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Saga de hueso y plata. Libro 1: La Llave Rota - Capítulo 74

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Capítulo 74: El Silencio en la Habitación Azul

Aceptamos la oferta. O más bien, no teníamos otra opción.

Pasamos los siguientes días refugiados bajo el techo carmesí de Madame Zafiro. Para pagar nuestra estancia y la ropa fina, hicimos un par de trabajos “domésticos”. Nada complicado para un Fae y una inmortal, pero aterrador para los habituales del bajo mundo.

Rozen disfrutaba particularmente asustando a quienes se sobrepasaban con las chicas o a los borrachos que buscaban servicios “gratis” por la fuerza en los callejones. Un cambio de rostro a mitad de una amenaza, convirtiéndose en el reflejo muerto del agresor, solía ser suficiente para que salieran corriendo y no volvieran jamás.

Una noche, después de limpiar la entrada trasera de un par de matones, Madame Zafiro me llamó a su oficina.

Se sirvió dos copas de vino y me señaló la silla.

—Aldariel… las chicas de los cuartos contiguos al tuyo me han comentado sobre el ruido —dijo, mirándome por encima de su copa.

Fruncí el ceño, sorprendida.

—¿Cuál ruido? —pregunté a la defensiva—. Rozen y yo apenas hablamos por las noches. Nunca hacemos ruido en la habitación.

—¡Exacto! —exclamó Zafiro, golpeando la mesa con la palma de la mano—. Ese es el problema. Ni las chicas ni yo entendemos cómo es que compartes habitación, cama y destino con un Fae tallado por los dioses… y no se escuchan gemidos toda la noche.

Me quedé boquiabierta. Zafiro suspiró, negando con la cabeza.

—Mi niña, yo sé que ahora tienes una eternidad por delante, pero no por eso deberías privarte de ciertos placeres del presente. Tienes un hombre en tu cama que puede cambiar de forma y complacer cualquier fantasía, y tú duermes como un tronco. Es un desperdicio.

Bajé la mirada hacia el vino oscuro, removiendo la copa.

—Es complicado, Madame.

—¿Por qué? —insistió ella, suavizando el tono—. Ya ha pasado algo entre ese Fae y tú. Se nota en cómo se miran.

—Pasó cuando ni siquiera sabía quién o qué era él —admití en voz baja—. Pasó cuando el vino destrozaba mi buen juicio y mi necesidad buscaba recuperar el control de mí misma.

Apreté el tallo de la copa, sintiendo el frío del cristal.

—Pasó cuando intentaba recuperar el control de mi propio cuerpo, Zafiro. Vorden… él no me usó solo como llave y brújula. Me usó de formas que me avergüenza recordar, me hizo sentir como una cosa, una herramienta…una puta.

Lo que pasó con Rozen, creí que era algo de una noche fue sexo por ebriedad y venganza contra mi propia impotencia. Cuando volvió a pasar…no sabia que era el, uso su rostro humano y yo estaba despechada, enojada, quería borrar las huellas del titan en mi piel, demostrarle que yo podía hacer lo que quisiera con quien quisiera.

Levanté la vista, encontrando los ojos antiguos de la Oceánide.

—Ahora que estoy sobria, ahora que sé lo que es…Si lo deseo, pero no sé si pueda solo “entregarme”. Aún si es solo por placer. Siento que, si cedo, perderé lo poco que he recuperado de mí misma.

Zafiro asintió lentamente, su expresión llena de una comprensión dolorosa.

—Te entiendo, mi niña. El cuerpo recuerda lo que la mente quiere olvidar.

Bebió un sorbo de vino y su semblante se endureció.

—Pero insisto en que deberías intentar disfrutar de este tiempo de paz, sea con él o contigo misma. Porque no durará para siempre.

Dejó la copa en la mesa con un sonido definitivo.

—Ya me llegan rumores del Norte. Un cazador —un tal Raymond— y un grupo de cuatro encapuchados que se mueven como sombras. Dicen que andan tras la pista de “una puta con el colmillo de plata y un Cambiapieles”. Están destrozando pueblos, Aldariel. Van de casa en casa, interrogando y quemando. El sabueso ya está en marcha y viene con rabia.

«Colmillo», pensé. Mi maldito apodo de guerra.

Mi lengua se dirigió instintivamente hacia el lugar, buscando el metal frío, el sabor a óxido…

Nada.

Esmalte liso. Perfecto.

Me di cuenta, ni siquiera había tenido un minuto de paz para examinarme la boca, pero el Manantial no dejaba nada a medias. Ya no tenía el colmillo de plata. Sentí un alivio inmediato; me había quitado un peso de encima. No solo un recuerdo de mi captor, sino un blanco fácil de identificar. Si buscan plata, si buscan a colmillo. No me encontrarán.

Sentí un frío en el estómago que no tenía nada que ver con el vino, pero esta vez, mezclado con una pequeña ventaja.

—Tendré en cuenta el consejo, Madame —dije, poniéndome de pie—. Tanto el del placer como el del peligro.

Zafiro sonrió, recuperando su picardía habitual.—Si no quieres al Fae, podrías prestármelo un rato… Así tú podrías ir con alguna de mis chicas, como lo hacías antes. —Soltó una risa empapada en burla—. La oferta de la casa siempre está abierta para ti.

No pude evitar reír también, sacudiendo la cabeza.

—Nunca cambia, Madame Zafiro.

—Mantengo el encanto, mi niña. Eso es todo.

Salí de la oficina y subí las escaleras hacia la habitación azul. Al entrar, el vapor me golpeó la cara.

Rozen ya estaba ahí, sumergido en la tina de cobre, con la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados. Parecía que vivía en el agua estos días.

—Largo día, ¿no, Aldariel? —preguntó sin abrir los ojos.

—Bastante —respondí, quitándome las botas y recostándome en la cama, mirando el techo.

—¿Cómo va todo con Madame Zafiro? —preguntó él, chapoteando un poco.

—Extraño —dije, siendo brutalmente honesta—. Dice que debería tener sexo contigo. Que está decepcionada de que mis gemidos no suenen por todo el burdel.

Rozen soltó una carcajada, abriendo los ojos. Me miró con una sonrisa divertida y depredadora.

—Vaya… es una mujer muy sabia. Deberías seguir su consejo.

Lo miré de reojo, ignorando su coqueteo.

—También dijo que Raymond y sus cuatro sombras se acercan desde el Norte. Que están quemando pueblos buscándonos.

La sonrisa de Rozen no desapareció, pero cambió. Se volvió más afilada, más fría.

—Vaya… —murmuró, hundiéndose un poco más en el agua caliente—. Las cosas están por ponerse interesantes entonces, ¿no crees, Aldariel?

Cerré los ojos, sintiendo el peso de la eternidad y la inminencia de la guerra.

—Eso creo, Rozen. Eso creo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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