Saga Dynastia: Lazos De Sangre. - Capítulo 17
- Inicio
- Todas las novelas
- Saga Dynastia: Lazos De Sangre.
- Capítulo 17 - 17 Promesas
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
17: Promesas 17: Promesas Las tropas llegaron a las afueras de Estocolmo, alrededor de la ciudad se había establecido un sitio, desde dentro salían disparadas balas de catapultas, mientras que, desde el lado de las tropas finlandesas había dos trabucos que estaban siendo recargados y varias escalas estaban siendo construidas.
Kristian ordeno a los soldados regulares volver bajo sus lideres anteriores a el y La Guardia Blanca se presento ante el rey.
Antonio estaba mirando la ciudad, viendo como columnas de humo emergían de la misma y los canales que la surcaban se llenaban de cuerpos.
Kristian interrumpió su meditación carraspeando su garganta.
–Majestad…
hemos regresado.
–Bien…
que la Guardia descanse, mañana asaltaremos las murallas.
En ese momento los trabucos, con un sonido mecánico de madera, lanzo dos enormes rocas contra las murallas enemigas, impactando una directamente en el muro y otra impactó con la parte superior arrastrando arqueros con ella.
–Cree que sea buena idea?
–Kristian pregunto con voz suave– Según sabemos ahí dentro se reunieron todo lo que quedo del ejercito que destruimos en Gavle, estamos hablando de probablemente quince mil hombres atrincherados en la ciudad, quizás mas quizás menos pero igualmente la cantidad es considerable, aunque en otras circunstancias seria una cantidad insignificante contra nosotros…
están en una urbe que conocen mejor que nosotros.
–Debemos acabar con esto, me han llegado informes de que en Finlandia se produjo una rebelión…
así que debemos apresurarnos.
Había una carga de culpa en sus palabras, se notaba en las pausas al final de ellas.
Kristian lo noto, quería ayudar a su hermano así que hablo con tono suave.
–No sé qué sucedió en el palacio, tuvo que ser grave para que la reina no lo despidiera cuando marchamos, eso hace ya dos meses, pero quizás si…
–No opines si no lo sabes –Interrumpió Antonio a su hermano–.
Es mejor que calles.
–No puedo, quiero ayudar, porque sé que estamos aquí por algo más importante, por algo que nos supera.
Antonio se quedó callado, por un momento sorprendiéndose de hasta donde había llegado el poder de sus palabras, realmente Kristian no sospechaba o simplemente ignoraba cualquier otra razón para estar en Suecia.
–Debemos terminar, como dices, por Finlandia, por el pueblo y cumplir nuestra promesa de vengarnos, es lo importante, es lo que vale…
para eso vinimos no sé qué pasado tienes aquí, pero igualmente, estos hombres te seguirán hasta el final y yo te seguiré hasta el final hermano.
Hubo silencio, una brisa cargada con el olor a ceniza y muerte revolvió el pelo revuelto de ambos.
Antonio mirando la ciudad, para luego, cuando el viento se hubo detenido, bajado la cabeza y, finalmente, respondido a las palabras de su hermano.
–Aun…
buscas que te considere de la familia…?
Kristian miro a su hermano, realmente no sabía que responder, había tantas cosas que podría decir, pero, al final había llegado hasta allí y no sabia del todo lo que deseaba, perseguía una aprobación, amor, hermandad y aceptación, pero…
acaso no lo tenia ya?
Caleb y Karl eran sus hermanos, siempre lo trataron con respeto, con cariño y lo apoyaron en todo incluso en aquel sueño suyo de que su hermano por fin lo amase…
aquellas conclusiones lo hicieron quedarse callado.
Sin embargo, Antonio no espero más su respuesta y camino hasta su tienda.
–Entonces cumple lo que dices.
El Gran Maestre escucho esas palabras, cumpliría su objetivo, después de tantos años solo debía soportar una batalla mas, además de tener a sus amigos a su lado, aunque en ese momento la alegría de conseguir que su hermano lo aceptase fue mayor a los pensamientos que había tenido hace un momento, era lo que deseaba, se había reavivado la llama.
Asintió con determinación y se dirigió a la tienda.
Antonio miro los informes de Finlandia recién llegados, los cuales tomo rápidamente y reviso.
Superada en número cinco a uno y en armamento, la reina Leonor aplasto una rebelión que surgió de los nobles, los pocos que quedaban, que buscaban usurpar el trono.
El rey se sentó, escribió una carta hacia unos días, un poco tosca, intentando disculparse y decirle si podrían hablar al llegar.
Un emisario entro.
–Majestad, respuesta de la reina.
Rápidamente extendió su mano para recoger la carta y estuvo a punto de abrirla hasta que noto que era su propio sello el que estaba ahí, seco.
Comprobó que era suya por el contenido.
–Según me informaron, se negó a abrirla y la regreso.
Solo asintió en respuesta y con una mano le señalo que se fuera.
Con ambas manos se tapo otra vez los oídos.
Aun escuchaba las voces de los cadáveres en los que se había apilado, a los que había usado para escalar hasta la cima.
Su nombre era temido, sus tropas aterrorizaban donde quiera que fuera, sus manos estaban manchadas de sangre.
Ahogo sus penas en vino, no se emborracho, no podía, menos en esa situación, solo fueron dos copas.
Si hubiera estado a su alcance, se hubiera tirado al mar del norte terminar con todo y callar a todos en su cabeza.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com