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Saga de hueso y plata. Libro 1: La Llave Rota - Capítulo 82

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Capítulo 82: El Sabor del Control

El sonido del cerrojo aún resonaba en la habitación vacía.

Me quedé de pie en el centro del cuarto, desnuda, con el aroma de la chica —almizcle, perfume caro y sudor— todavía impregnado en mi piel. Mis piernas temblaban ligeramente, no por miedo, sino por la descarga de adrenalina que acababa de vivir.

Me acerqué al espejo de cuerpo entero que había en la esquina.

La mujer que me devolvía la mirada no era la rata callejera que temblaba de frío en los callejones del Norte. Esa niña había muerto.

Me toqué los labios, recordando la suavidad de la boca de la chica. Nunca había estado con una mujer. Era… diferente.

Una risa amarga brotó de mi garganta al ver mi reflejo.

—Maldita la ironía… —murmuré.

En las calles, me había negado a usar mi cuerpo como moneda de cambio. Había pasado hambre, había dormido bajo la lluvia y me había roto los nudillos peleando para que nadie me tocara. Me había aferrado a esa “pureza” estúpida, dándole un valor especial, creyendo que era lo único que nadie podía quitarme si yo no quería.

—Estúpida —le escupí a mi reflejo—. De verdad llegaste a pensar que él querría algo más de ti…

El destino, con su humor retorcido, había guardado mi primera vez para un Titán abusivo. Para Vorden. Me entregué a él no por amor, sino por manipulación, para sobrevivir a una cena, creyendo sus mentiras de grandeza. Él tomó lo que yo había protegido con tanta fiereza y lo convirtió en un trámite antes del postre.

Y luego el Fae…

Cerré los ojos un segundo. El sexo con Rozen había sido otra cosa. Ebriedad, lujuria y una necesidad desesperada de venganza compartida. No hubo amor allí tampoco, solo dos seres rotos buscando olvidar.

Y ahora esto. Piel por secretos.

—En las calles me reservaba porque creía que el sexo tenía valor —me dije en voz alta, endureciendo la mirada—. Ahora lo hago por sobrevivir. Por venganza. Por información.

Me pasé una mano por el vientre plano y perfecto.

Comenzaba a creer que el “sexo por amor” era un cuento de hadas, tan falso como la bondad de los Titanes. Pero había algo nuevo en la ecuación de esta noche.

Con la chica… no fui la víctima. Fue una mutua manipulación.

Una sonrisa fría curvó mis labios al reconocerlo.

Ella usó sus secretos para comprar una noche en mi cama. Yo usé mi piel para comprar su silencio y su información. Ambas jugamos, ambas obtuvimos lo que queríamos. Nadie perdió, nadie lloró.

—Empiezo a disfrutar ser yo quien tiene el control del intercambio —murmuré.

Me gustaba. Me gustaba saber que mi cuerpo ya no era un tesoro que proteger, sino una llave maestra que yo decidía cuándo girar. Me gustaba saber que podía hacer gemir a alguien hasta que me diera lo que yo quería, en lugar de suplicar por mi vida.

Me empecé a vestir con calma. Ajusté el corsé como si fuera una coraza, subí las medias, abroché los botones de la blusa hasta el cuello. Cada prenda era una pieza de armadura para la nueva Aldariel.

—Dos semanas —susurré, calzándome las botas y escondiendo la daga en el liguero—. Tienes dos semanas para dejar de ser la niña que se guardaba para el amor y convertirte en el monstruo que usa todo lo que tiene.

Ya con la ropa puesta, volví a mirarme al espejo.

Levanté la mano y toqué mi rostro a la altura de la nariz, luego bajo el ojo izquierdo. La piel estaba lisa, perfecta y fría. Pero en mi mente, el reflejo tenía la cara destrozada. Podía sentir el fantasma del dolor, el crujido del cartílago roto, la hinchazón que me cerraba el párpado. La memoria de la paliza en el callejón era más real que la imagen impecable que me devolvía el cristal.

Bajé la mano, sintiendo un peso enorme en el pecho.

—Me pregunto qué hubiera pasado si Vorden no me hubiera encontrado… —murmuré a la habitación vacía.

¿Cuánto tiempo más habría tardado en encontrar a alguien más con sangre de Fae? ¿Lo suficiente como para que no fuera mi problema? ¿Y si su destino siempre fue morir en la orilla del Manantial y no dentro de él?

Si yo no me hubiera ahogado, no habría nuevos inmortales… los Despojados seguirían durmiendo en el Vacío. El mundo seguiría siendo una mierda, pero sería una mierda relativamente segura.

Cerré los ojos con fuerza, apretando los puños hasta que los nudillos se pusieron blancos. El deseo quemó en mi garganta como un trago de licor fuerte.

—Cómo me gustaría volver… y salvarme a mí misma.

De repente, el aire de la habitación cambió.

No hubo luz dorada, ni cánticos celestiales. Hubo frío. Un frío absoluto, sepulcral, que atravesó mi ropa y caló hasta los huesos. El sonido del burdel desapareció, reemplazado por el goteo constante de agua sobre piedra sucia y el siseo del viento en un callejón estrecho.

—Vaya… entonces sí eres tú, sangre de Fae.

Esa voz.

Abrí los ojos de golpe, aterrada.

El espejo había desaparecido. La cama, las cortinas de terciopelo, la chica… todo se había ido.

Estaba de pie en el callejón del Norte. Olía a basura podrida, a lluvia helada y a sangre cobriza.

Y allí, a dos metros de mí, estaba él. Vorden.

Pero no el Vorden que la cueva devoró. Era el Vorden de esa noche. Enorme, brutal, con su armadura negra brillando bajo la luz de la luna. A sus pies, tirada en el barro como un muñeco roto, estaba yo. Mi yo del pasado. Inconsciente, sangrando, vulnerable.

Vorden sostenía la muñeca de mi yo pasado, a punto de probar la sangre para verificar el mapa. Pero se detuvo. Levantó la vista y me miró directamente a mí, a la Aldariel del presente parada frente a él.

Sus ojos brillaron con reconocimiento y hambre.

—Vaya… —repitió, soltando la muñeca de la chica en el suelo y enderezándose cuan alto era—. Este será un viaje interesante rata callejera.

Dio un paso hacia mí. La presión de su presencia era asfixiante.

—¡No! —grité, dando un paso atrás por instinto, tropezando con una caja que no debería estar ahí. Cai de nalgas al piso.

El miedo, puro y primitivo, estalló en mi pecho. No quería estar ahí. No podía estar ahí.

La realidad crujió como un cristal pisado.

Una grieta luminosa y dentada se abrió en el aire entre nosotros, separando el callejón de la habitación del burdel. El frío del norte chocó con el calor del incienso.

Empecé a ser arrastrada hacia atrás, hacia mi presente, hacia la seguridad.

Pero antes de que la grieta se cerrara, vi a Vorden sonreír. Una sonrisa de depredador que sabe que la presa no tiene escapatoria. No intentó seguirme. No intentó cruzar la grieta.

Simplemente se agachó, levantó el cuerpo inerte de mi yo pasado del piso y se lo echó al hombro como un saco de harina.

Me miró una última vez a través de la ruptura, con el cuerpo de mi pasado cargado sobre su hombro masivo. Sus ojos se clavaron en los míos, ignorando las leyes del tiempo.

—Nos volveremos a ver —dijo con una calma sepulcral.

Y se dio la vuelta, alejándose hacia la oscuridad del callejón, llevándose mi destino con él.

¡CRACK!

La realidad se cerró de golpe con el sonido de un hueso rompiéndose.

Como pude me levante lo suficiente para quedar de rodillas en la alfombra de la habitación privada, jadeando, con el corazón martilleando contra mis costillas como un pájaro enjaulado. El espejo estaba intacto frente a mí. El silencio del burdel regresó.

Me toqué la cara frenéticamente. Perfecta. Lisa.

Pero el frío del callejón seguía en mi piel, y la sonrisa de Vorden… esa maldita sonrisa… estaba grabada en mi retina.

No había sido un recuerdo. Había estado allí. Y él me había visto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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