Rivalidad y Redención - Capítulo 35
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Capítulo 35: Capítulo 2: Mi decisión y tú decisión (II)
Habíamos terminado el día más agotador de la semana cuando recordé algo que le había dicho a Yeo hace poco, que no dejara ganar a Lían, pero al parecer, ni eso fue suficiente.
El pasillo estaba vacío cuando él se acercó, como siempre, en silencio.
—Te había dicho que no lo dejaras ganar, Yeo —solté, sin siquiera mirarlo.
Él respondió con esa voz plana que me irrita.
—Incluso si no hubiera ganado… terminaríamos con el mismo resultado.
Apreté los labios.
—Pero yo quería verlo más destrozado de lo que va a estar ahora.
Yeo negó levemente.
—No creo, si fuera él… pensaría que fue una victoria camuflada y buscaría una razón para justificar por qué, en el fondo, perdió.
Rodé los ojos.
—Quizá lo está haciendo. Pero no me gusta que gente que no merece ganar… gane. —Suspiré, cruzando los brazos—. Podrías haberlo superado fácilmente, bueno, aunque no lo creo. —Lo miré de reojo—. Al menos hiciste un buen trabajo con Adrian, eso sí me alegró.
Hacer una alianza con su clase no es mala idea, Adrian tiene acceso a información que nosotros no.
Yeo bajó la mirada un instante.
—Tengo otra duda. ¿Cómo supiste que el examen escrito pesaba más que el examen sobre la trivia? No encontré ninguna falla en las instrucciones del profesor Julius.
Solté una risa suave que apenas hubo un soplo.
—Eso es porque eres tú, el profesor Julius es demasiado cuidadoso, habla demasiado bien y parece imposible encontrar errores, secretos o pistas en lo que dice, pero… —incliné un poco la cabeza—, fue fácil, además dijo que el examen era de cien preguntas, y que ambos exámenes tenían “cierta importancia” y yo no me creí un examen igualitario.
Comencé a caminar y mientras Yeo me seguía.
—Así que fui a hablar con él una tarde y lo presioné para que explicara qué significaba exactamente “importancia”. No me dijo el porcentaje, obviamente… pero cuando solté ciertos datos al azar, su rostro lo confirmó, ni siquiera tuvo que hablar, porque su rostro lo confirmó.
Hice una pausa breve antes de continuar, mientras que Yeo estaba escuchando en silencio.
—En realidad, solo necesitaba que tú fueras asignado a la parte trivial.
Yeo alzó la mirada.
—Todos los que controlo —continué— los moví al examen principal, aumenté su valor en el examen y eso aumentó al máximo el resultado posible. Los más débiles… —me encogí de hombros— terminaron con Michael en la trivia.
Yeo asintió lentamente.
—Pensé algo parecido —Yeo se detuvo—. Entonces… ¿cuál es el siguiente paso?
Me detuve.
—Lían —alcé la mirada, fija al frente—. No puedo expulsarlo de forma directa, si lo hostigo con métodos evidentes, buscará cómo salvarse. Pensará más rápido y se adaptará y si crece antes de que yo tenga una ventaja real, recuperará los puntos que le faltan y escapará—Me detuve un momento—. Así que no, no voy a empujarlo, solo voy a agotarlo.
—¿Crearas rumores? —preguntó Yeo.
—Información —corregí—. Michelle tiene acceso a cosas que él no controla, pequeños datos, medias verdades, suficientes para desgastarlo, para que no pueda pensar bien en los exámenes, cree situaciones que lo afecten y a su clase.
Volví a caminar.
—El rango limitante hará el resto, si Lían cae antes de darse cuenta de lo que estoy haciendo, no habrá contraataque y si llega a notarlo… ya será tarde.
—¿Y Adrian? —preguntó.
Sonreí apenas.
—La clase 3 es un intercambio, ellos necesitan recursos y yo también, ese canje de información es suficiente para crear la base —Bajé la voz—. Mi plan para expulsar a Lían no empieza con él, sino que empieza usando a otros. —Me acerqué un poco más hacía el—. Y buen trabajo con la información de su clase, ese chico, Tom, está buscando ser expulsado… nos será útil.
Yeo como siempre, no reaccionó.
—Hago lo mínimo por el trato —dijo.
—Sí y aun así es molesto —respondí sin dudar.
Hubo un silencio breve, incómodo, como todos los silencios con él.
—Michelle ya se está recuperando desde la última vez que la viste —añadió.
Levanté la mirada.
—Bien, tan pronto como pueda… haré que Lían confíe en ella otra vez y cuando lo haga… podré destruirlo desde adentro.
Me detuve y lo miré directamente.
—Ahora, Yeo, decídete, según lo que hablamos… ¿Seguirás mis órdenes… o las de mi padre?
Sus hombros se tensaron apenas.
—Yo sigo las órdenes de su padre.
—Él no está aquí.
Di un paso hacia él.
—Así que dime… ¿a quién vas a obedecer realmente? Y no quiero que me vigiles. ¿Entendido?
Yeo respondió sin cambiar su expresión.
—Cumplo la misión que me asignó su padre. Incluso si no está presente.
Asentí.
—Bien.
Me di la vuelta.
—Terminamos, puedes irte.
Yeo se fue, como siempre, obediente y eso era muy molesto.
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