Saga Dynastia: Lazos De Sangre. - Capítulo 10
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- Capítulo 10 - 10 El Gran Maestre
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10: El Gran Maestre 10: El Gran Maestre Varios meses después de los duelos, los niños estaban entrenando en diversas áreas, todas especializadas en las fortalezas en las distintas armas que habían usado a través del tiempo.
Espadas, hachas, lanzas, a caballo y arco y flecha.
El propio monarca estaba presente, entrenando junto a los reclutas fortaleciendo su lazo con ellos.
Excepto con Kristian, este miraba un poco apartado, algo temeroso, junto a Karl y el capadocio.
–Que sucede?
¿Te asusta el rey?
–Dijo levantando una ceja extrañado.
–Es un poco complicado –Contesto Kristian meneando la cabeza.
Karl le dio un golpe en la nuca a Caleb.
–No te metas donde no debes enano, concéntrate en disparar tus flechitas mejor que el rey.
El sonido las flechas impactando en el blanco los hizo volver a concentrarse en el momento.
El rey disparo junto a otros reclutas a blancos a cincuenta metros de distancia, Antonio obtuvo mejor resultado al estar más cerca del centro su flecha.
Los reclutas lo admiraron y felicitaron, pero este con humildad les dio consejos y ánimos para mejorar, como un padre a sus hijos, con una voz autoritaria, pero cargada de sabiduría.
Caleb se animó un poco y paso al frente después de darle un codazo a Karl en respuesta al golpe que recibió hace rato.
Se coloco en la línea de tiro hacia el blanco que había disparado el rey, junto a otros soldados que se colocaron para también disparar.
Un hombre alto, delgado, vestido con un gambesón verde oliva, sombrero con una pluma roja, bigotes y una barba recortada con sus pómulos finos y ojos azules daba consejos a los jóvenes.
Era uno de los arqueros largos ingleses, los mejores arqueros que había en Europa y el rey había hecho traer a varios para entrenar a los arqueros de la Guardia Blanca y arqueros regulares.
Caleb tomo su arco, lo examino un poco: estaba ajustado a su medida, madera de tejo, la preferida para los arcos, con una curvatura que ayudaba a la potencia que se almacenaba.
Tenía algunos detalles, como runas que invocaban al dios de la caza Ullr, que rezaba: “Poderoso Ullr, guia mis flechas a mis enemigos al Valhalla”.
Después de analizarlo, tomo una flecha, la preparo colocándola en su arco, tomando la flecha usando la técnica que le habían explicado, la de los tres dedos, el índice, el medio y el anular.
Una gota de sudor recorrido su frente, los reclutas guardaron silencio, observando a sus compañeros prepararse para dar el tiro.
El instructor levanto su brazo, ordenando apuntar.
Los reclutas que eran cuatro incluyendo a Caleb, tensaron el arco, apuntando lo mejor que pudieron a sus blancos, pero Caleb, estaba calmado, como si su sangre capadocia se activara, como si una habilidad ancestral despertase en él.
Instantes después, el instructor ingles bajo el brazo de golpe ordenando el fuego.
El zumbido de las flechas dirigido a los blancos no se hizo esperar.
Dos de las flechas dieron alejados del blanco, una directamente no dio en la diana y una dio en el centro.
Caleb, que había cerrado los ojos después de disparar, los abrió lentamente, observando como la flecha en el centro era la suya.
Una sonrisa se dibujó en su rostro al tiempo que daba un pequeño salto de alegría, los reclutas también celebraron, Antonio se acercó.
–Nunca había visto un tiro tan certero, tienes un potencial sorprendente.
El joven rey le sonrió a Caleb y este le brillaban los ojos con ilusión.
Kristian observaba de lejos, miro sus manos, quizás si se esforzaba en esas pruebas, tendría algo de afecto por parte de su hermano.
Después de celebrar dividieron a los reclutas en las áreas que habían visto desarrollo, Karl como es evidente tomo su hacha y empezó a recibir adiestramiento en cómo manejarla, usaban figuras humanas de madera para enseñar donde golpear y donde cortar a sus enemigos.
Caleb y Kristian en sus respectivas áreas, de arquería y esgrima cada uno, los puntos débiles debían ser explotados con fuerza y rapidez, eran entrenados para aprovecharlos lo máximo posible, maximizando su eficiencia en combate.
Entrenaban hasta que no podían más, hasta que sus músculos pedían clemencia, las gotas de sudor caían en la nieve y cuando hubo pasado el tiempo, en la tierra, en la nieve nuevamente y así repitiendo el proceso.
Habían empezado con las pruebas físicas a los siete años y durante los próximos nueve años derramaron sangre sudor y lágrimas, fortaleciendo sus lazos de hermandad y camaradería al máximo, los tres amigos nunca dejaron de ser cercanos, gracias a su unión tampoco dejaban de ser ellos mismos, después de cada entrenamiento solían hablar largas horas en las barracas o en las murallas cuando les tocaba mantenerlas, observando el atardecer, con esperanza de un futuro glorioso.
El entrenamiento no era precisamente el más común en Europa, los soldados eran entrenados en todas las areas posibles, teniendo habilidades con todas las armas y siendo adaptables a cualquier situación.
La infantería era entrenada en formaciones variadas, diversas armas y la caballería, debido a que el rey era más que nada un guerrero a caballo y tenía cierta afición por la equitación, por ello se le daba una gran importancia dentro del ejército y los tres, aunque con mucha practica lograron dominar todo lo que le ponían enfrente.
En sus tiempos libres, los cuales eran pocos, solían pasear o leer libros juntos, bromeando o contando sus historias cuando entrenaban por separado.
De vez en cuando, Abril visitaba a Kristian, pero eran pocas las veces que Antonio la dejaba presentarse en el cuartel, aun asi, Kristian encontraba consuelo en el tiempo que pasaba con sus amigos.
Sin olvidar nunca su objetivo.
Karl había crecido hasta ser uno de los más grandes y fuertes de la guardia, incluso siendo tan joven, podía romper cualquier figura humana de madera que se atravesase, todos sus oponentes, excepto Kristian, caían ante su indomable furia y fuerza, Caleb podía acertar a un objetivo a unos increíbles setenta metros de distancia y había desarrollado una habilidad con espadas cortas, dagas y cuchillos considerable, pudiendo defenderse sin depender de nadie más, seguía siendo algo pequeño sus hombros se volvieron anchos y su musculatura era realmente envidiable, aunque no se salvaba de las bromas sobre su altura, sin embargo, tenía una perseverancia probablemente más grande que la de Kristian.
Hablando de este, el joven noble Kristian, veía sus esfuerzos en vano cuando su hermano simplemente observaba en silencio, desde lejos, frio y sin acercarse a él.
En su búsqueda de aprobación, probo en todas las artes de la guerra, haciendo lo que llamaríamos juegos de guerra, resultando ser un excelente estratega y ganándose un apodo: El Lobo, aunque él lo rechazaba siempre, con humildad, pidiendo que le llamasen por su nombre.
En la espada nadie lo había vencido, tampoco con hacha o lanza, en arquería competía con Caleb, aunque este aun lo seguía superando por un largo tramo.
El rumor de su origen bastardo no tardo en expandirse, sin embargo, el joven noble no dejo que aquellos murmullos hablasen por el, su porte, su habilidad, inteligencia y carisma al liderar hacía que, bastardo o no, no tuviera importancia, con sus acciones demostraba, al menos a ojos de la Guardia Blanca, era digno de portar el emblema real y la armadura de la guardia.
Aun así, Antonio no cambiaba su postura.
–Algún día lo notara –Dijo Caleb secándose los labios después de beber agua–.
Dale tiempo, es terco, ustedes los Suomi son así.
–Creo que llevas diciéndome eso desde que nos conocimos.
–Murmuro Kristian tomando una de las espadas de madera.
–Sin duda eres el mejor de nosotros, el rey debería ver eso… ¡incluso podría ponerte como líder de la guardia!
–Para ello debe vencer al rey, y digamos que el rey por ahora es el mejor en esgrima –Repuso Karl sentado vertiendo agua sobre su cabeza–.
Incluso más que Kristian me atrevería a decir.
–No ayudas… en nada Karl… Kristian suspiro y se giró para ver a su hermano hablar con los demás reclutas.
–A lo que me refiero –Prosiguió Karl–.
Que tal vez debas hacer algo diferente… El príncipe abrió los ojos y se giró a ver a sus amigos, como si el foco se hubiera encendido.
–Pensaste en algo?
–Pregunto Caleb levantando una ceja–.
Que sea rápido, porque en dos semanas seremos miembros de La Guardia Blanca.
Kristian tomo otra espada de madera y fue hacia Antonio, a Karl y a Caleb se les dibujo una mueca de sorpresa, que rápidamente se transformo en terror, en el rostro y fueron detrás de Kristian intentando detenerlo, pero este se paró frente a Antonio y lanzo la espada al suelo, frente al rey.
Este dejo de hablar, miro la espada y luego a Kristian, quien tenía el ceño fruncido, cuando tuvo su atención sonrió y lo señalo con su espada.
–Lo reto a un duelo, majestad, por el liderazgo de La Guardia Blanca.
El monarca levanto ambas cejas sorprendido, los demás reclutas se sobresaltaron, Caleb y Karl estaban paralizados, sin poder moverse.
Hubo silencio, nadie dijo nada, Kristian siguió apuntando con su espada.
Antonio realmente estaba dudando, no por miedo, sino porque no sabía si hablaba enserio o solo quería llamar su atención.
De cualquier forma, lo había logrado, en sus labios se dibujó una pequeña sonrisa y se quitó el cinturón, la capa, mostrando un hombre fornido, era un rey guerrero y se notaba en su musculatura, no era exagerada pero su espalda resaltaba aún más sin la capa al igual que la anchura de sus hombros.
Tomo la espada del suelo y miro a Kristian.
–Bien, Acepto.
Estas palabras provocaron en Kristian un profundo alivio, por no hacer el ridículo más que nada, pero ahora eso cambio por algo de miedo, nunca se había enfrentado a él y realmente nunca lo había visto pelear.
Antonio movía la espada con agilidad en su mano derecha, haciéndola dar algunas vueltas.
Kristian, sin confiarse, la blandió y se colocó en guardia.
Los presentes formaron un círculo, observando con detenimiento lo que se estaba desarrollando frente a sus ojos.
Caleb apenas podía ver, Karl se cruzó de brazos, nervioso.
–Líder de la guardia blanca… espero que no sean palabras vacías.
Sin dar tiempo a respuestas, Antonio se abalanzo sobre el joven lanzando un tajo a una velocidad superior a lo que había visto hasta el momento, aunque era un ataque evidente y pudo bloquearlo, cuando lo hizo sintió como su brazo se entumeció, era demasiado fuerte y hasta se deslizo hacia atrás en la nieve.
Una oleada de estos ataques se repitió, el rey no tenía piedad, la madera de la espada de Kristian parecía que cedería ante los ataques poderosos, por lo que tuvo que retroceder y en un momento dar un salto hacia un lado, intentando atacar la espalda del rey, pero este coloco la espada en su espalda, y con su propia fuerza detuvo el ataque de Kristian.
Dándose vuelta, Antonio contemplo a un Kristian sorprendido, quien bajo su guardia, abrumado, y no perdió el tiempo para asestar un puñetazo directo.
Kristian cayo de espaldas, costándole levantarse, como si le hubieran dado en la cara con una maza.
–Algunos te llamaron Lobo –Hablaba Antonio caminando alrededor de su hermano menor–.
¿Era una exageración?
Rápidamente, el rubio se levantó y cargo contra Antonio, este bloqueo sus ataques con facilidad, a pesar del aumento de la rapidez de los tajos de Kristian.
–¡Pelea pequeño lobo!
Le dio un puñetazo que lo hizo volver a caer de lleno contra el suelo boca abajo con su espada a un lado, su nariz se rompió y el sangrado empezó a brotar.
El príncipe tosió mientras el rey lo observaba.
–Si quieres ser el líder de La Guardia, deberás dar más que esto… en el campo de batalla no habrá piedad, ahora mismo tienes ira, frustración, concéntrate, úsalo a tu favor, será la única vez que te aconsejare en esta pelea.
Kristian aun en el suelo, estiro su brazo por la espada, tomándola con un dolor punzante en los huesos de sus manos al agarrar la espada, lentamente se levantó, jadeante, con los músculos adoloridos, acalambrados.
Se tambaleo un poco, se encontró con los ojos azules del rey, que penetraban hasta el alma.
Su respiración se hizo irregular, apretó con fuerza el mango de la espada con ambas manos, sus huesos pedían piedad, sus músculos estaban al borde del colapso.
Una fuerte presión en su pecho, en su alma, apareció cuando la mirada de Antonio no mostraba el más mínimo atisbo de piedad.
Todos contuvieron la respiración, nadie sabía lo que haría Kristian, había murmullos, cada una de las miradas se fijó en el príncipe de Suomi, tembloroso y agotado.
El rubio cerro los ojos, inhalando profundamente, para después exhalar.
–No tengo tiempo para ver cómo te desmayas.
Dijo el rey antes de cargar contra el con un tajo de izquierda a derecha.
Kristian abrió los ojos cuando el primer paso del rey se escuchó cuando la nieve del suelo fue aplastada por aquel paso veloz.
Ambas espadas de madera chocaron, aunque el golpe fue tan fuerte como los anteriores, Kristian afirmo sus pies en la tierra y sostuvo con fuerza su espada, logrando empujar a su rival.
Antonio recupero el equilibrio y desvió una estocada de Kristian que iba a su pecho.
Esta vez en los ojos de Kristian había una flama que Antonio conocía muy bien, una que hacía que el cuerpo de Kristian se moviera con gracia, rapidez y fuerza, el príncipe observaba la espada fijamente, más que el cuerpo, observando el punto medio de la misma, donde concentraba sus ataques.
Antonio esbozo una pequeña sonrisa, casi imperceptible.
La madera chocaba con estruendo, la nieve revolviéndose bajo sus pasos veloces, ya no era una pelea, era una danza, una de dolor y redención.
La emoción se apodero de los reclutas quienes gritaban ánimos para Kristian, Caleb dio varios saltos elevando los brazos animando a su amigo, mientras que Karl hacía lo propio elevando el puño.
Kristian se afianzo nuevamente al suelo, desviando una veloz estocada dirigida a su estómago, para posteriormente visualizar la espada del rey.
Estaba debilitada, el centro se veía endeble, con leves fisuras.
Fue entonces cuando la sonrisa del príncipe se dibujó en su rostro.
Rápidamente comenzó a atacar de manera frenética a lo cual el rey tuvo que ponerse a la defensiva, los ataques eran demasiados rápidos, demasiado fuertes, usando cada fibra de musculo para generar fuerza y velocidad.
Los últimos golpes que el rey bloqueo, hizo a su espada resquebrajarse notablemente lo que lo alerto, pero ya era demasiado tarde, Kristian volvió a atacar, a lo que el rey intento usar su antebrazo protegido por la armadura, pero Kristian, ignoro esto y fue por su espada y de un certero golpe en el centro de la misma, la destrozo en mil pedazos y dio una patada al rey que lo tumbo al suelo.
Antes de que este pudiera levantarse Kristian ya le estaba apuntando con la espada, justo debajo de su mentón, hacia su cuello.
Ambos jadeaban, Kristian apenas podía mantenerse, el pulso le temblaba, sus músculos estaban hinchados por el esfuerzo y sus piernas estaban a punto de colapsar.
El rey lo miro, directo a los ojos, viendo en su mirada el fuego intenso de antes, quizás incluso mas fuerte que hace un momento.
No se iba a detener hasta ganar ese combate.
Los pensamientos invadieron a Antonio, pero los hizo a un lado después de un momento, y sonrió levemente.
–Tal parece, que tenemos a nuestro Gran Maestre.
Kristian abrió los ojos sorprendido y sonrió débilmente, aunque escucho los gritos de alegría llegaron a sus oídos, fue lo último que escucho antes de caer inconsciente por el agotamiento.
Despertaría al día siguiente, viendo a sus amigos que estaban ahí esperando, dormidos en una silla cada uno, Caleb recostado en el hombro de Karl, y este ultimo babeándose con la cabeza baja mientras dormía.
Kristian sonrió, sintió las vendas en su cabeza y en sus manos, se sentía adolorido, pero orgulloso de si mismo, triunfante de haber ganado a su hermano.
La Guardia a partir de ese momento lo respeto, habiendo encontrado a su líder, lo seguirían a el y al rey hasta el fin del mundo si era necesario.
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