Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Saga Dynastia: Lazos De Sangre. - Capítulo 12

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Saga Dynastia: Lazos De Sangre.
  4. Capítulo 12 - 12 Juramento De Sangre
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

12: Juramento De Sangre 12: Juramento De Sangre Días más tarde, en las barracas en el anochecer, Caleb y Karl estarían colocándose la armadura que usarían a partir de aquel día, una armadura Blanca pesada, como las que usarían en la batalla en el norte Suecia, acompañada de una capa del mismo color junto a un casco nórdico, común entre los hombres del norte, sin cuernos, evidentemente.

Ambos vestían de manera similar a como lo harían años mas tarde, con la diferencia de que Karl aun no tendría su piel de lobo sobre sus hombros.

Había otras personas ayudando a cada uno de los reclutas a ponerse la armadura, eran reclutas y ayudantes que estaban ahí para ayudar a la nueva generación de la Guardia Blanca.

-No imagino lo caro que tuvo que ser hacer cinco mil armaduras completas…

-Comento Karl admirando el casco de su armadura-.

¿Todo lo pago el reino?

-Si, El botin del baltico y la administración del reino ayudan -Respondió Caleb ajustando sus brazales-.

Aunque mucha sangre se derramo para conseguirla.

-Es lo que tiene la guerra, y nosotros viviremos de ella.

Acostúmbrate.

-Costara…

aunque seremos la guardia personal del rey, ¿crees que vayamos a la guerra?

-Conociendo al rey que nos ha dado discursos sobre la gloria de la guerra y nos ha hablado de Alejandro Magno desde que llegamos, diría que sí.

Un paso metálico los interrumpió, vieron hacia la puerta y ahí estaba, con su armadura blanca reluciente con un león de Suomi en rojo en su pecho, la capa también era blanca, pero tenía bordes dorados igual que algunos detalles de su armadura.

Era Kristian, investido como Gran Maestre.

Caleb y Karl sonrieron, Kristian hizo lo mismo, cuando todos los demás se dieron cuenta dentro de las barracas, se colocaron firmes, estaban ante su superior, igual que sus amigos, mostrando un profundo respeto.

Kristian camino hacia ellos.

-Descansen soldados -Dijo volviéndose hacia Caleb y Karl-.

No me gustan mucho las formalidades.

-Pues tendrás muchas, eres el Gran Maestre.

Karl se cruzo de brazos admirando la armadura, Caleb sostuvo la capa de Kristian así sin más, mientras Karl lo miraba con cara horrorizada.

-Oye es de mejor calidad que la de nosotros!

Caleb la sostuvo entre sus dedos acariciándola con ambas manos sintiendo la calidad de la misma.

-Imbécil!

¡Es la capa del Gran Maestre suéltala!

-Me parece poco justo que seamos oficiales y él tenga mejor capa!

Exclamo indignado el capadocio mientras señalaba a Karl.

-Es tu superior si el quiere puede hacerse la armadura de oro!

Kristian soltó una carcajada, probablemente la primera en mucho tiempo, algo que hizo que sus dos amigos lo miraran algo sorprendidos.

-Listos para iniciarse?

-Hablo al tiempo que secaba una lagrima que salió por la risa-.

Sera una nueva vida, y por fin les pagaran.

-Ya Era hora!

No quería seguir soportando vivir con Karl, a veces ni siquiera se baña los domingos.

-No hace falta, si igual me ensuciare al día siguiente, ¿para que esforzarse?

Caleb frunció el ceño y le dio un golpe en la nuca.

-Para que no nos delates con tu olor que hasta los dioses huelen.

Karl se encogió de hombros.

-Agradece que me bañe esta semana.

-Menos mal, Imagina que matas a mi hermano en tu primer día y solo con tu hedor.

Caleb y Kristian rieron, Karl los fulmino con la mirada mientras caminaban fuera con los demás reclutas.

Frente al edificio del centro de todo el fuerte de la Guardia Blanca, el cuartel donde se tomaban las decisiones, se reunieron todos los nuevos soldados que formaban la futura generación de la guardia.

Cada uno en filas horizontales, en numero de doce soldados por fila, las cuales se formaron una detrás de otra siendo veinticinco filas en total.

Cada uno de ellos dejo espacio de un metro de separación entre filas, además estaban formados en dos grandes cuadrados perfectos, dejando un camino principal libre.

Por ese camino, empedrado hacia la entrada del cuartel, aparecieron los nuevos oficiales, encabezados por Kristian su Gran Maestre.

Ellos eran los mejores soldados de toda la guardia, salidos de los demás cuarteles.

En total eran cinco oficiales de mas alto rango, los capitanes de la guardia y su gran maestre.

Con paso solemne y frente en alto, los oficiales caminaron hacia las escaleras en la base del edificio; la Guardia Blanca desenfundo sus espadas, colocándolas con ambas manos en el mango frente a sus caras, con la punta de la espada mirando al cielo, presentando sus armas ante sus lideres.

Finalmente, cuando los generales llegaron a su destino los soldados se giraron hacia el edificio dando media vuelta; el rey hizo aparición, con su armadura blanca con detalles dorados y rojos y su capa roja, que solo usaba para ocasiones especiales y de alta importancia.

Con la frente en alto y por primera vez frente a ellos, con la corona de Finlandia ceñida en su cabeza, una corona de oro con siete puntas y rubíes debajo donde las puntas iniciaban, en el centro en la séptima, estaba un diamante, uno que brillaba como una estrella bajo la luz del sol, pero en este caso, brillaba a la luz de las antorchas encendidas.

Todos los soldados se arrodillaron, colocando las espadas ahora con la punta clavadas en la tierra sus miradas fijas en el piso.

Los oficiales solo se arrodillaron, aunque viendo al piso.

El rey se acercó a ellos y hablo con profunda solemnidad y formalidad admirando la precisión de la formación y los movimientos de la guardia, habían aprendido bien adaptándose a lo que él ya había visto en Alemania hacia años.

-Esta noche, dejarán de ser reclutas, esta noche se consagrarán como los dignos guardianes de Finlandia, protectores del reino y protectores de la vida del rey.

Se han ganado su armadura, su nombre y han llevado honor a sus familias, ahora, deberán hacer un juramento que deberán cumplir hasta que la llama de su vida se extinga.

Cada uno de los soldados desenfundo una daga con el pomo en forma de cabeza de león, cortándose la palma de la mano, para volver a sostener la espada, aun arrodillados.

Era un juramento de sangre.

El rey prosiguió cuando vio a todos los Guardias con los mangos de sus espadas sangrantes.

-Repitan después de mi: Juro que guiare mi espada hacia los enemigos de Finlandia, los enemigos del rey y todo aquel que atente contra la paz del gran reino de Finlandia, bajo la atenta mirada divina, de quien quiera hacerse presente para atestiguar este juramento de sangre, ligado a mi vida y mi honor, y lo bendiga, para que me de la fuerza para llevarlo a cabo, hasta mi último aliento.

Los guardias levantaron sus cabezas y luego se levantaron completamente, manteniendo las espadas clavadas en el suelo, sosteniéndolas con sus manos, cuando el rey se los ordeno, firmes, con la frente en alto y el pecho hinchado con orgullo con sus armaduras blancas.

Habían trabajado desde hace una década por ello, sentían una alegría inmensa en sus corazones.

Antonio dio entrega a Kristian, como gran maestre, de un cuerno ornamentado, era de color rojo y con detalles chapados en finas tiras de oro.

Kristian lo tomo y miro al rey, este le también lo miro y asintió para después volverse a los soldados.

-Ahora son parte de La Guardia Blanca.

Pronuncio el rey, a lo que los soldados dieron un grito de alegría, levantando sus espadas.

Una gran fiesta comenzó para celebrar a la nueva guardia, en el patio del palacio Rojo, la residencia Suomi, ahí se reunieron amplias mesas y una gran fogata para celebrar, bebiendo con alegría y entusiasmo.

Los tres amigos estaban reunidos cerca de las escaleras que daban al palacio.

-Somos de la Guardia Blanca!

-Exclamo Caleb bebiendo un gran sorbo de su jarra con cerveza- ¡Guardias respetados, con gran renombre y ya los soldados regulares dejaran de mandarnos a recoger paja!

Los tres amigos estaban en una larga mesa junto a los otros soldados que habían estado con ellos en las barracas todos esos años, su pelotón, podría decirse.

Kristian miro a Caleb con una sonrisa.

-Y con rangos -Agrego Kristian dando un pequeño sorbo a su cerveza, haciendo una mueca de disgusto- Creo que no me gusta esta cosa.

-Que!?

¡Eres gran maestre y soldado!

¡Debes aprender a celebrar como tal, y sobre todo como un verdadero finlandés!

-Exclamo Karl, levemente ruborizado por el alcohol.

-Tu pareces de Germania, bebes sin parar.

-Silencio Caleb!

El rey apareció tras las puertas del palacio, junto a la familia real, la reina Leonor y sus dos hijas, Jocas I y Carolina II.

Todos vestidos de gala, las princesas por su piel blanca recordaban a la fina porcelana.

La guardia blanca los observo y rápidamente se pusieron de pie, incluso aquellos que estaban con una buena cantidad de alcohol en sus cuerpos, se pusieron firmes, o eso intentaron, como fue el caso de Karl que tuvo que ser sostenido por Caleb.

-Guardia Blanca, tranquilos, pueden relajarse al menos por esta noche, se lo han ganado, he traído a mi familia para que la puedan conocer bien, pero sobre todo quería darles un regalo de parte de los Suomi y de mi persona.

El rey sonreía mientras hablaba, con un tono más de padre o de hermano, pues eso era para los soldados quienes crecieron junto al rey.

También la duda se mezcló con el sentimiento de felicidad, puesto que no sabían a qué regalo se refería; fue entonces cuando de las puertas dobles por donde había entrado la familia real, empezaron a aparecer las familias de los soldados.

Madres, hermanos, padres, abuelos, hermanas, todos habían llegado para ver a sus hijos convertidos en soldados.

Todos corrieron hacia sus familiares, algunos llorando de alegría, otros solo gritaban y lloraban puesto que hacía muchísimo tiempo que no los veían, solo comunicándose con cartas.

Caleb se levanto y miro a su madre y padre, además de una amiga de la infancia.

Como es de esperarse se abalanzo sobre ellos dándoles un abrazo, llorando también de la emoción, eran muy parecidos a él, como era de esperarse, aunque más su madre quien compartió el llanto con su hijo.

-Has llenado de orgullo a nuestra familia.

-Dijo su padre-.

Y a nosotros nos enorgullece de que seas nuestro hijo.

-Te amamos!

¡Te amamos con todo nuestro corazón, pero por favor no te vayas por tanto tiempo de nuevo!

Exclamo su madre abrazándolo con fuerza, Caleb solo lloro más fuerte ante esto, era muy sentimental.

-Intentare que no mama!

Karl vio como su madre y sus múltiples hermanos, eran seis, dos hermanas y el resto varones, aparecían.

La madre, una mujer algo baja, pero con un paso firme, y una mirada orgullosa con los ojos del mismo color que su hijo y manos callosas por el trabajo en el campo, vestida con lo mejor que encontró o lo mejor que pudo pedir prestado.

-Te fuiste y tuve que mantener a las vacas yo sola, por que tus hermanos tardaron en aprender y crecer para poder criarlas.

A la próxima vuelve pronto o yo misma te traeré a patadas.

Increpo mirando a su hijo con el ceño levemente fruncido, Karl asintió solo mirando a su madre sin decir palabra.

Esta sonrió y tomo a su hijo de las mejillas, dejando caer dos grandes gotas por su rostro por el orgullo que sentía, lo abrazo poniendo su cabeza contra su pecho mientras acariciaba su cabello mientras decía.

-Me has llenado de orgullo…

Karl contuvo las lágrimas lo mejor que pudo, pero el inmediato abrazo de sus demás hermanos termino por romper en llanto y las palabras de su madre.

Kristian miro sonriendo, sintiendo alegría por sus amigos, aunque su alma y su corazón, muy en el fondo, sentían una profunda tristeza de no tener a quien abrazar en ese momento, quizás también algo de envidia, pero simplemente no lo corroía, así no era el, sin embargo, por más que evitase que la envidia lo consumiera, no podía hacer nada por la tristeza en su corazón.

Sumergido en sus pensamientos y con su sonrisa que mezclaba tristeza y felicidad se esfumo cuando sintió una mano familiar en su hombro, una ligera que hizo sonar la placa metálica de su hombro, cuando volteo, miro a su hermana Abril, vestida de formal, como el resto de la familia real, si no que tenía una barriga de embarazo notable, Kristian sonrió.

Ambos sonrieron felices de volver a verse.

-Mi hermanito…

todo un Guardia Blanca…

y no solo eso, si no que eres el líder -Abril Hablaba con una sonrisa llena de felicidad y orgullo-.

No sabes lo orgullosa que estoy.

El Gran Maestre sonrió, feliz, algunas lagriman salieron de sus ojos, pero Abril las limpio, con el cuidado de una madre con su dedo pulgar.

Todos tomaron asiento en la gran mesa, la familia real ahora aumentada con la familia del Duque Jaakko, la hermana del medio, Angela, duquesa del báltico y el duque Calix, era la familia real de Finlandia.

El rey Antonio se sentó, como es evidente, en la cabeza de la mesa y hablo con naturalidad con Caleb y Karl y sus familias.

Kristian se mantuvo callado a pesar de estar a la derecha de su hermano, solo admirando y disfrutando del momento, además de la comida que fue llegando a la mesa, solo hablando con su hermana Abril y sus demás familiares.

Caleb aunque algo ruborizado, se mantuvo sobrio, distraído por la dama que había venido con sus padres, intercambiaban miradas y sonrisas, habían sido muy buenos amigos antes de que Caleb llegase a la guardia, aunque eran recuerdos fugaces que apenas recordaba, los atesoraba con mucho cariño y ella parecía hacerlo también.

Aunque la cena fue interrumpida cuando Karl se levantó y brindo, o al menos eso parecía por que estaba tan borracho que es más probable que se comunico con seres de otro mundo que haciendo un brindis.

Probablemente en alguna granja un demonio haya salido del infierno después de lo que haya balbuceado.

Todos rieron cuando cayó sentado en la mesa y dejo caer la cabeza en la misma.

Su madre avergonzada le dio un golpe en la nuca que lo despertó y lo insulto por emborracharse, jalándolo de la oreja izquierda mientras el joven campesino se quejaba por el dolor, sin embargo, el rey se mostró bastante alegre y permisivo, más que nada porque se estaba secando las lágrimas de tanto reírse.

El ambiente irradiaba felicidad, sin miedo a lo que pudiera pasar en el futuro, sin preocuparse, solo viviendo el momento.

Llegado un punto después de un par de horas, el rey se levantó y pidió atención, todos guardaron silencio y lo observaron, y comenzó a hablar.

-Los he visto crecer los últimos diez años, han sido como mis hijos, y para mi es un orgullo verlos con sus armaduras, ganadas después de tanto esfuerzo, no podría pedir mejor Guardia ni tampoco mejores soldados a los cuales confiar mi vida.

¡Por la Guardia y Por Finlandia!

El rey alzo la copa, todos repitieron la última oración con entusiasmo.

Incluso Karl, aunque borracho, Caleb también lo golpeo junto a su madre por la inmadurez, pero le sonrió a la mujer que estaba cerca, Kristian bebió un poco mas para no beber nuevamente durante la noche, tendría que llevar a Karl.

Sin duda, esa noche ninguno de los tres ni de los soldados presentes, la olvidaría jamás.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo