Saga Dynastia: Lazos De Sangre. - Capítulo 1
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- Capítulo 1 - 1 Sangre Nieve y Acero
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1: Sangre, Nieve y Acero 1: Sangre, Nieve y Acero Era un día nevado, la copa de los árboles estaban llenas de nieve, denotando un paisaje agradable a la vista.
Un camino se extendía en medio de ellos, recto, hecho por el ser humano, agrandado para el paso de más de una columna de hombres, sin embargo, era poco el uso que se le daba: las ramas se extendían como manos, como intentando agarrar a algún desprevenido transeúnte debido al paso del tiempo y el abandono, pocos eran los que se aventuraban por ese sendero.
Un viento frio movió las alargadas ramas provocando que el sonido de la madera crujir se extendiera por buena parte del camino, con un eco que erizaba la piel de cualquier ser viviente que se encontrara cerca, y si no lo hacía, el potente frio atravesaría la piel hasta los huesos.
Sin embargo, el camino no estaba solo ese día.
A lo largo del mismo, detrás de los árboles por encima del mismo, estaban soldados vestidos con armaduras blancas laminadas, un lujo en aquella época, pero que visualizaba una hábil administración de los recursos de su nación, cada soldado la llevaba y además, en ese momento, estaban con ballestas cargadas en sus manos, algunos recordaban su entrenamiento, otros tenían el corazón acelerado, por los nervios, la emoción y el miedo.
Solo uno se mantenía sereno, tenía los ojos verdes, clavados en la nada mientras se concentraba en el sonido que provenía del camino cada vez más fuerte, interrumpiendo la paz de aquel bosque nevado.
Su cabello rubio se movió cuando una nueva corriente de viento se manifestó.
El sonido de pasos de soldados armados se hizo presente y después aparecieron los mismos.
Hombres, con la mirada de la guerra, listos para asesinar, listos para derramar sangre.
Sus pasos eran firmes, fuertes, imponían con su sola presencia.
Sus escudos redondos, sus cascos característicos del norte, varios con frondosas barcas, otros sin ellas o recortadas y sus armaduras, menos o más completas, daba igual, pues, aunque estuvieran poco protegidos su fuerza y valor las hacía, para ellos, innecesarias.
El hombre de antes, de armadura blanca, miro a los árboles y observo a otros de sus compañeros, con armadura ligera, apenas un gambesón blanco, armados con arcos, otros con ballestas, se encontraban en la copa de los árboles esperando la orden de su líder.
Era el mismo hombre de ojos verdes.
Este observo con cuidado el camino, viendo pasar cuatro columnas de soldados nórdicos, confiados y sintiéndose seguros.
Finalmente volvió a colocarse en su posición y cerrar los ojos, pensando, recordando antes de dar la orden y hacer que el zumbido de las flechas diera comienzo la batalla.
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