Rivalidad y Redención - Capítulo 39
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Capítulo 39: Capítulo 3: Problemas comprometedores (II)
Bloque II
Pasó un día exacto, entré al salón y de inmediato sentí las miradas.
Varias chicas me observaron con esa mezcla de desconfianza y juicio silencioso, no hablaban, pero no lo necesitaban, bastaba la forma en la que arrugaban la nariz o se inclinaban hacia sus amigas para cuchichear.
Cuando Riley entró al salón, todo cambió, las chicas que me estaban mirando apartaron la vista como si no hubieran hecho nada, me ignoraron por completo.
Quizá hablar con Melisa ayudó, pensé. Pero si alguien vio lo que pasó con Eris, si alguien vio cómo la agarré, además de la chica de ayer, eso sería más que suficiente para hundirme otra vez.
Logré ir a mi escritorio, intentando actuar normal, pero no pude, y cuando estaba por sentarme, Peter apareció justo frente a mí, bloqueando mi vista del pizarrón.
—Tenemos que hablar —dijo, serio—. En serio.
Lo seguí afuera, hacia un espacio entre clases donde no había mucha gente.
—¿Qué necesitas? —pregunté.
Peter se cruzó de brazos.
—La verdad —respondió—. Necesito saberla.
Tragué saliva.
—Entonces… si te la digo, ¿me ayudarás a aclararlo?
Él exhaló despacio.
—Dependerá de la gravedad —respondió—. Soy el líder, No puedo defender algo que no conozco.
Desvié la mirada.
—En realidad… no quiero hablar de eso.
Peter se inclinó un poco hacia mí y susurró.
—¿Es porque no te agrado?
—¿Qué?, ¿De qué hablas? —lo miré, confundido.
Su expresión cambió, se suavizó.
—He notado que cuando quiero hablar más contigo, siempre intentas apartarte —dijo en voz baja—. Y quiero saber por qué, además también necesito saber cuánta gravedad tiene esto, para poder protegerte.
Sentí una presión rara en el pecho, un peso mezclado con duda.
—Quizá si tú fueras el primero en hablarme, quizá sí te lo diría —solté sin pensar demasiado.
Peter frunció el ceño.
—¿A qué te refieres? Eso puede malinterpretarse.
Respiré hondo.
—Es porque, desde aquella vez que hablamos de lo mismo —le dije—, tú te distanciaste más —lo dije sin acusar, sin enojo, solo diciendo lo que sentí—. Y pensé que era por eso.
Peter parpadeó, como si no esperara escucharlo tan directo.
—No es eso —respondió—. Es porque tengo mi grupo ahora y tú también tienes otro.
Dijo la última frase con un tono extraño, no frío, pero sí… separado, como si entre los dos hubiera algo que ninguno terminaba de decir.
Yo solo miré al suelo, sin saber cómo continuar y suspiré, sentí que todo el cansancio de los últimos días se me acumulaba en el pecho… y terminé contándole todo a Peter, él no me interrumpió ni una vez. Solo escuchó, con la mandíbula tensa y las cejas fruncidas como si estuviera procesando cada detalle para armar un plan.
Cuando terminé, Peter dejó caer los brazos a su costado.
—Está bien —dijo finalmente—. Veré qué puedo hacer, solo confía.
Lo dijo tan seguro que me hizo sentir un poco menos vació por dentro.
—También hablaré con la clase 1 —continuó—. Conozco a la líder.
—¿La conoces? —pregunté, sorprendido.
—Sí —asintió—. Se llama Layla, es buena persona.
Miró hacia el pasillo como si hubiera visto a alguien.
—Ella podría ayudar a aclarar las cosas allí, si la clase 1 queda cubierta, solo faltarían la 2 y la 3.
Clase 3, pensé, sintiendo un pequeño nudo en el estómago, ahí era donde estaba Eris.
—Gracias, Peter —le dije.
Él negó suavemente.
—No tienes que agradecer, hablaré con Grace y con su grupo también —me miró un momento más—. No voy a dejar que esto siga creciendo.
Después de eso, entró primero al salón y yo entré detrás de él, varias miradas se clavaron en mí apenas crucé la puerta, pero no dije nada, solo caminé rápido hacia mi asiento y me senté, bajando la cabeza sobre el cuaderno.
Los minutos pasaron, luego horas, luego un día entero y después otro y… nada, no escuché más comentarios, tampoco sentí la tensión en el aire como antes, quizá lo que hizo Peter había surtido efecto.
Pasaron algunos días tranquilos, demasiado tranquilos, considerando todo lo que había pasado.
Pero esa mañana, cuando el profesor Dante entró al salón, noté algo raro, no hablaba igual y su tono era… seco, casi frío.
—Siéntense —dijo, como siempre, pero sin la energía habitual.
Todos obedecimos, aunque varias miradas se cruzaron, preguntándose qué le pasaba, pero Melisa levantó la mano antes de que él empezara.
—Profe Dante, ¿al final averiguó si podía quedarse un año más con nosotros?, ¿O solo serán cuatro años en total?
Dante la miró, pero no respondió de forma normal.
—¿De qué estás hablando? —preguntó, confundido de verdad.
El salón entero quedó en silencio, era imposible que no lo recordara, él mismo había dicho que faltaban tres meses para su cuarto aniversario y que tal vez ese sería su último año, no era algo que simplemente olvidara.
Pero antes de que alguien reaccionara, el profesor Dante ignoró el asunto por completo.
—Ya tengo la información del tercer examen —anunció, como si nada hubiera pasado.
Las conversaciones se apagaron al instante.
—Se formarán tres grupos de diez personas —explicó—. Harán un examen tipo escape room, ya saben, buscar objetos fuera de lugar y resolver puzles —Anotando en el pizarrón—. Serán cuatro cuartos consecutivos, tendrán que completar todo en una cantidad de tiempo determinada.
Varios estudiantes empezaron a murmurar, mientras que el profesor Dante continuó.
—Los dos grupos que terminen más tarde… deberán escoger a un expulsado.
Un silencio tenso recorrió el salón, pero Harper levantó la mano con rapidez.
—¿Entonces los tres grupos competirán entre sí?
—Sí… y no —respondió el profesor Dante—. Competirán contra las otras clases — Hizo una pausa—. Cada clase también formará tres grupos, en total serán doce grupos, los diez grupos que queden arriba se salvan y los últimos dos deben elegir a un expulsado.
El ambiente se volvió denso, muy denso, Peter levantó la mano, serio.
—¿Yo tengo que escoger al expulsado si uno grupo queda en último o cómo funciona?
—No —negó el profesor Dante—. Solo los miembros del mismo grupo —se aclaró la garganta—. Un ejemplo es que, si el grupo 5 queda entre los últimos, solo esos diez estudiantes del mismo grupo deben elegir a uno —su expresión cambió un poco—. Si no llegan a un acuerdo, la mitad del grupo será expulsada de forma aleatoria y recibirán una repercusión de 200 puntos.
Los murmullos empezaron a aparecer, “No puede ser.”, “Doscientos puntos…”, “¿Qué clase de examen es este?”
Dansy se levantó, nerviosa.
—¿Y qué pasará con Tom? Él no asiste a clases y ni estuvo en el último examen.
Dante ni siquiera dudó.
—Será obligado a asistir.
—Si un estudiante no asiste, tres estudiantes, incluyendo al que faltó, serán expulsados y la clase recibirá una repercusión de 150 puntos por la falta.
Más murmullos y algunos se agarraron la cabeza, pero Peter volvió a preguntar.
—¿Por qué es así este examen?
El profesor Dante cerró los ojos un segundo.
—No lo sé —respondió con un tono pesado—. No recibí detalles de la razón —se enderezó—. La última regla es que si hay una pelea dentro del examen, los estudiantes involucrados serán expulsados y la clase recibirá 100 puntos de repercusión.
Varias personas tragaron saliva y el profesor Dante recogió su tableta.
—La formación de los grupos empezara hoy mismo y terminara en 3 días.
Y eso fue todo, nadie más habló y el aire se sintió como si estuviera apretando los pulmones, yo solo pensé en silencio.
Esto va a ser un desastre.
Peter levantó la mano interrumpiendo mi pensamiento, con el ceño fruncido.
—¿Cómo se harán los grupos? —preguntó—. ¿Será aleatorio?
Dante negó de inmediato.
—No.
Se apoyó en el escritorio y luego empezó a escribir otra vez en el pizarrón y empezó a explicar con un tono todavía más seco.
—Los grupos se formarán de esta manera—pauso un momento—. Los tres líderes estarán en el Grupo 1, osea líder, sublíder y portavoz no pueden estar en el grupo 2 y 3, además de que los estudiantes de los mismos grupos internos, me refiero a un grupo de amigos tendrán que dividirse entre los grupos 2 y 3, si en el grupo interno hay cuatro o más estudiantes, se dividirán, no todos pueden quedar juntos, además que si los grupos no se completan, se rellenarán por aleatoriedad, los estudiantes serán etiquetados en una tabla y si no quedan más cupos de los grupos 2 o 3, la administración lo repartirá —tosió—, además el grupo 1 es exclusivo, la administración elige quienes estarán en ese grupo y nadie puede pedir cambiarse a él y quien no sea etiquetado a tiempo, probablemente no entrará al grupo 1.
El salón estalló en murmullos, “No entiendo…”, “¿Cómo que exclusivo?”, “¿Entonces no podemos elegir nada?”
Dante golpeó la mesa con la palma, no fuerte, pero sí con suficiente firmeza.
—Ya lo expliqué, no lo repetiré.
Su tono se sintió extraño, más duro de lo normal.
Melisa levantó la mano, algo nerviosa.
—Profe Dante… ¿me dejará la hoja del examen? La de siempre…
Dante la miró sin reconocer la pregunta.
—¿Qué hoja?
—La hoja que siempre me da antes de cada examen —aclaró Melisa.
El profesor Dante parpadeó un par de veces.
—Ah… mañana te la daré —dijo, como si recién lo recordara.
Su respuesta dejó a varios en silencio incómodo, pero Peter decidió ignorar el momento.
—¿Cuánto vale el examen? —preguntó.
—Cien puntos —respondió el profesor Dante sin emoción.
—¿Solo cien? —reaccionaron varios—. ¿Para todo esto?
—Sí —respondió—. Es lo normal.
No explicó más, pero el ambiente se volvió aún más pesado, como si todos estuvieran pensando lo mismo.
Algo no está bien con él, pero el profesor Dante, sin recuperar su tono habitual, continuó explicando como si quisiera terminar el tema lo más rápido posible.
—Bien —dijo—. Todos los estudiantes deberán formar dos grupos, excepto los líderes ya que están en el Grupo 1, no tienen opción.
Algunos estudiantes parecían más tensos.
—El resto de ustedes —continuó Dante—, deberán decidir si se unirán al Grupo 2 o al Grupo 3.
Se paseó un momento por el salón, como si quisiera asegurarse de que todos lo estuvieran escuchando.
—Pasado mañana deberán escribir en qué grupo estarán —añadió.
Un murmullo se extendió por el salón.
—¿Y si los grupos quedan disparejos?
El profesor Dante levantó una mano, seco.
—No, lo que escriban pasado mañana será definitivo, así que piénsenlo bien.
Hubo un silencio largo, tenso, nadie quería un mal grupo y nadie quería quedar en la zona de expulsión y todos sabían que un mal grupo podría destruir su semestre entero.
Dante guardó su tableta con un gesto brusco.
—Abran su libro y hagan los ejercicios del numeral 121 al 200.
Y se sentó, como si no quisiera hablar más y el aire dentro del salón se sintió más frío que antes.
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