Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Saga de hueso y plata. Libro 1: La Llave Rota - Capítulo 81

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Saga de hueso y plata. Libro 1: La Llave Rota
  4. Capítulo 81 - Capítulo 81: El pago por el silencio
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 81: El pago por el silencio

El cerrojo de la puerta chasqueó, dejando fuera el ruido del burdel y la mirada herida de Rozen.

La chica se giró, apoyándose contra la madera con una confianza arrogante. Me miró de arriba abajo, evaluando la mercancía.

—Bueno, entonces… —murmuró con una sonrisa torcida—. ¿Eres mía a cambio de información?

Me encogí de hombros, dejando la bandeja sobre una mesa auxiliar con indiferencia.

—No sería la primera vez que uso mi cuerpo para obtener algo.

—Vaya —respondió ella, dando un paso hacia mí—. Dada tu reputación, pensé que intentarías matarme al instante.

La miré con honestidad brutal.

—Si te hubieras acercado a mí en un callejón oscuro hablando sobre Raymond o llamándome “Colmillo”, tu cabeza ya estaría rodando por el suelo. No dudo que Madame Zafiro sea capaz de esconder un cadáver por mí, pero prefiero valerme por mí misma. Y honestamente… prefiero no causarle más problemas de los que ya tiene. Así que no, no planeo matarte. Al menos no en esta habitación.

Ella soltó una risa suave, acercándose más.

—Ahora… —continué, bajando la voz—. ¿Podrías decirme cómo carajo me encontraste?

—Claro, cielo…

La palabra fue un chispazo en un cuarto lleno de pólvora.

Me moví antes de que pudiera parpadear. Mi mano izquierda se cerró alrededor de su garganta, empujándola contra la pared con violencia, mientras mi derecha desenfundaba su propia daga y presionaba la punta contra su hígado.

—¿Quién te dijo que me llamaras así? —siseé, sin rastro de la pasividad de la cantinera. Mi voz era puro hielo y acero.

Los ojos de la chica se abrieron de par en par, el aire atrapado en su garganta.

—Creí… creí que no me matarías aquí… —dijo con voz ahogada.

—¡¿Quién carajo te dijo que me llamaras así?! —repetí, subiendo el tono, apretando el agarre en su cuello.

—Nadie… —respondió ella, levantando las manos en señal de rendición—. ¡Nadie! Es solo una expresión…

La miré un segundo más, buscando la mentira. Al no encontrarla, solté su cuello, aunque no guardé la daga.

—Si vuelves a llamarme así, te cortaré la lengua. Y eso te dejaría sin tu única moneda de cambio para negociar. ¿Entendido?

La chica tosió, frotándose la garganta enrojecida. Me miró con una mezcla de miedo y una excitación nueva, oscura.

—Está bien… lo siento, linda —dijo, con la voz ronca—. No sabía que tocaba una herida abierta. Mierda, sí que estás loca.

Se acomodó la ropa y recuperó la compostura.

—En fin, como decía… cuando alguien le paga a mi patrona por volar en grifos con el precio de “urgencia máxima”, se hacen preguntas. Es algo que Madame Zafiro y mi señora tienen en común: saben proteger sus intereses. Me mandaron tras del tal Raymond para asegurar que el pago no fuera problemático. Lo seguí hasta aquí.

Sus ojos brillaron.

—Vi la pelea en las ruinas. Vi cómo te mató. Y vi cómo volviste. Supongo que por eso ya no traes el “Colmillo” del que tanto hablaban en el Norte; ahora tienes algo mucho más peligroso.

Me quedé helada. Ella era el testigo. O uno de ellos.

—Tranquila… —susurró la chica.

Lentamente, comenzó a desabotonar su blusa de cuero, dejándola caer al suelo, descubriendo unos pechos firmes y pálidos. Se acercó despacio, invadiendo mi espacio, y me besó suavemente en los labios. Un beso de prueba.

—Si entretienes mis labios… permanecerán cerrados —murmuró contra mi boca—. Te diré todo lo que escuché en el Norte, y nadie escuchará de la cantinera que vuelve del más allá.

Comenzó a despojarme de mi ropa, sus manos hábiles deshaciendo los lazos de mi corsé. Quedamos piel contra piel, nuestros pechos rozándose, el calor de sus cuerpos contrastando con el frío de mi magia latente.

—¿Tenemos un trato? —preguntó ella.

La tomé por la nuca y la besé con furia, un beso hambriento, no de amor, sino de necesidad de callar el ruido en mi cabeza.

—Trato —respondí sobre sus labios.

Bajé mi mano, deslizando los dedos bajo la tela de su ropa interior, buscando su calor. Ella jadeó en mi oído.

—Qué dedos tan ágiles, linda…

—¿Cómo carajo me viste morir? —pregunté, sin detener el movimiento de mi mano, usándolo para mantenerla enfocada.

—Como dije… —gimió ella, echando la cabeza hacia atrás— seguí a Raymond. Te vi a ti y al Fae. Incluso al chico escondido en las ruinas, el espía de Zafiro. Eso no fue una pelea, te patearon el trasero…

Apreté los dientes. Jalé su cabello para que me mirara y metí los dedos aún más profundo en ella, arrancándole un grito ahogado.

—¿Cómo sé que no hablarás?

—Sigue haciéndome gemir… —jadeó— y es el único sonido que saldrá de mi boca respecto a ti.

—Muchos hombres me han dado su palabra y ha sido en vano —repliqué con amargura.

Ella me tomó por el rostro y me besó apasionadamente, mordiendo mi labio inferior. Luego, bajó su mano y la metió bajo mi propia ropa interior, encontrando mi humedad con una precisión experta.

—Por si no te habías dado cuenta, linda… no soy un hombre —susurró—. Las chicas como yo tenemos palabra. Al no tener muchas posesiones, es lo único de valor que podemos ofrecer.

Me empujó hacia la cama y caímos juntas, un enredo de extremidades y piel. Nos desnudamos por completo. Me dejé llevar, besando su intimidad, devorándola con un hambre que desconocía, una mezcla de adrenalina y desesperación.

Entre gemidos y espasmos, la chica siguió soltando la verdad.

—Raymond… envió un mensajero… al castillo de Vorden… —jadeó mientras mi boca trabajaba en ella.

Me detuve en seco y levanté la mirada.

—¿Qué?

—No pongas esa cara, linda… tenemos un trato, ¿no? Piel por secretos… y estás haciendo tu parte de maravilla.

Volvió a jalarme hacia ella, y continuamos. El placer se mezclaba con el pánico de la información.

—Raymond envió mensajes para que un destacamento fuera al Norte a buscar al Comandante… —dijo entrecortadamente—. Y uno más… que se dirige al Sur.

Al escucharlo, detuve mis caricias de golpe. Me incorporé, quedando a horcajadas sobre ella.

—¿Vienen hacia acá?

La chica solo sonrió, con los ojos vidriosos por el placer interrumpido.

Me incliné, quedando cara a cara con ella, y la besé profundamente, dejándola probar su propia humedad en mis labios.

—Hice una pregunta —susurré contra su boca.

—Sí, linda… vienen hacia acá.

—¿Cuáles son sus órdenes? —pregunté, bajando la atención a sus pechos, presionando y mordiendo con suavidad, exigiéndole la respuesta con dolor y placer.

—Esperarán a las afueras… —respondió ella entre espasmos, arqueando la espalda—. Llegarán en unos días… si al cabo de una semana no hay señales de Raymond… atacaran la ciudad buscándote.

Me detuve, procesando el dato.

La chica me miró, recuperando el aliento, y deslizó su pierna entre las mías.

—Tienes poco más de dos semanas para prepararte o para huir, linda… —dijo, acomodándose para quedar con las piernas entrelazadas con las mías, frotando su centro contra el mío—. Te recomiendo que termines de pagar mi silencio.

Esbocé media sonrisa, oscura y resignada. El reloj había comenzado a correr, pero por esta noche, el tiempo se detenía en esta habitación.

La besé, y ambas comenzamos a mover nuestras caderas, frotando nuestros cuerpos en un ritmo frenético y compartido, buscando olvidar, aunque fuera por un momento, que la guerra ya estaba tocando a la puerta.

Cuando nuestros cuerpos finalmente se detuvieron, empapados en sudor y con la respiración entrecortada, el silencio volvió a la habitación. Pero ya no era un silencio vacío; estaba cargado de una complicidad densa y pegajosa.

La chica, con el cabello revuelto y una sonrisa de satisfacción felina, se inclinó hacia mi oído mientras yo recuperaba el aliento.

—Por órdenes de mi Señora, me quedaré por aquí —susurró, mordiendo suavemente el lóbulo de mi oreja—. Quiere saber qué es lo que pasa cuando el Norte baja al Sur. Así que… si decides que necesitas más secretos, o más caricias… estaré cerca.

Se levantó de la cama con una agilidad perezosa. No se molestó en arreglarse demasiado. Se puso la blusa dejando los tres primeros botones abiertos, mostrando la piel enrojecida por mis besos, y se ajustó el cinturón con la daga, dejando que su falda quedara ligeramente desalineada. Era deliberado. Quería que se notara. Quería oler a sexo y a triunfo.

Caminó hacia la puerta y la abrió sin mirar atrás.

A través de la rendija, vi a Rozen. Seguía allí, montando guardia, rígido como una gárgola de piedra. Sus ojos violetas se clavaron primero en la chica desaliñada que salía con una sonrisa burlona, y luego, inevitablemente, buscaron el interior de la habitación.

Me levanté de la cama, caminando hacia la puerta sin cubrirme.

Sentí su mirada recorrer mi desnudez, no con deseo, sino con una mezcla de shock y dolor mudo. Podía ver las preguntas agolpándose en su garganta, el juicio silencioso de un ser que no entendía la desesperación.

Me detuve en el umbral. Lo miré directamente a los ojos, con la barbilla en alto, desafiante. No había vergüenza en mí. Solo la frialdad de quien hace lo necesario para sobrevivir una noche más.

Sostuve su mirada hasta que él tuvo que apartar la suya.

Sin decir una palabra, cerré la puerta.

El clic del cerrojo sonó como un disparo, dejándome sola para vestirme y prepararme para la guerra que, ahora sabía, llegaría en dos semanas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo