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Rivalidad y Redención - Capítulo 53

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  4. Capítulo 53 - Capítulo 53: Capítulo 7: Un misterio (III)
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Capítulo 53: Capítulo 7: Un misterio (III)

Bloque III

Los días siguientes, el profesor Dante no volvió a aparecer.

Ethan se iba temprano todos los días, casi sin despedirse, y eso hacía imposible interceptarlo para hablar. No había oportunidades, ni momentos a solas.

Al final, fue Peter quien propuso una solución, dijo que asistiría todos los días a clase y que, en cuanto el profesor Dante regresara, le preguntaría directamente qué había pasado, además de que creó un grupo con toda la clase para avisarnos cuando eso ocurriera, ninguno se opuso.

Con tanto tiempo libre, hicimos de todo para matar las horas muertas, hasta que, una mañana, el celular vibró.

“Peter: Dante ya llegó.”

No pasó ni un minuto cuando todos empezamos a movernos hasta llegar al salón y entramos casi al mismo tiempo, el profesor Dante estaba ahí, apoyado en el escritorio, tosiendo, se notaba cansado.

—Perdón por no venir estos días —dijo—. Estuve enfermo.

Melisa levantó la mano de inmediato.

—¿Está bien ahora, profe?

—Sí —respondió tosiendo levemente—. Ya estoy mucho mejor.

—¿Y por qué no fue a la enfermería? —insistió ella.

El profesor Dante suspiró.

—Pensé que era algo normal al inicio… pero la fiebre se volvió muy fuerte, y no podía ni levantarme, pero ahora ya estoy mejor.

No parecía tener ganas de hablar demasiado.

—Avancen unas páginas del libro de matemáticas —añadió—. Los ejercicios de la página 237 a la 239.

Nadie quería hacerlo, pero no había opción. Aiden empezó a copiarle descaradamente a Jiho y Ethan que estaba sentado a mi lado, se veía apagado, estaba más callado de lo normal.

—¿Estás bien? —le pregunté en voz baja.

—Sí —respondió—. Ya estoy bien.

—¿Seguro?

—Sí… ¿por qué preguntas?

—Porque sí, solo quería saber.

—Ah… está bien.

Seguimos trabajando en silencio, el tiempo pasó lento y el calor empezó a hacerse insoportable.

Melisa levantó la mano otra vez.

—¿Podemos prender el aire acondicionado?

—No —dijo el profesor Dante—. Mejor abran las ventanas.

Fue una mala idea, ya que el sol entraba directo y el salón se volvió un horno.

Jiho y Aiden se quejaron de inmediato y se movieron al piso, en la parte de atrás, lejos del sol. Muchos hicieron lo mismo, mientras que el profesor Dante seguía revisando papeles, como si nada.

Las horas se arrastraron y cuando el sol empezó a bajar, Aiden ya estaba dormido, recostado encima de Jiho. Jiho tampoco resistió y se quedó dormido también.

Melisa se acercó y les alborotó el cabello a ambos y los dos se despertaron de golpe yo aparté la mirada, pero no pude evitar pensarlo, pero realmente quisiera ser uno de ellos en este momento.

—¿Por qué les tocas el cabello a esos dos flojos? —le dije a Melisa.

—Te estamos escuchando —dijo Aiden, medio dormido.

Melisa carcajeo.

—Si no hago esto, no ayudaran en nada a la clase.

Jiho, con el cuaderno sobre la cabeza para taparse la cara, murmuró.

—Estamos aburridos…

—Pareces celoso —dijo Aiden mirándome.

—No —respondí rápido, sintiendo el calor subir a mi cara.

—Como sea —dijo él, levantándose—. ¿Por qué no llevas a Lían a dar un paseo?

—¡Estamos en clase! —dijimos Melisa y yo al mismo tiempo, ambos sonrojados.

—Uy —se burló Aiden.

Melisa le dio un golpe en la cabeza y se fue a su asiento, solo pude ver como abrazaba a sus amigas, riéndose.

Tom se inclinó hacia mí.

—¿Te gusta Melisa?

—No.

—Sí le gusta —dijo Ethan sin mirarme—. Solo finge que no.

—No digas nada —le advertí.

Al final, el reloj marcó las 4:40 p. m.

—Ya pueden irse —dijo el profesor Dante, mirando al fondo del salón.

Todos se levantaron de inmediato.

—Que se mejore, profe.

—Cuídese.

Ethan tomó su mochila y se dirigió a la puerta, pero Aiden lo sujetó del brazo.

—¿Quieres hacer algo más tarde?

—No —respondió Ethan, intentando soltarse.

Tom se unió y lo agarró del otro lado.

—¡Auxilio! —protestó Ethan.

El aula ya estaba vacía, solo quedábamos Ethan, Aiden, Jiho, Tom y yo.

El profesor Dante estaba guardando sus cosas y Jiho se acercó con cautela.

—Profesor… ¿Podemos hablar un momento?

El profesor Dante levantó la vista.

—¿Se están peleando? ¿Quieres que intervenga?

—No —dijo Jiho en voz baja—. Es un tema importante… pero es con Ethan.

Ethan intentó retroceder.

—Quiero irme…

No lo dejamos. Entre Tom, Aiden y yo, lo sentamos en una silla y lo empujamos hasta el escritorio de Dante.

—No pensé que fuera tan pesado para su tamaño —murmuré.

—Sí —dijo Aiden.

—¡Quiero irme! —repitió Ethan, claramente alterado.

El profesor Dante nos observó en silencio y supe que, en cuanto hablara, nada de esto iba a seguir siendo igual.

Aiden se quedó de pie, sosteniéndolo por los hombros para que no se levantara. Ethan se veía tenso, los dedos crispados sobre la silla, respirando rápido.

El profesor Dante los observó en silencio unos segundos antes de hablar.

—Creo que ya les dije que no obliguen a alguien a hacer algo que no quiere —dijo con voz firme, mirándonos uno por uno.

Jiho dio un paso al frente.

—Profesor, es algo importante. De verdad, es necesario que Ethan hable.

—No quiero —dijo Ethan de inmediato, sin levantar la mirada.

Intentó levantarse, pero Aiden lo sostuvo con más fuerza.

—Solo escucha —le dijo Aiden—. No te vamos a hacer nada.

—¡Déjenme! —respondió Ethan, nervioso.

La discusión se alargó y las palabras se repetían cada una vez más, hubo muchos intentos de convencerlo, pero no llevaban a nada y el tiempo pasó pesado, como si el aire se hubiera vuelto más denso, paso media hora.

Al final, el profesor Dante suspiró profundamente.

—Ya basta.

Se enderezó y habló con autoridad.

—Todos váyanse ahora y no molesten más a Ethan.

Sentí el impulso de decir algo, realmente queria decirlo, pero el profesor Dante me miró, su expresión era tan seria que me quedé completamente callado.

Tom fue el único que rompió el silencio.

—Necesitamos hablar de la foto.

Ethan giró la cabeza de golpe.

—¿Por qué le hablaste de eso a los demás? —le gritó a Aiden, con la voz quebrada.

Sin esperar respuesta, se levantó bruscamente, empujó la silla y salió corriendo del salón, el portazo resonó más fuerte de lo que debería.

El profesor Dante cerró los ojos un segundo y volvió a suspirar.

—Hicieron mal —dijo—. Pero ahora cuéntenme… ¿Qué pasó?

Jiho terminó explicándolo todo mientras el profesor Dante lo escuchó sin interrumpir, cuando Jiho terminó, el profesor Dante negó con la cabeza.

—No sé nada sobre esa chica —dijo finalmente—. Y no quiero que vuelvan a molestar a Ethan.

Su mirada se detuvo en mí un segundo más de lo normal.

—¿Entendido?

—Sí —respondimos los cuatro.

Salimos del salón en silencio. Caminamos un poco donde el pasillo y Aiden fue el primero en hablar.

—Hicimos mal… —dijo, bajando la voz.

Tom asintió, Jiho también y yo respiré hondo.

—Sí —dije—. Tal vez era mejor no hacer nada.

Hubo un silencio corto.

—Pero… —añadí— era necesario.

Nadie lo negó.

Al día siguiente, Ethan llegó tarde y no se sentó con nosotros. Escogió un lugar lejos, cerca de la pared y no nos miró.

—Está molesto —murmuró Aiden—. No me responde los mensajes.

—Luego hablamos con él —dijo Jiho—. Mejor no molestarlo ahora.

Las horas pasaron lentas, como siempre, al final de la clase, el profesor Dante habló.

—Ya pueden retirarse… excepto Ethan, necesito hablar contigo un momento.

Ethan no respondió, solo asintió levemente y me giré, queriendo decir algo, pero me detuve, no era el momento, solo tomé a Jiho del brazo y le hice una seña a Aiden.

—Vámonos —les dije—. Mejor no hablemos de esto ahora.

Salimos juntos y aunque nadie lo dijo en voz alta, todos sabíamos que algo ya se había roto y que no iba a arreglarse fácilmente o eso pensaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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