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Rivalidad y Redención - Capítulo 24

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  4. Capítulo 24 - 24 Capítulo 6 Entre ataques II
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24: Capítulo 6: Entre ataques (II) 24: Capítulo 6: Entre ataques (II) Bloque II —Bien —dijo Peter, cruzándose de brazos frente a nuestro grupo—.

Empiezan los más débiles.

El que tenga la peor nota va primero.

Ryan asintió, Noah soltó un suspiro largo, como si eso ya lo hubiera intuido desde que llegamos, era lógico… pero cruel.

—La peor nota entre nosotros fue la tuya —añadió Peter, sin mucha delicadeza—.

Así que vas tú.

Noah no reclamó.

Solo recogió su sudadera, respiró hondo y dio un paso al frente justo cuando uno de los supervisores se acercó.

El supervisor habló fuerte, para que todos escucháramos.

—Queda prohibido el uso de teléfonos, dispositivos o cualquier intento de comunicarse.

Si un estudiante recibe ayuda no autorizada… la sanción será para toda la clase, ¿Entendido?

Un murmullo nervioso respondió que sí.

—Pueden hablarse entre ustedes —continuó—, pero solo dentro de la sala de preguntas.

Los que estén en esta sala podrán ver la pantalla, pero no escuchar nada de lo que dicen los cuatro que estarán adentro y no pueden hablar entre ustedes.

Era una regla que en apariencia sonaba justa, pero lo único que garantizaba era caos interno.

El supervisor entonces levantó la mano.

—Los primeros cuatro estudiantes, acérquense.

Noah dio dos pasos, mirándonos como si quisiera memorizar nuestras caras antes de entrar a una guerra.

Además de los 3 alumnos.

Los cuatro desaparecieron por la puerta de la sala de evaluación.

El cuarto que apareció en la pantalla era circular, casi perfecto.

Las paredes eran blancas, las luces frías, fuertes.

Y en las cuatro esquinas… estaban los atriles, altos, rectangulares, entintados con un tono morado oscuro, cada uno tenía un número de 1 al 4.

Noah entró primero en la imagen, guiado por otro instructor.

Caminó directo hacia el atril marcado con un 4, mirando alrededor como si fuera la primera vez que veía algo tan formal.

Los otros tres participantes también hicieron lo mismo, ocupando sus lugares.

Sobre cada atril había algo iluminado, un panel brillante que no alcanzábamos a distinguir.

Parecía un cristal o un lector holográfico.

No sabíamos cómo funcionaba… ni qué tan sensible era.

El instructor se retiró hacia otra puerta, probablemente fue donde estaba el profesor Dante.

Charlie se inclinó hacia la pantalla, intentando identificar algo, y vi como Peter solo observaba la pantalla… calculando.

—Inició —dijo Ryan cuando el marcador apareció.

La ronda inicial donde el tablero digital mostraba  Ronda 1; Todas las clases con 2 puntos.

Las primeras preguntas eran fáciles, de calentamiento, todos avanzaban con rapidez.

Para la ronda 5, todos estaban en 10 puntos.

—Van parejos… —murmuró Peter.

Pero en la ronda 7, Noah cometió su primer error.

—¡Noah, no…!

—Soltó Charlie, llevándose las manos a la cabeza.

Un sonido agudo retumbó en la sala circular del examen y el panel del atril de Noah parpadeó en rojo.

Clase 4 menos 5 puntos.

—Una vida menos —dije entre dientes.

Y así, siguieron las rondas… cada vez más rápidas, cada vez más específicas, eran brutales.

—Cambios —avisó el supervisor desde la pantalla.

En la ronda 16, el marcador brilló.

Clase 3 con 27 puntos empatada con la Clase 1.

Nuestra clase con 22 puntos.

Clase 2 con 17 puntos.

Uno de los estudiantes de la Clase 2 perdió su tercera vida y las alarmas de eliminación sonaron en la sala.

—Reemplazo inmediato —ordenó la voz del sistema.

Vimos otro estudiante entrar corriendo al atril y así siguieron, rondas y rondas, estudiantes entrando y saliendo, errores, cansancio, presión.

Algunos duraban poco, otros resistían más de lo que parecía posible.

Hasta que, finalmente, después de muchas eliminaciones.

Quedamos solo dos de nuestra clase en el campo, Peter y yo.

El aire en el cuarto donde estábamos se volvió más pesado, todos estaban concentrados en la pantalla.

Ryan estaba en el otro salón, los que seguían en el salón solo eran de la clase 3, el chico rubio, Michael y Michelle.

De la clase 2, un chico alto y Adrian.

De la clase 1, dos chicas.

La pantalla marcó la ronda.

Ronda 76; Clase 3 con 77 puntos, Clase 2 con 67 puntos empatada con nuestra clase, Clase 1 con 62 puntos.

Peter tragó saliva y yo cerré las manos.

Solo podía pensar que faltaba demasiado y estábamos en empatados con la clase 2, dejando en ventaja a la clase 3.

Las rondas pasaban como si la sala circular quisiera tragarse a cada uno de nosotros.

Ya no quedaban voces, ni comentarios, ni respiraciones fuertes.

Solo silencio y presión.

La pantalla marcó la ronda.

Ronda 148; Clase 1 con 191 puntos.

Clase 2 con 191 puntos.

Clase 3 con 196 puntos.

Clase 4 con 191 puntos.

Pude ver como Peter estaba en la pantalla, firme, dos desconocidos más Y ese chico de rubio, no fallaba, era inquietante verlo tan calmado.

La siguiente ronda pasó y el estudiante de la Clase 3 se equivocó; su atril parpadeó en rojo.

La puerta se abrió y entró Adrian para reemplazarlo, quedando su clase vacía.

Pero algo raro pasó, La ronda no avanzaba.

El chico rubio giró su atril hacia él y empezó a hablarle.

Hablaban tan natural, tan tranquilo, como si no estuvieran en medio de un examen que podía destruir la puntuación de su clase.

Mientras yo fruncí el ceño, vi a Michelle estaba sentada justo enfrente de mí, en su lado, su expresión mostraba otra cosa.

No era parte de esa charla, no era complicidad, parecía… molesta o preocupada.

¿Qué estaban hablando?, ¿Por qué se detenía la ronda?, ¿Por qué el supervisor no intervenía?

Pasaron segundos, luego minutos.

No había límite de tiempo, por eso podían hacerlo y entonces, de repente.

Adrian falló, le quedaban dos vidas.

La ronda avanzó, en la siguiente pregunta, el rubio volvió a hablarle y otra vez el rubio no tocó el panel, yo no entendía nada, pero en la Ronda 150.

Peter falló y la chica de la Clase 1 también.

Ambos salieron casi al mismo tiempo, dejando espacio para el siguiente reemplazo.

Mientras Peter pasaba a mi lado, me miró y sólo dijo.

—Confío en ti —y siguió caminando sin mirar atrás.

Me tocaba entrar en la ronda 151, Entré al atril y me posicioné y a mi lado estaba la chica restante.

Frente a mí, el chico rubio levantó la vista… y suspiró, como si acabara de reconocerme.

—Entonces, Adrian —dijo mirándolo—.

Hazme caso.

Adrian lo ignoró por completo.

—No te conozco —le respondió Adrian, frío—.

Así que dile a la tal princesa que olvide que confiaré, hasta que vea lo contrario.

La palabra princesa me atravesó y él soltó.

—Lo verás pronto.

Ahí fue cuando lo reconocí, su voz, era él mismo que me dijo aquel día que la princesa no participaría.

Antes de que pudiera pensar más, las rondas avanzaron, El chico rubio empezó a fallar.

—Tengo que hacer esto —murmuró, justo después de perder su segunda vida.

La tercera cayó en la ronda 156 y se retiró sin mirar a nadie, mientras que la chica de la Clase 1 seguía ahí en silencio, sin involucrarse en nada.

Cuando el chico rubio se fue al atril, entró Michelle y solo quedábamos cuatro y el chico rubio desapareció por la puerta.

La sala estaba tan silenciosa que parecía que el aire no se movía.

En la Ronda 161, la chica de la clase 1 perdió su última vida ahí, sin gritos, sin queja y así fue como la clase 1 quedó eliminada.

Quedábamos tres, Michelle, Adrian y yo… cada uno con dos vidas.

El marcador decía.

Ronda 161; Clase 2 con 212 empatada con nosotros, Clase 3 con 207 puntos y clase 1 con 197 puntos.

Y pensé que podría jugarle sucio a Michelle.

En las rondas siguientes usé la técnica del rubio.

No presioné el panel y le hablé.

—Michelle —le dije en voz baja, sin levantar la vista—.

Antes éramos amigos.

Ella apretó la mandíbula.

—¿Qué quieres?

—Nada, recordarte, eso es todo —Me quede viéndola un momento—.

Me agradabas y mucho.

Sus ojos temblaron apenas, no presioné la respuesta.

Así que la ronda no avanzaba, pero Michelle quería avanzar, quería terminar y lo sabía.

—¡Toca el panel!

—exigió.

—Pensé que te caía bien —dije.

Ella golpeó el atril con la palma.

—¡Lían, toca la maldita respuesta!

Yo sonreí apenas… no lo suficiente para que Adrian lo notaran, pero lo bastante para que ella lo sintiera como un golpe.

Extendí la mano con calma, con esa tranquilidad que tanto la desesperaba, y dejé que mis dedos apenas rozaran el panel.

Lo hice despacio, a propósito, y la luz se encendió verde.

“Correcto.”  Un murmullo cruzó la sala, vi a Michelle frustrada, porque llevaba toda la ronda intentando provocarla, rompiendo su propia concentración.

Yo solo seguía jugando… pero eso era lo que más la irritaba, que no jugara contra ella, sino como si ella no importara.

La ronda siguió.

Ella falló una vez, la pantalla marcó su primera penalización y su respiración se volvió más agitada, más pesada.

No volteé a verla, no necesitaba hacerlo.

La escuchaba gruñir por lo bajo, moviendo los pies, golpeando el suelo con la punta del zapato como si así pudiera volver a controlar algo.

La ronda 167 pierde la otra…  El silencio fue inmediato era el tipo de silencio que pesa.

Mientras gritaba mi nombre, mientras me insultaba, mientras su rabia la consumía, yo continué mirando la pantalla como si todo fuera un ruido de fondo.

Hasta que, finalmente, levanté la mirada justo cuando ella esperaba que la ignorara otra vez.

La vi, por primera vez en toda la competencia, directamente.

—¿Sabes qué es gracioso?

—dije con un tono casi amable—.

Aún me agradas.

Su expresión se quebró, no sabía si golpearme, llorar o seguirme insultando, pero eligió lo más fácil, irse.

Y se fue furiosa y Adrian la vio pasar, silencioso, estaba recargado contra la pared, brazos cruzados, observándola con una mezcla de decepción y resignación… como si ya hubiera visto ese patrón antes, como si supiera exactamente qué había provocado esa explosión en ella.

Cuando ella desapareció al final, él desvió los ojos hacia mí, sin moverse un centímetro.

No dijo nada, pero su mirada lo hizo por él “No era necesario”.

Yo solo bajé la vista a mis manos… aún tibias por la adrenalina.

Tal vez sí había sido necesario o tal vez solo quería ganar esta vez, no el examen… sino algo dentro de mí contra ella.

El marcador se actualizo.

Ronda 167; Nuestra clase con 224 puntos, Clase 2 con 219 puntos, Clase 3 con 204 puntos y Clase 2 con 202 pts.

Adrian observó la pantalla.

Parpadeó una vez, lento, como si procesara algo que sólo él entendía.

—Vaya… —murmuró.

Y entonces, sin motivo, sin ninguna presión, sin una lógica visible para mí… falló.

El aviso sonó seco, casi humillante dentro del silencio.

Pero él no cambió de expresión, ni sorpresa, ni molestia.

No lo había forzado y tampoco lo distraje y cuando aún no terminaba de entenderlo… en la ronda 169 falló otra vez, esta vez fue obvio, era a propósito.

Yo me quedé inmóvil, con la respuesta casi en los dedos.

Mi mente trató de encontrarle sentido, pero no había nada.

¿Para qué…?, ¿Por qué…?, ¿Qué buscaba él sacrificando puntos así… tan fríamente?

Sentía que él podía ganar sin esfuerzo y aun así eligió perder, perder justo ahí.

La pantalla mostró el resultado final.

Ronda 169; Nuestra clase con 228 puntos.

Clase 2 con 209 puntos.

Clase 3 con 204 puntos y Clase 2 con 197 puntos.

Nuestra clase pasó al primer lugar y me dieron automáticamente los dos puntos de la ronda.

Un giro imposible… hasta que él decidió que dejara de serlo.

Los bonos se activaron automáticamente, +25 puntos para el primer lugar, + 15 puntos para el segundo lugar y +5 puntos para el tercer lugar.

Y el panel, frío y brillante como un veredicto, mostró el resultado final.

Clase 1: 202 puntos.

Clase 2: 224 puntos.

Clase 3: 224 puntos.

Clase 4: 253 puntos.

Se sentía raro el final, pero él… Él solo guardó las manos en los bolsillos, la mirada perdida, como si el triunfo que acababa de regalar fuera una carga que ya esperaba llevar y yo, sin entenderlo, solo pude pensar, ¿Porque estaba haciendo?

No hubo tiempo para seguir cuestionándolo.

El instructor abrió la puerta y me llamó.

—Estudiante Lían.

Su turno terminó.

Puede retirarse.

Tomé aire y caminé hacia la salida, mis piernas seguían tensas, como si el examen aún no hubiera terminado.

Cuando abrí la puerta que conducía al pasillo, la luz del pasillo casi me cegó por un segundo y pude ver a Peter que estaba ahí solo, esperándome.

Cuando me vio, soltó el aire que llevaba conteniendo.

—No entendí nada —dijo de inmediato, acercándose—.

No escuchábamos nada desde aquí.

Pero… —me dio un golpecito en el hombro—, te esforzaste.

De verdad.

Yo asentí, aún un poco perdido.

—¿Y los demás?

—Ya terminaron el examen escrito hace rato —respondió—.

Vieron todo desde la pantalla.

Están celebrando como si hubiéramos ganado la guerra.

Quedar primeros… eso ya es un logro enorme.

Empezamos a caminar por el pasillo mientras hablaba.

—Solo falta saber la nota promedio del examen escrito —continuó—, pero yo creo que quedaremos primeros en eso también.

Lo detuve suavemente con el brazo.

—No te confíes tanto —le dije—.

Tom faltó.

Puede afectar la nota promedio.

Peter se encogió de hombros, seguro de sí mismo.

—No creo que haga la diferencia.

Ni que lo tomen en cuenta… solo demuestra que Tom quiere irse de Thrymere.

Quise creerle.

Pero algo en mi pecho no me dejaba relajarlo del todo.

Llegamos al salón, pude ver que la puerta estaba entreabierta y se escuchaban voces, risas, pasos.

Cuando Peter empujó la puerta, todo quedó en silencio por un segundo… y luego.

—¡Lían!

—¡Grande, hermano!

—¡Qué monstruo!

—¡Clase 4 en primer lugar!

La mayoría de la clase que hicieron el examen escrito se levantaron de sus asientos.

Algunos me chocaron el puño, otros me dieron palmaditas en la espalda, otros solo sonrieron de oreja a oreja mientras repetían mi nombre.

Agradecí a cada uno, sin saber bien qué decir.

Todo se sentía demasiado ruidoso, demasiado rápido después del silencio mortal de la sala del examen.

Entonces alguien me tocó la espalda, era muy suave y tímido.

Me giré y pude ver a Melisa.

—Felicidades… —dijo, casi murmurando, con esa incomodidad nerviosa que no solía mostrar conmigo.

Le sonreí un poco.

—Gracias.

Ella bajó la mirada por un instante, como si buscara qué decir y no lo encontrara.

Luego sonrió también, pequeña, genuina, y dio un paso atrás para dejar espacio a los demás.

Pero por un momento sus ojos se quedaron sobre los míos, como si quisiera decir algo más y yo, pude pensar en que todo ha salido como quería, o eso quería creer.

Las felicitaciones siguieron unos segundos más, hasta que la puerta del salón volvió a abrirse.

El ambiente se calmó al instante.

Era el profesor Dante.

Su expresión era la misma de siempre neutra, cansada, como si acabara de cargar con todo el instituto sobre los hombros.

—Bien —dijo, con voz firme—.

Ya pueden retirarse.

Algunos se miraron confundidos, otros estaban tan eufóricos por el primer lugar que ni siquiera procesaron lo que significaba.

El profesor Dante continuó  —En la tarde se mostrará el resultado final.

Esta vez con todos los puntos ya cargados en el sistema.

Un murmullo recorrió el salón.

—Y antes de que pregunten… —añadió, levantando ligeramente la mano—, no quiero que estén buscándome después de que se publiquen los resultados.

No habrá revisiones, no habrá correcciones, no habrá preguntas.

Lo que salga, saldrá.

Se dio la vuelta sin más explicaciones.

—Aprovechen el tiempo libre.

Mientras dejaba un silencio incómodo, que se rompió de inmediato cuando el grupo volvió a estallar en emoción.

Algunos ya estaban hablando de ir al comedor, otros querían reunirse afuera, otros planeaban cómo celebrarlo.

Yo solo respiré hondo mientras pensaba que esta tarde se decidiría todo y algo me decía que el verdadero problema todavía no había aparecido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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