Rivalidad y Redención - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 21 Capítulo 5 Selección y Error III
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21: Capítulo 5: Selección y Error (III) 21: Capítulo 5: Selección y Error (III) Bloque III La mañana siguiente comencé el día con una idea fija y era que tenía que hablar con Peter.
Apenas salí de mi cuarto, toqué su puerta otra vez.
—Peter… ¿estás ahí?
No hubo ningún ruido, toqué de nuevo, más fuerte, pero nada.
Fruncí el ceño, era raro, pero no podía seguir atrasándolo, así que bajé para ir al comedor para desayunar.
Busqué entre las mesas.
Una, dos, tres veces, no había ningún rastro de él.
—¿Dónde se metió este tipo…?
—murmuré mientras comía.
Terminé rápido, regresé a mi dormitorio para cambiarme para clases y, por costumbre, toqué de nuevo su puerta, otra vez, sin respuesta.
Resoplé.
—Supongo que tendré que hablarle más tarde.
Fui hacia nuestro salón… pero al llegar, estaba completamente vacío, me quedé parado en la entrada, sin entender nada, entonces escuché pasos detrás de mí.
—¿Qué haces aquí?
—preguntó Jiho, levantando una ceja.
—¿Cómo que qué hago aquí?
Es nuestro salón… ¿no?
Jiho soltó una risa ligera.
—No, hombre.
Te mandé mensaje ayer, hoy cambiábamos de salón temporalmente.
Están arreglando este.
—¿Mensaje?
—pregunté.
—Sí.
Te escribí como tres veces.
Saqué mi teléfono y vi que estaba apagado.
—Perfecto… —bufé—.
¿Tienes un cargador?
—Sí, ven —dijo, haciéndome un gesto con la mano.
Mientras caminábamos al nuevo salón, Jiho me miró de reojo.
—Oye… ¿vas a participar en el examen?
—Sí —respondí sin dudar.
—¿Por qué quieres meterte?
—preguntó, genuinamente curioso.
No podía contarle lo del chico misterioso, donde alguien quería manipular el examen y que yo necesitaba estar ahí.
Así que dije la mentira más simple.
—Soy bueno en trivia.
Jiho río.
—¿Tú?
A ver… Me lanzó un par de preguntas rápidas sobre países, fechas históricas, y una del cuerpo humano, respondí todas sin tardarme.
Jiho se quedó callado unos segundos, sorprendido.
—Ok… retiro lo dicho.
Eres demasiado bueno.
Me encogí de hombros, intentando sonar normal.
—Quizá sí.
Caminamos un rato en silencio, hasta que Jiho habló de nuevo.
—Si te va bien en la trivia… quizá cambie algo con los rumores, ¿no crees?
Me quedé mirando el pasillo, ojalá fuera tan simple.
—Tal vez —respondí.
Jiho asintió, pero de repente recordó algo.
—Ah, cierto.
Nunca te pregunté, ¿qué pasó con ese rumor?
El que venía de tu antiguo colegio…
según lo que escuche por otras personas.
Sentí el estómago apretarse.
Pero prefería decir algo sencillo a dejar un silencio incómodo.
—Grace —respondí despacio—.
Ella me inculpó de algo que no hice, y como era la hija de una familia conocida… todos le creyeron.
Jiho dejó de caminar, yo seguí, sin mirarlo.
—Lo que empezó como un problema dentro del colegio se volvió… algo público.
En las calles.
La gente me miraba mal y mi mamá… —tragué saliva—.
Lloró mucho por eso.
Jiho bajó la mirada.
—¿Y tu mamá?
¿Está…?
—No quiero hablar de eso —corté rápido, sin querer sonar grosero, pero sonando igual.
—Está bien —dijo él con calma—.
Perdón por preguntar.
Seguimos caminando, esta vez con un ambiente más suave.
Pasaron unos segundos antes de que Jiho intentara cambiar el aire.
—Mi vida ha sido bastante normal, ¿sabes?
—comentó—.
Estudiar, ayudar en casa… y quería ser un doctor ejemplar, ese era mi plan.
Lo miré un momento.
—¿Y por qué entraste a Thrymere?
Podías elegir otro instituto.
Jiho suspiró.
—Mis padres insistieron.
Pensaban que Thrymere tenía buenas tasas de ingreso a universidades… o eso creían, yo no sabía nada de expulsiones, ni pruebas raras y cuando llegué… ya era tarde para arrepentirme.
Asentí lentamente.
—Sí.
Este lugar no es normal.
—Para nada —asintió.
Llegamos frente al nuevo salón, la puerta estaba entreabierta y se escuchaban voces adentro.
Jiho sonrió.
—Vamos, antes de que Dante nos mire feo por llegar tarde.
Respiré hondo, intentando ordenar mis ideas, hoy tenía que hablar con Peter y hoy tenía que asegurar mi lugar en el examen.
Jiho abrió la puerta del nuevo salón y entramos juntos.
Dante levantó la vista inmediatamente.
—Llegan tarde —dijo con voz seca.
Varios compañeros voltearon a vernos, algunos con expresión aburrida, otros con burla silenciosa, Jiho se inclinó un poco.
—Perdón, profesor.
Hubo un… pequeño problema.
Dante simplemente hizo un gesto con la mano para que nos sentáramos.
Aiden había apartado dos mesas detrás de él probablemente en un intento desesperado de quedarse cerca de la ventana, y Ethan estaba ocupando el asiento de al lado, apenas nos vio, nos saludó con la cabeza, nos sentamos rápido y la clase comenzó.
Las horas avanzaron lentas, Fueron casi tres horas de estudio constante, Aiden, por supuesto, se desplomó en la mesa después de la primera hora, con la frente apoyada en los brazos, mientras que Jiho lo miraba y soltó un suspiro exagerado.
—Este tipo…—Mientras guardaba sus cosas—, ¿Podemos intercambiar de asiento?
Ethan, sin levantar mucho la mirada, simplemente asintió y cambió de asiento con Jiho, un rato después Jiho empezó a apilar los cuadernos que tenía y se los puso encima a Aiden con toda la delicadeza del mundo.
Yo intenté concentrarme, anotando lo que Dante explicaba, Ethan, a mi derecha, escribía con velocidad sorprendente, mientras tanto Aiden, dormía como si estuviera en su cama.
El tiempo pasó… hasta que el profesor Dante, al final de la clase, levantó la voz de golpe.
—¡AIDEN!
Aiden despertó sobresaltado, tirando todos los cuadernos al piso con un estruendo que hizo que medio salón girara la cabeza hacia nosotros.
—¡Ah—!
Lo siento… lo siento —balbuceó, agachándose a recoger todo.
Jiho se tapó la boca para no reírse demasiado.
—No deberías hacer eso —le dijo mientras él juntaba sus cosas.
—¡Eras tú entonces!
—susurró Aiden indignado.
Los dos empezaron a discutir bajito, pero el profesor Dante caminó hacia nosotros con paso firme.
—¿Pueden dejar la conversación para después?
—dijo clavando la mirada entre Jiho y Aiden—.
Necesito explicar algo ahora.
—Perdón —dijeron ambos casi al mismo tiempo.
Dante volvió al escritorio, acomodó unos papeles y respiró hondo antes de hablarle a toda la clase.
—Sé que todos tienen dudas —comenzó—.
Especialmente sobre la tabla individual.
El salón entero quedó en silencio.
—No hubo un error —continuó Dante—.
Hubo un cambio.
Una decisión del director.
Nadie habló, pero más de uno abrió los ojos con sorpresa.
—A partir de ahora —siguió—, todo será grupal.
Solo se reconocerán los puntos de la clase, por eso tardaron en procesar y actualizar la tabla seccional… y por eso la individual está bloqueada.
Sentí un golpe interno, lo que había sospechado… era cierto.
—Y para evitar confusiones —añadió—, sus dispositivos serán actualizados hoy.
Donde antes aparecían Puntos Individuales, ahora verán Puntos Seccionales.
La tabla personal ya no influye en su permanencia aquí, se los repito para quienes aún tenían dudas sobre el Rango Limitante este es completamente seccional, no individual, nadie aquí tiene que alcanzar una media por su cuenta.
La media la alcanza o la falla la clase completa.
Un murmullo inquieto recorrió el salón.
—Para quienes preguntan —Dante prosiguió—, sí.
Ahora competirán como una clase.
Aunque esto ya debería haber sido evidente desde lo que dije el primer día, no habrá tanta presión por pruebas individuales… pero sí mucha más responsabilidad compartida.
Ryan levantó la mano, pero Dante lo ignoró.
—Sobre la clasificación —continuó—.
Ustedes, la Clase 4, obtuvieron 49 puntos, lo cual los coloca en Rango 3.
Por eso recibieron un bono de 2 puntos extra de consumo, para un total de 5 puntos.
Ryan levantó la mano inmediatamente.
—Profe —habló—, entonces, ¿Si ganamos el primer lugar en este examen, nuestra clase cuantos puntos de consumo tendrá 10 puntos?
Dante negó con la cabeza.
—No exactamente.
Esto no funciona por examen individual, sino que es un acumulativo por puesto total.
—Si quedan primeros ahora, pero terceros en el siguiente, su rango dependerá del puntaje combinado comparado con las otras clases.
Varios murmuraron entre ellos.
—Los puntos de consumo no se acumulan —aclaró el profesor Dante—.
Son fijos según el rango actual.
El profesor Dante empezó a anotar unos datos en el pizarrón.
“Rango 1: 10 puntos.” “Rango 2: 7 puntos.” “Rango 3: 5 puntos.” “Rango 4: 3 puntos.” —Entonces… —dijo Peter levantando la mano—, ¿hay otras repercusiones por los puestos?
Dante hizo una pausa larga, muy larga.
—Sí —respondió por fin—.
Pero no puedo decírselas ahora y preferiría que no insistieran.
El salón quedó tenso, entonces Riley levantó tímidamente la mano.
—Profe… ¿hay otra bonificación además de los puntos de consumo?
Dante asintió.
—La hay, pero esa información se revela más adelante, pero por ahora es mejor que no lo sepan.
Riley bajó la mano, aceptando la evasiva respuesta mientras que el profesor Dante cerraba sus notas.
—Eso es todo.
Si tienen dudas sobre la clase, pueden hablar conmigo mañana, si son dudas sobre lo que acabo de explicar… no voy a responderles y con eso, la clase restante que tienen conmigo, no la voy a impartir, así que tomen un descanso.
Toda la clase quedó callada, con más preguntas que respuestas y yo, en silencio, supe que algo había cambiado para siempre.
Cuando Dante salió del salón, todos empezaron a recoger sus cosas, Ethan fue el primero en escabullirse, como si tuviera prisa o simplemente quisiera evitar hablar con alguien y Aiden lo vio alejarse y frunció el ceño.
—Ese tipo es súper evasivo —dijo mientras metía sus cuadernos a la mochila—.
Ni un “chao”, ni una mirada.
Jiho río suave.
—También fue la primera vez que le hablamos ayer, es normal que no se sienta cómodo aún —comentó mientras apilaba sus libros.
—Pues mínimo un saludo… —bufó Aiden.
Los tres salimos juntos al pasillo, donde la mayoría caminaba en silencio, todavía procesando toda la explicación del sistema de tablas.
—Oye, Lían —preguntó Jiho—.
¿Cuándo iras a hablar con Peter para decirle que quieres participar en la trivia?
Aiden se detuvo un instante.
—¿Lían?
¿Vas a meterte?
—Sí —respondí, tranquilo—.
Soy bueno en eso.
Jiho añadió sin pena —Y quiere ver si así mejora el tema de los rumores.
Aiden asintió inmediatamente.
—Eso sí puede servir, si destacas, la gente deja de molestar.
Sonreí apenas.
—Eso espero.
Llegamos a la cerca de la salida.
—Me voy —dije ajustándome la mochila—.
Tengo que encontrar a Peter antes de que desaparezca otra vez.
—Suerte —respondió Jiho.
—¡Dale, amigo!
—gritó Aiden desde atrás.
Me apresuré hacia nuestro salón original, esperando que estuviera allí, cuando llegué, vi que estaba vacío.
Suspiré, agotado.
—Hubiera sido buena idea pedirles el número a Aiden o Jiho… —murmuré.
Luego pensé que probablemente tampoco lo tengan, apreté mi teléfono en la mano, podía llamar a Melisa, ella seguro sabía dónde estaba Peter, pero no quería molestarla, Así que me puse a caminar sin rumbo por los pasillos, buscando entre esquinas y escaleras.
Y entonces la vi, Eris, estaba apoyada contra la pared, revisando algo en su teléfono, a su lado había alguien con capucha, hablando en voz baja, no le distinguí la cara ni la voz.
Cuando Eris me notó, inclinó ligeramente la cabeza hacia el chico encapuchado y le dijo algo.
Él simplemente asintió y se fue en silencio.
—Es muy Sospechoso… —murmuré sin pensarlo.
Eris levantó la vista enseguida, sus ojos fríos se clavaron en los míos y con esa sonrisa mínima suya, la que parece un insulto elegante, susurró.
—Hola, perdedor.
Iba a ignorarla, como siempre… pero esta vez necesitaba respuestas, me detuve frente a ella.
—Quiero hablar —dije.
Eris suspiró exageradamente, como si la vida le pidiera mucho al existir.
—No quiero, me ignoraste aquel día, así que… no me hables.
—Entonces no me hables —respondí de inmediato.
Ella arqueó una ceja, divertida.
—Vaya… qué cortante.
—¿Quieres saber o no?
—pregunté.
Eris rodó los ojos.
—Bueno.
¿Qué necesitas?
Respiré hondo.
—Lo de las tablas.
Ahora competimos por grupos, ¿no?
—Quizá —respondió ella, sin interés.
—¿Tu profesor no lo explicó?
Ella sonrió con cierta superioridad.
—Sí.
Muy detalladamente, de hecho.
Todos los cambios, cómo afecta a los tres años, las razones, los ajustes… muy completo.
Pensé en Dante y en cómo nunca explicaba nada bien y en lo poco que parecía importarle enseñar e incluso por accidente explicaría tanto.
Eris continuó.
—Así que piensas que ahora competimos por clases.
¿Eso querías saber?
—Sería mejor —respondí—.
y si no intentamos expulsarnos mutuamente.
Eris parpadeó, sorprendida, pero con burla en la mirada.
—¿Paz?
¿Quieres hacer la paz conmigo?
—Digo que no nos expulsemos mutuamente —corregí, firme.
Ella negó con suavidad, como si escuchara un chiste privado.
—No quiero.
Me crucé de brazos.
—Si no quieres… entonces será fácil intentar expulsarte.
Eris soltó una risa elegante y cruel.
—No podrás expulsarme, soy buena en todo, aunque lo intentes… te vas a arrepentir y mucho.
—¿Y si los dos somos expulsados por el rango limitante?
—pregunté, mirándola fijo.
Ahí sí dejó de sonreír por medio segundo… pero solo para cambiarla por otra aún más confiada.
—No va a pasar —dijo con absoluta seguridad—.
Yo nunca bajare del límite… quizá tú si estarás en peligro.
Lo dijo sin crueldad innecesaria… pero sentí el pecho apretarse, pero no retrocedí.
—No tengo miedo.
—¿Seguro?
—susurró con burla suave—.
A mí me parece que sí.
Luego suspiró, cansada de su propio teatro.
—Como tanto insistís… está bien.
No nos expulsemos mutuamente.
Extendió la mano, por un segundo… pensé que era real, estiré la mía para estrecharla… y Eris apartó la suya, cerrando los dedos en un puño justo antes de tocarme.
—Qué bien —dijo, dándose la vuelta con un movimiento impecable.
Se alejó sin mirar atrás, dejándome solo en el pasillo.
La tregua… ¿existía?
¿o era solo otro juego más de ella?, realmente no lo sabía.
Cuando Eris desapareció por el pasillo, quise respirar, tranquilizarme… pero me acordé de inmediato, sobre que tenía que hablar con Peter, pero todavía tenía que encontrarlo, me apresuré de nuevo por los pasillos, revisé la biblioteca, el comedor otra vez, incluso el edificio viejo donde a veces se juntaban los de la clase, pero no estaba.
Hasta que, finalmente, lo encontré cerca de un corredor lateral, donde estaban unas máquinas expendedoras.
Peter estaba hablando con Robert, ambos apoyados contra la pared mientras tomaban agua embotellada.
Me acerqué.
—¡Ey!
—saludé.
Robert levantó la mano.
—Qué onda, Lían.
Yo ya me iba —dijo mientras guardaba su botella.
Peter también hizo.
—Yo igual.
—Espera —lo detuve—.
Necesito hablar contigo, Peter.
Peter me miró con una mezcla de cansancio e impaciencia.
—¿No sería mejor por mensaje?
Tengo algo programado con mi grupo —dijo señalando el pasillo por el que habían venido.
—No tengo tu número —respondí.
Peter frunció el ceño.
—¿Y por qué no me lo pediste antes?
Me encogí de hombros.
—No sé.
Peter suspiró, girándose hacia el otro pasillo.
—¡Robert!
—llamó.
Robert, que ya estaba algo lejos, regresó.
—¿Qué pasó?
—Dale tu número a Lían —ordenó Peter.
—¿El mío?
—preguntó confundido—.
Está bien.
Sacó su teléfono y me mostró el contacto.
Lo registré rápido.
—¿Y el tuyo?
—pregunté mirando a Peter.
Él simplemente sacó el teléfono, giró la pantalla hacia mí y esperó mientras lo anotaba.
—Nos vemos —dijo Robert levantando una mano.
—Hablamos después —agregó Peter.
Cuando terminé, los dos se despedían mientras caminaban de vuelta juntos.
Había algo extraño en cómo se comportaban conmigo.
No sentía que era hostilidad, solo… distanciamiento, pero con Peter era peor, desde aquel día no había vuelto a tratarme igual, no sabía si yo lo incomodaba, si desconfiaba o si realmente era así.
Caminé hacia los dormitorios, sacando el teléfono para escribirle de una vez.
“Yo: Quiero participar en la trivia.
Soy muy bueno.” “Yo: Quiero tomar la iniciativa.” No tardó en responder.
“Peter: Mañana lo hablaremos bien.” “Peter: Lo pensaré.” “Peter: Haré una prueba para confirmar si no estas mintiendo.” “Peter: Quiero que la clase apunte al puesto A.
Por ahora el equipo sería: Yo, Ryan, Charlie, Noah y Melisa.” “Peter: Si estas insistiendo que eres bueno, puedo decidir algo.” Le escribí de vuelta: “Yo: Está bien.
Gracias.” Guardé el teléfono, mientras estuve caminando un buen rato.
Ya estaba frente a la entrada de los dormitorios, me puse ver el cielo que estaba atardeciendo, aunque apenas eran las cinco.
Me quedé quieto unos segundos.
—¿Estudio…?
—murmuré para mí.
—¿O simplemente me tiro a la cama y lo intento mañana?
No tenía respuesta.
Solo sabía que el examen se acercaba y que el día había sido demasiado largo para procesarlo todo.
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