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Rivalidad y Redención - Capítulo 38

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  4. Capítulo 38 - Capítulo 38: Capítulo 3: Problemas comprometedores (I)
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Capítulo 38: Capítulo 3: Problemas comprometedores (I)

Bloque I

Estábamos en el pasillo exterior, donde siempre se formaban pequeños grupos al terminar las clases. Jiho, Aiden, Ethan y yo caminábamos juntos, hablando sin ir a una dirección, hasta que Aiden abrió el tema que todos estaban evitando.

—¿Y si el próximo examen es cooperativo? —dijo, cruzándose de brazos.

—Obvio que será cooperativo —respondió Jiho enseguida, como si fuera la cosa más evidente del mundo.

—No hablo de cooperar, así como así —refutó Aiden—. Digo que puede ser diferente al primero, ese fue mitad grupal, mitad individual. Este podría ser algo… más mezclado.

Jiho levantó una ceja.

—Es lo mismo.

—No es lo mismo —insistió Aiden—. No tuvimos que depender completamente de la clase el primer examen.

Y así empezó su discusión, no era una pelea, pero sí un intercambio que subía de tono rápido, los dos hablaban sin pausa, cada uno tratando de demostrar que el otro estaba equivocado. Ethan y yo quedamos fuera automáticamente.

Ethan suspiró, mirándolos como si estuviera viendo dos perros pelear por un juguete invisible.

—¿Tú qué crees que podría ser el examen? —me preguntó.

Me tomé un momento para pensarlo.

—No sé —admití—. Ya tuvimos uno físico y uno mental… así que quizá ahora toca uno social, puede tener sentido si siguen ese orden.

Ethan se quedó quieto, sorprendido.

—Vaya… podría ser.

Asintió y se cruzó de brazos.

—Lo que me gusta es que los exámenes nunca son tan complicados como los pintan.

—Son más simples de lo que parecen —agregué.

—Exacto.

No tuvimos tiempo para seguir hablando, Jiho se giró de pronto, me agarró del antebrazo.

—Ven. Un momento.

No esperó respuesta, solo me jaló lejos de Aiden y Ethan, guiándome hacia un pasillo cerrado entre los salones vacíos.

Cuando estuvimos solos, cerró la puerta detrás de nosotros.

—¿Qué es esto? —preguntó sin rodeos, extendiéndome su teléfono.

En la pantalla había una foto, yo de espaldas y Yeo delante de mí. Mi mano… o, mejor dicho, mis dedos, sosteniendo esa parte del brazo donde se siente el hueso, cerca de la muñeca. Un ángulo terrible, que parecía otra cosa completamente.

—¿Quién tomó eso? —pregunté, sintiendo el estómago tensarse.

—No lo sé —respondió Jiho—. Por eso te traje aquí.

Me quedé mirando la imagen, era de hace días, pero editada con un zoom malintencionado. Parecía… algo que no era.

—¿Por qué preguntas eso? —quise saber.

Jiho se pasó la mano por el cabello, frustrado.

—Porque están diciendo que eres un acosador, Lían.

Sentí un silencio frío subir por mi pecho.

—¿Quién está diciendo eso…?

—No es en nuestra clase —aclaró—. Es de afuera, eso es peor, porque significa que en la clase 1, 2 y 3 ya lo escucharon.

No pude decir nada. El aire del salón de repente se sintió tan pesado.

—¿Y por qué? —logré preguntar al fin.

—Killias me envió la foto —explicó Jiho, bajando la voz—. Me preguntó si eras de nuestra clase —Hizo una pausa larga—. Y me dijo que escuchó a varias personas hablando mal de ti hoy en la mañana.

Mi garganta se cerró, no era miedo, ni tampoco enojo. Era esa sensación gris de algo que se expande sin que puedas atraparlo a tiempo, apenas tuve tiempo de procesar lo que acababa de escuchar cuando la puerta del pequeño pasillo se abrió de golpe.

Ethan y Aiden aparecieron, respirando un poco rápido, como si hubieran estado buscándonos.

—¿Qué pasa? —preguntó Ethan, mirando a Jiho primero.

—Nada —respondió Jiho rápido, demasiado rápido.

Yo seguía viendo la foto en la pantalla del teléfono, no podía apartar la mirada sobre la imagen parecía peor cada vez que la veía.

—Será Grace… o Jaden… —murmuré sin querer.

Aiden frunció el ceño.

—¿Por qué las mencionaste?

Se acercó más, junto con Ethan, y ambos miraron el celular por encima de mi hombro y Aiden entrecerró los ojos.

—¿Estabas peleando con alguien? —me preguntó.

—No —negué de inmediato—. Solo… quería hablar con alguien, era urgente —Tragué saliva—. Por eso le agarré el antebrazo a Yeo, solo por eso y también por eso les dije a ustedes que no era normal hablar entre clases, nada más.

Aiden soltó un respiro suave.

—En teoría sí es raro, pero tampoco tanto, si te metes a un club, te juntas con gente de otras clases todo el tiempo, no tiene nada de malo… —Luego miró a Jiho—, pero ahora están diciendo… ¿qué?

Jiho respondió sin rodeos.

—Lo mismo, que es un acosador, de cualquier género— Jiho empezó a frotarse la nuca—. Y si ya salió de esta clase, es porque las otras tres ya escucharon el rumor.

Ethan giró hacia Aiden.

—¿Es eso… lo que no querías que me involucrara?

Aiden apretó los labios antes de responder.

—Sí, es… complicado.

Era evidente que quería decir más, pero no lo hizo, mientras que yo solo pude respirar hondo.

—Quiero un momento a solas —dije, dando un paso hacia la puerta.

Jiho me detuvo sujetándome del hombro.

—No.

—Jiho, solo quiero pensar un poco —respondí—. No voy a llorar, solo quiero… reflexionar.

Él negó otra vez, firme, como si la idea le pareciera absurda.

—No —Me miró directo, sin parpadear—. Recuerdo esa noche en la que te vi y estabas mal… antes de que nos conociéramos, sé cómo te pones cuando te alejas y no te voy a dejar ir solo ahora.

Me quedé quieto, solo pude ver como Ethan bajaba la mirada, Aiden cruzaba los brazos, incómodo.

Nadie dijo nada más y aunque yo quería escapar por cinco minutos, respirar, ordenarme… no pude, Jiho no iba a dejarme y los otros dos tampoco.

Me dejé caer sentado en el piso, con la espalda contra la pared y después, sin pensarlo, me recosté completamente, mirando el techo blanco y sin vida del pasillo.

—Odio que la gente me menosprecié… —dije al fin, con la voz baja.

Los tres me miraron y se sentaron apoyándose sobre la pared, formando una fila.

—A nadie le gusta eso —respondió Aiden.

—Sí —asintió Ethan—. Es normal.

Pero negué con la cabeza.

—No es ese tipo de menosprecio.

Respiré hondo.

—Es… un menosprecio con sonrisas falsas, como si no confiaran en ti, pero aun así digan que todo está bien, es ese tipo de menosprecio que odio.

Jiho apoyó los codos en las rodillas.

—Es raro, sí. Y si yo, Aiden o Ethan estuviéramos en tu lugar, sentiríamos lo mismo—Luego me miró con seriedad—. Pero puedes superarlo, aunque ahora la única forma es luchar contra la verdad y contra lo que la gente cree que vio.

Ethan dio un pequeño golpecito al piso.

—¿Por qué no hablas con Peter o con Ryan? Ellos son los líderes, pueden ayudarte más que… bueno, más que Melisa.

Aiden lo golpeó en la cabeza.

—¡No digas esas cosas delante de Lían! ¡Discúlpate!

—¿Por qué? —protestó Ethan, masajeándose la cabeza por el golpe—. Es la verdad, Melisa no es tan importante como ellos dos, es parte del grupo, sí, pero Peter y Ryan son-

—Porque a Lían le gusta Melisa, idiota —dijo Aiden sin pensarlo.

—¿Qué? —Ethan lo dijo con los ojos casi fuera de su cara.

Me levanté de inmediato, no por enojo y tampoco por vergüenza, pero fue puro reflejo, como si mi cuerpo hubiera decidido escapar sin consultar a mi cabeza.

—¡Ey, espera! —gritó Jiho, extendiendo la mano.

No lo escuché o mejor dicho… no quise escucharlo, tampoco escuché toda la conversación entera de Aiden y Ethan, solo escuché su nombre.

Solo tenía una idea que se repetía en mi mente, empujándome hacia adelante como si fuera la única vía de escape y era hablar con Melisa, decirle lo que está pasando y preguntarle qué podemos hacer, ya que ella podría saber que hacer… quizá pueda aclararlo.

Cuando salí corriendo del edificio, mi teléfono empezó a vibrar sin parar, vi que eran notificaciones, desplace la pantalla y solo vi.

“Llamadas perdidas.”

“Jiho (3 llamadas).”

“Aiden (2 llamadas).”

No había contestado ninguna y no quería escuchar nada de ellos por el momento, solo marqué un número.

Melisa respondió al segundo tono.

—¿Lían? —sonaba preocupada—. ¿Dónde estás?

—Cerca de los dormitorios —dije—. ¿Puedo hablar contigo? Es… urgente.

—Estoy en mi habitación —respondió—. Dame un minuto.

No colgamos de inmediato, solo dejó el teléfono a un lado, mientras podía escuchar ruido de chicas hablando, risas, zapatillas arrastrándose.

Decidí caminar hacia la entrada de los dormitorios de las chicas y cuando me acerqué, varias chicas me miraron mal, con una mezcla de desagrado y sorpresa.

Eran todas de primer año, pude reconocer a un par de rostro de vista, nada más, pero la mayoría simplemente frunció el ceño como si yo no tuviera derecho a estar allí.

Seguí adelante, ignorando las miradas.

—Melisa —la llamé por el teléfono—. Ya estoy aquí.

—Espera —respondió rápido—. Estoy con gente, ya voy, dame un momento.

Colgué y me moví hacia una esquina del edificio, donde había menos ruido y el aire frío golpeaba más directo.

Melisa apareció por la puerta, cerrándola detrás de ella con cuidado.

—Hola —dijo, con una pequeña sonrisa suave.

—Hola —respondí.

No perdí tiempo y terminé contándole todo sobre la foto y el rumor, quién lo estaba difundiendo y de cómo ya había salido de nuestra clase, ella escuchó sin interrumpirme y cuando terminé, solo soltó un suspiro demasiado largo.

—Puedo hablar con las chicas y con algunos —dijo finalmente—. Pero… no puedo hacer mucho, la que lidera a la mayoría de las chicas es Riley, podría preguntarle si puede ayudar a detenerlo o al menos aclararlo.

Asentí, aunque no me hacía sentir del todo tranquilo.

—¿Crees que sirva?

Melisa dudó un momento.

—Es complicado, si hacemos que toda la clase hable por ti, podríamos opacar el rumor frente a los demás, eso ayudaría —Se cruzó de brazos—, pero las chicas suelen ser muy rencorosas, incluso aunque se aclaren las cosas, siempre quedará alguien que no quiera escucharlo.

Sentí un peso en el pecho y Melisa lo notó.

—Voy a ver qué puedo hacer, ¿sí? —dijo, más suave—. Lo siento… por tardarme.

—No es nada —respondí—. Gracias por escucharme.

Ella sonrió apenas.

—Entonces… hablamos luego, ¿sí?

—Sí.

Melisa se despidió con un gesto pequeño y regresó adentro de los dormitorios, mientras que yo me quedé frente a la entrada, pero un poco más afuera, donde no había tanta gente.

Respiré hondo, el viento me ayudaba a despejar la cabeza… pero no lo suficiente.

Me di la vuelta para irme y ahí, a unos metros, apoyada contra la pared del edificio como si hubiera estado esperándome, estaba Eris mirándome.

Pasaron algunos minutos y ella seguía mirándome desde la pared, inmóvil, como si estuviera esperando a ver qué hacía yo.

No dudé, y tampoco la esquivé y fui directo hacia ella.

—Tenemos que hablar —le dije, sin rodeos.

Ella ladeó la cabeza apenas, con esa expresión que siempre parece burlarse de todo.

—No voy con un acosador en medio de la noche —dijo, tranquila—. Sería peligroso.

Sentí un golpe interno y fui directo al punto.

—¿Fuiste tú? ¿Tú comenzaste los rumores?

—No —respondió sin cambiar el tono—. Solo lo escuché, mis amigas estaban en ese momento.

—¿Amigas? —pregunté, incrédulo—. Pareces alguien que no tiene amigas.

Sonrió, como si le hubiera hecho un cumplido.

—Sí tengo.

Dio un paso leve hacia mí.

—¿Y de qué quieres hablar? Solo te digo algo y es que, por tu bien, será mejor hacerlo lejos de la vista de los demás, hablemos mañana.

No quería esperar y no podía, me tarde mucho tiempo encontrarla y si mañana me dejaba plantado me molestaría y de pronto la tomé del antebrazo, decidido a llevarla a un lugar apartado, pero antes de dar siquiera un paso, me agarró ella a mí y en un movimiento rápido, seco y directo… me estampó contra la pared.

El aire se me cortó y solo pude pensar que la fuerza que tenía… no era normal.

—No te atrevas a tocarme —advirtió, con la mano firme sobre mi pecho.

Intenté hablar mientras recuperaba el aliento.

—Entonces… ¿por qué me traicionaste?

Eris parpadeó una vez.

—¿Te traicioné?, ¿Cuándo?

—El trato —dije, apretando los dientes—. Sobre no expulsarnos mutuamente.

Ella soltó una pequeña risa, incrédula.

—¿Hicimos uno? —retiró la mano de mi pecho con un gesto casi teatral—. Recuerdo que aparté mi mano, ¿En serio te creíste que habíamos hecho un trato?

Una punzada amarga me subió por la garganta.

—Además —continuó—, tu clase fue la que perdió, es lo normal—clavó los ojos en los míos—. No ando buscando expulsarte, solo es que tu clase es tan mala, ¿Por esa razón me estabas buscando? —negó con su cabeza—. En serio eres un perdedor, así que suéltame antes de que tu clase sea expulsada.

De inmediato me di cuenta del error, aún la seguía sosteniendo y solté su brazo al instante.

Un ruido cortante sonó detrás de mí.

PFF-

Una piedra golpeó el suelo a mi lado.

—¡Aléjate de ella! —gritó una chica, interponiéndose entre Eris y yo, sus ojos estaban llenos de rabia y de miedo, mientras estaba agitada— ¿Qué crees que estás haciendo?

—No estamos haciendo nada —intenté explicar—. Solo-

—En realidad me estaba amenazando —dijo Eris, sin emoción, sin levantar la voz, como si estuviera narrando el clima.

La chica se tensó más.

—Si no te vas, llamo a un profesor —me advirtió, lista para tirar otra piedra.

No respondí, y solo di un paso atrás, luego otro y me fui. Sin mirar a Eris, ni a nadie más, solo me fui.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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