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Saga Dynastia: Lazos De Sangre. - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 Susurros
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11: Susurros 11: Susurros El hombre forcejeaba, gruñendo y pataleando intentando liberarse, lanzando maldiciones a cada uno de los presentes.

Era rubio, sus ojos de color café irradiaban una profunda ira y un miedo igual o aun mayor, se mordía los labios, los cuales eran algo deformes y gruesos.

Su nariz era grande y su pelo negro y grasiento, su piel era cetrina (pálida).

Tenía algo de gordura, probablemente ganada en los últimos años entre banquete y banquete, su figura estaba algo descuidada, tanto por la batalla como la evidente presencia de alcohol, en su aliento y en su ropa, manchada por el vino.

–Malditos finlandeses!

¡Debimos matarlos a todos!

¡A sus madres a sus hermanos a sus mocosos mientras tuvimos la oportunidad!

¿¡Así es como pagan la piedad que les tuvimos!?

–Balbuceaba a gritos en danés.

El rey se bajó del caballo, mirando fijamente al hombre.

Este lo miro y entrecerró los ojos, como si intentase reconocerlo, fue entonces cuando a su mente llego la imagen de aquel finlandés que alguna vez vio en Estocolmo y sonrió de manera burlona, hasta soltó una carcajada.

Una ronca y seca.

–Miren nada más, por el martillo de Thor, si es el famoso Rey Antonio… dicen que después de volver del exilio sentaste tu trasero en aquel miserable trono… ja… los dioses tienen un humor muy retorcido.

Antonio no respondió, se quedó quieto, mirándolo fijamente, con una mirada penetrante que fácilmente podría decir que estaba inspeccionando cada centímetro de su alma, cuando el danes miraba a los ojos, intentando ser igual de intimidante, solo encontraba muerte en ellos, sintió un escalofrió, contemplar la que esa será la última persona que vería en vida lo llenaba de una desagradable sensación de impotencia, hubiera preferido morir por un oso que por aquel finlandés, que creía muerto, desaparecido, que jamás volvería a ver.

La ira volvió a apoderarse de él.

Intento levantarse y los enmascarados lo detuvieron.

Los presentes miraban con confusión lo que sucedía, nadie había visto al rey comportarse así… tan… muerto.

–Es todo lo que harás?

¿Mirarme?

Al menos dame un hacha… me iré con honor.

Esas palabras parecieron devolver en si al monarca, quien empezó a dar pasos hacia él, lentamente.

–Honor?

–Dijo– No te daré el gusto.

–Osas desafiar la tradición?

–Nada me obliga a darte un arma… acaso me la diste aquel día?

–Asquerosa rata finlandesa… óyeme bien, si hubiéramos querido matarte lo hubiéramos hecho junto a tu estúpida zorra sueca.

Eso basto para que Antonio le propinase una patada al rostro del prisionero, los guardias enmascarados lo soltaron, mas que nada por la fuerza de la patada y la sorpresa de la misma, apartándose ante el avance imparable de Antonio hacia su presa.

Este escupió sangre y un diente al suelo para luego mirar al rey, quien lo tomo y lo lanzo hacia el centro de sus hombres, El danes volvió a reír mientras se levantaba, con las manos atadas a la espalda, intento atacar a Antonio, cargando como toro hacia él, pero este se apartó y le dio un codazo en su espalda haciéndolo caer.

Con una profunda tos, el prisionero se dio la vuelta y volvió a sonreír mirando a Antonio.

–Sabes algo… –Dijo mientras se arrodillaba– no tienes que preocuparte por ella… se fue hecha mujer… El silencio inundo el lugar, todos se miraron, haciendo suposiciones… que fueron corroboradas.

–Puedo morir… diciendo que fui el único que la probo.

Una risa enfermiza salió de aquel vil hombre, si hubiera existido una forma de ver el interior del rey, habría visto las llamas del mismísimo infierno, en sus ojos ardió una ira incontenible, se acercó a uno de sus soldados de caballería, quitándole el martillo que portaba, este no pudo hacer mucho, más bien pensó que sus manos también serian arrancadas ante tal fuerza.

El danés miro a Antonio, riendo una última vez, fue entonces cuando una patada lo acostó al suelo y el rey sin darle más tiempo, descargo su furia sobre las piernas del prisionero.

Gritos de dolor salieron de entre sus labios, sus piernas empezaron a deformarse y sangrar cuando los huesos, los que no eran pulverizados por los continuos golpes, salían de su piel, desgarrándola y multiplicando el daño.

Desde los tobillos hasta los muslos.

El sonido de cada hueso rompiéndose dejo de escucharse tras pasado dos minutos de una intensa agonía.

El danés gemía de dolor, jadeando, incluso con lágrimas, con la vista intento suplicar a Antonio, pero este solo le dedico una mirada en la que no pudo ver nada, sintió que solo veía al mismismo diablo castigándolo, dos pares de ojos oscuros, cegados por la ira.

El rey levanto el martillo y con la misma fuerza lo dejo caer sobre su entrepierna.

El dolor era indescriptible, y ese era el punto.

No se detuvo hasta que todo lo que había de su ombligo hacia abajo estuvo empapado de sangre.

El danés apenas estaba consciente, el rey dejo caer el martillo, y tomo su espada, apuntándola a la boca de su enemigo y muy lentamente la acerco.

Su prisionero intento cerrar los dientes, pero fue inútil, cuando el filo los toco el rey uso toda su fuerza y se los llevó por delante atravesando todo.

No la saco hasta que la vida en los ojos del danés se apagó.

Puso la frente en el pomo de la espada, jadeando por el esfuerzo, sintiendo como las miradas estupefactas de todos sus hombres se clavaban en él, la sangre goteaba de sus manos, se había manchado al usar un arma para tan corto alcance y tan violentamente.

Limpio su espada con la parte interna del codo y la enfundo, para después ver a unos atónitos soldados finlandeses, con un profundo suspiro, hablo.

–Entierren los cuerpos de los soldados en una fosa y quémenlos, a los oficiales pongan sus cabezas en picas en todo el campamento….

a este…

hagan lo que quieran con el.

Dicho eso, se marcho a una carpa que había quedado en pie entre todo el caos.

Kristian observo a su hermano irse y decidió ir con el, para apoyarlo.

Lo encontró bebiendo vino de una copa, de espaldas a la entrada de la tienda, solo se veía su mano con la copa.

Cuando el rey noto sus pisadas, hablo.

–No quiero ver a nadie.

–Escuche….

Escuche de Abril… lo que sucedió… con… Kris-.

–¡NO… menciones su nombre!

–interrumpió alzando la voz Antonio–.

No necesito visitas ni apoyo, mucho menos viniendo de ti.

–Yo… solo… –Vete antes de que te saque a patadas.

Kristian asintió y salió de la tienda sin protestar, Antonio bebió un sorbo de su copa, mirando a la nada, recordó con melancolía aquella bella chica que conoció, llenando su corazón de ira, lo que provocó que lanzara la copa contra el suelo y se llevara las manos al rostro nuevamente, escuchando un cuchicheo en sus oídos, se volteo, pensando que había alguien, pero no vio a nadie, volvió a mirar al suelo, con las manos en el rostro, mientras las lagrimas empezaron a brotar de sus ojos.

Los tres amigos se reunieron junto al resto de la guardia para recoger los cadáveres y lanzarlos a una fosa común.

–Si el rey sufre de más ataque así, probablemente le teman más a el que a nosotros –Comento Karl.

–Crees que estará bien?

–Claro que si –Se apresuro a responder Kristian–.

Solo… perdió los estribos.

–Y de una manera… eso solo confirma todos los rumores que habíamos escuchado.

La venganza tiene más peso que todo lo que el rey nos prometió.

–No hables como si solo lo hiciera por él.

Karl y Kristian se miraron, el campesino suspiro mientras lanzaba otro cuerpo al hoyo.

–Solo digo, al rey no lo mueve solo asegurar nuestro futuro y menos la grandeza de Finlandia –Karl se puso al frente de Kristian mirándolo fijamente–.

Lo mueve la venganza, contra todos los que le hicieron daño a su prometida….

Así como a ti te mueve solo su aprobación, ¿cierto?

Guardaron silencio, Caleb miro a ambos luego los cadáveres y después a sus amigos nuevamente para hablar, con cierto tartamudeo en su voz.

–A v-ver, hermanos….

amigos, acabamos de ganar, no debemos pelearnos por esto, da igual las razones todos tenemos una aun más importante para estar aquí y nuestro deber es hacer que se cumpla, ¿sí?

Hubo silencio, todos mirándose entre si, Kristian bajo la cabeza, pero luego una risa escapo del campesino.

–Mientras el Gran Maestre no pierda la cordura.

Los tres rieron, y continuaron su trabajo.

Kristian se mantuvo callado, solo respondiendo a los comentarios y preguntas ocasionales de Caleb, quien no era una persona muy callada.

Cuando acabaron de arrojar los cuerpos en un gran foso de varios metros de largo, los quemaron.

El olor de los cuerpos se apodero del lugar, acompañado por la imagen tétrica de las cabezas de los oficiales colocadas en picas, con expresiones de dolor, otros con los ojos en blanco, otros con las lenguas afuera y otros con los ojos viendo a distintos lugares.

El campamento fue saqueado tomando todas las provisiones y lo de valor, sin poder quedarse mucho más de dos días, el ejercito finlandés se marchó del lugar.

El danés ejecutado por Antonio fue atado a una mesa y dejado en medio del campamento, para cuando llegaran los refuerzos la descomposición habría hecho su trabajo, pero la cara de dolor, deformada por la espada y la sangre, jamás seria borrada de aquel cuerpo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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