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Saga de hueso y plata. Libro 1: La Llave Rota - Capítulo 75

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Capítulo 75: Cuando el Cielo se Rompe

La noche siguiente, mientras me limpiaba la sangre de los nudillos con un trapo sucio en un callejón oscuro, las palabras de Madame Zafiro resonaban en mi cabeza.

“No deberías privarte de ciertos placeres… el cuerpo recuerda lo que la mente quiere olvidar”.

Miré a Rozen. El Fae estaba recargado contra una pared de ladrillo, con su forma humana de “Brent” puesta para el trabajo, terminando de amarrar al traficante de poca monta que había cometido el error de intentar vender su basura cortada con veneno de rata en la zona de Zafiro. Rozen tarareaba una melodía antigua mientras trabajaba, eficiente y brutalmente elegante incluso en la tarea más sucia.

Sentí ese tirón familiar en el estómago. No era amor. Ni siquiera sé si era lujuria pura. Era… curiosidad. Y quizás, una necesidad desesperada de sentir algo que no fuera miedo, rabia o el frío de la muerte.

Quizás esta noche, pensé, tirando el trapo manchado. Quizás cuando terminemos, subiremos a la habitación azul y talvez dejaré que el Fae me haga olvidar al Titán.

—Listo el paquete —dijo Rozen, enderezándose y volviendo a su forma Fae en un parpadeo, disfrutando de la libertad de las sombras—. Zafiro enviará a alguien a recogerlo para el guardia. ¿Volvemos? Tengo hambre.

—Sí, volvemos —respondí, mi voz sonando un poco más ronca de lo habitual.

Caminamos por las calles laberínticas de la ciudad baja, dirigiéndonos hacia el calor y la relativa seguridad del burdel. El aire estaba cargado con los olores habituales de la noche urbana: guiso barato, alcantarilla y humo de carbón.

Entonces, todo cambió en un solo latido del corazón.

El primer aviso fue el silencio. Los perros callejeros dejaron de ladrar al unísono. El bullicio lejano de las tabernas se cortó.

El segundo aviso fue el frío.

No fue una brisa fresca de la noche. Fue una bofetada de aire polar que congeló el sudor en mi frente instantáneamente. Mi aliento salió en una nube de vapor blanco.

—¿Qué demonios? —murmuré, abrazándome a mí misma. Estamos demasiado al sur para esto. Aquí el invierno es apenas una lluvia molesta.

Rozen se detuvo, con las orejas puntiagudas crispadas hacia el cielo. Su expresión despreocupada se había evaporado.

—Esto no es clima, Aldariel —dijo, su voz tensa—. Esto es magia…están aquí.

El suelo bajo nuestras botas tembló. No fue un terremoto profundo, sino una vibración superficial, como si la piel de la tierra estuviera tiritando de miedo. Los adoquines vibraron, haciendo tintinear los charcos de agua sucia que comenzaban a congelarse.

Levanté la vista. Y el terror me heló más rápido que el viento.

El cielo nocturno no estaba negro. Se estaba… rompiendo.

Nubes antinaturales, pesadas y de un color violeta enfermizo y verde toxico, aparecieron de la nada. No flotaban; hervían. Se movían a una velocidad imposible, chocando entre sí, arremolinándose en contra de la dirección del viento helado que nos azotaba la cara.

Era como mirar un océano tormentoso invertido sobre nuestras cabezas. El cielo parecía estar colapsando sobre la ciudad, un techo de brujería a punto de caer.

—Zafiro tenía razón —dijo Rozen, y por primera vez vi miedo genuino en sus ojos antiguos—. Tocamos la campana. Y algo ha venido a cenar.

El pánico estalló en las calles. La gente salía de las tabernas y casas, gritando, señalando al cielo, corriendo sin rumbo fijo, pisoteándose unos a otros en un intento inútil de escapar de algo que estaba en todas partes.

—¡Al burdel! —grité, agarrando el brazo de Rozen—. ¡Las protecciones de Zafiro!

Dimos dos pasos hacia el edificio rojo cuando sucedió.

Un sonido que no era de este mundo desgarró el aire. Un chillido agudo seguido de un trueno que hizo que me dolieran los dientes.

Algo inmenso cayó del cielo.

No lo vimos impactar, pero sentimos la sacudida. Fue cerca. Demasiado cerca. A unas pocas calles de distancia, hacia el mercado central. Una columna de polvo, escombros y luz azulada se elevó por encima de los tejados, iluminando la noche con un resplandor espectral.

El impacto vino acompañado de una onda expansiva de pura energía mágica. Me golpeó en el pecho como un martillo, dejándome sin aire, y me tiró al suelo adoquinado.

Rozen, más sensible a la magia, cayó de rodillas, llevándose las manos a la cabeza con un grito de dolor.

Me levanté tambaleándome, ayudándolo a incorporarse. El polvo del impacto nos cubría, mezclándose con la escarcha que empezaba a caer.

—¿Qué fue eso? —jadeé—. ¿Raymond?

Rozen negó con la cabeza, con sangre manando de su nariz perfecta debido a la presión mágica.

—No… Raymond es un perro con una espada. Eso… eso es algo antiguo. Algo que el Manantial despertó.

Miré hacia la columna de luz y polvo. Y entonces lo sentí. No necesitaba ser Fae. La presencia que había aterrizado allí irradiaba un hambre que conocía bien.

No estaba buscando en general. Nos estaba buscando a nosotros. Podía sentir su atención enfocándose, como un ojo gigante girando hacia nuestra posición.

Miré hacia el burdel, a solo una calle de distancia. Pensé en Zafiro, en las chicas, en la seguridad de la habitación azul.

Si íbamos allí, llevaríamos esa cosa directamente a nuestra única aliada. Zafiro era poderosa, pero esto… esto se sentía como el fin del mundo.

—No podemos ir con Zafiro —dije, tomando una decisión que me dolió—. Destrozará el lugar. Matará a todos solo para llegar a nosotros.

Rozen entendió al instante. Se limpió la sangre de la nariz y asintió, su rostro endurecido por la resolución.

—Daños colaterales. Tienes razón.

—Tenemos que sacarlo de aquí —dije, desenfundando la daga negra de Vorden, que ahora era mía—. Hay que llevarlo a campo abierto.

—A las afueras —completó Rozen, señalando en dirección opuesta al impacto, hacia las murallas rotas del sur de la ciudad—. Donde el único objetivo seamos nosotros.

—Corre, Fae —gruñí, echando a correr—. A ver si tu inmortalidad es tan buena como dices.

Dimos la espalda a nuestro refugio y corrimos hacia la tormenta, hacia el borde de la ciudad, actuando como el cebo vivo que éramos para arrastrar a la pesadilla lejos de los inocentes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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