Rivalidad y Redención - Capítulo 45
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Capítulo 45: Capítulo 6: Divagación entre el cuarto
Pasaron cinco días desde que dieron la fecha exacta del examen, cinco días pesados y ahora solo faltan seis horas para tener que asistir y realmente estoy nervioso, más de lo que quiero admitir, desde aquel día que Grace me tiró su libro de estadística y desde que el profesor Dante explotó y salió del salón, nuestra clase entera quedó atrapada en un silencio extraño, un silencio que seguía mis pasos, como si yo fuera el origen del ruido que todos querían evitar, una atmósfera que cuando yo estaba lo hacía peor.
Riley intentó intervenir al principio, pero ya no pudo y Melisa también lo intentó, pero era como hablar contra un muro, en cambio Peter, él hizo lo único que podía y ordenó que nadie hablara dentro del salón y si querían murmurar sobre mí, que lo hicieran afuera y en cierto modo, creo que era lo único que quería era un silencio absoluto.
Por eso hoy no voy a asistir a clases solo iré al examen, Aiden me avisará cuando tengamos que entrar y hasta entonces… solo me queda avanzar en las tareas y no pensar en nada más y no perderme en teorías ni en miedos, solo necesito trabajar y quiero convencerme de que nuestra clase no cometerá ningún error y que podremos enfocarnos en terminar el examen sin dramas extras, sin discusiones, sin más rumores y sin más acusaciones, Quiero creer en eso y también quiero creer que estaré en el grupo 1 y sobre la teoría de Jiho que no me deja de dar vueltas en mi cabeza, ya que ese grupo era la última palabra, ya que si lo llenaban de gente buena, era porque querían que los grupos 2 y 3 crecieran sin un líder y que si lo llenaban de gente mala, era equilibrio forzado.
Porque si Jiho acierta, entonces él será alguien importante ahora y no solo para mí, será también para la clase y para Peter, ya que, si el grupo de Peter consigue utilizar a Jiho para ascender en posición, él podría cambiar mucho, yo solo espero, que lo que Jiho dijo sea verdad, porque, si lo es, entonces algo estará a nuestro favor.
Fui a la cafetería temprano, para desayunar.
El lugar estaba casi vacío, ya que los de undécimo y duodécimo tenían clases normales y nosotros no. El eco de los pasos se escuchaba más de lo habitual.
Tomé una bandeja y avancé distraído.
¿Sería capaz de hablarle a alguien de un año superior?
La sola idea me hizo tensar los hombros.
Si con los de mi clase me costaba hablarles… con alguien mayor sería peor.
Sentí un toque en la espalda, fue suave, pero me sobresalté igual.
Me giré rápido y vi a una chica me miraba con expresión neutra, el color de su cabello era blanco con un matiz celeste muy tenue, como si la luz se quedara atrapada en las puntas. Sus ojos eran claros, casi grises con un leve tono violeta, mientras que llevaba un suéter celeste.
—Lían, ¿podrías moverte?
Tardé un segundo en reaccionar, vi que estaba bloqueando el escáner.
—Ah… sí. Perdón.
Me aparté de inmediato, sintiendo calor en la nuca y di unos pasos, pero mi mente se quedó atrás.
¿Cómo sabía mi nombre?
Me detuve y giré apenas la cabeza. Ella escaneaba el código, sin mirarme, como si yo ya no existiera, no la reconocía y eso me incomodó más de lo que debería.
Cuando me estaban sirviendo la comida, ella terminó de escanear el código casi al mismo tiempo y quedó a mi lado. Sentí un leve impulso de quedarme callado… pero hablé.
—Oye.
Ella alzó apenas la vista.
—¿Sí?
—¿Cómo sabes mi nombre?
No cambió su expresión.
—Se ha hablado mucho de ti.
Sentí que mis dedos se tensaban alrededor de la bandeja.
—¿De qué estás hablando?
—No te preocupes —respondió, acomodando los cubiertos—. Es un rumor, no puedo opinar de algo que no se.
Fruncí el ceño.
—Entonces… ¿Cómo te llamas? No te reconozco.
Esta vez sí me miró.
—No me gusta hablarle a la gente mala.
Fruncí el ceño.
—Hace un segundo dijiste que no se puede opinar sin saber.
Ella ladeó la cabeza apenas.
—Nunca dije eso —replicó—. Solo dije que no puedes opinar. Es diferente a juzgar —tomó su bandeja—. Come tranquilo — y termino dando la vuelta.
Me quedé ahí unos segundos, mirándola alejarse.
—¿Vas a llevar tu comida o vas a meditar sobre ella? —preguntó la señora del mostrador —Parpadeé—. Sí, gracias.
Avancé un poco y vi que solo había unas pocas mesas ocupadas. Ella estaba sola. Dudé un segundo. Luego caminé hacia atrás de su asiento y me senté.
Ella ni siquiera giró.
—No quiero que me vean contigo.
Sentí un pequeño pinchazo en el pecho.
—¿Es algo de lo que deba preocuparme?
—Tu reputación está por los suelos.
Me quede pensando mientras daba un bocado a mi comida.
—¿Por qué lo dices?
—Te tachan como alguien peligroso —clavó el tenedor en la comida con fuerza—. Pero nadie dice nada porque tu clase rechaza eso… y la Clase 1 también, gracias a su líder.
Levanté un poco la mirada.
—¿Conoces al líder de la Clase 1?
Ella tardó un momento antes de responder.
—Sí, hablamos poco.
—Entonces eres de la Clase 1.
Ella suspiro mientras clavaba el tenedor a su comida con más fuerza.
—Eres inteligente.
—Es sentido común.
Tomo su tiempo.
—No parece.
Sentí que la mandíbula se me tensaba.
—Dijiste que no me juzgarías.
—Dije que no opinar y juzgar es diferente —mientras escuchaba como bebía el jugo de naranja de caja—. Eso no significa que confíe en ti.
Eso fue más honesto de lo que esperaba y terminó de comer.
Se levantó.
—¿Tan rápido? —pregunté, volteándome.
—Sí — respondió mientras agarraba su bandeja
Me apresuré a terminar lo mío, no sabía por qué, pero no quería dejar esa conversación así. Me coloqué a su lado mientras caminaba.
Ella se detuvo en seco.
—Si sigues haciendo eso, realmente empezaré a juzgarte más.
Me quedé quieto.
—Solo tengo una consulta.
Me observó de arriba abajo, evaluando.
—¿Sobre qué?
—El anterior examen.
Hubo un pequeño silencio.
—Tiene un costo.
Parpadeé.
—¿Costo?
—Un pastel.
La miré fijo.
—No, no te pagaré con un pastel.
Ella dio medio paso para irse.
—Entonces olvídalo.
Exhalé muy fuerte.
—Está bien.
Se detuvo y sonrió de verdad, no fue grande, pero fue muy notorio.
—Buena decisión.
Cuando regresé a mi habitación, cerré la puerta y me apoyé un segundo contra ella.
Fui a mi cuarto y miré el reloj, y vi que faltaban tres horas para empezar el examen.
El estómago ya no estaba tan vacío como antes… pero el examen seguía ahí.
—Es hora de prepararse.
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