Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Saga de hueso y plata. Libro 1: La Llave Rota - Capítulo 60

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Saga de hueso y plata. Libro 1: La Llave Rota
  4. Capítulo 60 - Capítulo 60: En la Copa del Árbol
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 60: En la Copa del Árbol

Apenas avanzamos un par de kilómetros más allá de las ruinas cuando Vorden se detuvo en seco.

El paisaje era una planicie helada de roca negra y nieve dura, azotada por vientos que cortaban la piel como navajas invisibles. No había camino, solo vastedad.

—Desmonta —ordenó el Titán, bajando de su caballo negro.

Lo miré confundida, acariciando el cuello de mi montura para calmarla del viento.

—¿Aquí? Aún podemos avanzar horas a caballo.

—Los caballos no pueden seguir a donde vamos —dijo Vorden, soltando las correas de su silla—. El terreno no los aceptará y el frío los matará antes del anochecer. Carga solo lo necesario para comer por dos lunas y para defenderte. El resto se queda.

Hice lo que ordenó, aunque con una sensación de fatalidad en el pecho. Dejamos a los animales pastando en un parche de líquenes secos, sabiendo que probablemente serían comida de lobos antes de que volviéramos. Si es que volvíamos.

Continuamos a pie. La caminata era brutal. El viento rugía, empujándonos hacia atrás, pero Vorden avanzaba como un rompehielos humano.

A lo lejos, una mancha oscura rompió la monotonía del blanco: un parche boscoso, denso y antiguo, que parecía crecer sobre la roca misma. Nos dirigimos hacia él.

Cuando por fin entramos entre los primeros árboles, el silencio fue instantáneo. Las ramas entrelazadas cortaron el viento de golpe, creando una burbuja de quietud inquietante.

Me detuve para recuperar el aliento, apoyándome en un tronco retorcido.

—¿Por qué venimos solos? —pregunté, rompiendo el silencio—. ¿Para qué dejar atrás el destacamento, a Raymond, a la Élite? ¿Es para que nadie vea cuando nos matemos el uno al otro, comandante?

Vorden se giró, ajustándose la carga en el hombro.

—Tu lengua siempre ha sido más afilada que tu colmillo, Aldariel —respondió sin molestarse—. Este siempre fue el plan. Solo necesitábamos una escolta hasta las puertas del Vacío. Terminar el viaje solos siempre fue la idea.

—¿Ya me dirás qué buscamos? —insistí, harta de los misterios—. ¿O qué demonios es lo que me llama y me acusa de ser hija de los Fae?

Vorden me miró con una intensidad extraña.

—No es una acusación, Aldariel. Es un honor que esa sangre corra por tus venas. La sangre de los primeros dueños de este mundo.

Solté una risa amarga y escupí al suelo.

—Mira a dónde me trajo ese gran honor… A ser prisionera, violada y arrastrada por la nieve. Gran herencia.

Vorden soltó una carcajada suave, grave.

—A partir de aquí, tú guías —dijo, ignorando mi queja—. El lugar que buscamos tiende a ser escurridizo. Nunca está en el mismo sitio. Se mueve con la magia de la tierra. Por eso no trajimos el mapa; el papel no sirve aquí. Solo tú puedes sentirlo.

Dio un paso hacia mí.

—Guíame, y podrás ver y entender todo lo que ha pasado hasta ahora. O traicióname… intenta huir… y pondré a prueba si es que en realidad solo necesito tu sangre en un frasco y no a ti respirando.

Cerré los ojos un momento, concentrándome. Y ahí estaba. El tirón en el ombligo. La voz suave. Ven… Era innegable.

Abrí los ojos y mentí.

—No siento nada.

Vorden me miró con escepticismo, arqueando una ceja.

—Ni siquiera lo intentas, Cielo.

—Quizás por ahí —dije al azar, señalando una zona densa de pinos a la derecha—. Me pareció sentir algo.

Comencé a caminar con prisa, alejándome de él. Vorden me siguió a paso constante, pero aproveché la espesura. Me deslicé entre dos troncos caídos, giré en un arbusto espinoso y, usando mis viejas habilidades de ladrona, trepé silenciosamente a un roble inmenso de ramas bajas.

Me oculté entre el follaje nevado, conteniendo la respiración.

Abajo, vi al Titán detenerse. Dio una vuelta lenta, olfateando el aire.

—No quieres hacer esto, Cielo —dijo con voz calmada, pero que resonó en todo el bosque—. ¡Vuelve aquí de inmediato!

Me quedé inmóvil, abrazada a la corteza rugosa.

—Tu aroma te delata —continuó Vorden, mirando hacia las copas de los árboles—. Sé que estás por aquí. Hueles a miedo, a desafío y semen rancio.

—¿Sabes que te encontrará tarde o temprano, ¿verdad?

La voz sonó demasiado cerca. Justo en mi oído.

Casi me caigo del árbol del susto. Me giré violentamente, sacando mi daga, lista para clavarla en lo que fuera.

Ahí, sentado en la rama contigua con la naturalidad de un gato, estaba una figura encapuchada.

—¡Brent! —siseé, reconociendo al Élite, al hombre de Kaldheim.

—Shhh… baja la voz, Colmillo —susurró, llevándose un dedo enguantado a donde debería estar su boca bajo la tela negra.

—¿Por qué estás aquí, maldito? —pregunté, temblando de rabia y sorpresa—. ¿Cómo? ¿Raymond no está vigilando?

Brent soltó una risita suave.

—¿Y qué hará el pobre Raymond cuando cuente y vea que solo hay cuatro encapuchados? —Se encogió de hombros—. Además de entrar en pánico, claro. Dejé un cuerpo cerca del campamento antes de irme. Un cadáver fresco que tomé de las ruinas, con mi complexión. Sabe que cambio mi rostro… imagina su paranoia ahora mismo, pensando si soy uno de sus soldados leales, o pensando si seguí al Titán…

Sus ojos brillaron en la oscuridad de la capucha.

—¿Qué hará el pobre Capitán? Nada. Se quedará paralizado por la duda.

—¿Por qué me seguiste entonces? —exigí saber, apuntándole con la daga—. ¿Para terminar lo que empezaste?

—Necesitaba dejar algo claro entre nosotros, elfa.

—¡No hay nosotros! —grité en un susurro furioso.

—Shhh, shhh, shhh… ahí viene el Titán.

Abajo, los pasos pesados de Vorden crujieron en la nieve.

—¡Me estoy cansando, Aldariel! —bramó el comandante, su paciencia agotándose.

—Precisamente —dijo Brent, acercándose un poco más en la rama—. No hay “nosotros”. Por eso debes saber dos cosas, Colmillo… Primero: lo que pasó en el fuerte, esa noche… tú lo pediste. Estabas borracha, sí, pero hambrienta.

—Te borré la memoria cuando puse algo en tu bebida, para protegerte a ti y para conservar mi cabeza pegada al cuello. Nada esa noche fue forzado, y lo que siguió, bueno solo fue una precaución.

Me quedé helada. ¿Mentía? ¿Decía la verdad? Mi mente era un caos.

—Y segundo —continuó rápido—, lo que busca el comandante… no puede obtenerlo sin ti. Tiene que compartirlo contigo. Pero si decide no hacerlo, si te usa y te desecha…Ambos morirán.

Sabiendo eso, tú decide: ¿Huimos ahora mismo, tú y yo, lejos de su alcance? ¿O completas la búsqueda y te arriesgas?

Me quedé pensando, mirando hacia el suelo nevado donde Vorden patrullaba como un lobo.

—Debo… debo saber qué es, Brent —susurré, la curiosidad ganando al miedo—. Y me vas a decir entonces por qué quisiste “repetir” en el pueblo si era tan peligroso…

Me giré para exigirle una respuesta.

La rama estaba vacía. Solo quedaba un montoncito de nieve cayendo al vacío.

—¡Maldito fantasma! —mascullé.

Abajo, Vorden se detuvo justo al pie de mi árbol.

—Última oportunidad, Aldariel.

Suspiré, guardé la daga y me dejé caer. Aterricé en la nieve a unos metros de él, sacudiéndome las ramas de la ropa.

Vorden se giró hacia mí, furioso, con la mano en la empuñadura de su espada.

—¡Otro más de tus juegos y te juro que solo tu maldita cabeza llegará al destino!

Lo miré con cara de aburrimiento total.

—Solo estaba cagando, comandante —mentí con descaro—. Un poco de privacidad se agradece, ¿no?

Vorden me miró con asco y sospecha, pero aflojó la mano de la espada.

—¿Cagando en la copa de un arbol? preguntó

—En donde sea que tu mirada no pueda llegar, degenrado.

—¿Y bien? —gruñó—. ¿El rastro Aldariel?

Me encogí de hombros, mirando hacia la espesura donde el “llamado” era más fuerte que nunca.

—Aún no siento nada —dije—. No hay llamado. Así que supongo que solo caminaremos sin rumbo hasta que se nos congelen los pies.

Comencé a caminar en la dirección correcta, dejándolo atrás. Vorden me siguió, pero yo ya no estaba sola en el bosque. Tenía un monstruo delante, y otro vigilando ¿cuidándome? en las sombras.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo