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Rivalidad y Redención - Capítulo 54

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Capítulo 54: Capítulo 7: Un misterio (IV)

Bloque IV

Estaba comiendo unas galletas en el cuarto de Aiden, no estábamos hablando. Solo el sonido seco al partirse entre mis dientes y el ruido lejano del pasillo, de pronto, alguien tocó la puerta.

Aiden se levantó sin decir nada y caminó hasta la entrada y abrió un poco la puerta y se quedó quieto un segundo de más.

—Es Ethan —me susurró.

Mi cuerpo se tensó.

—Escóndete —dijo—. Ve al baño… o a la habitación.

Elegí la habitación, entré rápido y cerré la puerta con cuidado. Me senté en el suelo, apoyando la espalda contra la pared, desde ahí solo podía escuchar.

La puerta principal se abrió.

—¿Estás bien…? —preguntó Aiden, con voz baja.

Escuché un sollozo contenido.

—Perdón… —dijo Ethan—. Perdón por todo lo que pasó. No quería decir eso y tampoco quería lastimarlos. Solo… quería estar solo.

—Lo sé —respondió Aiden—. Está bien… de verdad.

Guardaron silencio unos segundos, me acerqué un poco más a la puerta sin levantarme.

—Dante habló conmigo después —dijo Ethan al fin—. Me dijo que sí conoció a mi hermana.

Mi respiración se detuvo.

—¿Y…? —preguntó Aiden.

—Dijo que fue una buena estudiante, que fue excelente estudiante. Que nunca habló mucho con ella, pero que era la líder de la antigua clase de su promoción… —su voz tembló—. Me dijo que lamentaba la pérdida.

Hubo un silencio entre la sala.

—También dijo que los perdonara a ustedes —continuó Ethan—. Que hicieron mal, sí… pero que los cuatro se preocuparon por mí. Eso… eso no es algo malo.

Me quedé quieto, sin mover un músculo.

—Ahora estoy bien —dijo Ethan—. Quiero conservar esta imagen… y buscar a los otros chicos quiero pedirles disculpas, además… quiero terminar de estudiar aquí.

Aiden le habló después, no pude escuchar todo ya que eran palabras leves y el tiempo empezó a diluirse, no sé en qué momento cerré los ojos, debió pasar una hora o tal vez dos.

Hasta que la puerta de la habitación se abrió de golpe, me caí hacia adelante y desperté sobresaltado.

—¿Qué…? —murmuré, desorientado.

Ethan estaba de pie frente a mí, mirándome.

—Este no es mi cuarto, ¿Cómo llegué aquí? —dije, incorporándome de inmediato.

Ethan suspiró.

—A partir de ahora —dijo—, cuando venga contigo… revisaré todos los lugares.

—Eti, no te pongas tan extremo —dijo Aiden desde atrás.

Ethan soltó una risa, luego otra y de pronto empezó a llorar.

—Es raro —dijo entre risas y lágrimas—. No entiendo por qué me río.

Me levanté del todo y lo miré.

—Tal vez —le dije— es porque encontraste un motivo.

Ethan me miró, los ojos rojos, pero brillantes.

—Sí —asintió—. Ahora miraré hacia adelante, haré todo lo posible para terminar de estudiar aquí —Respiró hondo—. Porque… quizá eso era lo que mi hermana quería.

Nadie dijo nada después y por primera vez en mucho tiempo, el silencio no dolía. Pasamos un rato juntos después de eso, Aiden hablaba con Ethan como si nada hubiera pasado, como si el peso que había cargado durante días se hubiera aligerado de golpe, Ethan sonreía, no lo hacía forzosamente y tampoco débil, sonreía de verdad.

Sentí envidia, no una envidia mala… pero era envidia, al fin y al cabo.

Ethan había encontrado otro motivo, algo que lo empujaba hacia adelante y, aun así, me alegré un poco de verdad, era bueno verlo así.

Cuando Ethan se fue, me despedí de Aiden y salí del cuarto, el pasillo estaba en silencio. Las luces blancas parecían más frías de lo normal, caminé hasta mi habitación con la cabeza baja, tuve que bajar al segundo piso, pensando en todo y en nada a la vez.

Abrí la puerta y pude ver un sobre blanco, apoyado sobre el escritorio, me detuve y sentí algo raro en el pecho, una presión incómoda. Entré, tomé el sobre y cerré la puerta con seguro, fui a mi habitación para sentarme en la cama, sosteniéndolo entre los dedos.

Por un momento pensé algo absurdo. ¿Y si es Melisa?, quizá una confesión o una nota tonta, pero eso era improbable algo muy ridículo incluso.

El sobre no tenía remitente, solo abrí y lo que leí me dejó muy helado.

“Vi cómo casi tiras a tu amigo por la baranda.”

“Vete al infierno, maldito demente.”

Mi estómago se revolvió, el aire se volvió pesado, solo me levanté de golpe y fui al baño. Abrí el grifo y me mojé la cara una y otra vez, respirando rápido, demasiado rápido.

—¿Quién…? —murmuré.

Volví a mirar la carta, las palabras no estaban escritas a mano, eran recortes de periódico, cada letra distinta y cada palabra armada con intención.

Sentí cómo mi cuerpo se tensaba, cómo algo ardía bajo mi piel, él corazón me golpeaba el pecho con violencia y él aire no entraba bien, las respiraciones eran muy cortas y rápidas, se estaba descontrolando.

Las manos me temblaban, solo podía pensar de quien vio eso, si fue en ese momento cuando había agarrado a Tom o cuando fue, si fue un profesor… no, un profesor nunca habría hecho eso.

La habitación empezó a girar, no sé en qué momento mis piernas dejaron de sostenerme, solo recuerdo el frío del suelo… y luego nada, ahí terminó todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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