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Saga de hueso y plata. - Capítulo 77

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  4. Capítulo 77 - 77 Una Pared de Acero y Llanto
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77: Una Pared de Acero y Llanto 77: Una Pared de Acero y Llanto Cuando Rozen empujó la puerta de la habitación azul, el vapor de mi baño ya se había disipado, dejando el aire tibio y húmedo.

Yo estaba sumergida en la tina, con el agua llegándome al cuello, pero no estaba relajada.

Estaba esperando.

En cuanto su bota pisó la madera del suelo, mi brazo salió del agua con un movimiento seco y violento.

¡ZAS!

La daga negra de Vorden cruzó el cuarto como un relámpago oscuro y se clavó en el marco de la puerta, a menos de cinco centímetros de la nariz del Fae, vibrando con un zumbido letal.

Rozen no parpadeó, pero se quedó inmóvil, mirando el acero que casi le cuesta un ojo.

Luego bajó la vista hacia mí.

—Aldariel…

no me hagas esto —dijo con voz cansada, cerrando la puerta tras de sí con suavidad—.

No te mentí por gusto.

Las protegía.

A ti y a Zafiro.

Dio un paso hacia la tina, con las manos abiertas en señal de paz.

—Creí que los Despojados seguían encerrados en el Vacío.

Es donde pertenecen.

No pensé que el simple hecho de abrir el Manantial…

aunque lo sintieran, aunque la magia eterna los llamara como un faro…

creí que las barreras aguantarían.

Creí que no podrían venir aquí.

—Creíste mal —escupí, sin moverme del agua—.

Y por tu “creencia”, casi nos devora una sombra parlante.

—Tenemos que hacer algo, Aldariel —insistió él, ignorando mi hostilidad—.

No podemos quedarnos sentados esperando al siguiente.

—Lo único que tenemos que hacer juntos, Rozen, es entrenar —lo corté, mirándolo con frialdad—.

Vas a enseñarme a usar esa magia que dices que viene con la inmortalidad.

Los acabé o no, es la única defensa real que tenemos y necesito saber usarla.

No voy a depender de que tú llegues a salvarme con tu espada brillante en el último segundo.

Rozen asintió gravemente.

—Sí…

Aldariel.

Te enseñaré a usarla.

Es tu derecho.

Me recosté en el borde de la tina, mirando al techo, sintiendo una mezcla de furia y decepción que me quemaba más que el agua caliente.

—Y pensar que estaba pensando en coger contigo de nuevo…

—susurré para mí misma, con amargura.

El Fae ladeó la cabeza, frunciendo el ceño.

—¿Qué dijiste?

Me incorporé de golpe, haciendo que el agua se desbordara, furiosa porque me hubiera escuchado, furiosa por sentirlo.

—¡Dije que estoy harta de que me manipulen y me mientan!

—grité, y mi voz se quebró—.

Da igual si es un Titán que me ve como una maldita llave o un Fae que dice que es por cuidarme…

¡Estoy hasta la madre de las putas mentiras!

¡Eso es lo que dije!

Rozen bajó la mirada, avergonzado de verdad por primera vez.

—En verdad lo siento, Aldariel.

—Lárgate —ordené, señalando la puerta—.

Quiero cambiarme a solas.

Ya me has visto desnuda lo suficiente, no necesitas verme más.

Dile a Madame Zafiro que te dé otra habitación o duerme en el pasillo como un perro.

No me importa.

Pero no quiero verte.

—Aldariel…

—¡No!

—Lo detuve—.

No quiero verte hasta mañana.

En el lugar de la pelea, en las afueras.

Ahí me ayudarás a usar la magia.

Rozen se detuvo con la mano en el pomo de la puerta, su postura derrotada.

—¿Y si Madame nos deja más encargos?

—preguntó en voz baja.

—Podemos hacerlos cada uno por su cuenta —sentencié—.

Te veo mañana al atardecer para entrenar.

Ahora largo.

—Está bien…

—murmuró, abriendo la puerta y recuperando mi daga del marco con un tirón suave.

La dejó sobre la mesa de noche sin mirarme—.

Lo siento, Aldariel.

Salió y cerró la puerta.

El clic de la cerradura sonó definitivo.

Me quedé mirando la madera cerrada durante un minuto entero, manteniendo la respiración, manteniendo la postura de guerrera intocable.

Pero en cuanto mis pulmones exigieron aire, la máscara se rompió.

Me abracé las rodillas dentro de la tina y me deshice.

Las lágrimas brotaron calientes y rápidas, mezclándose con el agua del baño.

Lloré por el miedo que sentí ante el Despojado, lloré por la rabia de ser siempre la pieza de ajedrez de alguien más, y lloré porque, en el fondo, quería confiar en él.

Quería que Rozen fuera diferente a Vorden.

Y dolía demasiado descubrir que, al final, todos guardan secretos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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