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Rivalidad y Redención - Capítulo 20

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  4. Capítulo 20 - 20 Capítulo 5 Selección y Error II
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20: Capítulo 5: Selección y Error (II) 20: Capítulo 5: Selección y Error (II) Bloque II  Ya iba de regreso al dormitorio, caminando por el pasillo largo que conectaba los edificios académicos con la zona comercial, cuando mi teléfono vibró, pensé que sería un mensaje cualquiera, pero no.

Era Jiho.

“Jiho: ¿Dónde estás?

Te estamos esperando.”  “Jiho: Ven al súper, Ethan está aquí, Melisa también y Aiden igual.”  “Jiho: Aiden tiene que ir al club de deportes, apúrate.”  Guardé el teléfono y aceleré el paso hasta casi trotar hacia la entrada del supermercado, ahí estaban los cuatro, Melisa con una pequeña lista, Jiho apoyado sobre el carrito, Aiden con su mochila deportiva al hombro… y Ethan, parado un poco incómodo, como si aún no supiera si quería estar ahí.

Melisa me vio llegar y sonrió apenas.

—Bien, ya estamos todos —dijo—.

Aprovechemos antes de que Aiden se vaya.

Aiden levantó la mano  —Tengo veinte minutos —avisó—.

Después me voy al club.

Ethan soltó un suspiro resignado, pero no se fue.

Entramos al supermercado mientras que Melisa tomaba el carrito y caminó adelante, revisando la lista.

—Como somos un grupo —dijo—, ¿quieren preparar algo para hoy y mañana?

—Algo rápido, mejor —añadió, mirándonos—.

Ustedes escojan.

Jiho se rascó la cabeza.

—Nada complicado.

No quiero pasar dos horas cocinando.

Aiden señaló unas bandejas  —Estas sirven.

Y esas también.

Yo solo asentí mientras Melisa calculaba los precios y porciones.

El ambiente era relajado, comentarios tontos sobre los precios, discusiones sobre si la pasta rinde más que el pan, Jiho peleando con el carrito, hasta que, de repente, los cinco recibimos un mensaje al mismo tiempo, los teléfonos vibraron como si fuera una alarma sincronizada.

Todos sacamos los nuestros.

“Tabla Seccional Actualizada.

Resultados del Primer Examen.”  Entramos al enlace y arriba, en grande y apareció.

Clasificación seccional.

Clase 2 con 54 puntos.

Clase 3 con 51 puntos.

Clase 4 con 49 puntos.

Clase 1 con 47 puntos.

Jiho habló primero.

—¿Eso… es real?

¿Clase 4 quedó tercera?

Aiden frunció el ceño.

—¿Por qué está por clases?

¿Qué mierda significa eso?

Melisa abrió el desglose.

—A ver si aparece la tabla individual…  Pero al presionar el botón, salió un anuncio.

“Tabla individual: sin acceso.”  —¿Qué?

—susurró Melisa—.

¿Por qué no podemos verla?

Jiho achicó los ojos.

—Tiene que ser un error.

—No lo es —respondió Aiden, firme—.

Dante dijo que todo es calculado.

Aquí no hay errores.

Iba a responder algo cuando el teléfono volvió a vibrar, otro mensaje nuevo.

“Actualización de Rango de Clase”.

“Rango Actual: 3”.

“Puntos de Consumo: 5/5”.

Melisa se llevó una mano a la boca.

—¿Cinco puntos?

¿De… consumo?

¿Qué se supone que significa eso, no teníamos 3?

Jiho abrió los ojos.

—Esto ya no es un simple error.

—Es deliberado —contradijo Aiden—.

Si actualizaron rangos, es porque el sistema ya lo tenía previsto.

Melisa se quedó mirando la pantalla, pensativa.

—¿Será una media?

¿Un promedio?

¿Algo que se sumó entre todos y por eso no muestran la tabla individual?

Mientras ellos discutían, yo me quedé un poco atrás, observando los estantes llenos de productos numerados con puntos, precios absurdos para un lugar supuestamente educativo.

Mi mente pensó inevitablemente aquel día con Esteban.

El día en que me explicó que Thrymere era una institución de élite regida por posiciones, que uno de los dos debía llegar al primer lugar al terminar el primer año para obtener la propuesta.

Y el que no lo hiciera… perdería lo que más ama.

Ese era el sistema que entendí, el sistema que todos entendíamos.

Pero ahora… La tabla individual estaba bloqueada y solo aparecía el puntaje por clases.

Un pensamiento me recorrió como un escalofrío.

¿Y si el instituto cambió las reglas…?, ¿Y si ahora competimos por la clase completa?

Si eso era cierto… Entonces mi avance, mis puntos y mis oportunidades ahora dependían de todos y eso era lo peor, porque no podría controlar nada, no podría planear nada y porque significaba que una sola persona podía arrastrar a toda la clase hacia arriba… o destruirla.

Apreté el teléfono con fuerza y de pronto, otra sensación me atravesó, la certeza irracional de que Eris aparecería pronto.

No sabía por qué, no era lógico, pero desde que escuché aquella voz en el centro de actos…  “La princesa va a cometer un error… Si tú entras, no podrá destruirlas.”  Ese mensaje seguía clavado en mi cabeza, ¿Entonces la princesa… puede ser Eris?

No lo sabía, pero la idea se pegaba a mis pensamientos como una sombra persistente.

Tomé una caja del estante solo para disimular la tensión, Iban a venir cambios y no pequeños.

Me reincorporé al grupo justo cuando Melisa dejaba unas galletas en el carrito.

—Sea lo que sea… ahora somos rango 3 —dijo Melisa, exhalando—.

Y tenemos cinco puntos de consumo.

Aiden asintió.

—Mañana quizá Dante explique qué está pasando.

Jiho miró el carrito como si fuera lo único seguro en todo el supermercado.

—Entonces compremos lo básico.

Lo demás lo averiguaremos mañana.

Y seguimos avanzando por el pasillo, esta vez con una tensión nueva entre nosotros, nadie entendía del todo lo que estaba ocurriendo, pero sí sabíamos una cosa, este instituto nunca cambiaba nada sin un motivo por lo visto.

Terminamos las compras rápido después de que Aiden se despidiera al igual que Ethan, diciendo que ya iba tarde para el club de deportes, Jiho revisaba los empaques, Melisa llevaba la lista, y yo empujaba el carrito de regreso a la salida.

Cuando guardamos los productos en las bolsas, aproveché el momento para acercarme a Melisa.

—Melisa —llamé.

Ella levantó la vista ligeramente.

—¿Qué pasa?

—Lo de la hoja… ¿de qué trataba exactamente el examen?

Se quedó inmóvil un segundo.

No fue sorpresa… fue más como un bloqueo, como si estuviera decidiendo si decirlo o no.

Miró hacia un costado, luego bajó los ojos.

—Según el documento… —murmuró— es una competencia de conocimiento general.

Una trivia.

—¿Trivia?

—repetí, incrédulo.

—Sí —asintió, aunque sin convicción—.

No sé cómo lo aplicarán, pero… son 250 puntos en juego.

Eso es lo extraño, para algo así yo no pondría tantos puntos —empezó a morderse el labio, incómoda.

—Habrá un equipo de cinco representantes de la clase.

Los que consideren más capaces.

—¿Y los demás?

—Un examen escrito, temas parecidos, los resultados se combinan… pero el documento no explica bien cómo.

Solo eso.

Me quedé en silencio, pensando, los cinco principales…  La advertencia del chico misterioso volvió a mi cabeza como un eco pesado, respiré hondo.

—Melisa.

Quiero participar en esa parte.

Ella me miró rápido, sorprendida, casi como si hubiera escuchado mal.

—¿Tú?

—Sí —afirmé—.

Quiero estar entre los cinco.

Melisa dudó mientras bajaba la vista a la bolsa, apretándola entre los dedos.

—Eso tienes que decírselo a Peter, él es el líder, él elige.

— Lo sé.

—Si tú quieres, puedo… —bajó la voz—, no sé, mencionarlo.

Intentar que te considere…  Negué suavemente.

—No, no quiero que intervengas en eso.

Ella levantó la vista, un poco sorprendida por mi tono.

—Entonces… ¿vas a hablarle tú?

—Sí.

Melisa asintió despacio, aceptando.

—Está bien, hazlo como quieras.

Al salir del supermercado, el viento era fresco y el cielo estaba algo nublado, Jiho revisó su teléfono y su expresión cambió de inmediato.

—Ah, no… —susurró—.

Tenía una llamada pendiente, muy importante.

—¿Alguien importante?

—pregunté.

Jiho sonrió apenas.

—Una chica, así que me voy antes de que me odie.

—Se puso bien la mochila—.

Hablamos luego.

Y se fue casi corriendo.

Melisa y yo seguimos un poco más, hasta el cruce donde nos separábamos.

—Nos vemos —dijo ella, levantando una mano.

—Nos vemos.

Respiré hondo, era mejor hacerlo ya.

Ir con Peter, hablarle directo, sin rodeos.

Caminé hasta los dormitorios repasando en mi cabeza.

“Peter, quiero estar en el grupo de cinco.”, “Peter, déjame participar.”, “Peter, confía en mí.”  Llegué a su puerta y toqué, una vez, dos, tres.

Nada, fruncí el ceño y toqué más fuerte, había un silencio absoluto.

Saqué mi teléfono para llamarlo… y fue ahí cuando lo vi.

Solo tenía tres números registrados, solo estaban registrados Jiho, Aiden, Melisa, Ningún rastro de Peter.

Me quedé viendo la pantalla como un idiota por unos segundos.

—Soy un antisocial… —murmuré.

Peter seguro tenía mil contactos, mil chats, mil grupos, mientras que yo… solo tengo tres contactos.

Guardé el teléfono y suspiré.

—Bueno.

Será después.

Me fui a mi cuarto, sintiendo que la cabeza me pesaba más que el camino.

Había algo en el aire, Un presentimiento raro e incómodo, que llevaba encima desde la mañana y no se iba.

Siento que los días siguientes iban a ser días largos, definitivamente muy largos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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