su voz tranquila pero firme.

Aiden también se levantó, cruzándose de brazos con una cara molesta.

—Sí, Jaden.

Basta.

No armes dramas por tonterías.

—¿Tonterías?

—exclamó ella, riendo con incredulidad—.

¡Él está escribiendo nombres!

¿Quién hace eso?

¿Para qué?

No me digan que eso es normal.

—Es normal si quieres recordar a la gente que conoces —respondió Aiden—.

No todo es un problema.

—Y no eres nadie para acusarlo —añadió Jiho—.

Así que devuélvelo.

Por un momento pensé que Jaden iba a discutir… pero en lugar de eso, dirigió su mirada hacia la parte trasera del salón.

Grace estaba allí, estaba sentada, observando, sin decir una sola palabra, pero su sonrisa lo decía todo, disfrutaba la escena.

Jaden, al ver que Grace no intervenía, lanzó un bufido molesto, dobló la hoja con brusquedad y la dejó caer sobre mi pupitre.

—Solo digo —añadió en voz alta— que hay gente aquí que da mala espina.

Y sería mejor que todos lo supieran.

Y solo así, con una frase, logró algo que ningún grito habría hecho.

Sembrar duda.

Peter dio un golpe suave en su mesa.

—¡Ya!

—dijo con firmeza—.

Se acabó esto.

No arruines la clase por tu paranoia.

Melisa, desde su asiento, observaba la escena con una expresión… decepcionada.

No hacia mí, sino hacia todo lo que estaba ocurriendo.

Yo recogí la hoja en silencio, era solo papel… pero se sentía como si pesara un kilo.

Y entonces, justo cuando la tensión estaba en su punto máximo… La puerta se abrió.

El profesor Dante volvió.

—¿Qué es este ruido?

—preguntó, mirando a todos con desconfianza.

Nadie respondió, mientras Jaden se acomodaba el cabello como si nada y Grace volvió la mirada a su escritorio.

Aiden y Jiho regresaron a sus asientos casi al mismo tiempo.

El profesor Dante dejó la carpeta sobre el escritorio, pero esta vez no se sentó.

Su expresión decía claramente que lo que venía no era cualquier anuncio.

—Bien —comenzó, mientras todos regresaban lentamente a sus lugares—.

Tengo información importante para ustedes.

El salón quedó en silencio.

Incluso los que cuchicheaban se callaron.

Dante abrió la carpeta y sacó un documento con varios apartados.

—Dentro de tres días realizarán su primer examen oficial, el nombre del Examen se llama Examen de resistencia básica.

La reacción fue inmediata.

—Este examen —continuó Dante— está catalogado como Competencia Física.

Obtendrán 80 puntos personales si completan la prueba.

No habrá puntos de clase… por ahora.

Aiden levantó una ceja, sorprendido.

Pude escuchar que Peter murmuró diciendo “¿Ochenta es bastante…?”  —La mecánica es sencilla —siguió Dante— Deberán completar un circuito de obstáculos básico.

Nada extremo, solo que terminen el recorrido antes de los 30 minutos.

Un par de estudiantes suspiraron aliviados y otros no tanto.

—Ah, y otra cosa —añadió Dante, hojeando el documento— quienes no terminen a tiempo, perderán 10 puntos de los que obtengan.

Así que eviten seguir el ritmo de otros o forzarse más de la cuenta.

Yo escuché todo con mucha atención, treinta minutos.

Algo básico con una ganancia de ochenta puntos.

¿Sí termino antes del tiempo… tendré 80 puntos, pero a la vez todos lo tendrán, así que será igual?

Por primera vez en todo el día, empecé a sentir algo parecido a la confianza, pero a su vez un poco de arrogancia.

—Profesor —intervino Ryan levantando la mano—, si hay dos tablas de puntuación… ¿no se supone que hay puntos de clase también?

¿Por qué no aplica aquí?

Dante lo miró con una expresión neutra, demasiado neutra.

—Este examen es individual —respondió—.

Todavía faltan datos para las evaluaciones por clase.

Cuando estén completos, se aplicará el sistema correspondiente.

—Antes de que se retiren —dijo Dante— debo entregar una copia del aviso al Portavoz de la sección.

Miró entre la lista y el salón.

—Melisa, pasa al frente un momento.

Melisa se levantó con la misma calma con la que hacía todo, caminó al escritorio y recibió una hoja impresa, sin nada más.

Ella se quedó quieta frente al escritorio, leyendo la hoja con el ceño apenas fruncido.

Miró al profesor, luego al salón, claramente sin saber si debía guardarla o decir algo.

Dante lo notó y suspiró con cansancio profesional.

—Eres la Portavoz —le recordó—.

Haz lo que creas conveniente.

Tu rol es informar.

Con esa libertad inesperada, Melisa dio un paso hacia atrás, levantó la hoja y la mostró al salón entero, girando un poco para que todos pudieran verla.

Algunos se acercaron más, otros se estiraron para leer desde su lugar.

Mientras que los murmullos aparecieron de inmediato.

Examen de Resistencia Básica Categoría: Competencia Física Puntos personales: 80 Puntos de sección: 0 Castigo: -10 puntos si no se aprueba.

Notas adicionales: “No se mide la rapidez.” No era la versión completa del examen… sino que era un documento muy reducido, no tenía tanta información, lo que me llamó la atención la nota adicional, no importaba si corriera rápido para terminar el examen, ¿Así que evaluarían tanto mi habilidad física?

Entonces escuche el sonido de Dante guardando sus cosas.

—Eso es todo por hoy.

Pueden retirarse.

— dijo el profesor Dante levantándose, dirigiéndose a la salida.

Hubo un suspiro colectivo, una mezcla de alivio y tensión.

Cada uno de los estudiantes comenzaron a salir del salón como si el aire adentro estuviera envenenado.

Cuando Jaden y Grace pasaron junto a mí ambas me rozaron el hombro, pude ver como Grace tenía una sonrisa tan marcada que parecía disfrutar de cada fragmento del caos que hizo con Jaden.

Mientras que Jaden me fulminó con una mirada afilada, irritada por algo que no entendí del todo, ¿tal vez porque Grace había dejado en claro que esto le divertía?

Grace por su parte, sonrió aún más, como si estuviera guardando algo.

Algo que solo ella sabía.

Yo no reaccioné.

No podía darles ese gusto.

Jiho y Aiden se acercaban a mí, listos para caminar juntos como siempre, pero antes de que dijeran algo, una voz suave, firme y clara se impuso.

—Lían… ¿puedo hablar contigo un momento?

Los tres volteamos, los tres vimos a Melisa que estaba parada junto a la puerta, sujetando su mochila con ambas manos.

No tenía los brazos cruzados ni el ceño fruncido.

Solo estaba ahí, tranquila… pero seria.

Jiho entendió al instante.

—Vamos afuera —le dijo a Aiden, empujándolo levemente—.

Esperaremos allá.

Aiden me dio una mirada rápida, como preguntando si estaba bien.

Asentí.

mientras ambos se iban alejándose.

Intenté acercarme a Melisa, pero ella simplemente comenzó a caminar por el pasillo, y yo la seguí sin hacer preguntas, pero sabía perfectamente de qué quería hablar.

Cuando llegamos a un área más tranquila, donde las voces se apagaban y el eco se hacía más suave, Melisa se detuvo y me miró directamente.

—¿Puedo saber por qué escribiste mi nombre en ese papel…?

—preguntó.

Su voz no era dura.

Era sincera, preocupada… confundida.

Me apoyé contra la pared.

—Solo… —respiré profundo— quería recordar quiénes son las personas que han hablado más conmigo estos días.

No era algo raro, ni personal.

No te estaba vigilando ni nada así.

Melisa bajó los ojos apenas, como si mis palabras le removieran algo por dentro.

Luego extendió la mano.

—¿Puedes darme el papel?

Dudé, pero no por ocultarlo, sino porque sabía lo que significaba entregarlo.

Pero de todas formas lo saqué del bolsillo y se lo puse en la mano.

Ella lo tomó con cuidado, lo miró un segundo, mientras veía que su expresión se suavizaba y se endurecía al mismo tiempo, como si estuviera peleando consigo misma.

—Me lo quedaré —dijo—.

No porque me moleste… sino porque… —se detuvo, como si no supiera si debía decir lo demás— …porque prefiero que lo tenga yo.

Asentí, mientras que veía como Melisa apretaba ligeramente el papel y lo guardaba en su mochila.

—Será mejor que nos separemos —añadió en voz baja—.

Nos están observando.

Miré de reojo y, efectivamente, un par de estudiantes de la clase nos estaban mirando desde la distancia.

No era odio, era interés malsano.

El tipo de interés que podía destruir reputaciones sin esfuerzo.

Asentí y Melisa se despidió con un gesto leve, una mezcla de respeto y cautela, y se alejó con el paso controlado que empezó a tener.

Yo por mi parte comencé a caminar hacia la salida para reunirme con Jiho y Aiden…  Hasta que choqué con alguien, vi su espalda tenía el cabello café claro y liso y antes de pensarlo, por puro instinto, tomé su brazo, con fuerza suficiente para que no cayera, pero sin apretarlo demasiado.

Al elevar la mirada, la reconocí al instante, Michelle.

Sus ojos se abrieron ligeramente por el contacto, solo por un segundo.

Luego, su expresión cambió por completo.

—¿Por qué estás aquí…?

—susurró, su voz cargada de rabia contenida—.

No quiero volverte a verte.

Porque te odio, y tú lo sabes…  Soltó mi brazo de un tirón, usando el suyo para apartarme, rompiendo el contacto como si le repugnara.

Yo exhalé, intentando que mi voz no temblara.

—Yo me alegro de verte… Michelle.

Ella retrocedió un paso, como si esas palabras la hubieran golpeado más fuerte que cualquier empujón.

No dijo nada más.

Solo se dio media vuelta y se fue, rápido, sin mirar atrás.

Mientras que yo me quedaba quieto, respirando hondo, mientras el pasillo se volvía más silencioso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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