Saga Dynastia: Lazos De Sangre. - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 Preludio
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13: Preludio 13: Preludio Nuevamente en Suecia, el ejercito finlandés marchaba desde Sundsvall, la ciudad mas próxima al campo de batalla al sur de Ornskoldsvik, una aldea al pie de las montañas y cerca del bosque.
Ambas poblaciones se rindieron apenas observaron los estandartes finlandeses acercarse, sin tropa y básicamente sirviendo a un rey que no era suyo, los locales prestaron agua y comida a los finlandeses con entusiasmo, recibiéndolos como sus libertadores y al rey Antonio como su salvador.
No hubo problemas durante el camino, más bien todo estaba extrañamente tranquilo, el rey enviaba continuamente exploradores para asegurar su paso, evitando lugares donde la emboscada era evidente.
Las montañas se observaban a lo lejos, las colinas verdes brillaban bajo la luz del sol dorado del norte, había cierta tensión en el aire y sobre todo de parte de los altos mandos.
-Creen…
que el rey de Suecia quiera negociar?
-Pregunto algo ingenuo Caleb.
-No seas tonto, con tanto ejercito es más probable que se conviertan al cristianismo que se rindan.
-Repuso Karl.
-Si el Rey quisiera negociar nos habríamos enterado en Sundsvall o cuando salimos -Dijo Kristian-.
el viaje ha sido un poco largo y la noticia de la derrota del ejercito Danes ya estaba esparciéndose junto a los restos del mismo.
-Es cierto…
pero tanta tranquilidad…
Caleb miraba alrededor, nervioso, Kristian le puso la mano en el hombro.
-Relájate, los daneses son muchos, escucharemos cuando aparezcan y los aplastaremos.
-Si no lo aplastan a el primero, es muy enano y el caballo apenas lo puede controlar.
-Deja mi estatura Karl!
¡Mate más que tú en el bosque!
-Que tú que!?
Una pequeña discusión se desato, no era ni la primera ni la última, pero Kristian en vez de detenerlos, miro al rey, el cual marchaba callado, mirando al frente, concentrando pensando en el siguiente movimiento de los daneses, pero además pensando en su esposa, algo lo carcomía por dentro.
Un sentimiento tan pesado en su alma que lo distraía por minutos enteros, que para el eran como horas sumido en silencio y una tortura interna que el mismo se provocaba, encerrado en su propio dolor sintiendo unas intensas ganas de gritar, pero no podía, se lo reprimía, no podía permitirse nada de eso frente a sus hombres, para después de tan tortuoso momento volver con un leve sobresalto a la realidad, casi siempre por los relinchos de los caballos o el llamado de un oficial con noticias de los exploradores, esta vez, fue Kristian, quien se acercó a él.
-Majestad, no nos hemos encontrado a ningún grupo, ejercito o alguna señal de resistencia mientras entramos en territorio sueco…
¿Qué planea hacer?
Antonio miro de reojo a Kristian, y luego vio nuevamente al frente.
-Lo mas sensato es continuar avanzando -Declaro el rey- nuestra meta es Estocolmo, tomaremos todo el reino, ya tomamos precauciones para evitar las emboscadas, si no vuelven los exploradores pronto, entonces nos prepararemos para la batalla.
-Una batalla campal?
¿Frente a frente?
Antonio asintió con seguridad.
-No podemos siempre optar por escondernos en los bosques, sobre todo por que no son idiotas, no caerán en la misma trampa dos veces, y además están confiados, saben que tiene una superioridad en el campo abierto.
-Entonces…
¿Cómo piensas ganarles?
-Paciencia Gran Maestre, concéntrate en mantener a tus hombres tranquilos y listos.
Vuelve a tu puesto.
Kristian suspiro y asintió para volver al lado de sus dos amigos, estos estaban discutiendo por otra cosa.
-Me robaste mi libro de poesía, no sabía que te gustara la poesía -Dijo con enejo y sorpresa Caleb-.
Pensaba que eras mas de historias que no tuvieras que leer.
-Idiota, no soy tan ignorante, además, nos hicieron leer todo eso durante el entrenamiento.
-Aja, lo quisiste leer tú, nadie nos obligó.
Karl frunció el ceño y guardo silencio.
Caleb rio, desviando la mirada a Kristian.
-Alguna novedad?
Kristian negó con la cabeza.
-Quizás nos quieran derrotar a base de aburrimiento.
Fue entonces cuando desde la colina del este aparecieron los exploradores finlandeses, y también los del oeste, casi sincronizados, la columna se detuvo y el rey se acercó a los exploradores.
-Informe.
El explorador del este hablo con la voz agitada.
-Majestad, los daneses han organizado a sus tropas, se reunieron al norte de Gavle.
Se calcula que son más de cincuenta mil.
El de oeste prosiguió de forma similar.
-Nos reunimos con los espías en el punto acordado, al parecer también se reúne un ejército de levas suecas en Upsala y marchara para reunirse con el resto del ejército en Gavle, son otros quince mil hombres majestad…
Los murmullos entre los oficiales no se hizo esperar y cuando el rumor se extendió, las tropas también murmuraban, algunos con desesperanza, otros con temor.
El rey asintió y espoleo su caballo, volviéndose hacia sus tropas.
-Marcharemos a Gavle y presentaremos batalla -Declaró- Presten sus armas, como han jurado y les prometo que la gloria será suya y no conocerán la derrota.
Los soldados se miraron y miraron a su rey, aun con dudas en sus ojos, ante esto el rey señalo por donde habían venido.
-Miren atrás, solo hay frio y muerte, pero delante -Señalo hacia el frente- Esta la gloria eterna, síganme si desean probarla.
Con estas palabras el ejército, motivado y en parte sin elección, marcho hacia el frente, con cierto temor al futuro, pero con confianza en su rey.
Kristian admiro a Antonio, ya había escuchado algo parecido antes.
Las tropas llegaron no muy lejos de Gavle, aproximadamente quince kilómetros al norte.
Frente al ejército fines, antes de poder acercarse y poner los ojos sobre la ciudad sueca, estaba un gran campamento Danes con sus estandartes y carpas reconocibles.
Sobre todo, porque los finlandeses conocían muy bien a esas tropas.
Todos conocían esos estandartes Daneses, ya les habían contado historias sobre aquellos guerreros invencibles que asolaron el norte y occidente de Europa.
Desde Normandía hasta la tierra de los prusianos, y desde Alemania hasta Estocolmo.
Durante más de veinte años han dominado toda esta tierra a través del miedo y su poderoso ejército que aparenta ser invencible.
Muchos temieron, pero el rey se mantuvo sereno, con una expresión seria mientras observaba aquellos estandartes.
Ordeno rápidamente que apenas el campamento estuviera listo, sus oficiales se reuniesen para planear el ataque.
Antonio se sentó en su mesa, al aire libre, observando el mapa de Suecia, observando detenidamente la zona donde estaban, pero no pudo encontrar detalles, por lo que se levantó y observo a su alrededor llegando a los límites del campamento.
Era un campo llano, ambos campamentos se erigieron sobre dos pequeñas colinas, poco altas, flanqueados por los bosques que rodean toda aquella zona de la ciudad.
El bosque era espeso, poco efectivo era enviar tropas para flanquearlos, parecía ser que la única opción era atacar de frente en aquel pasillo estrecho natural.
En la mente de Antonio la batalla ya se desarrollaba, no encontraba una manera en que sus tropas soportasen un número mayor y experimentado de soldados, teniendo en cuenta todos los factores, perdería.
Sin embargo, volvió a ver los bosques, llevándose la mano al mentón y fue entonces que tuvo una idea, para cuando se reunieron los oficiales, narro su plan.
Esa batalla definiría la historia del norte de Europa.
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