Rivalidad y Redención - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Capítulo 5 Selección y Error
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18: Capítulo 5: Selección y Error 18: Capítulo 5: Selección y Error El hambre llevaba horas mordiéndome por dentro.
Había pasado la mañana entera intentando concentrarme en clase… pero solo podía pensar en comida.
No en la del comedor que ya me tenía harto sino en algo real, caliente, con sabor.
Algo que no se sintiera hecho por una máquina o por un sistema que solo daba lo justo para mantenerte vivo.
Y al final, cuando sonó el timbre, no lo pensé dos veces, salí directo del edificio académico, y fui hacía al comedor sin entrar, ignoré el olor tibio de lo mismo de siempre, y seguí caminando cerca afuera del instituto.
Mi estómago gruñía como si fuera un castigo.
Al llegar cerca de la salida en un rincón, lo vi.
Un pequeño restaurante de comida casera.
De esos lugares hechos para estudiantes más que para profesores.
Un letrero simple, la puerta abierta.
El precio no era tan malo, dos puntos consumibles por comida y sinceramente, valía la pena si con eso evitaba otra porción insípida del comedor.
Antes de entrar, algo llamó mi atención, tres estudiantes del instituto salían del supermercado de enfrente con bolsas enormes, llenas hasta arriba.
Paquetes de pasta, frutas, verduras, galletas, incluso un paquete de panes grandes.
No los reconocí de vista… quizá estaban en una de las clases superiores, o eso pensaba.
—¿Por qué llevan tanto…?
—murmuré, sin que nadie me escuchara.
Parecía que tenían puntos ilimitados o que sabían algo que yo no.
Entré al restaurante.
Estuve a nada de pedir… hasta que vi la porción, demasiado pequeña para ese precio y yo solo tenía tres puntos.
No valía la pena.
Di media vuelta y crucé la calle hacia el supermercado — Voy a cocinar yo mismo —me dije, aunque ni yo me lo creía.
Compré pasta, carne molida, un paquete de tomate con especias… lo básico para una boloñesa decente.
Nada exagerado, porque los puntos eran limitados, pero suficiente para dos comidas si lo hacía bien o eso pensé.
En la cocina de mi habitación, casi vacía, empecé a preparar todo.
Me imaginé algo simple, rápido, delicioso.
Imaginé muy mal.
Primero, quemé la carne porque me distraje revisando el teléfono ya que Jiho y Aiden no dejaban de escribir.
Después, la pasta se pegó porque no puse suficiente agua.
Y el tomate… empezó a salpicar como si quisiera vengarse, manchándome la camisa del uniforme, el olor no era malo, era mucho peor, parecía que había cocinado frustración en vez de comida.
Pero tenía hambre y el hambre no espera, así que me lo comí igual, cada bocado más triste que el anterior, intentando convencerme de que “no estaba tan mal” … aunque sí lo estaba y mucho, al terminar de comer, el estómago se me retorció.
En una hora, ya estaba sudando.
En dos, me temblaban las manos, para el anochecer, estaba hecho un desastre en la cama, con náuseas y dolor, sin fuerzas para moverme.
No fui a cenar, ni a clases al día siguiente, me quedé en mi habitación, tirado de costado, mirando el techo mientras mi cuerpo se quejaba por cada error que había cometido y por un momento, solo un momento, deseé algo que dolió más de lo que debería.
—Ojalá mamá estuviera aquí… —susurré.
Ella siempre sabía qué cocinar, siempre me daba algo caliente, algo muy bueno… algo que sabía a hogar, pero ahora eso era solo un recuerdo.
Uno que, de repente, se sentía tan lejano.
Cerré los ojos, mi estómago volvió a gruñir, y aún enfermo, lo único que pude hacer fue suspirar.
—Qué desastre soy… Así terminó ese día.
Perdido, hambriento, enfermo y solo, recordando el único lugar donde la comida nunca me lastimaba.
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