Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Rivalidad y Redención - Capítulo 49

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Rivalidad y Redención
  4. Capítulo 49 - Capítulo 49: Capítulo 6: Divagación entre el cuarto (IV)
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 49: Capítulo 6: Divagación entre el cuarto (IV)

Bloque IV

Desperté de golpe y el pecho me dolía, como si algo lo hubiera apretado desde dentro. Había soñado con mi madre, estaba frente a mí, mirándome fijo, con una expresión que no le reconocía, no había tristeza ni miedo en sus ojos, solo algo frío. Algo que… quería matarme.

Me quedé sentado en la cama, respirando con dificultad.

—Solo fue una pesadilla… —murmuré.

Aun así, no pude evitar mirar hacia la puerta de la cocina, creí ver algo moverse allí. Me levanté despacio, con cuidado, y caminé por el pasillo y prendí las luces y todo estaba quieto, la habitación parecía vacía, pero no se sentía sola, miré alrededor, pero no había nada.

Me llevé la mano a la cabeza, frotándome la frente.

—Estoy viendo cosas… —me dije a mi mismo—. Qué tontería.

Sentía el cuerpo caliente, me toqué la cabeza y pude sentir que tenía fiebre, seguramente era por todo lo que pasó antes. El estrés, la discusión, el examen, Grace y la penalización.

Regresé a la cama, cerré los ojos y volví a soñar, esta vez era mi padre, no Esteban. Sino que mi verdadero padre, el que me crio. Estaba allí, sonriéndome como antes, con esa mirada tranquila que siempre me hacía sentir seguro. No decía nada, no hacía falta.

Me desperté llorando, me cubrí el rostro con el brazo, intentando contener el sollozo que se me escapaba.

—Te extraño… —susurré.

Me dolía admitirlo, pero lo necesitaba. Extrañaba cómo eran las cosas antes, extrañaba su voz, sus consejos, su forma de escuchar sin juzgar. Extrañaba sentir que el mundo no era tan hostil.

—Haré lo mejor para cuidar a mamá… —dije en voz baja—. Como tú lo harías, papá.

Tragué saliva.

—Sé que te fuiste por ese incendio… y te extraño. Quisiera poder verte otra vez, aunque sea por unos minutos.

El silencio no respondió y entonces lo entendí. Él ya no estaba con nosotros, ya no podía volver. Respiré hondo, dejando que el llanto se apagara poco a poco.

—Ahora estás descansando en paz… —murmuré—. Y tengo que aceptarlo —Me limpié el rostro—. Tengo que hacerlo mejor. —apreté los dientes—. Voy a mejorar.

No por el instituto o por un tercero, lo haré por él, por mi madre y por mí y esta vez… no voy a fallar.

Entré tarde al salón, la clase ya había empezado y el murmullo se apagó apenas crucé la puerta, como si alguien hubiera bajado el volumen de golpe. No fue un silencio total, pero sí uno incómodo. Varias miradas se clavaron en mí sin disimulo y otras se desviaron rápido, fingiendo interés en lo que fuera que estuviera escrito en la pizarra.

Caminé hasta mi asiento intentando no pensar en ello y Jiho se giró apenas me vio.

—Tienes los ojos hinchados —me susurró.

—No dormí bien —respondí, sin mirarlo.

Frunció un poco el ceño, pero no insistió.

—Si quieres… mejor sentémonos juntos este semestre —dijo en voz baja—. Así estamos más atentos.

Asentí sin discutir, nos movimos apenas, interrumpiendo la clase solo un segundo. El profesor Dante levantó la vista y nos observó, pero no dijo nada. Simplemente continuó hablando, como si no hubiera notado nada.

El tiempo pasó lento, demasiado lento. Las horas se estiraron como si alguien las hubiera deformado. Algunos estudiantes bostezaban, otros cuchicheaban sin ganas, y unos cuantos miraban al frente con la mirada perdida. Intenté escuchar, pero las palabras de El profesor Dante entraban y salían sin quedarse.

En algún punto, Melisa se acercó.

—¿Estás bien? —me preguntó en un susurro.

—Sí —respondí, aunque no sonó convincente.

Me observó unos segundos más.

—No te sientas mal —dijo—. No todo es culpa tuya.

No respondí.

—¿Ya viste el resultado del examen? —preguntó después.

Tragué saliva, Queria decir que sí, para acabar rápido con eso, pero las palabras no salieron como deberían.

—No… todavía no.

Melisa suspiró, apoyándose un poco en el borde del escritorio.

—Estamos mucho peor que antes —murmuró—. Dante no quiere decir la razón.

Lo dijo en voz baja, casi pegada a mí. El profesor Dante seguía explicando algo al frente, mientras la mitad del salón parecía medio dormida.

—Melisa —intervino Jiho, serio—. Mejor vuelve a tu asiento, Dante nos está viendo.

Ella giró la cabeza hacia el frente.

—No nos está viendo —dijo, segura.

—Sí lo está —respondió Jiho, sin apartar la mirada del cuaderno.

Melisa lo observó un segundo más.

—Estás raro, Jiho… —dijo al final, antes de darse la vuelta y regresar a su lugar.

Me quedé quieto, mientras que entonces lo noté. Levanté la vista y recorrí el salón con los ojos. Grace no estaba en el salón y tampoco Jaden y mucho menos Holly, Emma y Harper. Un vacío extraño ocupaba ese lado del aula y me incliné un poco hacia Jiho y le susurré al oído.

—¿Sabes algo de Grace?

Jiho tardó un segundo en responder.

—Dante lo dijo antes de que llegaras —murmuró—. Grace fue oficialmente expulsada. No puede volver al instituto.

Exhalé lentamente, no me sentí aliviado y tampoco victoria, si no que solo sentía el cansancio que tenía gracias a eso. Y Apoyé la cabeza sobre el escritorio.

—Despiértame cuando haya algo importante —le dije a Jiho—. O cuando termine la clase.

Jiho no respondió de inmediato, pero asintió.

—Está bien.

Cerré los ojos y antes de quedarme medio dormido, pensé en algo que no supe cómo explicar del todo. Jiho parecía querer distanciarse, pero no podía. Estaba obligado a cuidarme. Era raro, incómodo y aun así… me sentía un poco mejor sabiendo que ahora entendía más de mí.

Jiho me golpeó la cabeza con dos dedos. No fue fuerte, pero sí lo suficiente.

—Oye.

Levanté la cabeza de golpe.

—¿Qué pasó…? —murmuré, todavía aturdido.

—Es importante —dijo—. Escucha.

Me enderecé en el asiento justo cuando el profesor Dante dejó de escribir y se quedó quieto frente al salón. El murmullo residual se apagó poco a poco. Él respiró hondo antes de hablar.

—La razón por la cual quedaron en la última posición del examen —dijo al fin— fue porque hubo una pelea dentro del mismo.

Algunas cabezas se giraron y otras se tensaron.

—No diré quiénes estuvieron involucrados —continuó—, pero tarde o temprano lo averiguarán —Suspiró—. El Grupo 8 tuvo una pelea interna. Y quiero dejar algo claro desde ahora, no quiero que culpen a todos, y tampoco hay un “culpable” único —Hizo una pausa breve, observando el salón—. Hubo una discusión y si como clase deciden señalar, acusar o presionar, lo único que lograrán es afectarse entre ustedes mismos.

Nadie dijo algo, no querían interrumpir al profesor Dante.

—Además —prosiguió—, debido a los múltiples reportes recientes por inasistencias, distracciones constantes y falta de compromiso, la administración nos pidió comenzar a registrar con mayor rigor quiénes apoyan a la clase… y quiénes no.

Algunos estudiantes se removieron incómodos.

—La represalia será de cincuenta puntos por cada mes en el que estas conductas continúen.

El aire se volvió pesado.

—No quiero sonar molesto —añadió—, pero esta clase provocó que otras clases también se vieran afectadas. No al mismo nivel, claro, porque todas tienen reportes… pero la suya acumuló más —Se apoyó levemente en el escritorio—. Esto les afecta a ustedes, no a mí —Volvió a suspirar—. De mi parte, intentaré apoyarlos. Haré reportes que no involucren a nadie en específico… siempre y cuando no se excedan ni continúen con estas actitudes. Si eso ocurre, tendré que enviar los reportes tal como se me pidió.

Hubo un silencio.

—Espero que entiendan —concluyó— que lo que pasó… pasó y no siempre hay una explicación que les vaya a gustar.

Ryan se levantó.

—Profesor —dijo—, entonces ¿Por qué fue exactamente la sanción? Si sabemos la razón, podemos cambiar nuestras actitudes.

Dante lo miró unos segundos.

—No —respondió—. No pueden obligar a las personas a cambiar, así que es mejor que no indaguen más.

Peter se puso de pie casi de inmediato.

—Eso es injusto —dijo—. ¿Cómo espera que mejoremos si no sabemos qué-

—Basta —interrumpió el profesor Dante, cansado —Miró a toda la clase—. Todos ustedes saben que cuando alguien intenta obligarlos de forma molesta… hacen exactamente lo contrario — Su tono se volvió más duro—. Si quieren indagar o provocar una pelea interna, les diré algo desde ahora, no durarán mucho en este instituto.

Algunos estudiantes apartaron la mirada.

—Y quizá sea mejor así —añadió—. Peter, Ryan… que tengan rangos superiores no les da el derecho de controlar a su clase ni de decirle a otros cómo actuar.

Los miró directo.

—No es un regaño, pero sí una advertencia, Todos empezaron con el pie izquierdo como clase —Se giró hacia la puerta—. Aunque aún queda media hora… terminaremos la clase aquí.

Salió del salón y la puerta se cerró. Todos estaban callados y miré de reojo a Peter, solo pude ver que estaba tenso, molesto, pero lo disimulaba bien.

Agarré a Jiho del hombro y me levanté.

—Vámonos —le dije en voz baja.

Él asintió, mientras que Aiden y Ethan se levantaron detrás de nosotros y nos siguieron, pero nadie más dijo nada. El aula quedó sumida en un silencio incómodo, cargado de cosas que nadie se atrevía a decir y salimos.

Aiden soltó un suspiro largo, cansado.

—¿Por qué todo lo malo nos tiene que pasar a nosotros…?

Jiho se detuvo en seco y se giró hacia él.

—Es mejor hacerle caso a Dante —dijo, serio—. No indaguemos.

Aiden frunció el ceño.

—Sí, lo entiendo —respondió—, pero es molesto. Todos tenemos que pagar por una pelea de ciertos estudiantes.

Me miró directo.

—Lían… dime. ¿Qué pasó exactamente en la habitación?, ¿Quiénes lo hicieron?

Mi cuerpo se tensó al instante. Los hombros rígidos, la mandíbula apretada, antes de que pudiera decir nada, Jiho intervino, con un tono forzado pero casual.

—No vamos a hablar de eso aquí.

Miré alrededor y había estudiantes pasando, miradas rápidas, curiosidad mal disimulada.

Entonces apareció Peter desde el fondo del pasillo.

—Lían —dijo—, ¿podemos hablar un momento?

Jiho ni siquiera lo dejó terminar.

—No —respondió—. Ahora vamos a comer. Más tarde pueden hablar.

Aiden se giró hacia Jiho, molesto.

—¿Y tú por qué estás interviniendo tanto?

No dije nada. El silencio empezó a volverse incómodo, respiré hondo.

—Es mejor comer —dije al fin—. Jiho y yo tenemos hambre. Creo que Aiden y Ethan también. Hablemos más tarde, con calma —Miré a Peter— ¿Sí?

Peter me observó unos segundos. Suspira.

—Está bien.

Se dio media vuelta y se alejó por el pasillo sin decir nada más.

Aiden se quedó mirándome.

—¿Por qué dijiste eso?

—No hablemos aquí —le respondí en voz baja—. La gente nos está mirando.

Aiden miró alrededor y lo notó.

—…perdón.

Seguimos caminando, el ruido del edificio principal quedó atrás y el ambiente cambió cuando nos acercamos al edificio recreativo. El olor a comida empezó a mezclarse con el aire.

Íbamos a la pizzería, Ethan rompió el silencio.

—Lían —dijo, sin expresión—. ¿Tú fuiste el causante de esto?

Me quedé paralizado, igual que Jiho, sentí como el mundo pareció detenerse por un segundo.

—Lo sabía —añadió Ethan, plano, como si ya lo hubiera aceptado.

Aiden nos miró, confundido.

—¿Por qué no dicen nada? —le preguntó a Jiho—. ¿Y tú, Lían?

Exhalé despacio.

—Comamos primero —dije—. Luego les contaré lo que pasó en el examen.

Aiden negó con la cabeza.

—Es mejor ahora.

—No —respondí—. Con el estómago vacío no se piensa bien.

Aiden abrió la boca para replicar, pero Jiho se adelantó.

—Paren —dijo—. De verdad, confíen en Lían y confíen en mí.

Aiden apretó los labios. Parecía querer decir muchas cosas, al final, suspiró.

—…Está bien.

Seguimos caminando y aunque nadie lo dijo en voz alta, supe que cuando empezara a hablar… nada iba a volver a ser igual entre nosotros.

Ahora que ya habíamos comido, el ruido del lugar se sentía más lejano. El estómago lleno no arreglaba nada, pero al menos la cabeza dejaba de latir.

Caminé unos pasos delante de ellos y me detuve, respiré hondo, tenía que decir algo, pero no todo había cosas que no podía contar.

—Voy a decirles lo que paso—empecé.

Aiden asintió, serio y Ethan no dijo nada y miró a la nada.

—Grace fue la incentivadora —continué—. Desde el comienzo del examen. Ella y las otras chicas empezaron a lanzar polvo, a distraer, a provocar. Querían que yo fuera expulsado.

Jiho se mantuvo en silencio, atento.

—Hice mal en agarrarla de la muñeca —admití—. Lo sé. Pero no querían cooperar y el examen se estaba yendo al suelo. Ahí empezó el conflicto directo —Tragué saliva—. No terminamos el examen porque ellas no entraron con nosotros a la última habitación. Eso hizo que Tom, Sam, Andy, Thamy y yo no pudiéramos completar la prueba final.

Aiden apretó los puños.

—La pelea escaló —seguí— porque insistieron en expulsarme. Andy intentó defenderme… y Grace casi lo golpea —Levanté un poco la cabeza —. Yo recibí el golpe —Señalé mi mejilla, todavía sensible—, aquí.

Aiden abrió los ojos, sorprendido. Nadie había preguntado antes.

—Los instructores intervinieron —dije—. No sabíamos qué hacer. Iban a expulsar a todo el grupo.

Ethan habló por fin, en voz baja.

—¿Y entonces?

—La única forma de que no afectara más a la clase… fue una votación forzada.

Nadie dijo nada.

—Grace fue la que se fue.

Aiden soltó el aire con fuerza.

—Esto es una mierda… —murmuró.

Jiho le dio un golpe seco en la cabeza, suave pero firme.

—No digas groserías.

—Está bien, está bien —respondió Aiden, sobándose—. Pero… —Me miró—, hiciste bien.

Ethan asintió lentamente.

—Ya entendí —dijo—. La culpa fue de Grace y nos afectó a todos.

—No del todo… —respondí.

Aiden bajó la cabeza un segundo.

—Perdón —dijo—. Fui un tonto por no confiar en ti.

Me reí, cansado.

—Está bien, no se presionen. Esto no es fácil para nadie.

Miré el reloj.

—Ahora tengo que hablar con Peter.

Jiho me observó de reojo. Sabía que con Peter no iba a funcionar igual, él probablemente ya sabía más de lo que iba a decir. Así que tengo que decidir qué contar… y qué no y aún quedaba el problema de las chicas, porque esto no terminó con la expulsión de Grace.

—Lían…

Me di la vuelta y vi a Melisa que estaba unos pasos atrás, sosteniendo su teléfono contra el pecho.

—¿A dónde vas? —preguntó.

Dudé apenas un segundo.

—A mi cuarto.

No era del todo mentira y tampoco era toda la verdad, pero Melisa pareció notarlo, pero no insistió en eso y dio un paso más cerca.

—Quería hablar contigo.

Suspiré por lo bajo.

—Claro… ¿Por qué no?

Sonó más incómodo de lo que quería. Melisa lo notó, pero aun así asintió. Caminamos hacia una zona más apartada, lejos de las aulas y del tránsito de estudiantes, el silencio entre nosotros era pesado.

—Quería saber qué pasó exactamente allá adentro —dijo al fin—. Ya escuché versiones, pero… quiero escuchar la tuya.

Me detuve y cerré los ojos un segundo y exhalé despacio.

—No te preocupes por eso, Melisa. De verdad, lo que pasó, ya pasó —La miré por un momento —. Solo estoy cansado y no quiero seguir dándole vueltas. Es mejor dejarlo aquí.

Di un paso para irme.

—¡Espera! —me llamó.

No me detuve… hasta que sentí su mano sujetarme del brazo y giré hacia ella.

—Confío en ti —dijo, sin rodeos—. Pero estoy preocupada. No sé si todo esto te afectó más de lo que dices —Bajó un poco la mirada—. Y… me siento mal porque un estudiante fue expulsado y además de que fue alguien de nuestra clase. La verdad… no es justo y no quiero que nadie más se vaya.

La observé en silencio.

—Aunque pienses que no pasará —dije al fin—, va a pasar —Solté el brazo con suavidad—. Este instituto ya mostró cómo funciona, es mejor que lo asimiles.

Melisa negó con la cabeza, apretando los labios.

—No. No es justo que por cosas así todos podamos perder la oportunidad de ser exitosos. La mayoría está aquí por eso… ¿No? ¿No es algo que tú quieres?

La miré a los ojos.

—Sí —respondí—. Pero también quiero que entiendas algo —continué—. Ser expulsado ya es una posibilidad real. No sabemos si los próximos exámenes tendrán el mismo derecho, puede ser peor.

Melisa abrió la boca para responder… y luego la cerró.

—Es verdad —admitió, con tristeza—. Aunque no me guste.

Me pasé una mano por el rostro.

—No quiero discutir, solo estoy agotado y perdón si fui duro.

Ella negó despacio.

—No, tú tienes razón. Y… sé que estás cargando con muchas cosas. Si necesitas ayuda, con lo que sea… para ti o para la clase… cuenta conmigo.

Asentí una vez.

—Gracias.

Me di la vuelta y seguí caminando, no miré para atrás.

Al final del camino, vi a Peter de frente, me detuve un instante. Por un segundo, pensé en Melisa, en su mirada y en todo lo que no dije.

Realmente estoy completamente herido… Melisa.

Solo suspire como si todo esto fuese una mala suerte.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo