Rivalidad y Redención - Capítulo 42
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Capítulo 42: Capítulo 4: Etiquetarse (II)
Bloque II
No fui a clases hoy, le dije a Jiho y a Aiden que me sentía mal, pero fue solo una excusa, tenía algo más importante que hacer y era encontrar a Tom.
Recorrí medio Thrymere buscándolo entre los pasillos, los patios, la biblioteca, la zona de clubes e incluso cerca del gimnasio, pero nada, no pude obtener ninguna pista y tampoco sabía en qué dormitorio vivía, así que no podía rastrear su puerta, solo me quedaba esperar.
Esperé horas, el cielo ya estaba teñido de naranja cuando por fin lo vi aparecer, caminando tranquilo con una bolsa de comida en la mano, totalmente ajeno al mundo.
Lo seguí a cierta distancia, ni siquiera volteó, Tom vivía encapsulado en su propia burbuja, era difícil que notara a alguien, hasta que yo hablé.
—Tenemos que hablar.
Tom se detuvo y giró la cabeza con la misma expresión de fastidio con la que uno mira un mosquito.
—¿Y tú quién eres?
—Somos de la misma sección —respondí—. Necesito hablar contigo.
Él bufó, claramente irritado.
—¿Y si no quiero? ¿Eres otro chico como el otro?
—¿Peter? —pregunté.
—Quizá, no puse atención —dijo encogiéndose de hombros—. Si vienes a convencerme de asistir al examen, mejor lárgate, no me hagas perder el tiempo.
Me acerqué un paso más.
—Entonces no te quieres ir de aquí.
Eso sí lo detuvo y me vio de verdad.
—¿A qué te refieres?
—Este examen permite expulsiones —dije sin dudar—. Si quieres irte, solo tienes que presentarte.
Tom se cruzó de brazos.
—¿Y si no quiero? Aquí no hago nada, así que quizá quiera quedarme un rato más.
—Si no asistes igual te expulsarán —le aclaré—. Eso no cambia.
Me miró como si yo fuera un problema más en su día.
—Entonces, ¿por qué te importa tanto que yo vaya?
Respiré hondo, era ahora o nunca.
—Porque si no asistes —le dije—, voy a contarle a todos tu secreto.
Parpadeó.
—¿Qué secreto?
—Que sueles espiar a las chicas —solté, directo—, y que no eres solo un tipo terco sin interés en estudiar, sino alguien que se quedaba fuera del círculo para ocultar lo que realmente hacías.
La bolsa de comida se arrugó entre sus dedos y su mandíbula se tensó.
—Cállate —gruñó, avanzando hacia mí e intentando agarrarme—. No me importa si lloras cuando te golpee.
No retrocedí.
—Hazlo si quieres —dije—. Igual todos van a recordarte como un acosador, eso es lo que va a quedar de ti si no asistes.
Se detuvo, se veía que nadie lo había enfrentado así antes y lo vi en sus ojos.
—¿Y por qué me amenazas…?, ¿Qué te hice? —preguntó, esta vez con la voz baja, cansada.
—Mucho —respondí—. Demasiado, ya me fastidiaste y esta es la única forma en que puedes largarte de este lugar.
Hubo un silencio y al final, Tom suspiró.
—Entonces… si asisto… ¿no dirás nada?
Asentí.
—Solo tienes que venir mañana a clases para formar los grupos.
—Te vas a inscribir en el Grupo 2, únicamente ese, si ya está lleno, no entres al 3, bajo ningún motivo, porque si lo haces, igual lo contaré todo.
Tom bajó la mirada, pensándolo y luego levantó la bolsa de comida como si fuera una rendición torpe.
—Tengo una condición.
—¿Cuál?
Él levantó la bolsa de comida como si fuera una bandera blanca.
—Quiero una cena de despedida —dijo, casi murmurando—. Después de eso, me voy, realmente ya no soporto estar aquí encerrado.
No sé qué expresión puse, pero sentí algo raro en el pecho, porque esta vez Tom no sonaba amenazante, realmente sonaba como si estuviera agotado y, aun así, acepté, era necesario y el trato quedó hecho.
Después de aceptar, Tom me miró con ese fastidio natural suyo, como si todo esto fuera una molestia inevitable.
—¿Dónde quieres comer entonces? —le pregunté.
Tom se rascó la nuca, pensando un momento.
—En el restaurante del ala este. Es más tranquilo.
Asentí, aunque sabía lo que venía.
—Solo te aviso que—dije, revisando mis puntos de consumo—, tengo presupuesto de tres puntos, solo eso.
Tom frunció el ceño.
—¿Tres puntos? ¿En serio?
—En serio —respondí—. Si quieres algo que cuesta más que eso, no puedo pagarlo.
Suspiró, claramente a regañadientes, pero terminó aceptando.
—Está bien, lo que sea con tal de que terminemos esto rápido.
—Entonces te veré ahí en la noche.
No contestó y simplemente se dio la vuelta y siguió caminando, como si no hubiéramos hablado, yo solo observé como se ajeaba antes de que yo caminara en dirección contraria.
Saqué mi teléfono, solo miré la hora y vi que aún faltaba bastante para la noche.
Marqué un número, sonó dos veces antes de que contestara.
—¿Qué pasó? —preguntó Michelle, tranquila como siempre.
—Solo quería decirte… gracias por averiguarme lo de Tom.
—No es nada —respondió enseguida, y colgó.
Me quedé con el teléfono pegado al oído unos segundos más, Michelle tiene una habilidad rara de conseguir información, contactos, rumores o gente, realmente no sé cómo lo hace, pero puede, es una de las pocas personas con las que me sentía seguro incluso antes de lo que paso y aunque ahora no hablábamos mucho, presiento que las cosas entre nosotros se han calmado, solo quiero que volvamos a ser como antes, algo normal y, sin malentendidos, pero solo espero que Eris no se percate de lo que es capaz Michelle porque ella estaría en peligro.
Pasaron unas horas, para cuando salí del dormitorio ya era casi de noche, las luces del pasillo estaban encendidas y el aire afuera se sentía un poco más frío de lo normal, caminé directo al restaurante que estaba en la ala este que Tom había elegido, no era un lugar muy llamativo, pero era silencioso, lo cual probablemente era lo que él buscaba.
Apenas llegué, escuché una voz detrás de mí.
—¿Por qué me escribiste? —preguntó Jiho, acercándose mientras acomodaba su chaqueta.
—Porque necesito tu cooperación —le dije—. En la mañana vi que la entrada de aquí cuesta 1 punto consumible —Suspiré—. Y Tom no va a pagar, así que tú debes pagar por él y mi entrada.
Jiho parpadeó.
—¿Tom? ¿Qué tiene que ver Tom?
—Lo convencí de asistir al examen y a las asignaciones de mañana —expliqué— Él aceptó, pero tenía que invitarle la cena, también la entrada y como yo no tengo nada, y Aiden y Ethan gastaron sus puntos en la comida de Melisa, pues solo tú quedabas.
Jiho me miró con una expresión que no pude distinguir si era una expresión de resignación o lástima.
—Es cierto… no he gastado nada —dijo— Me sorprende que al menos pensaste bien la situación.
Nos quedamos esperando un poco cerca de la entrada, hablando de tonterías para pasar el tiempo, hasta que alguien se detuvo frente a nosotros, era Tom.
—¿Y este quién es? —preguntó señalando a Jiho.
—El que va a pagarte la entrada —respondí—. Tu benefactor.
Jiho me pegó en el hombro de inmediato y Tom soltó una carcajada seca.
—Es lo más estúpido que he escuchado —dijo— Bueno, sí, sí ahora paguen la entrada.
Los tres entramos y Jiho pagó las tres entradas con cara de decepción, mientras caminábamos por el restaurante buscando una mesa, sentí que varias personas nos miraban, no sé si era paranoia o intuición, pero me puse la capucha y Jiho me imitó sin decir nada, solo Tom se separó un momento para pedir su comida, y yo fui a pagarle lo que había elegido, luego nos fuimos a sentar, mientras él esperaba que se lo entregaran.
Jiho suspiró pesadamente.
—¿Es verdad lo que me dijiste de Tom? —preguntó en voz baja.
Asentí.
—Sí, me costó encontrar pruebas, pero sí.
Jiho se pasó una mano por la cara.
—Si no confiara en ti, pensaría que tú eras el acosador.
—Gracias por la confianza —dije, aunque en realidad me dio risa por dentro.
Tom llegó a la mesa en ese momento, con su bandeja llena y se sentó sin pedir permiso ni mirar a nadie más, mientras que este empezó a comer inmediatamente, como si se le fuera a escapar la comida.
—¿Y ustedes no van a comer? —preguntó con la boca medio llena.
Jiho y yo respondimos al mismo tiempo.
—Si pudiéramos, lo haríamos.
Tom sonrió de lado, sin dejar de masticar.
—Vaya… qué pobres.
Sí, ese era Tom, pero yo solo pude recargar el codo en la mesa y respiré profundamente.
Estuvimos ahí un rato más, viendo cómo Tom comía como si no hubiera visto un plato en semanas y cuando terminó, se levantó estirándose como si fuese lo más natural del mundo y nos miró de reojo.
—Si me hubieran tratado así desde el principio, quizá sí habría ayudado a la clase —dijo, completamente serio, como si nos estuviera haciendo un favor y se fue caminando, sin despedirse ni nada.
Jiho lo observó alejarse, completamente indignado.
—Qué descarado… —murmuró.
Yo no pude evitar coincidir, Tom hablaba como si él fuera la víctima de toda la situación.
Empezamos a caminar de regreso al dormitorio, los dos solos, mientras las luces del pasillo exterior parpadeaban un poco por la hora.
—Oye —le dije—, ¿tú sabes si aún siguen los rumores?
Jiho negó con la cabeza.
—Para nada, creo que se suavizó el impacto porque ya no se siente como antes, igual mañana, cuando terminen de llenar los cupos para los grupos, sabremos si todo se calmó de verdad.
Asentí, yo también lo esperaba.
—Ojalá Dante diga mañana la fecha exacta del examen —dije.
—Sí —respondió Jiho— y espero que Tom aparezca, porque no tolerare haber pagado la entrada para que ese descarado que no hace nada.
Jiho empezó a reír poco después de decir eso, pero su tono era real, a mí también me molestaría.
Seguimos caminando entre la calle silenciosa, ya sin hablar demasiado, donde estábamos estaba casi vacía y cuando entramos al edificio de dormitorios, Jiho se desvío para ir a su dormitorio y yo seguí caminando hasta el mío, pensando en todo lo que venía mañana.
Los cupos y los grupos, sobre la fecha del examen y que Tom podía echarlo todo a perder… o salvarnos, con ese pensamiento, terminé mi noche.
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