Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Rivalidad y Redención - Capítulo 9

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Rivalidad y Redención
  4. Capítulo 9 - 9 Capítulo 2 Intentar ser social II
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

9: Capítulo 2: Intentar ser social (II) 9: Capítulo 2: Intentar ser social (II) Bloque II Tres semanas pasaron tan rápido que, cuando por fin levanté la cabeza a mirarlas, ya se habían desvanecido.

Tres semanas de intentar adaptarme.

Tres semanas de luchar contra mis propios pensamientos.

Aunque la rutina me relajaba un poco, seguía sintiendo un peso constante en el pecho.

Mi madre, Eris y Grace, las tres cosas se cruzaban en mi cabeza sin avisar, mezclándose en un nudo difícil de aflojar.

A veces, por las noches, las sombras del dormitorio parecían demasiado similares a recuerdos que quería olvidar.

Pero por fuera, mi vida aquí ya había empezado a tomar forma.

Peter y yo caminábamos juntos cada mañana hasta el comedor.

Él siempre tenía algo que contar, algo que vio, algo que escuchó.

Era imposible aburrirse con él, y aunque me agotara a veces, su presencia me anclaba.

En clase, mis compañeros más cercanos eran Aiden y Jiho.

Al final terminamos encajando de manera natural, como si los tres hubiéramos estado destinados a llenar los silencios del otro.

Aiden hablaba más que nosotros, Jiho hablaba menos, y yo… pues trataba de equilibrarlos.

Melisa solía saludarme cuando pasábamos cerca, con una sonrisa ligera, pero no nos juntábamos demasiado.

Ella ya tenía su propio grupo desde la primera semana, aunque cada tanto se acercaba a charlar.

También fui aprendiendo a vivir dentro de Thrymere.

Con mis tres puntos de consumo diarios, me acostumbré a comprar solo lo necesario, pasta dental, jabón, hojas, alguna que otra lapicera.

La comida del comedor era suficiente, así que rara vez gastaba puntos en otra cosa.

Eso también hizo que notara algo extraño.

No todos venían todos los días a clase.

Incluido Tom que a veces llegaba, a veces no y no era el único.

El profesor Dante nunca decía nada, nunca lo regañaba y nunca hacía lista.

Simplemente seguía con la clase como si nada faltara.

Lo notaba y aunque la sensación era extraña… prefería no meterme demasiado.

Estábamos en clase como cualquier otro día.

Aiden dibujaba garabatos en la esquina de su carpeta, Jiho revisaba algo en su teléfono, y yo trataba de concentrarme en la explicación del profesor Dante.

De pronto, él dejó su marcador sobre el escritorio y se apoyó en la mesa.

—Bien —dijo con voz firme—.

Ya han pasado varias semanas, así que es momento de avanzar a la siguiente fase.

Varios levantaron la vista.

—Mañana —continuó— se llevará a cabo la votación de la sección.

Un murmullo recorrió el salón.

—Elegirán a tres estudiantes de preferencia —Mientras tomaba un descanso — recuerden que son 3 roles, el estudiante que tenga mayor voto será el que tenga el rol de líder, luego el sublíder y por último el Portavoz.

Pueden pensarlo hoy.

Mañana será obligatorio votar, y para los estudiantes que no lleguen se les omitirá el votó.

Aiden abrió los ojos exageradamente.

Sentí un pinchazo en el estómago, no me había mentalizado que no estoy en un lugar cualquiera, sino que estoy compitiendo y esta es el comienzo si quiero ganar.

El profesor Dante siguió explicando detalles, pero mi cabeza ya no estaba ahí.

Una votación.

Un liderazgo.

Una nueva presión encima de todas las que ya tenía.

El timbre sonó poco después y todos empezaron a guardar sus cosas.

Yo recogí mis apuntes con calma, esperando a que el pasillo se despejara un poco antes de salir.

Aiden y Jiho se adelantaron porque Aiden quería comprar algo en una tienda de tecnología, así que me quedé un momento más.

Estaba guardando mi estuche cuando escuché una voz familiar detrás de mí.

—Lían… espera.

Me giré y pude ver que Melisa estaba allí, agarrando los tirantes de su mochila, como dudando si debía estar nerviosa o no.

—¿Podemos hablar?

—preguntó, dando un par de pasos hacia mí.

—Claro —respondí, cruzando la correa de mi mochila sobre mi hombro.

Melisa miró hacia ambos lados del pasillo, como asegurándose de que nadie estuviera prestándonos demasiada atención.

—¿Podemos… caminar un momento?

—preguntó con un gesto sutil de la mano.

Asentí sin pensarlo.

Ella avanzó por el pasillo, y yo la seguí.

Pasamos frente a un grupo de estudiantes que reían entre ellos, luego giramos a la izquierda, donde el movimiento empezaba a disminuir.

Las voces se apagaban poco a poco mientras Melisa seguía andando, casi sin voltear a ver si yo continuaba detrás.

Después de unos segundos, abrió la puerta de un salón vacío.

No había mesas acomodadas, solo unas cuantas arrinconadas y algunas sillas apiladas.

Las luces blancas del techo titilaban levemente.

—Aquí —dijo entrando primero—.

No quería que nadie escuchara.

Me quedé cerca de la puerta mientras ella caminaba un poco hacia el centro del salón, respirando hondo antes de darse vuelta para enfrentarme.

—Es sobre… la votación de mañana.

Ah.

Ya veía por dónde iba.

Melisa se acercó un poco más, bajando la voz.

—Sé que no somos muy cercanos, pero… quería preguntarte si… si tú podrías votar por mí.

Me quedé en silencio un segundo.

—Y no solo eso —añadió, moviendo una mano nerviosa—.

No sé si puedes… hablar con Aiden y Jiho.

Ellos te escuchan a ti más que a nadie.

No quiero obligarte, pero…  La miré.

No parecía manipuladora, no sonaba desesperada.

Solo se veía… sincera y un poco tensa.

—¿Por qué quieres ser votada?

—pregunté finalmente.

Melisa abrió los ojos un poco más, como si no esperara que la cuestionara así de directo.

Pero no retrocedió, al contrario, levantó la mirada con una mezcla de nervios y decisión.

—No es solo por el cargo —respondió—.

Es que… si me quedo atrás desde el principio, después será mucho más difícil.

Y… —respiró hondo— me gustaría tener la oportunidad de liderar.

La palabra “liderar” quedó flotando entre nosotros.

—Quiero ayudar a nuestra sección —continuó, dando un paso hacia mí—.

He estado observando… todos están formando grupos, algunos ignoran sin decirlo, otros apenas se hablan.

Yo solo… —sus manos temblaron un poco— quiero que podamos llevarnos bien.

Si en algún momento tenemos que competir contra otra sección, no quiero que la nuestra esté rota desde el inicio.

Era extraño.

Melisa hablaba con amabilidad, pero había una fuerza detrás de sus palabras.

Una fuerza escondida que no había notado al principio.

Yo guardé silencio, escuchándola y en ese momento entendí algo y era que Melisa no era débil, no era una chica tímida sin más.

Era alguien que quería avanzar, pero no sabía cómo dar el primer paso frente a personas que la intimidaban y yo podía ayudarla.

Antes de que pudiera procesar completamente esa idea, Melisa bajó la mirada y retrocedió un paso.

—Eres una buena persona, Lían —dijo con voz suave—.

Y Aiden y Jiho también lo son.

Pensé que… tal vez… me darían una oportunidad.

Pero no tienes que decidir ahora.

Solo quería decírtelo.

Una sonrisa pequeña, casi triste, apareció en su rostro, como si se disculpara por existir.

—Gracias por escucharme —concluyó, girándose para irse.

La vi avanzar apenas unos pasos hacia la puerta del salón vacío y entonces algo se movió dentro de mí, una decisión repentina, un impulso que no venía del miedo, ni de la costumbre… sino, de otra parte.

—Melisa —dije, antes de que saliera.

Ella se detuvo y se volvió hacia mí, sorprendida.

Yo respiré hondo.

—Haré todo lo posible —dije con firmeza—.

Hablaré con Aiden y con Jiho.

Y… votaré por ti.

Los ojos de Melisa se abrieron un poco, brillando con una mezcla de alivio y gratitud.

—¿De verdad…?

—susurró.

Asentí.

—Quiero ayudarte.

Y creo que tú puedes hacer algo bueno por la sección.

Por primera vez desde que la conocí, Melisa sonrió… No la sonrisa social que da por quedar bien, no la sonrisa tímida que da por compromiso si no una sonrisa sincera llena de esperanza.

—Gracias, Lían —dijo, casi en un susurro—.

De verdad.

Se fue con esa sonrisa grabada en el rostro, ligera, casi saltando sobre sus pasos.

Y cuando la puerta se cerró detrás de ella, lo sentí, una punzada en mi pecho, pero no era tristeza, ni miedo, ni nostalgia, era… felicidad, una sensación cálida, inesperada una que era nueva.

Me quedé un momento en ese salón vacío, sin nadie más que la luz blanca titilante acompañándome.

Ayudar a alguien, tal vez… solo tal vez… era algo que realmente podía hacer bien.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo