Rivalidad y Redención - Capítulo 32
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Capítulo 32: Capítulo 1: Perdón (II)
Bloque II
Pasaron varios días después de todo eso, y desde entonces, cada vez que veo a Jiho, termino diciéndole Jinjang por costumbre, no sé por qué lo empecé a llamar así, pero a él le hace gracia, y a mí me sirve para distraerme de lo que realmente ocurre.
Porque lo importante… es que las personas que antes me alababan por quedar bien en el segundo examen, ahora ni siquiera me miran, no me hablan y me evitan y aunque intento hacerme el indiferente, duele más de lo que quiero admitir.
Ethan fue quien lo dijo en voz alta.
—No entiendo a la gente —murmuró mientras caminábamos—. ¿Por qué se alejan?
Aiden solo respondió poniendo sus brazos para atrás.
—Eti… es mejor no involucrarse.
Y continuamos caminando como si nada, aunque yo me quedé pensando más de lo que quería.
En la clase de Historia, esa clase es mortal, literalmente podría dormir a un niño con hiperactividad.
Estaba sentado junto a Jiho y Melisa se había sentado en el suelo frente a nosotros, recargada en el soporte de la mesa, leyendo algo.
La verdad, no sé en qué momento mi cabeza se venció hacia un lado, solo sé que estaba demasiado cansado, cerré los ojos un instante y de repente sentí algo colocarse encima de mi cabeza, ¿Un cuaderno?
Abro ligeramente un ojo, pude ver claramente que eran dos cuadernos encima de mí. Genial, ahora soy una repisa humana.
No me moví, sabía que si levantaba la cabeza iba a tirar los cuadernos a Aiden.
Giré un poco los ojos y vi a Jiho, concentrado, pasando páginas, más abajo, Melisa me estaba viendo como si fuera un gato durmiendo en un lugar extraño.
—Hola —susurró, levantando una mano.
Respiré hondo, era ahora o nunca y me incorporé de golpe, los cuadernos salieron volando hacia atrás y aterrizaron justo encima de Aiden, que estaba dormido con la cabeza contra la mesa.
El golpe fue tan fuerte que despertó sobresaltado.
—¡¿Qué diab-?!
Yo preferí no hacer contacto visual, entonces escuché la voz del profesor Dante, sin emoción, como siempre.
—Si no desean estar en clase, pueden retirarse, honestamente, preferiría terminarla aquí que ver a mis estudiantes durmiendo.
No lo decía solo por mí, a mi alrededor, la mayoría estaba dormida y el resto estaban haciendo otras cosas, pero no era para prestarle atención a la clase.
El profesor Dante caminó hasta donde estábamos y se detuvo frente a Melisa, mientras que ella levantó la vista, sorprendida y el profesor Dante extendió una hoja hacia ella.
—Ten.
—¿Eh? ¿Qué es esto? —preguntó ella.
—La lista de asistencia —respondió Dante—. Anota quiénes están presentes y entrégamela después del almuerzo.
Melisa abrió los ojos como si le hubieran dado una responsabilidad política.
—¿Yo? ¿En serio?
—Sí. —Dante asintió—. Eres la única que está completamente despierta, además eres la portavoz.
Yo tuve que contener la risa, luego de eso, señaló la puerta.
—Pueden retirarse, pero antes, firmen su asistencia donde esta Melisa.
Y así, la clase de Historia terminó antes de tiempo, gracias a mis cuadernos voladores.
Después de que todos firmaron la hoja de asistencia, salimos del salón juntos, Melisa, Jiho, Aiden y Ethan y yo.
Aiden caminaba al frente, medio dormido todavía, cuando volteó hacia Melisa.
—¿Y tú por qué no te fuiste con tus amigas? —preguntó, con ese tono medio brusco que él cree que es normal.
Melisa bajó un segundo la mirada… y luego me miró a mí antes de responder.
—Porque sí. —Sonrió un poco—. Me agradas Aiden, por eso me acerqué.
Aiden se aclaró la garganta y se hizo el desentendido.
—Sí, sí, claro, lo que digas. Ven Eti y Jinjang, apúrense.
Y en un movimiento rápido, los jaló a ambos del brazo, adelantándose varios pasos y dejándome atrás caminando junto a Melisa.
Me dio risa ver cómo Jiho protestaba medio ahogado y que me giré hacia ella.
—¿Y cómo te va todo? —pregunté.
—Bien… supongo —respondió con su voz tranquila—. Nada fuera de lo normal.
Asentí y luego recordé algo.
—Por cierto, ¿quiénes firmaron la lista?
—Todos. Menos Tom —dijo, acomodando los papeles contra el pecho—. No asistió hoy.
—Tom… sí quiere irse de Thrymere —murmuré.
—Sí… —respondió Melisa, más seria—, eso parece.
Caminamos unos pasos más antes de que me atreviera a lanzar la pregunta.
—¿Nunca has pensado en retirarte?
Melisa negó de inmediato.
—No, aunque… viendo cómo es este lugar… —hizo una mueca leve—, da miedo, pero Thrymere es importante para mí y necesito graduarme de aquí.
Guardé silencio, sus palabras eran sinceras, sin dramatismo.
—Pero ¿sabes qué es lo bueno? —añadió, levantando la mirada—. No estamos compitiendo por el primer lugar. Solo queremos estar arriba del rango limitante, y nada más.
—Sí… —respondí con un tono que sonó más falso de lo que esperaba.
Porque en mi mente, la verdad era otra, desde que entré a Thrymere desde que cambiaron las reglas. La historia cambió y ahora mi clase no solo tiene que “sobrevivir”, si no que tiene que quedar en primer lugar, porque querer no tenía nada que ver con poder.
Seguimos caminando hasta llegar al supermercado y terminamos de hacer las compras que faltaban snacks y otras cosas necesarias para los próximos días y fuimos directo al salón de profesores donde estaba Dante.
Mientras bajábamos por las gradas del edificio, Melisa le preguntó a Aiden.
—¿Por qué no fuiste al club hoy?
Aiden bufó, cruzándose de brazos.
—Porque lo están usando los del Club de Artes, según tienen una actividad que necesita mucho espacio asi que hoy no me tocaba.
—Ah… —respondió Melisa, como si no supiera si eso era normal o no.
Yo me sumé a la conversación.
—Aiden, ¿los clubes dan algún beneficio?, ¿O algo parecido?
—¿Beneficios? —repitió, pensándolo—. No… por lo que yo sé, no. Solo son actividades, pero descubrí algo mejor.
Se puso enfrente de nosotros y se giró para vernos.
—Los grados superiores no se hablan entre sí.
—¿Qué? —Jiho frunció el ceño.
—Sí, el año pasado —explicó Aiden—, las ocho clases se pelearon, incluyendo la anterior promoción, osea, lo que antes era décimo y undécimo grado, que ahora son undécimo y duodécimo. Pero no sé qué fue lo que paso realmente, pero hay algo ahí… algo serio.
Nos quedamos en silencio, yo intentaba procesarlo y Aiden continuó hablando.
—Y evitan hablar con nosotros, los de décimo de ahora. Porque no quieren involucrarnos.
Ethan abrió mucho los ojos.
—¿Tan grave fue?
Aiden encogió los hombros.
—Solo sé que los de arriba se odian y no quieren que nos metamos, por si acaso.
Acompañamos a Melisa hasta la sala de profesores para que entregara la hoja de asistencia.
Ella estaba nerviosa, aunque fingiera que no, y los demás la esperábamos afuera conversando tonterías mientras veía a Dante recibir los papeles con una aprobación silenciosa, cuando terminó, todos empezaron a dispersarse.
Jiho y Aiden tenían cosas que hacer después, a Melisa la llamaron sus amigas a medio pasillo y Ethan ya se quería ir desde hace rato, así que, en un abrir y cerrar de ojos, me quedé solo.
Suspiré y empecé a caminar sin rumbo muy claro, solo avanzando para despejar la cabeza.
Los edificios académicos a esta hora ya estaban casi vacíos, la mayoría ya estaban en los dormitorios o en las zonas recreativas.
Era muy silencioso, pero algo me llamó la atención, vi. Michelle, estaba sentada en uno de los bancos largos cerca del jardín lateral, lejos de los salones de profesores, comía un muffin, quitando trozos pequeños como si no quisiera que se acabara muy rápido.
Mi primer impulso fue caminar como si no la hubiera visto, pero… algo adentro me dijo que ya no podía seguir evitándola.
Así que me detuve y respiré hondo, “Hablar con ella… o seguir siendo un cobarde”.
Me acerqué y ella levantó la mirada.
Sus ojos se encontraron con los míos, y aunque intentó sonreír, había tristeza ahí, una tristeza que reconocí muy bien.
—Tenemos que hablar… —dije al final.
Michelle dejó el muffin sobre la servilleta, con cuidado.
—¿De qué? —preguntó con una voz suave, pero no fría, solo sonaba cansada.
Me senté a su lado.
—Quería pedirte perdón —empecé—. Por haberte molestado en el examen y de cómo te hablé, por todo.
Michelle parpadeó lentamente.
—¿Es porque no te gustó el resultado que obtuvieron? —preguntó—. Mi clase quedó en segundo lugar… pensé que te molestaría, no haber tenido el resultado que querías.
Negué.
—No solo es eso. —Respiré hondo—. Lo que te dije al final, era verdad, aún me caes bien—suspiré—. Pero necesitaba que entendieras que Grace me estaba incriminando y que yo no fui el que hizo ese rumor… tenías que creerme.
Michelle bajó la mirada hacia sus manos.
—¿Y por qué crees que no puede ser al revés? —preguntó—. ¿Por qué estás tan seguro de que Grace fue la que te incriminó… y no tú quien se equivocó?
Aquello dolió un poco, pero no reaccioné mal, ya estaba acostumbrado.
—Porque ya te conté todo. —dije, más calmado que antes—. Muchas veces, todo lo que pasó, cada detalle, cada cosa que escuché y lo que ella dijo, lo repetía hasta cansarme.
Ella cerró los ojos un momento, como si lo procesara muy despacio.
—Lo sé —susurró—. Entiendo tu versión, y sé que todo pasó muy rápido, había demasiadas cosas ocurriendo a la vez…. yo también me confundí.
Levantó la mirada y la vi sin distancia, sin ninguna barrera.
—Siento no haberte creído en ese momento —dijo—. De verdad lo siento, Lían.
Tragué saliva, no esperaba que dijera eso.
—Está bien… —murmuré.
—Quiero hacer las paces contigo —continuó ella—. No quiero seguir evitándote, realmente no me gusta estar así —Sonrió apenas—. Pero no podemos volver a ser tan cercanos como antes… no todavía, necesito tiempo y espero que lo entiendas.
Yo asentí, casi en automático.
—Lo entiendo —respondí.
Y lo hacía, aunque doliera un poco, solo vi como Michelle extendió su mano que estaba temblando, como quien no sabe si será rechazada, la tomé y así, sin dramatismo, sin lágrimas, sin palabras grandes… logramos hacer las paces.
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