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RWBY: Hentai System - Capítulo 57

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Capítulo 57: Capítulo 57

Al despertarme, por un segundo había olvidado los sucesos del día anterior, pero al recordar todo lo que pasó, y todo lo que seguramente pasará, solo pude suspirar resignado.

“Aquí vamos…”.

Me levanté de la cama. No hacía falta vestirme, ya que dormí con toda mi ropa. Realmente no quería ver qué pasaba si me atrevía a dormir sin alguna prenda de vestir sobre mí. Aunque eso hizo que sintiera un poco de calor durante la noche, por lo que estaba un poco sudado.

“Baño…”. Decidí. Quería bañarme y lavarme los dientes. Pero primero debía averiguar dónde estaba el baño.

Así que salí de la habitación, dispuesto a averiguarlo. O preguntarle a alguien sí sabía.

Aunque no esperé encontrar seis mujeres faunos, de pie en el pasillo fuera de la habitación donde estaba. Todas vestidas con trajes de sirvienta digamos… Escasos de tela.

Las faldas eran peligrosamente cortas, lo que sumado a lo… Prominentes que eran los escotes, daban una imagen bastante difícil de ignorar para un hombre que apenas acababa de levantarse. Como yo.

Las mujeres se percataron rápidamente de mi presencia, y noté como parecían satisfechas con mi reacción.

“Buenos días, señor Gray”. Dijeron todas al unísono. Como sí lo hubieran practicado antes.

La más cercana a mí; una mujer de piel bronceada y pelo marrón, arreglado en un moño en la parte posterior de su cabeza, cuyo rasgo fauno eran un par de orejas de conejo sobre su cabeza del mismo color de su pelo, se acercó con una sonrisa. “¿Durmió bien, mí señor Gray?”. Preguntó, inclinándose ligeramente ante mí.

“Ah… Sí…”. Respondí, tratando de ignorar la forma en que sus pechos rebotaron ligeramente cuando se inclinó. “Aunque quisiera saber dónde está el baño. Necesito tomar una ducha”.

“Por supuesto. Permítanos guiarlo hasta el baño”. Sonrió la mujer, instandome a seguirla.

Caminé a su lado por los pasillos, con las demás mujeres caminando detrás de nosotros. Mientras trataba de ignorar el ligero rebote que sus firmes y desarrollados pechos daban con cada paso. Aunque a juzgar por la expresión satisfecha en su rostro, parece que ella lo notó.

Llegamos hasta el final del pasillo, hasta una puerta que ella abrió, revelando un baño bastante grande para lo que estaba acostumbrado. Era tan grande como una habitación, si no más. Con un área solo para una especie de tina caliente enorme, cavada en el suelo y cubierta en piedra.

Aunque cuando entré, no esperaba que todas ellas intentaran entrar conmigo.

“¡Wow, wow!. Ok, no, tiempo señoras… Jaja… Puedo bañarme sólo”.

“Pero mí señor Gray. Estamos para servirle”. Respondió la mujer de orejas de conejo.

“Sí… Y lo aprecio. Pero necesito algo de… Privacidad… Al menos mientras me estoy dando una ducha”.

Las mujeres parecieron decepcionarse con mis palabras, sin embargo, asintieron. “Entendido. No lo molestaremos mientras limpia su cuerpo. Le traeremos ropa limpia. Llámenos si necesita algo”. Con éso, todas hicieron una pequeña reverencia antes de salir y cerrar la puerta.

Suspiré, mientras empezaba a desnudarme. Creo que esto se me hará más difícil de lo que creí. Esta situación era demasiado tentadora.

Mi necesidad de sexo estaba volviendo. Podía sentir mis ganas de soltar mi carga dentro de un coño, aumentando a cada segundo. Más aún mientras veía a estas mujeres con ropas tan provocativas, completamente dispuestas a entregarse a mí.

“¿Y entonces?. ¿Qué estás esperando?”. Preguntó la diosa.

No lo sé… ¿Qué estaba esperando?. ¿La aprobación de mis demás compañeras?. Yá la tenía. O algo así. Lo único que me detenía era mi miedo a dejarme llevar.

“Entonces, empieza poco a poco. Sólo una…”.

Solo una. Sí… ¿Por qué no?. Solo una.

La puerta se abrió, revelando a la misma mujer fauno conejo de piel bronceada. Ella me miró detenidamente. “¿Usted llamó, mí señor Gray?…”.

Mi única respuesta, fué una enorme erección que sorprendió a la mujer.

“Sólo una…”.

.

.

.

Blake se sentó en uno de los asientos de la enorme mesa del comedor. Era tan grande como lo recordaba. Aunque jamás había visto tantos platos sobre la mesa.

Las mujeres con las que su madre los había recibido habían preparado lo que era prácticamente un banquete para todos ellos.

La señora Summer había insistido en ayudar, pero todas las mujeres se negaron rotundamente, insistiendo en que ellas se encargaran de todo. Básicamente tratándolos como miembros de la realeza.

Puede qué haya sido un poco exagerado lo que Ruby y Yang habían dicho sobre ella; sobre que era la princesa de los faunos. Pero era técnicamente cierto. Ella había vivido en una mansión enorme, con personas que se encargaban de las tareas domésticas, como cocinar o limpiar. Pero eran solo empleados. Personas que realizaban una tarea por un sueldo.

Estas mujeres en cambio, eran como sirvientes. Demasiado pendientes a cualquier necesidad que tuvieran. Y demasiado dispuestas a cumplirlas.

No ayudó que ahora todas estaban vestidas con esos uniformes de mucamas tan reveladores.

Un intento de verse más provocativas para Gray. Aunque conociendolo. Era un muy buen intento.

No era un secreto para ninguna de ellas que a Gray le gustaban los pechos grandes y las curvas desarrolladas de la señora Summer. Y estas mujeres no se quedaban atrás en ese aspecto. Algunas incluso la sobrepasaba en tamaño de alguna de esas características.

Tuvo que admitir que incluso ella se sentía tentada cada vez que una de estas mujeres se inclinaba o se movía, dejando ver un poco de su zona inferior, o haciendo rebotar ligeramente sus pechos. Y estaba segura que Yang estaba disfrutando bastante de las vistas y el servicio, si la enorme sonrisa que tenía era algún indicativo.

Aunque se estaba preguntando dónde estaba Gray. El desayuno yá había sido servido, pero él aún no aparecía. Estaba por preguntarle a alguna de las presentes si sabía algo al respecto, cuando lo vió aparecer.

Vestido con una bata que dejaba parte de su tonificado torso descubierto, y por la forma del bulto en su parte baja, diría que también llevaba ropa interior, ya que de lo contrario, la forma de ese montículo sería más… Alargada.

Detrás de él, había una de las mujeres faunos con uniforme de sirvienta. Luciendo muy… Satisfecha. Ella reconoció esa sonrisa, esa expresión de satisfacción. Además del ligero tambaleo en su andar. Todas ellas lo hicieron. Eran las señales de alguien que probó el cielo.

“Buenos días”. Saludó Gray con una sonrisa tranquila. “Wow. Esto se vé delicioso”.

Una de las mujeres asintió satisfecha. “Esperamos que disfrute el desayuno, señor Gray”.

Gray se sentó, tomando los cubiertos y empezando a degustar. Sonriendo de satisfacción al probar la comida. “Mmh… Muy bueno”. Las mujeres parecieron demasiado satisfechas con el cumplido. “Entonces, ¿Qué haremos hoy?”.

Yang decidió responder. “Iremos a la playa. Aún quiero presumir mi bikini”.

“Yo también”. Asintió Ruby. “También quiero jugar en la playa y probar algunos platos de aquí”.

“Bien. Creo que yo también estoy emocionado. Este lugar es bastante hermoso. Aunque el calor es un poco molesto”. Antes de que las mujeres pudieran disculparse por el clima, Gray las interrumpió rápidamente. “Oh. No, no quiero decir que es intolerable. Simplemente aún no me acostumbro al cambio de ambiente”.

La señora Summer, que no había hablado hasta ahora, decidió empezar. “Te ves muy relajado”.

Gray alzó la vista hasta la señora Summer, y respondió con simpleza. “Sí. Hoy amanecí algo tenso, pero esta amable mujer me ayudó justo antes de venir”.

Dicha mujer sonrió. “Me alegra haber sido de ayuda, mí señor Gray”.

“Oh…”. Summer entrecerró los ojos con sospecha. “¿Qué clase de ayuda fué esa?”.

“Summer, lo hicimos…”. Respondió Gray sin andarse por las ramas. “Supongo que ya podríamos hablar del tema, ¿No?. Mis ganas no han hecho más que aumentar desde que llegamos aquí. Ya lo he pensado, y voy a aceptar la propuesta de estas mujeres”.

“Me alegra que nos acepte, mi señor Gray”. Añadió la mujer fauno detrás de él. “Prometo que le serviremos adecuadamente”.

“Aunque eso no significa que vaya a priorizarlas a ellas. Para eso están los clones. Iremos a la playa y dejaré un par de clones aquí”.

“Oh…”. Murmuró Summer. “Éso… Supongo que eso está bien por ahora”.

“No tiene que preocuparse, señora Summer…”. Empezó la mujer fauno detrás de Gray. “Todas somos conscientes de nuestro papel. Ninguna pretende quitarle el puesto que les corresponde a ustedes como esposas del señor Gray. Solo somos concubinas. Y estamos bien siéndolo”.

“Y-yo no pretendía…”. Intentó disculparse Summer. Aunque sus palabras murieron antes de poder terminar.

“Entonces…”. Empezó Yang, llamando la atención de la mujer de orejas de conejo. “¿Ustedes aceptaron ser sirvientas de Gray?”.

“Así es”. Asintió la mujer. “Nuestro papel es servir a nuestro señor lo mejor qué podamos. Es lo mínimo que podemos hacer, considerando la gran labor que él hará por toda nuestra raza”.

“Pero éso… ¿No es aceptar estar por debajo de un humano?”. Volvió a preguntar Yang. A Blake le sorprendió un poco que Yang fuera consciente de la lucha de los faunos y el por qué peleaban. Aunque quizás no sea tan sorprendente, sabiendo que Yang era alguien que daba todo de sí por quienes le importaban.

Aún así, ella decidió aclarar algo al respecto. “Los faunos peleamos por respeto. El colmillo blanco se fundó para conseguir un trato justo entre faunos y humanos. Porque hay personas que nos ven como una raza inferior que pueden pisotear. Gray no sería capaz de hacer algo así. Y ellas aceptaron esto por voluntad propia”.

La mujer Fauno asintió. “Es tal como la señorita Blake dice. Nosotras no estamos siendo obligadas. Y estamos seguras que el señor Gray nos tratará con respeto. Eso lo comprobamos al conocerlo ayer”.

Ruby ladeó la cabeza. “Entonces… ¿Ustedes irán a Vale?”.

“Cierto…”. Se dió cuenta Yang. “Solo estaremos aquí unos días. Y luego de éso, las vacaciones no durarán mucho. Gray, Blake y yo nos inscribiremos en Beacon”.

“Siendo así. Sólo podemos servir al señor Gray lo mejor que podamos en los pocos días que estará aquí…”. Respondió la mujer. “Y cuando él cumpla con su misión, esperaremos a que vuelva con nosotras. O nos mudaremos a dónde él vaya”.

Las demás mujeres asintieron, todas aceptando las palabras de la mujer con orejas de conejo.

A Blake no le sorprendió. Luego de la conversación que tuvo con su madre el día anterior, durante la noche, cuando todos yá estaban en sus habitaciones, entendió completamente cómo se sentían estas mujeres.

Si ella no hubiera conocido a Gray antes y se hubiera quedado aquí con su madre, puede que incluso ella misma hubiera decidido unirse a este grupo de mujeres.

¿Y cómo no hacerlo?. Gray había aparecido de la nada, con poderes inexplicables, y siendo en palabras de una diosa literal, aquel que acabaría con la raíz del mal que asolaba el mundo. No solo éso, al ser Gray alguien que no era humano ni fauno, pudiendo cambiar su apariencia a gusto, era alguien que podría mediar entre ambos bandos. Y siendo tan poderoso, poca gente podía oponerse a él.

El hecho de que pudiera poner el crimen organizado de Vale bajo su mando era una prueba de ello

Gray era justo lo que le faltó al colmillo blanco desde sus inicios. Alguien demasiado poderoso como para poder ignorarlo.

El colmillo blanco, incluso con toda la molestia que había generado al ejército de Atlas, realmente no tenía la capacidad para ser una amenaza en el gran esquema de las cosas. Por lo que realmente sus posibilidades de generar un cambio; incluso si le molestaba admitirlo, eran pocas. El ciudadano promedio no tenía por qué preocuparse por saber nada de un grupo de faunos que protestaban o atacaban a su reino. Porque dichos ataques y protestas realmente no los afectan directamente.

Pero ahora, con Gray aumentando su poder cada día, con conexiones en el bajo mundo del reino más poblado del mundo, y con una diosa respaldandolo, las posibilidades de que la lucha del colmillo blanco termine finalmente estaban más claras que nunca.

Con todo esto, el que Gray tuviera varías esposas era un detalle insignificante.

Con éso el desayuno siguió con relativa normalidad. Hasta que Blake notó a su madre llegando, al igual que los demás. Le había resultado extraño no verla durante toda la mañana, pero supuso que había estado ocupada. Después de todo, aún seguía siendo la líder del lugar. Ella saludó a todos, dándoles los buenos días, especialmente a Gray, al cuál le dedicó varios segundos para saludarlo apropiadamente, antes de ir con la señora Summer, pidiéndole hablar en privado.

Eso dejó algo extrañados a todos. Aunque las mujeres faunos parecían saber sobre qué quería hablar su madre con Summer.

Lo que la llevó a pensar en que quizás el tema sea justamente el más evidente…

.

.

.

“Yo… Lamento la interrupción, Summer”. Se disculpó Kali cuando ambas llegaron a una de las habitaciones.

Summer negó con la cabeza. “Descuida. ¿Sobre qué querías hablar?”.

“Es sobre el señor Gray…”.

“Oh. Haha… Está bien. ¿De qué se trata?”.

“Bueno… Quería saber cómo podríamos satisfacerlo de la mejor forma cuando llegue el momento… Ya sabes… Cuando nosotras nos entreguemos a él”.

Summer abrió los ojos, sorprendida por un par de segundos. Hasta que asimiló la situación. “Bueno…”.

“Sé que puede ser algo incómodo para tí…”. Dijo Kali de repente, interrumpiendo a Summer. “Como mujer que estuvo casada, sé lo que es querer sólo para tí a el hombre que amas. Pero, todas sabemos que el señor Gray no es alguien ordinario. Supongo que tú también”.

“… Sí. Eso me quedó claro desde la primera vez”.

“¿Cómo fué?”. Preguntó Kali con interés.

“Fué… Increíble…”. Admitió Summer. “Fué extraño también. Haha. Era apenas el segundo día desde que lo encontramos sin recuerdos en el bosque. Pensamos que era un chico amnésico, cuya aldea había sido atacada. Así que fuimos a una comisaría por información… Cuando no encontramos nada, ambos volvimos a mi casa y él… Bueno. Él me sedujo y… Terminamos teniendo relaciones”.

“Ya veo…”. Asintió Kali. “Entonces sí fuiste su primera mujer”.

“Sí. Yo fuí la primera”.

“Ninguna de nosotras pretende quitarte éso. Supongo que alguna de las otras ya te lo dijo, pero solo queremos servirle. Estamos perfectamente bien siendo solo concubinas para el señor Gray”.

“Sí. Una de ellas dijo lo mismo”. Asintió Summer lentamente.

“Entonces, ¿Nos ayudarás?”. Preguntó nuevamente Kali.

Summer tardó unos segundos en responder, hasta que finalmente asintió. “Sí. Creo que ya es tiempo de aceptar que Gray no será solo para mí y mis hijas…”.

“Gracias, Summer”.

“Ok. Lo primero es que dejen de llamarlo señor. A Gray no le gusta. Solo llámenlo Gray. Él prefiere ser cercano”.

“Entiendo…”. Asintió Kali. “Será un poco difícil, considerando quien es, pero hablaré con las demás sobre éso”.

“Bien. Entonces, durante el sexo, a Gray le gustan los olores”.

Kali ladeó la cabeza. “¿Olores?”.

“Sí. ¿Tienen algún aceite aromático aquí?. A Gray le encantan. Aunque solo me dí cuenta de ésto la última vez que lo hicimos junto a la mamá de Yang”.

“Ya veo…”. Asintió Kali. “Entonces hay otra mujer aparte de ustedes cuatro”.

“Hay otra. Pero es complicado. Es la mamá de Yang, pero ella… Bueno, en términos simples, ella abandonó a Yang y se convirtió en bandida. Gray tuvo que traerla devuelta a base de tener sexo con ella”.

“… Oh”.

“Sí. Lo sé. Es complicado… Pero volviendo al tema. Con Gray realmente aparte de éso, solo se trata de resistir lo más que puedas. Gray, luego de la primera ronda se pone un poco… Salvaje~”. Summer terminó mordiéndose el labio inferior de forma involuntaria.

Ganándose un ligero escalofrío de Kali por la expectativa. “¿S-salvaje?”. Preguntó con algo de anticipación.

“S-sí… Gray es… Bueno… Simplemente increíble en la cama. No quiero menospreciar a cualquier pareja que hayas tenido, pero Gray es… Bueno, un dios del sexo. El simple contacto con su cuerpo ya genera placer. Y la zona que más genera placer es su pene. Así qué, ya imaginarás qué tenerlo dentro de tí será una experiencia muy intensa. Además, él puede cambiar de forma y tamaño, así qué, ya imaginarás las posibilidades”.

“E-entiendo…”. Asintió Kali sintiendo un poco de calor subir por su rostro.

“Creo que hacerlo en grupo será la mejor opción para ustedes. Especialmente si es la primera vez que lo hacen con él. Éso si no quieren terminar inconscientes después de solo un par de rondas”.

Una pequeña sonrisa nerviosa adornó la expresión de Kali. “¿E-en serio?”.

“Sí~…”. Sonrió Summer. “De hecho, yo podría unirme si quieren. Para ayudarlas a mantener a Gray un poco controlado”.

“Y-yo creo que esta vez no será necesario. Creo que deberíamos experimentarlo nosotras mismas, al menos la primera vez. Ya luego podríamos hacerlo juntas”.

“Me parece bien”. Asintió Summer. Ya más agusto con toda la idea. O quizás, dejando que su perversión domine sus ideas. “¿Puedo preguntar algo?. ¿Cuántas de ustedes son?. ¿Y cómo las eligen?”.

“Bueno. Aquí somos diez contándome a mí. Y fué la diosa madre quién nos eligió. Según ella, basándose en los gustos del señor-… Quiero decir, de Gray”.

“Ya veo…”. Asintió Summer. Asimilando esa información. Ella misma notó el perfil de todas las mujeres aquí, viendo que era similar al suyo. Éso le hizo sonreír un poco. Parece que los gustos de Gray se basaban en ella misma. Siendo ella la primera mujer con la que estuvo, parece que la impresión que dejó en Gray fué tan fuerte que ahora él solo buscaba mujeres parecidas a ella.

Ahora se sentía un poco más confiada en sí misma. Parece que sin importar qué, ella seguía siendo la primera.

.

.

.

En un plano de la existencia aparte, dónde el tiempo y el espacio eran irrelevantes. La diosa causante de toda esta situación miraba con aprobación el transcurso de los eventos. Todo su esfuerzo finalmente estaba dando sus frutos.

Tanto su “hijo”, como el otro humano que despertó su interés estaban actuando de acuerdo a como ella esperaba. El harem de su “pequeño mortal” crecía, y él estaba finalmente aceptando su rol. Y el lamentable humano al que descubrió hace poco empezaba a dar indicios de algo más.

Todo estaba yendo bien.

“¡Hola, hermana!”.

Hasta que empezó a ir mal.

Ella giró la mirada, esperando que de alguna forma, la voz que acababa de escuchar hubiera sido tan solo una alucinación. Sin embargo, tales cosas no afectan a seres como ella. Por lo qué para su desgracia, la voz fué real.

“¿Qué haces aquí?”. Preguntó con no poca animosidad.

Frente a ella estaba otra entidad igual a ella misma. Un ser de puro poder. Sin rostro ni características físicas reales. Tan solo una figura formada de pura oscuridad, o más bien, de un vacío que se tragaba la luz a su alrededor. Un dios al igual que ella misma. Aunque de un aspecto diferente de la existencia.

Ella era un ser que representaba las pasiones, tanto carnales como inmateriales. El deseo, el amor y la pasión.

Ella era a grandes rasgos. Una diosa de la vida.

Pero esta entidad era su opuesto.

Una entidad que representaba la muerte. La apatía, la soledad, el frío vacío del olvido.

Su contraparte directa. Lo cuál no sería un problema. De no ser porque él se había retorcido. Queriendo saber qué era el amor, adoptó una personalidad que estaba en contra de su naturaleza, provocando un desbalance entre ellos. Razón por la cuál ella abandonó su mundo anterior.

Pero ahora él la encontró.

“Vamos hermana, ¿Esa es la manera de hablarle a tu hermano?”.

“Sólo voy a preguntarlo una vez más… ¿Qué haces aquí?”.

La entidad suspiró, un acto extraño para un ser de la categoría de ellos dos. Se veía tan antinatural que provocaba escalofríos. Como un ser completamente alienígena queriendo imitar a un humano.

“Vine a buscarte…”. Respondió la nueva entidad. “Me abandonaste, hermana”.

“Destruiste nuestro antiguo mundo…”. Respondió ella con incredulidad, sorprendida de que su contraparte ni siquiera pudiera reconocer este acto.

“Ah… Hahaha. Sí, lo siento por éso. Me dejé llevar”. Respondió, rascándose la parte posterior de la cabeza. Y al igual que cuando suspiró, este acto se veía completamente fuera de lugar.

“¿Te dejaste llevar?. Acabaste con toda la vida”.

“Sí. Ese no fué mi mejor momento”. Respondió él, descartando cualquier importancia que pudiera tener un acto tan macabro como el que acaba de admitir. “Pero eso no importa. Te extrañé, así que vine a verte”.

“Yo no quiero verte… Lárgate”.

“Vamos hermana, no digas éso. Podemos empezar de nuevo. Hacer otra vez a esos mortales que tanto te gustan. Hacerlos matarse entre sí por estupideces. Verlos morir en guerras. ¡Hacer que desarrollen armas nucleares!”.

Un poder, o más bien, la autoridad de la diosa se extendió por todo el lugar cuando la paciencia de esta llegó a su límite. Haciendo que la expresión de la nueva entidad, o más bien, su presencia, cambie a una más sombría.

“¡Te dije que te largues!”.

“… Bien…”. Respondió la nueva entidad. Dejando de lado completamente su actitud anterior. “Veo que te has encariñado otra vez con algunos mortales… Incluso puedo sentir tu poder en uno de ellos”. La entidad se dió la vuelta, empezando a marcharse del lugar.

Sin embargo, algo andaba mal a ojos de la diosa. Podía percibirlo, una extraña premonición. “¿Qué harás?”.

La nueva entidad detuvo su andar antes de responder. “¿No es obvio?… Voy a matar a ese mortal al que estás tan apegada. Y así podremos estar juntos”.

Sin embargo, pese a su clara hostilidad, la diosa no pareció inmutarse. “No puedes”.

“¿No?. ¿Por qué no podría?”. Para ejemplificar su punto, la nueva entidad intentó manifestar su poder, sin embargo, para su sorpresa, no resultó. Su poder no erradicó a toda la población del mundo físico. Ni siquiera logró salir del plano en el que se encontraban.

Cosa que hizo reír a la diosa. “¿Ves?. No puedes”.

Ahí la entidad se dió cuenta que su poder era limitado. “Así que este mundo ya tiene sus propios dioses… Por éso estás aquí en lugar de ahí abajo…”. Se dió cuenta. “Bueno, no importa. Voy a matar a ese mortal al que tanto aprecias igual”.

“Parece que no entiendes. No puedes interferir en el orden de este mundo”.

“No. Pero puedo hacer lo mismo que tú hiciste… Sí. Éso haré. Solo debo buscar un mortal adecuado y hacer que él mate a este mortal que tanto te gusta”.

“¿Crees que simplemente dejaré que hagas algo así?”.

“¿Dejarme?. Hermana. Tú no puedes detenerme. Pelear conmigo solo causaría un desastre en este mundo que tanto amas”.

La diosa no respondió, sabiendo perfectamente que aquellas palabras eran ciertas.

“No creas que mi hijo se dejará matar por cualquier mortal que envíes”.

“¿Hijo?… Ya veo. Bueno, entonces hagamos una apuesta. Tu mortal, contra el mío. Si el tuyo gana, me iré de aquí y jamás volveré. Y si yo gano… Bueno…”. Una ‘sonrisa’ se formó en su ‘rostro’. “Ya sabes qué haré con este mundo”.

.

.

.

Fin—…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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