Rivalidad y Redención - Capítulo 48
- Inicio
- Todas las novelas
- Rivalidad y Redención
- Capítulo 48 - Capítulo 48: Capítulo 6: Divagación entre el cuarto (III)
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 48: Capítulo 6: Divagación entre el cuarto (III)
Bloque III
Estábamos en una sala blanca, las paredes eran blancas, el techo era también era blanco y el suelo también, no había esquinas visibles, todo estaba suavizado y redondeado, como si el lugar no quisiera ofrecer ningún punto donde esconderse. Estábamos los diez ahí, de pie, separados apenas por centímetros.
Detrás de la puerta por la que entramos se distinguían siluetas, personas inmóviles, eran supervisores. Nos observaban a través de un vidrio oscuro.
El altavoz se activó.
—Participantes del Grupo 8 —dijo una voz neutra—. Han fallado el examen práctico, tienen treinta minutos para decidir quién se tiene que ir de aquí —Sonó un pitido—. El participante seleccionado deberá abandonar la sala por la puerta indicada, si no hay decisión al finalizar el tiempo, el sistema elegirá al azar.
Se hizo silencio, en una de las paredes apareció un contador, que marcaba 30 minutos exactos y no pasaron ni cinco segundos para empezar.
—Lían —dijo Jaden.
La miré.
—Sal —continuó Jaden—. Tú hiciste demasiadas cosas imperdonables —dijo—. No mereces estar en este instituto, no después de todo.
—No —dijo Thamy de inmediato.
Dio un paso al frente y se colocó entre ellas y yo.
—Eso no va a pasar.
Miró al grupo de chicas.
—Una de ustedes cinco tiene que irse.
Holly abrió los ojos.
—¿Qué? —dijo—. ¿Por qué harías eso? Pensé que éramos amigas.
—Lo somos —respondió Thamy—. Pero lo que hicieron en el examen fue horrible, eso no se le hace a la gente.
Emma dio un paso adelante, visiblemente molesta.
—¿Así nos pagas? —dijo—. Te apoyamos cuando Gael te rechazó y cuando no venías a clases, también cuando no querías hablar con nadie. ¿Y ahora nos tratas así solo porque un chico…?
Me señaló.
—Un acosador te dio un poco de atención y ya le das todo tu apoyo.
—No —dije, alzando la voz por primera vez—. No saben de lo que están hablando.
Entonces Grace dio un paso al frente, estaba pálida. Tenía los ojos hinchados, pero su voz fue firme cuando habló.
—Voy a contar todo lo que me hiciste —dijo—. Aquí, ahora.
Sentí cómo varias miradas se clavaron en mí.
—Cuéntalo —respondí—. Yo contaré todo también.
Grace alzó la voz deliberadamente, para que se escuchara más allá de la sala.
—Recuerdo cuando me hostigabas todas las mañanas —dijo—. Ibas detrás de mí, me esperabas incluso en el baño, también recuerdo cuando me atacaste en la cancha y recuerdo cuando me agarraste y me llevaste a una esquina… querías lastimarme.
Mi estómago se hundió.
—Gracias a mis amigos —continuó—, que me estaban esperando, pudieron detenerte.
Las palabras rebotaron en las paredes blancas y se quedaron ahí y levanté la mano.
—Basta.
Ella se calló, pero no retrocedió.
—No fue así —dije—. Y lo sabes.
Respiré hondo.
—Te confesaste —continué—. Después de clases y yo te dije que no estaba listo, que no quería una relación y no te humillé, tampoco me burlé, yo solo fui honesto.
Algunas miradas vacilaron.
—Después de eso —seguí—, me citaste “para hablar”. Y cuando llegué, empezaste a gritar, a forcejear, justo cuando pasaban otros —Apreté los puños—. Lo que vieron fue suficiente para condenarme y tú lo dejaste pasar. Dejaste que el rumor creciera, y dejaste que me llamaran monstruo y que mi madre cargara con todo eso, por tu culpa todo lo que paso hizo que arrastraran el nombre de mi familia.
El silencio pesó sobre la sala.
—No te seguí y tampoco te acosé y mucho menos te ataqué —dije—. Pero sí pagué el precio de algo que no hice.
Grace empezó a temblar.
—¡Estás mintiendo! —gritó.
—No —respondí—. Estoy diciendo lo que nunca pude decir.
El contador siguió bajando mientras que los supervisores solo nos estaban viendo, solo sé que aquí en este mismo lugar no nos están evaluando por nuestra inteligencia, tampoco por la fuerza y mucho menos para cooperar, solo nos están obligando a decidir qué historia vale más para salvarnos.
Andy dio un paso al frente antes de que alguien más pudiera hablar.
—Ya basta —dijo, con la voz temblándole, pero firme—. Esto tiene que parar.
Grace lo miró como si no entendiera que él tuviera derecho a hablar.
—Grace, tu historia no tiene credibilidad —continuó Andy—. Cambia cada vez que la cuentas y lo sabes muy bien, es mejor que salieras de esta sala ahora mismo.
El silencio duró un segundo, luego Grace se movió y lanzó el brazo todo pasó demasiado rápido hacia Andy y me interpuse sin pensarlo, el golpe me cruzó la cara con un sonido seco. Una cachetada limpia. El ardor llegó poco después, expandiéndose desde la mejilla hasta el oído y di un paso atrás, aturdido, pero no caí. Vi por un momento a Grace que se quedó congelada.
—Cuando sabes que te descubrieron —dije despacio—, lo único que haces es agredir a la gente… ¿No?
Las puertas laterales se abrieron y los instructores entraron de inmediato, dos de ellos, con expresiones duras y medidas.
—¡Silencio! —ordenó uno—. Cálmense ahora mismo.
—Si esto continúa —añadió el otro—, todos los involucrados serán expulsados.
Nadie respondió y el aire pesó.
—Las normas dicen que cuando hay agresión física, los involucrados son expulsados —dije—. ¿Correcto?
Los instructores no lo negaron.
—Ninguno de nosotros —señalé a Thamy, Tom, Andy, Sam y a mí—, agredió a ninguna de ellas. Eso sugiere que la única persona que debe salir es Grace, es la única que golpeó a alguien.
—¡No! —gritó Grace—. ¡A mí también me agredieron!
Levantó la mano, la marca roja todavía era visible y asentí lentamente.
—Entonces Jaden también —dije, levantando mi brazo—. Ella me agarró antes y aquí está la marca.
Jaden abrió la boca, pero no dijo nada.
—Además —continué—, al comienzo del examen, las cinco empezaron a lanzarnos polvo, piedras y objetos. Eso también se cataloga como agresión.
Los instructores se miraron entre ellos.
—Eso es… correcto —admitió uno, con frialdad.
—En teoría —dije—, desde el inicio, las cinco tendrían que haber sido expulsadas.
Holly rompió a llorar.
—¡Thamy, haz algo! —sollozó—. ¡Por favor!
Thamy no se movió, estaba rígida, mientras que Andy la estaba sosteniendo del brazo para que no se cayera y Grace respiraba muy agitada.
—Entonces vámonos todos —dijo de pronto—. Los seis. Juntos.
—No —respondió Jaden de inmediato—. No digas eso.
Las otras también negaron.
Grace las miró, desesperada.
—¿Por qué no? —preguntó—. Todos agredimos, no es justo. Lían también tiene que irse.
La miré a los ojos.
—No es necesario que todos nos vayamos —respondí—. Solo la persona que rompió más reglas. la que generó más odio.
—¡Cállate! —me gritó.
—Basta —dijo uno de los instructores—. Es mejor terminar esto ahora, la calificación del grupo será suspendida.
—No tienen que hacer eso —dijo Tom de pronto.
Todos lo miraron.
—Es simple —continuó—. Grace causó el caos. si se queda, va a seguir dañándolas. Ahora está en su grupo, si salimos de aquí… ¿De verdad creen que nadie las va a juzgar después de lo que hicieron?
Se hizo silencio y me acerqué a Grace.
—Te lo digo por experiencia, Grace —dije—. Ser marcado como alguien que acosa es difícil. Lo vas a soportar si te quedas. Decídete, los instructores están esperando.
Grace negó con la cabeza.
—No… no…
—Entonces votemos —propuse—. Los diez votemos quien se va.
El silencio se rompió y Grace miró a las chicas, suplicante.
—No… por favor…
Una a una, bajaron la mirada y la votación fue rápida, muy fría, después de unos minutos solo ocho de nosotros levantamos la mano, mientras que Jaden y Grace, no lo hicieron.
Jaden apretó los puños.
—Reviertan el voto —les dijo a las chicas—. ¡Vamos!
Nadie lo hizo y los instructores asintieron.
—La decisión será respetada —dijo uno—. Esto será notificado a la administración, la clase recibirá represalias.
La puerta se abrió y Grace fue escoltada sin decir nada más, no se despidió y poco después desaparecieron los dos supervisores con Grace, los nueve nos quedamos adentro de la sala blanca que se sentía más grande, más vacía y empecé a pensar de como estar aquí me estaba provocando una gran inquietud.
Las puertas del ala blanca se abrieron de golpe.
—¡Todos fuera! —gritó una voz—. ¡Ahora!
El profesor Dante apareció corriendo por el pasillo, ligeramente encorvado, respirando con dificultad. La camisa se le pegaba al cuerpo por el sudor y el cabello estaba desordenado, claramente había venido corriendo.
—Escuché que este grupo hizo algo —dijo, aun jadeando—. No me importa qué fue, todos tienen que irse.
Nadie discutió y todos salimos de la sala blanca en silencio. Afuera, el pasillo parecía demasiado normal para lo que acababa de pasar. Algunos empezaron a despedirse y otros evitaron mirarse.
—Lían —dijo el profesor Dante de pronto—. Espera.
Me detuve.
—Acompáñame —dijo el profesor Dante.
Asentí sin decir nada.
—Y llama a Jiho —añadió—. Dile que venga.
Mientras los demás se dispersaban, seguí al profesor Dante por los pasillos. No habló, solo empezó a caminar rápido y el eco de nuestros pasos llenó el silencio.
Llegamos a un salón vacío.
—Siéntate —dijo, señalando una silla.
Lo hice.
El aula estaba completamente silenciosa, no había nadie además de nosotros, y tampoco se escuchaba ningún ruido exterior, pasaron unos minutos que se sintieron más largos de lo que realmente fueron.
La puerta se abrió y Jiho entró, algo confundido.
—¿Profe Dante? —dijo—. ¿Qué pasó?
—Siéntate tú también.
Jiho obedeció.
El profesor Dante se quedó de pie frente a nosotros, cruzándose de brazos.
—La Clase 4 va a recibir represalias —dijo sin rodeos.
Jiho parpadeó.
—¿Por qué? ¿Qué incidente?
El profesor Dante exhaló despacio.
—El Grupo 8 —respondió—. Hubo una confrontación grave, más grave de lo que debería haber ocurrido en un examen. Hay daño emocional en una estudiante.
Miré el suelo.
—Esa estudiante es Grace —añadió el profesor Dante.
Jiho me miró confundido.
—Lían… —empezó—. ¿Qué pasó exactamente?
El profesor Dante levantó la mano.
—Primero quiero saber algo —dijo, mirándome—. ¿Qué relación tuviste con Grace antes de Thrymere?
No respondí enseguida y el silencio volvió a caer en el salón, no queria hablar, pero decidí hacerlo. Le conté todo al profesor Dante, no con todos los detalles, tampoco creando cosas que nunca pasaron, solo conté los hechos, desde el inicio hasta el fin, de cómo empezó la acusación y de cómo me afecto a mí y a mi madre.
El profesor Dante escuchó sin interrumpir, cuando terminé, se quedó quieto unos segundos.
—Tienes dos opciones —dijo al fin.
Levantó dos dedos.
—La primera es ser expulsado junto a Grace, mientras que la clase recibe una represalia de cien puntos.
Jiho abrió la boca, sorprendido.
—La segunda es que, si te quedas, la clase recibe una represalia de doscientos puntos.
Me quedé en silencio.
—¿Por qué…? —empezó Jiho—. ¿Por qué tiene que ser así?
—Porque esto no debió llegar a este extremo —respondió el profesor Dante—. Porque ambos se enfrentaron y porque el sistema no mide la intención si no que mide el impacto.
—¡No es justo! —dije de pronto—. Ella fue la causante de todo, ella realmente intentó destruirme. ¿Y ahora tengo que pagar por eso otra vez?
El profesor Dante me cortó con la mano.
—La vida no funciona con justicia, Lían —dijo con dureza—. Funciona con consecuencias —Se enderezó—. Estuviste en ese grupo porque yo envié un reporte. Además, hubo tres reportes más de mala conducta hacia ti, no son graves individualmente, pero el patrón es claro.
Mi cuerpo empezó a hormiguear, me estaba cansando de escucharlo.
—La administración te asigno al Grupo 8 con personas que no te favorecían —continuó—. Querían observar qué iba a ocurrir.
Jiho frunció el ceño.
—¿Observar?
—Si, Observaron—dijo el profesor Dante—. Además, se grabó un acto… inusual. En cierto lugar, no entraré en detalles porque Jiho está presente.
Me tensé mucho más.
—La administración me dio tres opciones —continuó—. Pero prefiero escucharte antes de decidir.
—¿Cuál es la tercera? —pregunté.
—La tercera es un reacondicionamiento de clase —respondió—. Durante el resto del semestre, la clase no recibirá puntos completos. Si ganan doscientos, recibirán cien. Si ganan cien, recibirán cincuenta.
Jiho se levantó un poco de la silla.
—¡Eso es imposible con el rango limitante!
En mi mente, lo entendí todo, esto es muy grave y todo era culpa mía, de mis emociones y de no pensar claramente.
—Prefiero una cuarta opción —dije.
Ambos me miraron con atención.
—Quiero quedar suspendido —continué—. Asistir a clases, pero no contar para la clase, me refiero en no participar en exámenes grupales y aportar ni restar puntos, tener mis propias evaluaciones.
Jiho niega con la cabeza.
—Eso tampoco es justo.
—Tal vez —dice el profesor Dante lentamente—, pero evita más pérdidas.
Se cruza de brazos otra vez.
—El resultado del tercer examen fue de sesenta puntos —añadió el profesor Dante—. Pero recibirán treinta por castigo colateral— Suspiró.
Jiho frunció el ceño.
—¿Cómo ya sabe el resultado? —preguntó—. Apenas pasó casi como una hora desde que terminó el examen.
El profesor Dante no pareció sorprendido por la pregunta.
—En ciertos exámenes —respondió—, donde solo se evalúan aspectos específicos, el resultado es más rápido. El proceso también. Aunque hayan pasado apenas treinta minutos, yo estaba presente con un administrador observando a los tres grupos.
Jiho parpadeó.
—¿Observando… en tiempo real?
—Así es —dijo Dante—. Sabíamos qué estaban haciendo. en qué punto estaban y qué decisiones tomaban —Hizo una breve pausa—. Yo intervine antes en el Grupo 8 para que prosiguieran, el administrador no estaba de acuerdo ya que el consideraba que debía sacarlos de inmediato —Levantó la mirada hacia nosotros—, pero necesitaba aclarar algo. Porque, aunque no lo quieran ver así, si hubiéramos sacado a las chicas de la habitación y las hubieran expulsado en ese momento… ¿Realmente creen que eso habría sido un favor a largo plazo?
Jiho dudó un segundo.
—Con menos estudiantes… sería más fácil para el resto —dijo—. Menos presión.
El profesor Dante negó con la cabeza.
—No —respondió—. Porque, aunque no lo quieran, el peso siempre recae sobre los que se quedan, hay más responsabilidades, también hay más expectativas. La administración va a buscar formas para hacer que la clase este en desventajas.
El aula quedó en silencio por un momento, Jiho estaba sentado intentando no intervenir, pero claramente estaba molesto, solo veía como el profesor Dante estaba parado observándonos.
—Por eso preferí dejar que el tiempo pasara —continuó el profesor Dante—. Que el examen siguiera su curso y que las decisiones se tomaran dentro del grupo.
Tragué saliva y el cansancio me cayó de golpe.
—Entonces… —dije, con la voz más baja— ¿Debería agradecerle por salvarme… o culparlo por ponerme en esta situación?
Nadie respondió y el salón quedó completamente en silencio.
—Yo… intentaré persuadir a la administración para aceptar la cuarta opción, tu opción no es ideal, pero sigue siendo una balanza —Miró a Jiho—. No cuentes lo que escuchaste aquí.
Jiho asintió, serio y no dijo ninguna palabra.
—Te llamé —continuó Dante— para que supervises a Lían este semestre, para que no haga nada estúpido —Luego me miró por última vez—. Esto no es un castigo, es una advertencia.
Me sentí muy molesto y también aliviado, aunque me haya salvado puse en peligro a la clase, aunque ahora tengamos una clara desventaja sin mi ayuda, buscaré una forma para poder sobrevivir este semestre con buenos resultados.
—Jiho, quédate un momento más —dijo Dante, para luego mirarme otra vez—. Lían, puedes retirarte. No lo esperes.
Asentí, no pregunté nada y solo me levanté, me despedí con una leve inclinación de cabeza y salí del salón, el pasillo estaba vacío, realmente demasiado silencioso, caminé hasta mi habitación sin mirar a nadie. Cuando cerré la puerta detrás de mí, el sonido resonó como un golpe final.
Me dejé caer en la cama y empecé a repasar todo, de cómo amenacé a Tom, también de que tomé de la mano a Eris sin pensar y que hice lo mismo con Yeo. Realmente soy un idiota, por no pensar y por actuar por impulso, por qué… realmente tengo miedo y ahora… usé una norma para expulsar a Grace.
—Era mejor que ella se fuera que yo… —murmuré.
No quiero irme, por qué estoy atado al contrato, porque si soy expulsado o pierdo esto, mi madre y yo no podremos vivir tranquilamente. No después de todo lo que ya había pasado. Además… sentí una presión extraña, como si alguien más estuviera observando desde fuera del tablero.
Esteban ¿Por qué me metiste en este lugar? ¿Por qué me impusiste una condición que nunca me favoreció?
Había más opciones, también otras formas más éticas e inteligentes, pero no pensé.
Golpearon la puerta y me tensé, no queria levantarme, pero termine haciéndolo, camine agotado y tome mi tiempo para llegar hasta la puerta.
—¿Lían? — preguntó Jiho del otro lado de la puerta.
Abrí la puerta y antes de que pudiera decir algo, me agarró del cuello de la camisa y me empujó un poco hacia adentro.
—¡Eres un tonto! —me dijo—. ¿Qué hiciste? ¿Qué fueron esas tres sanciones?
—No te lo voy a decir —respondí, serio.
Jiho apretó los dientes.
—Dime algo entonces —dijo—. ¿Es verdad lo que dicen?, ¿Eres un acosador?
—¡No! —grité.
La voz se me quebró y apreté los puños, conteniéndome para no llorar, Jiho inmediatamente me soltó de inmediato y se quedó helado.
—Lo siento —dijo—. No debí… no debí gritarte.
Respiré hondo.
—Yo también —respondí—. Perdón.
Jiho se sentó contra la pared, deslizando la espalda hasta quedar en el suelo.
—No sé qué hacer ahora —dijo—. Si tú y Tom no ayudan… la clase está perdida.
—Tom va a ayudar —le aseguré—. Se disculpó en el examen, dijo que no estuvo bien lo que hizo.
Jiho me miró.
—Entonces… ¿Qué hacemos?
Me senté frente a él.
—Hay otra forma.
—¿Cuál?
Lo miré fijo.
—Si confías en mí… quiero que seas mi suplente.
Jiho frunció el ceño.
—¿Qué?
—Te contaré todo lo que entienda de los exámenes —expliqué—. Quiero que hagas creer que tú creaste los planes, que tú tomaste las decisiones, solo será la equivalencia de mis actos —Hice una pausa—, pero tiene que ser un secreto. No se lo digas a Aiden ni a nadie más.
Jiho abrió la boca, pero no dijo nada.
—Hay un traidor en la clase —añadí.
—¿Qué?
—Alguien vendió información en el segundo examen, por eso caímos tan bajo.
Jiho negó con la cabeza.
—No tiene sentido. ¿Quién haría algo así?
—La razón por la que quedamos cuartos —continué— es porque alguien sabía que Tom no iba a participar… y los que contenían las notas altas estarían en la parte trivial —hice una pausa breve—. Eso explica por qué las otras tres clases probablemente pusieron a los más débiles, o a los que no tenían tanto valor estratégico, en la zona trivial… y reservaron a los más inteligentes para el examen normal.
Jiho guardó silencio.
—Además —dije—, siento que Ryan no ha contado algo.
—¿Qué cosa?
—Cuando discutimos por quedar cuartos… Ryan iba a culparse a sí mismo. Pero se detuvo.
—¿Y?
—Miró a Peter por un instante y siento que ambos sabían algo.
Jiho parpadeó.
—No lo noté…
—Porque no fue obvio —respondí—. Pero cuando alguien es culpable y no quiere cargar con eso… busca a otro.
—No supongas —dijo, tenso.
—No es suposición —repliqué—. Lo estoy confirmando. Hay un beneficio que Ryan no ha contado, algo que permite ver información de las calificaciones de otros.
—Eso no es lógico.
—Charlie y Noah no han sido activos —continué—. No socializan con otros grupos. Peter nunca pidió notas en voz alta para formar equipos. Los armó solo.
Jiho empezó a entender.
—Eso significa que… —murmuró.
—Que Peter o Ryan tenían información previa —dije—. No valores exactos, solo lo reflejado en el rango de la aplicación. Hicieron un descarte preventivo.
Jiho se quedó en silencio, muy atónito, claramente los dos sabíamos que el juego no era de solo exámenes, sino que también era información y ahora… también es de supervivencia.
—Por eso —concluí— necesito desaparecer del frente… y mover las piezas desde atrás.
Jiho me miró largo rato, no parecía confundido si no que parecía alerta, respiró hondo.
—Está bien —dijo al fin—. Haré lo que dices, pero necesito que estés atento a todo, Lían. A cualquier detalle.
Asentí despacio.
—Lo estaré —Guardé silencio un segundo—. Hay algo más.
Jiho levantó la vista.
—¿Qué cosa?
—Melisa me dijo cuál es su beneficio —respondí—. Puede obtener información anticipada de los exámenes.
Jiho se quedó inmóvil.
—¿Por qué no lo dijiste antes? —preguntó al fin.
—Porque si hay un traidor —contesté—, esa información es peligrosa porque si el traidor es inteligente… si es capaz de vender información y usarla bien, entonces no podremos evaluarlo ni encontrarlo fácilmente.
Jiho frunció el ceño.
—Entonces… ¿Quién está en la mira de ser el traidor?
Exhalé despacio.
—Por descarte —dije—, Peter o Ryan. Pero por ahora… pero confío en ellos.
Jiho pareció sorprendido.
—¿En serio?
—Por ahora —repetí—. El traidor podría ser cualquiera de los otros veintisiete. Incluyéndonos a ambos.
Jiho bajó la mirada.
—No sé qué decir…
Me incliné un poco hacia él y bajé la voz.
—Confío en ti, Jiho, pero has pensado estrategias para la clase, sé que puedes construir un plan sólido. Lo único que quiero es… saber si tú eres el traidor.
Jiho me miró de golpe.
—Si yo fuera el traidor —dijo—, ¿para qué me contarías todo esto?
Me levanté y caminé hasta la silla junto a la mesa y me senté.
—Justamente por eso —respondí—. Quería ver cómo reaccionabas.
Jiho se quedó quieto.
—No te entiendo del todo, Lían.
Lo observé en silencio unos segundos.
—Si supieras todo lo que he pasado… no lo soportarías —dije al final—. Prefiero no contarte más. Es mejor que no sepas demasiado. Si sabes más, también te harán daño.
Jiho apretó los labios.
—Entonces… ¿Qué hago?
—Mantente firme —le dije—. Y no confíes ni siquiera en la gente menos sospechosa. No sabemos quién es el traidor.
Jiho asintió y pasó la mano por su cabello.
—Lo haré… —dijo, pero su voz se apagó.
Se quedó callado unos segundos más.
—Será mejor que me vaya.
Antes de que se levantara.
—Sobre Melisa…
Jiho se detuvo.
—Aunque claramente puede obtener información —continué—, no creo que Dante se la haya dado de forma directa. Al menos, no como ella piensa.
Jiho me miró.
—¿Por qué dices eso?
—Porque ahora que sabemos cómo es Dante —respondí— y cómo funciona más o menos el sistema… lo más probable es que, por protocolo, la información se entregue en fragmentos, pistas o señales, algo que solo alguien muy atento pueda unir —Hice una pausa—, pero sinceramente… no creo que Melisa sea capaz de percibir esas pistas de esa manera. Por eso siento que ahora estamos seguros. Tiene el beneficio, pero no sabe del todo cómo funciona.
Jiho bajó la mirada un segundo.
—Lo siento por lo que voy a decir, pero… —dijo— ¿Estuvo bien dejar que Melisa sea la portavoz?
No respondí de inmediato.
—No lo sé —admití—. Antes pedí que la votáramos, pero eso fue antes de entender cómo funcionaban los exámenes, antes de todo esto —Lo miré—. Confío en ella, no creo que sea la traidora. Y si lo fuera… algo bueno de esto es que el traidor real probablemente no tenga acceso a esas pistas. Al menos, no de la forma correcta.
—Está bien —respondió Jiho.
Se levantó lentamente y caminó hacia la puerta y salió sin mirar atrás. Yo solo me quede observando la puerta, dejando que el silencio volviera a envolver la habitación.
Empecé a sentir una mejor claridad de la situación, ya no empecé a sentir una culpa o rabia, ahora gracias a la compañía de Jiho, intentaré meterme más en la clase, no puedo seguir viviendo del pasado ni huyendo de él.
Respire hondo que se escuchó en la habitación.
Así que… Eris, te marcaré como una pieza que debo eliminar. Ahora sé que querías que yo pasara por esto, y por eso prefiero cerrar todo antes de que empeores mi estado. Ya no volveré a actuar como antes, esta vez me tomaré el tiempo necesario para pensar cada movimiento.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com