Rivalidad y Redención - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 Epílogo Mi razón de coexistir
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27: Epílogo: Mi razón de coexistir 27: Epílogo: Mi razón de coexistir Interpretado por Eris Laíne Suelo acostarme en mi cama, mirando al techo blanco, aburrido… pero suficiente para proyectar sobre él mis propias ideas.
La gente cree que la vida es complicada, que suele ser frágil y que se rompe con facilidad, pero yo no pienso eso… para mí, la vida es sencilla… si sabes manejarla.
Cuando algo se rompe, siempre hay dos opciones para repararlo.
Puedes usar cinta, funciona… pero por un tiempo, ya que la cinta siempre se despega.
Si no quieres que algo vuelva a romperse, tienes que usar pegamento, el pegamento es diferente, esta se endurece, se solidifica y se redefine.
Suele dejar grietas, también no vuelve a ser igual, pero lo vuelve resistente.
A las personas les pasa lo mismo, lo he visto, lo sé.
Romperlas y repararlas es cruel… pero es un recurso válido, uno necesario.
No existen vínculos verdaderos sin pruebas, tampoco existe lealtad sin dolor y mucho menos existe una confianza sin haber destruido antes cualquier posibilidad de traición.
Para que alguien sea confiable… primero debe ser controlado.
Ese pensamiento se desliza en mi mente como un hilo fino, exacto, mi mano se mueve despacio sobre las sábanas, siento la textura, siento el orden.
Todo debe ser así, ordenado, predecible… muy controlado.
Coloco a cada persona en el lugar donde debe estar, como un mazo de cartas, como piezas de un tablero.
Las mariposas son un problema, son hermosas, suaves, impredecibles.
Vuelan donde quieren y cuando creen que tienen libertad… se alejan, mienten, traicionan.
Por eso, a la mía la coloqué en una telaraña, una muy fina, invisible para ella… pero firme.
Cada hilo envuelve sus alas sin que se dé cuenta y si esta intenta moverse entonces la telaraña solo se ajustará más.
Es lo correcto, es necesario, porque si una mariposa intenta escapar de la telaraña… yo misma la destruyó, para que nunca pueda volver a volar.
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