Saga Dynastia: Lazos De Sangre. - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 El Fin Justifica los Medios
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14: El Fin Justifica los Medios 14: El Fin Justifica los Medios Dos semanas habían pasado después de la ceremonia de iniciación, la ciudad bulliciosa respiraba paz, la bonanza alegraba a la gente y los diversos proyectos para reformar la ciudad y mejorar la vida de los ciudadanos aumentaba la fe en la casa real.
Antonio miraba la ciudad desde la ventana, reflexivo, con las manos en la espalda, sin su armadura, solamente con su jubón azul y dorado, su mente divagando entre recuerdos, recuerdos de una promesa que juro cumplir, aunque le costase la vida.
Fue interrumpido cuando Jaakko se hizo presente.
–Hermano –La voz de Jaakko tenía un tono de duda– Ya están todos los preparativos listos, hable con todos los duques y los espías hicieron su trabajo… ¿estás seguro de continuar con esto?
Antonio se volvió hacia su hermano.
–Nunca había estado más seguro, es el momento perfecto –Respondió empezando a caminar– ¿El consejo se está reuniendo?
Jaakko lo siguió mientras respondía afirmativamente.
–En efecto, parece que los dioses te sonríen, están llegando bastante rápido, sin retrasos.
–Nos hará las cosas más fáciles.
–Si… pero… esto… Reunir información durante años sobre el paradero de cada danes que haya participado en la destrucción de Finlandia… espiar a cada poblado danes y usar los recursos de espionaje en ello… me hace dudar sobre lo que realmente deseas lograr.
Antonio se giró y miro a su hermano.
–Hemos hecho cosas peores en contra de gente peor, estos lo son mucho más, no dudes ahora hermano, te necesito.
–Si haces lo que creo que estoy pensando…
desataras una oleada de odio por toda Suecia…
El rey puso las manos en los hombros del duque.
–Tu tranquilo hermano, déjame todo a mi.
Jaakko dudo, pero ante la insistente mirada de Antonio, no hizo más que asentir.
Junto a los caballos en la salida del palacio estaba la reina, quien solía presentarse a las sesiones del consejo por los asuntos de la economía del reino, el rey beso a su mujer con un entusiasmo que sorprendió a Leonor, aunque no pudo evitar ruborizarse y sonreírle.
–Mi rey esta animado –Comento la reina subiendo a su caballo.
–Porque hoy será un día que la historia recordará.
Contesto el rey, ninguno de los presentes entendía del todo lo que sucedía, excepto Jaakko.
Kristian fue el único de los tres que fue a Helsinki, como es evidente por ser el Gran Maestre, era el guardia personal del rey y la familia real.
Al llegar a Helsinki se encontraron una ciudad militarizada, una gran cantidad de soldados con distintos emblemas, las calles estaban menos pobladas que la de la capital a pesar de ser una ciudad igual o más grande, de hecho, se veía sumamente vacía para el tamaño que tenía.
Sus gentes tenían una mirada perdida en algunas ocasiones y parecían ser apáticos, además de haber algunos vagabundos por las calles.
Había muy pocos niños, aun así las personas a pesar de mostrarse desanimados, ensuciaban sus manos como artesanos, carpinteros, banqueros etc.
Para seguir adelante, y devolver a aquellos días de gloria a la ciudad.
El duque saludo a múltiples personas hasta que se detuvo la caravana frente al palacio ducal, en el centro de la ciudad, donde había un monumento, cinco niños pequeños con expresiones de terror defendidos por uno un poco mas grande, con una mirada valiente y determinada.
Kristian no pudo leer que decía la placa, puesto que el rey bajo de su caballo y enseguida tuvieron que entrar, dejando atrás los caballos y carretas que estaban estacionados afuera.
Dentro había múltiples personas, cerca de veinte, reunidas en dos mesas frente al trono, custodiados por miembros de la Guardia Blanca de pie detrás de cada mesa, unos diez en ambas paredes, vigilando y manteniendo la seguridad y la integridad de los nobles.
Estos se levantaron e hicieron reverencia a Antonio quien inclino la cabeza junto a su esposa en señal de respeto, y ambos caminaron hasta el trono.
Kristian los siguió a su lado y se detuvo al lado izquierdo de Antonio mientras que Leonor se sentó al lado derecho.
Algunos estaban comiendo lo que les había servido por orden del duque.
Uno de ellos, obeso y con la cara grasosa, ya sea por el pollo que estaba comiendo o por la propia obesidad que lo hacia sudar hasta la misma grasa, hablo carraspeando la garganta mientras seguía masticando, entre enojo y educación.
–Majestad, es un honor estar en su presencia, pero creo que, a más de uno de aquí, nos ha interrumpido con cosas mas importantes, como por ejemplo la reconstrucción del reino o una buena cena.
–Lamento haberlos interrumpido, en sus ocupadas tareas –respondió Antonio– pero les prometo que esta sesión es de suma importancia.
–Y que es tan importante?
–Pregunto uno de los nobles presentes.
–La Guerra queridos amigos, la guerra en contra de Suecia y Noruega.
La sorpresa se apodero del lugar, varios de los nobles murmuraron, pensando que el rey se había vuelto loco, otros se sobresaltaron, quizás demasiado asustados para algo así.
–Esta demente!?
–Exclamo el noble obeso levantándose empujando la mesa con su estomago desproporcional al hacerlo– Nos llevara a la ruina.
La papada del noble se movía probablemente mas que sus labios al vociferar las razones por las cuales no deberían atacar.
Antonio mantuvo la calma, solo con una pequeña sonrisa mientras miraba al noble, de hecho, esto puso incomodo al hombre, quien se sentó, la mirada penetrante de Antonio, como si estuviera escudriñando el alma de aquel hombre, se mantuvo fija unos segundos.
Cuando hubo acabado con el, el rey se volvió hacia los nobles, levantándose.
Leonor lo miro, realmente estaba sorprendida y confundida.
Kristian no se movía, intentando procesar la situación, Jaakko le hizo una seña, para que lo siguiera y eso hizo.
–Caballeros, relájense, no seria un buen rey si no hubiera planeado esto con anticipación, todo está dentro de los planes y todo esta preparado.
Si me lo permiten, hare de Suecia una provincia finlandesa, y lo mismo con Noruega.
Finlandia será el reino mas poderoso del norte, y nunca jamás volveremos a arrodillarnos ante otro monarca o ante las ambiciones de otras naciones.
El rey Antonio hablaba con calma, serenidad y con un tono grave en su voz con la cabeza en alto observando a todos a su alrededor, abriendo sus brazos al pronunciar las ultimas palabras.
–Ambos pueblos están oprimidos por los daneses, si avanzamos por sus tierras seremos recibidos como libertadores, sus salvadores.
Además, el reino de Dinamarca esta muy ocupado manteniendo el control de Danelaw, en Inglaterra, con el ascenso de Amelie estarán distraídos y no podrán prestar ayuda, sin contar que sus hombres son muy escasos para defender a sus aliados, ¿Qué no lo ven?.
Apretó ambas manos frente a él, con mucha fuerza, casi se corta con sus propias uñas.
–Nosotros tomaremos venganza por la humillación que nos provocaron, por los niños que perdimos aquel día, ¿acaso no desean vengar sus riquezas saqueadas?
Los nobles guardaron silencio, cada uno murmuro cosas distintas al oído del que tenía al lado, otros se quedaron en silencio, como esperando, mientras observaban al rey.
–Alteza, con todo el respeto, usted ha perdido la cabeza –Hablo el “Gran” duque– Hemos peleado por esta tierra muchas veces y la hemos mantenido a flote a costa de nuestro sudor, como para que un rey se llene de soberbia y lo mande todo al demonio.
–Si!
Finlandia no debe ir a la guerra!
–Exclamo uno.
–Cobardes!
–Grito otro.
Una acalorada discusión de inicio en la sala, Antonio suspiro para después sonreír y bajar los brazos.
Mientras eso sucedía la guardia blanca reunía a la población de la ciudad fuera del palacio, Kristian organizaba a la Guardia formando una línea que evitaba que entrasen al palacio al tiempo que mantenían el orden de la población confundida.
–Que estamos haciendo?
–Pregunto Kristian a su hermano– Que planea el rey?
–Planea llevarnos a la guerra.
Fue la respuesta de Jaakko, Kristian se confundió aun mas, además de la propia impresión.
Antonio levanto la mirada y observo de nuevo a los duques.
–De verdad… hablan por Finlandia o por sus intereses?
Todos guardaron silencio, confundidos, Leonor miro a su esposo.
–Es curioso que nadie quiera ir a la guerra con Suecia y varios de ustedes sigan vivos incluso cuando sus ducados quedaron arrasados… acaso fue suerte o… eran de utilidad para los suecos?
Uno de los duques se levantó indignado y grito.
–Como se atreve a insultar el honor de nuestras familias!
¡Cualquiera de las familias aquí presente supera en antigüedad a la suya!
¡Algunos dirían incluso que tendrían mas derecho a gobernar que usted!
–Eso es insubordinación?
Y también incita a la rebelión… –No ponga palabras en mi boca!
El noble al lado del duque con problemas de obesidad se levantó también.
–Es suficiente!
Majestad no lleve a Finlandia por este camino o no tendremos elección mas que obligarlo.
Esa palabra fue más que suficiente para que la Guardia Blanca que estaba presente desenfundara sus espadas, sujetándolas con ambas manos al no llevar escudos.
La mirada de Antonio estaba fija en los ojos de cada uno de los duques presentes, como un halcón que vigila su comida.
Se encogió de hombros manteniendo su leve sonrisa en sus labios.
–Se oponen a la palabra del rey… Creo que a quien están dejando sin opciones es a su rey, desleales y al parecer, conspiran en mi contra y contra el reino.
Los nobles se miraron consternados.
–Mis espías me informaron que sus carruajes habían sido vistos realizando un intercambio en los puertos del este, ¿acaso intercambiaban nuestro reino por oro?
–Son calumnias!
Grito un noble golpeando la mesa con fuerza haciendo temblar algunos platos de comida y tirando otros al suelo.
–Entonces averigüémoslo.
Escoltados por la Guardia, los nobles salieron a la calle, dando una visión de criminales al pueblo.
El rey no perdió el tiempo y con una seña ordeno a su gran maestre abrir las puertas de los carruajes.
En efecto, algunos de ellos, curiosamente solo de los que habían protestado y algún otro noble importante, al abrirlos los sacos con oro sueco cayeron.
Los nobles abrieron los ojos de par en par, con sorpresa y con el terror consecuente, no porque los hayan descubierto, al contrario, no sabían cómo había llegado eso allí.
Fueron arrodillados por la Guardia Blanca, mientras el rey tomaba con su puño el oro sueco y lo mostraba al pueblo.
–Noble pueblo de Finlandia, hermanos, hermanas, he aquí a los traidores que han provocado sufrimiento a nuestro pueblo, he aquí frente a ustedes quienes nos mantienen atrasados, débiles y como lamebotas de los suecos.
La población miro con indignación, aunque los nobles intentaron defenderse hablando, los guardias les propinaron golpes en el rostro y los desarmaron quitándoles sus espadas, atándolos con cuerdas y amordazándolos.
La reina se detuvo en la puerta observando atónita, sin saber que hacer.
Kristian como el resto de la Guardia Blanca, aunque algo confundidos, observaron con desprecio a los duques.
Jaakko solo observaba expectante, con una mirada seria.
El rey tiro las monedas de nuevo de donde las tomo y se subió con agilidad al carruaje mas céntrico.
–Toda Finlandia ha sufrido la devastación vikinga, han llorado y han enterrado familiares y amigos…
pero ¡oh!
noble pueblo de Helsinki sin duda ustedes han sido los mas desafortunados, quizás el cielo no ha tenido piedad con ustedes ni piedad con nadie en esos días, pero a partir de hoy será diferente ya ha sido suficiente castigo, fueron veinte años de calma, veinte años en los que tuvieron que guardar silencio y bajar la cabeza por la vergüenza… veinte años en los que la tristeza ha inundado cada uno de sus corazones arrebatándoles la facilidad… yo creo que ha sido suficiente guardar y cargar con la culpa… ¿¡NO ES HORA DE HACERLOS PAGAR!?
¡¿QUE SUFRAN LO QUE HEMOS SUFRIDO NOSOTROS!?
La multitud respondía con un grito: “¡SI!”.
Uno que se elevaba más allá de la calle, que parecía escucharse por toda la ciudad.
La Guardia Blanca empezó a golpear su armadura con el puño cerrado con la palma viendo hacia la armadura, un gesto normalmente usado como saludo, ahora como un sonido de lucha y resistencia.
El rey asintió y desenvaino una daga que el portaba, una con un pomo redondo en forma de cabeza de león y la hoja tenia grabada una estrella en su centro, la acerco a su palma y se hizo un corte, apretando par que saliesen varias gotas que empezaron a caer al suelo, frente al monumento.
Ahí se podía ver claramente lo que decía: “En memoria de los valientes niños que defendieron a sus hermanos hasta el último suspiro ante las huestes crueles de los Daneses” –Juro!
–Declaro Antonio– ¡QUE NO DARE DESCANSO A MI BRAZO NI REPOSO A MI ALMA HASTA QUE LOS HIJOS DE HELSINKI SEAN VENGADOS!
Un poderoso grito de guerra se elevó a los cielos, cualquiera diría que la ciudad tembló ante aquel grito, y que los barcos temieron que fuera la furia de los dioses quienes enviaban una tempestad contra ellos al escuchar aquellos gritos.
Jaakko grito un poco después, mientras Leonor miraba su esposo, sin decir palabras, sin poder reconocerlo.
Los nobles que fueron arrestados y acusados de traición terminaron humillados, lanzándoles comida podrida y barro, mientras eran sacados de la ciudad y jamás volvieron a ser vistos, sus familias cayeron en desgracia y Antonio disolvió el consejo de nobles, dejando a los pocos que quedaban con muy poco poder, solo administrativo, ni guardias personales, ni otro activo bajo su control, todo paso al rey.
Por primera vez en Finlandia el rey tenía el control absoluto del territorio.
Dos días más tarde estarían en Kalanti nuevamente, la declaración de guerra de Suecia a Finlandia por un cargamento de oro robado a un barco mercader fue suficiente para que el reino vecino declarase la guerra en apoyo de su aliado, algo que venia buscando hace tiempo para poner fin al ultimo reino independiente de Escandinavia.
Noruega se unió, pero Dinamarca se mantuvo al margen, a pesar de ser la tierra de donde procedían, el reino no pudo enviar ayuda por falta de efectivos.
Antonio ya había preparado todo, las tropas estaban reuniéndose en Pori hacia días.
El monarca termino de colocarse su armadura ayudado por los sirvientes del palacio, cuando hubo terminado la reina se presentó ante él.
Se miraron, Antonio tenía una mirada llena de venganza y odio mientras que la reina aun tenia en sus ojos confusión y miedo.
–Que haces?
–Pregunto.
–Prepararme para la guerra, ¿no se nota?
–Contesto el rey.
–Arrastras a Finlandia a una guerra, una que ni siquiera es de ellos, es tu guerra personal.
Antonio negó con la cabeza y ajustando la capa decidido caminar afuera, tratando de evitar la conversación.
Sin embargo, Leonor rápidamente se puso frente a el cortándole el paso.
–No soy una cortesana, soy tu esposa, tu reina, no puedes dejarme hablando sola.
Se que esto ha sido difícil, pero ¿Arrastrar a tu propia gente a la guerra solo para que?
Leonor se cruzó de brazos manteniendo un tono enojado y amenazante.
Antonio suspiro sintiendo como las venas se le marcaban en la frente y su mentón se marcaba.
–No lo entenderías, no eres finlandesa, si lo fueras entenderías el dolor que hemos pasado.
–Repuso Antonio– Esto lo hago por todos nosotros.
–Condenaste familias enteras solo por tu propio sentimiento de venganza y por si fuera poco utilizas a todos a tu alrededor para conseguirla, ¿Qué le prometiste a Kristian?
¿Qué le dijiste para arrastrarlo a esta locura eh?, eso no es lo que te ha enseñado tu familia, ¡eso no es ser un Suomi!
Esta vez Antonio no aparto la mirada de su esposa y camino directamente hacia ella, esta intento mantenerse firme, pero no tuvo opción mas que retroceder unos pasos, realmente sintiendo miedo.
–Y TU QUE SABES!?
SOLO ERES UNA CONSORTE, SOLO ESTAS PARA DARME HEREDEROS.
PUDE ELEGIR A CUALQUIERA ASI QUE SIENTETE FELIZ DE QUE TE HAYA ELEGIDO Leonor sintió el impacto de sus palabras como una apuñalada directa al corazón, sus manos temblaron brevemente, pero lo oculto apretando los puños, sintiendo como la ira invadía sus pensamientos.
El rey solo la miraba con furia.
–APARENTEMENTE MAS QUE TU, QUE HACES TODO ESTO POR UN CADAVER QUE NUNCA VOLVERA Y QUE SE PUDRE PERDIDO EN SUECIA.
Leonor pudo continuar hablando, Antonio por inercia, le lanzo una cachetada.
La reina cayo al suelo, con su pelo revuelto cubriéndole la cara, llevándose la mano izquierda a la mejilla, miro al rey, sus pupilas estaban dilatadas, se pego contra la pared, realmente aterrada, como si algo hubiera vuelto a ella, una pequeña gota de sangre cayó al suelo de su labio inferior.
Antonio solo la miro a ella y luego sus manos, solo ahí recupero brevemente la cordura, pero no tuvo fuerzas para nada más.
Se dirigió a la salida, y aunque al cruzar la puerta escucho como su esposa rompía en llanto, solo apretó los puños, se subió a su caballo y partió hacia Pori, la reina se levanto lentamente, sus damas de compañía intentaron ayudarla, pero esta rechazo la ayuda y se marcho a su habitación, llorando amargamente el resto del día y la noche.
Con un rey silencioso a la cabeza, el ejercito salió entre vítores y flores arrojada-s por la población, el rey tomo una.
La sostuvo entre sus dedos con delicadeza, era un Kielo, una flor blanca finlandesa pequeña y en forma de campanita, con un olor dulce y penetrante.
La coloco en su brazal envuelta en un pañuelo blanco, para que su aroma impregnara la tela y acompañara siempre al rey, quizás el rey buscaba tener algo que le recordara lo que dejaba atrás, lo que estaba sacrificando por aquella promesa.
Nadie sabría decirlo.
Los tres amigos se reunieron en Pori, junto a las familias de Caleb y Karl.
Hablaban con sus hijos, despidiéndose, Kristian observaba tranquilamente mientras abordaban los soldados al barco.
La mujer con la que hablaba Caleb en la fiesta se acercó, una dulce jovencita de cabellos rubios, con pecas en la nariz, la cual era pequeña y un rostro fino para ser de una pueblerina, era curiosamente más alta que Caleb.
–Podría… decirle algo?
–Dijo en voz baja al Gran Maestre– Es sobre Caleb.
–Claro.
Ambos se separaron ligeramente del grupo.
La muchacha se frotaba las manos, inquieta y nerviosa.
–Vera… Caleb y yo nos pensábamos casar pronto, pero la guerra nos tomó por sorpresa… Los ojos de Caleb brillaron con alegría al momento que una sonrisa se dibujaba en su rostro.
–¡Oh vaya, que bien!
¡No sabes cuanto me alegra!
–Gracias… aunque… debo pedirle algo, que vuelva a casa con vida, por favor, prométalo… es que… vera… él no lo sabe, pero… La chica acaricio su vientre, Kristian lo miro, miro a la joven y luego a Caleb y luego de nuevo a ella, la sorpresa estaba impresa en su rostro.
–Por favor… le ruego que lo cuide, prométame que volverá.
Kristian la tomo de los hombros, dedicándole una sonrisa tranquilizadora –Lo juro, volverá y criaran a su bebe.
La chica sonrió de vuelta.
Finalmente, los tres se reunieron y se despidieron, Abril hizo aparición de lejos, había llegado tarde entre el caos, pero aun así su presencia basta para que Kristian se sintiera amado, y tranquilo, de al menos haber visto a la mujer que podía llamar madre.
Cuando la tierra se hubo distorsionado a la distancia, Caleb observo colocando sus brazos en la baranda del Drakkar.
–Mentiría si no dijera que estoy algo asustado.
Es nuestra primera guerra, nunca hemos estado en combate… Dios ya siento la adrenalina.
–Concéntrate, si te dejas llevar en el campo mueres, recuerda el entrenamiento.
Además de que ya tengo suficiente con vigilar que no te aplasten.
Caleb asintió, Kristian sonrió cruzándose de brazos.
–Mientras estemos juntos seremos invencibles, ¿entienden?
Así que, mantengámonos juntos para sobrevivir.
–Confió en ustedes, y más si el mejor de toda Finlandia nos acompaña.
Los tres sonrieron, mirando el mar, el golfo de Suecia se abría paso ante ellos y muy a lo lejos se encontraba Suecia, una flota de Drakkars con velas blancas y leones rojos navegaba hacia la guerra en el reino vecino, ahí el destino dictaría su veredicto.
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