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Saga Dynastia: Lazos De Sangre. - Capítulo 16

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16: Fuego, Sangre y Paz 16: Fuego, Sangre y Paz Diez mil soldados finlandeses fueron enviados por el rey, la mitad de ellos comprendida en casi toda la Guardia Blanca, para tomar el oeste del reino, asegurándolo para Finlandia, la causa oficial, asegurar la retaguardia para el asedio de Estocolmo, la causa real: cazar a los daneses que pudieran.

Kristian y la guardia irrumpieron en pueblos, aldeas y alguna ciudad pequeña, donde la resistencia era prácticamente inexistente, con listas de los nombres de aldeas y varios nombres de ciertos notables guerreros daneses que merecían ser ejecutados, era simple: solo asesinar a los varones que participaron en la conquista de Suecia y Noruega, una misión sencilla, que se convirtió en pesadilla.

En varias poblaciones encontraron daneses ahorcados, familias arrestadas, o peor, y hombres linchados por la población.

Kristian entro en cada pueblo con la autoridad del rey, y libero a las familias y trato de mantener el orden en las regiones que iban tomando, además de cumplir las ordenes de asesinar a los daneses.

Todos juzgados ahí mismo por sus crímenes.

Ningún pueblo fue quemado, ninguna mujer o niño dañado, al menos no por la Guardia, aunque no se podía decir lo mismo del estado de las familias que quedaron sin un hermano, un padre, un hijo o un abuelo, al ejecutarlos a sangre fría.

La histeria colectiva se había apoderado del país, al punto que los daneses empezaron a huir masivamente, no todos lo lograron, de hecho, una buena parte fue encontrada huyendo de las tropas finlandesas y al ser atrapados, eran ejecutados.

Kristian observaba como la gente, manipulada por el terror y la esperanza que les había otorgado su hermano, era capaz de cometer tales actos, sin importar lo cruel e inhumano que fueran sus acciones, la moralidad humana y la bondad cristiana no parecía existir en aquellos días.

Caleb, en uno de los poblados, se quedó mirando como la población dejo al último danes.

Sus brazos estaban en la dirección contraria, sus piernas parecían una mezcla de hueso perforando la piel y sangre junto a musculo y tejido, el rostro estaba totalmente deformado por los golpes, un ojo estaba fuera de su cuenca y parecía haber sido escupido.

Era una vista desagradable, incluso Caleb, quien había visto más cadáveres en los últimos tiempos, tuvo que apartar la mirada.

Kristian observaba también y negó con la cabeza suspirando.

–Fue suficiente, entiérrenlos, dignamente.

–El rey no ordeno eso –Dijo uno de los capitanes.

–Te lo ordena tu Gran maestre –Repuso Karl–.

El rey ordeno asesinarlos, pero no dijo nada sobre darles entierro, háganlo.

Los soldados asintieron y se llevaron el cuerpo, aunque al hacerlo una de las piernas se desprendió del cuerpo cuando lo llevaban, teniendo que ajustar el cuerpo mientras lo llevaban a una fosa, Caleb miro a Kristian.

–Como paso esto?

–Pregunto Consternado– y por qué participamos en esto?

–Por que tenemos ordenes…y…La gente hace lo que cree correcto para proteger a sus familias –Respondió Kristian–.

Además, como nosotros, esta gente también sufrió con su ocupación, solo necesitaban algo que lo provocase, algo que hiciera que todo estallara.

–Somos mejores que esto… Karl intervino, poniendo la mano en el hombro de Caleb.

–No dejes que te afecte, solo seguimos ordenes, y nada podemos hacer para cambiarlo, solo nos queda darles el descanso que merecen, por que a estas alturas… la diferencia entre culpable e inocente, no existe.

Se dice que la Guardia Blanca y el ejercito en general en toda la guerra, en territorio sueco y noruego, extermino a mas de treinta mil daneses entre victorias, prisioneros, ejecuciones locales del pueblo y los que el rey consideraba criminales por atacar Finlandia años atrás.

Por donde pasara la Guardia Blanca, el miedo era inmenso, hubo algunas escaramuzas contra grupos de soldados daneses que habían formado parte de los ejércitos que habían sido derrotados y refuerzos de Noruega o al menos lo que quedaba de ellos, pero nada que no pudieran vencer, de hecho, no tuvieron bajas en ningún combate.

Así fue durante una semana.

Aunque entre el caos y el miedo, un poblado Sueco los recibió con los brazos abiertos.

No tenían mucho sus casas eran de madera, yeso y cal.

Solo era una parada para descansar del viaje.

Sus calles de tierra y sus rebaños de vacas y hectáreas de granja denotaban que esa población no había sido interrumpida por la guerra, como si se hubiera detenido el tiempo en aquellos hermosos campos.

Sus gentes alegres dieron agua y comida a los recién llegados y cuando cayó la noche hicieron una gran fiesta.

Había música, comida y una gran fogata como si fueran las antiguas fiestas paganas, cuando la guerra estaba lejos, cuando rebosaba comida y todos eran iguales, tratados como hermanos, en fraternidad.

La Guardia Bailo alegremente, unos niños muy curiosos se fueron acercando a Kristian, este, al verlos algo asustados por su tamaño, sonrió amablemente y les hablo con dulzura.

Como le hubiera hablado Abril muchos años atrás.

Los mimaba y contaba historias fantasiosas sobre dragones, héroes y damas en apuros, como haría cualquier guerrero o un hermano mayor.

En poco tiempo ya tenía un gran grupo de niños, sentados todos en el suelo, con las piernas cruzadas, él estaba sentado en una silla de madera, estaban de espaldas al fuego y el movía las manos haciendo los gestos de dragones, espadas, golpes y algún que otro chiste aprovechando las sombras provocadas por la fogata.

–Eso en verdad sucedió?

–Pregunto uno de los niños con su voz suave e inocente.

Antes de que Kristian pudiera responder, Caleb apareció poniendo sus manos en los hombros de Kristian.

–Claro que sí!

Yo estuve ahí junto a su amigo, lo puedo jurar.

Todos los niños soltaron un “Oohh” sorprendidos, Kristian asintió agradeciendo el apoyo y continuo relatando.

La música se volvió más alegre, más bailable, y con unas jarras de cerveza en su sistema, que bebió mientras asentía a cada historia de Kristian, Caleb se levantó y comenzó a tararear una canción.

Aunque no estaba del todo borracho, estaba lo suficientemente alcoholizado como para hacer cualquier cosa, y después de unos segundos empezó a bailar, animando a la gente a hacerlo.

Estos se miraron y las parejas, mujeres y jóvenes salieron a bailar al ritmo de la música.

Kristian sin nada mas que hacer motivo a sus niños a hacerlo, empezando a bailar efusivamente con la población Guardias, soldados y aldeanos.

Intercambiaban parejas de baile, dando vueltas y saltos, realmente Kristian solo imitaba lo que hacían los demás.

El pobre no sabía bailar, toda su vida había entrenado y preparado para la guerra, aquella paz era extraña para él, una sensación que no había sentido nunca, de que la guerra no existía, que podía bailar allí para siempre y no le importaría.

Una sonrisa sincera se dibujó en sus labios, en ese momento su objetivo y su propósito solo fueron vivir aquella noche.

Cuando llego a bailar junto a Caleb como dos amigos, vieron, para su gran asombro, a Karl hablar con una dama y luego desaparecer entre las casas.

Ambos amigos se miraron, se encogieron de hombros y siguieron disfrutando aquella noche.

Caleb fue el más alegre y activo, incluso canto junto a Kristian y en solitario, además de contar alguna historia de batalla.

Por una noche, todos olvidaron lo que sucedía fuera, dejaron de pensar en el futuro y se centraron en el ahora.

Por la mañana todos se prepararon para salir, se montaban en sus caballos los oficiales, Caleb y Kristian esperaban fuera de la casa donde les habían dicho que Karl estaba.

–Apresurate!

¡Debemos volver a Estocolmo!

¡El asedio está en proceso!

–Grito Caleb hacia la casa.

Karl abrió la puerta frotándose los ojos y bostezando, con su armadura puesta pero el pelo revuelto.

–Fue una buena noche eh?

–Dijo burlonamente Kristian.

Entonces salió la mujer de ayer, sonriente, un poco atontada desaliñada y sujetándose la ropa aun, Caleb y Kristian asintieron orgullosos, pero grande fue su sorpresa cuando salió otra… y otra, y otra… salieron un total de cuatro mujeres más.

Ambos abrieron los ojos y la boca, Karl solo sonreía mientras se subía al caballo que habían traído.

–Si, la mejor noche –Respondió Por fin Karl antes de avanzar.

Karl soltó una carcajada, mientras sus dos amigos lo veían aun sorprendidos, aunque después le siguieron la corriente y rieron.

Karl primero, detrás Caleb y de ultimo Kristian, sonriendo, realmente había sido una noche de la cual el recuerdo lo atesorarían por el resto de sus vidas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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