Saga Dynastia: Lazos De Sangre. - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Ríos De Sangre
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18: Ríos De Sangre 18: Ríos De Sangre Al día siguiente las escaleras estaban listas, los trabucos aun seguían disparando, pero las murallas no cederían.
El rey se posiciono frente a sus hombres, y cuando hubo tomado aire, se giro hacia ellos con espada en mano, vociferando.
-Soldados!
Les pido que me concedan un ultimo favor, que lleven a cabo una última tarea: Detrás de esos muros se encuentran las ultimas fuerzas enemigas, es todo lo que nos separa de la gloria eterna, ha llegado la hora de la verdad…
¡SIGANME Y LA ETERNIDAD SERA SUYA!
Un nuevo grito de guerra se alzo por el campo de batalla, Antonio tomo su escudo, y junto a el las tropas y las escalas avanzaron.
Los daneses observaron y empezaron a disparar sus arcos y ballestas.
Era media tarde, el sol estaba bajando a espaldas del ejercito finlandés, dificultando un poco la visión de los arqueros, no mucho, pero lo suficiente como para no notar que los trabucos cambiaron su ángulo para impactar justo en la puerta de la ciudad con barriles de aceite.
Varios impactaban sobre la puerta y sus alrededores continuamente.
Las escalas estaban sufriendo bajas de arqueros, no las suficientes para detenerlos gracias a las armaduras, por lo que no tardaron en llegar a las murallas y colocarlas bajo el intenso zumbido de las flechas pasando cerca y encima de sus cabezas.
Caleb iba de ultimo en las filas que daban a las escalas, esperando que los últimos barriles terminaran de impactar, cuando eso paso, tomo una flecha que le pasaron sus compañeros, estaba lista para incendiarse, algo que hizo con ayuda de un hombre con antorcha que estaba con él, apunto su arco cubierto por los escudos de sus camaradas y disparo la flecha incendiaria hacia la puerta, la cual se clavó y encendió la llama, estallando en una bola de fuego que incluso cegó y quemo a los que estaban disparando encima de ella.
Querían debilitarla lo suficiente para el ariete que estaba terminando su construcción.
Volviendo a las escalas, estas se colocaron rápidamente al mismo tiempo que estallaba en llamas la puerta, las tropas empezaron a subir cubiertas por sus escudos, recibiendo las flechas, que zumbaban o se clavaban en los escudos de madera con un sonido sordo.
La Guardia Blanca encabezada por el rey y el Gran Maestre llegaron a la cima, comenzando el combate sobre la muralla.
Antonio tuvo su primera baja al empujar a un danes al vacío y clavar su espada en otro.
Kristian lanzo dos de sus dagas contra sus enemigos matándolos en el acto, al poco tiempo los guerreros enmascarados subieron con ellos y rápidamente despejaron la zona de la escala permitiendo la penetración de más miembros de la Guardia, provocando el caos en la muralla.
Kristian intento abrir la puerta, pero como era de suponer al llegar a donde estaba el mecanismo, lo habían roto para evitar que se abriera.
Maldiciendo a todo danés vivo, Kristian bloqueo el ataque de hacha de uno de ellos, quien lo puso contra la pared haciendo una pelea de fuerza.
Los ojos del danes llenos de desesperación y furia se clavaron en los de Kristian, su oponente intento asfixiarlo con su hacha, pero Kristian tenia algo mas de fuerza, evitándolo e intentando contraatacar.
Karl hizo acto de presencia tomando al danés por su armadura y lanzándolo contra otros daneses que entraban.
-No mueras ahora!
Grito antes de cargar contra sus enemigos, Kristian sacudió la cabeza y fue con él.
Karl clavo su hacha en el casco de uno de ellos atravesándolo por ser de cuero, y matándolo, Kristian lo cubrió bloqueando una estocada dirigida a él desviándola y golpeando la garganta de su enemigo tan fuerte con su guantelete que la manzana de Adán salió de su lugar y termino muriendo ahogado, aparte de caer al vacío por echarse para atrás.
Ambos eran imparables y lo fueron aún más cuando de las escalas al otro lado de la muralla, después de la zona de la puerta, aparecieran Caleb y sus arqueros disparando con sus ballestas desde las escalas a los enemigos matándolos o tirándolos de la muralla.
-Estábamos bien -Dijo Kristian.
-Se dice gracias -Respondió Caleb pisando la muralla.
-No pierdan el tiempo, bajemos.
Karl se adelanto mientras hablaba, los siguieron la guardia observando como los daneses retrocedían formando un muro de escudos en la calle principal.
La Guardia Blanca bajo de la muralla y justo detrás de ellos el ariete abría la puerta dando paso a numerosas tropas más.
El rey se colocó frente a su guardia y al lado de su segundo al mando.
Kristian y el se miraron y luego miraron al frente.
Empezaron a caminar hacia ellos, primero lento, luego acelerando el paso, hasta que estaban trotando cargando contra sus enemigos.
Estos gritaron provocándolos, la Guardia Blanca tomo sus jabalinas, que pasaron desde la retaguardia a los soldados de primera linea, y las lanzo antes de cargar finalmente a la carrera.
Las jabalinas provocaron considerables bajas detrás de los escudos e inutilizaron algunos de los mismos, por lo que el choque fue brutal para los daneses, quienes apenas pudieron mantener la formación.
Antonio peleaba fuera de si, con ira y, dando gritos y siendo más brutal que nunca, mutilaba, rompía huesos y decapitaba, evitando contener su furia iracunda, desahogándose, pero perdiéndose a la vez.
Kristian le seguía el ritmo, como podía, los tres amigos estaban juntos, provocando serios problemas a los daneses.
Karl lanzo una de sus hachas, haciendo caer a su oponente y luego rompió le escudo de otro, a lo cual Kristian apoyo apuñalando al enemigo por el costado y Caleb disparo al cráneo del enemigo detrás de ese, los daneses empezaron a retroceder, cediendo terreno, algunos salían de las casas intentando flanquear a la guardia, pero poco podían hacer, eran muy pocos y temerosos, contra una fuerza imparable que los ejecuto entre gritos y suplicas.
La caballería empezó a entrar en la ciudad, destrozando las líneas enemigas en otras calles de la ciudad, las islas más pequeñas que la conformaban estaban siendo tomadas.
El rey Antonio al ver cómo se retiraban los daneses exigió un caballo, cuando llego se subió a él y miro a Kristian.
-Iré con la Guardia a Caballo, debo llegar al palacio.
-Majestad lo necesitamos aquí -Protesto Kristian- Aún quedan soldados es peligroso y los hombres que están aquí pelean por usted no nos deje!
-Controla la situación.
No siempre estaré para todos, debo terminar esto.
El rey galopo alejándose, yendo junto a otros cientos de tropas a caballo al palacio real.
Kristian maldijo una vez más y continúo peleando abriéndose paso debido a la cantidad de daneses que llegaban.
Avanzaban lento, entre batallas y peligro de emboscada.
Cuando parecía que la calle estaba despejada, Kristian rápidamente ordeno marchar hacia el palacio, a la carrera.
-Nos estamos exponiendo!
-Vocifero Caleb.
-Debemos llegar hasta el rey!
Entonces de entre los callejones, una fila de ballesteros daneses apareció, Kristian grito la orden de escudos, pero no todos lograron cubrirse a tiempo, Karl y Caleb apenas pudieron, pero casi toda la primera fila de guardias cayo, Kristian los miro y ordeno la carga furioso.
Caleb y sus arqueros dispararon una rápida carga de flechas, derribando a varios y comenzando una vez mas el combate.
La guardia inicio ganando la escaramuza con cierta facilidad, pero cuando la primera línea cayo, de entre el fuego y muerte, apareció un regimiento de caballeros con armadura azul oscuro, casi negro.
Todos la reconocieron, era la letal Livgardet, anteriormente servían al rey sueco, ahora al rey danes, compuesta por los soldados de elite del ejercito de ocupación.
Si los daneses en general habían sembrado el terror en Europa, en el norte eran ellos quienes tenían esa fama, por su letalidad y precisión.
Sus armaduras apenas dejaban espacio para atacar, pesadas y reforzadas con una cota de malla debajo de ella.
La Guardia Blanca se preparó, estaban frente a los que probablemente eran los únicos capaces de vencerlos.
Se produjo un breve intercambio de miradas entre los lideres, Kristian y uno con un casco con una especie de pluma roja, sintiéndose la tensión en el aire, Kristian por primera vez sintió miedo, ya no era adrenalina, realmente estaba nervioso, pero no fue suficiente para hacerlo flaquear, ordeno la carga y la Livgardet no decepciono.
El choque de armaduras y espadas fue brutal, en primera instancia varios miembros de la Guardia Blanca cayeron arrastrando consigo algunos de la guardia sueca.
Ambas guardias tenían dificultades para matarse entre sí, curiosamente por las armaduras pesadas que portaban que eran terriblemente buenas en ello.
Kristian usos guanteletes para tomar la espada por el filo y bloquear con ella de manera horizontal, utilizando el mango para atrapar la espada enemiga y desviarla, cuando lo hizo, rápidamente lanzo una estocada debajo de la axila enemiga, logrando herir de muerte a su oponente.
Caleb disparo una última flecha antes de tirar su arco y desenvainar su espada, pegando la espalda con Karl.
-Son duros de matar!
-Declaro Caleb.
-Recuerda nuestro entrenamiento!
¡El cuello y bajo sus axilas!
Ataca partes blandas.
Las filas de los dos grupos se rompieron, empezando una batalla sin orden, solo reconocibles entre si por las armaduras.
Karl y Caleb mantenían su posición, dejando cadáveres a su alrededor, Kristian se separo por la cantidad de soldados que irrumpieron en las filas de la Guardia Blanca.
Intentaron acercarse mutuamente para garantizar que los tres se cubriesen, pero seria una tarea titanica.
Caleb bloqueo con su espada un ataque vertical de uno de ellos, en una pequeña pelea de fuerza, sus músculos estaban sufriendo por el cansancio extremo, ya llevaban ahí mas de diez minutos peleando con todas sus fuerzas, sin contar el camino hasta ahí desde la muralla.
Caleb pateo a su oponente y cuando este intento atacar de nuevo un corte preciso fue suficiente para dejarlo sin mano y luego fue decapitado, Caleb jadeo y miro como Karl golpeaba con sus hachas y escudos a sus enemigos, lanzándolos por los aires.
Sonrió, se sentía seguro, miro hacia la dirección de Kristian, este estaba acercándose.
Sin embargo, por haberse distraído, un lancero apareció a su costado, lo vio por el rabillo del ojo, pero era demasiado tarde no lo podía esquivar.
Entonces impacto, pero no en el; Karl se interpuso empujándolo con su espalda.
Recibió el impacto en su costado, bajo su axila donde no estaba protegido.
Caleb por un momento se paralizo y rápidamente atravesó el cuello con un grito de ira al lancero quien había atravesado a su amigo.
Ambos intercambiaron miradas, Karl solo sonrió y volvió a levantarse.
-Te dije….
que te cuidaras enano…
Dijo el campesino volviendo a atacar como si nada, protegiendo a Caleb, más lanceros aparecieron y aunque desviara sus lanzas y decapitara a varios de ellos.
Los demás lograron acercarse y apuñalarlo.
Caleb intento ayudar, pero dos miembros de la Litvgarde se interpusieron.
Kristian observo la situación y grito el nombre de sus amigos, atacando con furia a los que se interponían en su camino.
El capadocio empujo a varios de sus enemigos, sin embargo, un virote de ballesta se incrusto en su pecho y luego otro.
El dolor era punzante, intento seguir adelante, a pesar de que su rostro expresaba el dolor inmenso que sentía.
Karl cayó al suelo, Caleb dio unos pasos mas hasta que finalmente cayo al impactar otro virote en su abdomen, de espaldas junto a su amigo.
Kristian dio un grito, apartando a todos los que estaban frente a él y corriendo hacia sus amigos, arrodillándose frente a ellos.
Miro a Karl, pero este estaba viendo al cielo, sin respirar, parecía extrañamente pacifico.
Las lagrimas corrieron los ojos del Gran Maestre, Caleb aun respiraba con dificultad, rápidamente lo tomo entre sus brazos.
La Guardia Blanca rodeo a su líder para protegerlo lo más que pudieron.
-N-no…
No, esto no puede estar pasando…
-Balbuceo Kristian quitándose el casco y colocando la mano en el pecho de Caleb con el virote entre sus dedos, sin saber que hacer.
-D-debes…
ir con…
Karl…-Dijo Caleb con una voz tenue, casi como un susurro.
Kristian con grandes lagrimas corriendo por sus mejillas, miraba a su amigo, sintiendo el pánico en su corazón, sentía que iba a salirle por la garganta.
Negó con la cabeza cuando escucho el nombre de Karl, Caleb entendió lo que sucedía y una lagrima salió también de su ojo derecho, su respiración se hacía cada vez más lenta, Kristian tomo su mano rápidamente y apretó con algo de fuerza.
-No….
¡No…!
¡Debes vivir!
¡Debes volver a casa!
-No….
Podre…
pero…
promete que saldrás de aquí…
el rey….
te aceptara…
El Gran Maestre negó con la cabeza mientras una sonrisa se dibujaba en rostro de Caleb, una débil que se borro por la tos con sangre que prosiguió.
-Escúchame!
¡Vas a ser padre…
debes volver…
debes volver y criarlo!
¡Serás padre no puedes dejarlo solo!
Caleb sonrió débilmente, entre sorpresa y tristeza y tomo a Kristian por la armadura en su pecho.
-K-arl…
es….
Un buen….
Nombre….
para….
un….
bebe….
Finalmente, su mano soltó la armadura de Kristian, y sus ojos perdieron su color.
La vida de Caleb se extinguió en ese momento.
Kristian se quedó mirando el cuerpo de su amigo, sus lágrimas caían a la armadura de su amigo inerte, miro a Karl y solo encontró la muerte.
Los gritos se convirtieron en un eco lejano, la guardia retrocedía ante la Livgardet, imparable.
Cuando se encontraron con Kristian, algunos se apiadaron, no lo mataron al instante, dejaron que su líder se acercase para termina el trabajo.
Este camino hacia Kristian.
-La guerra es cruel -Dijo en danés- pero anímate, te reunirás con ellos pronto.
Antes de que se acercara más, Kristian lentamente se levantó tomando el hacha de Karl y la espada de Caleb.
La Guardia Blanca contemplo como probablemente su líder moriría frente a ellos.
El líder enemigo sonrió levemente.
-Al menos morirás con honor.
El danés cargo contra Kristian, este se mantuvo de espaldas, con los ojos cerrados, hasta que finalmente los abrió, se giró, bloqueo con el hacha y clavo su espada con furia atravesando la boca de su enemigo y saliendo detrás, en su nuca, matándolo.
La Livgardet se sorprendió al ver caer a su líder tan fácilmente.
Kristian levanto la mirada ensangrentada hacia ellos, respirando con fuerza, sus ojos encendidos como llamas.
La ira lo consumió, haciendo que cargase contra los daneses.
Los gritos de la Livgardet se escuchaban por toda la calle, Kristian era imparable, sus ataques eran tan poderosos que las espadas de sus enemigos se rompían intentando bloquear sus golpes, sus cascos también eran destrozados por el hacha que Kristian clavaba en sus cráneos, parecía gruñir y gritar con cada ataque y cada muerte que hacía.
Muchos dirían que inclusos ojos se volvieron completamente negros mientras atacaba, como si el mismo demonio se hubiera apoderado del Gran Maestre.
La Guardia Blanca cargo junto a su líder, pero apenas podía hacer algo, Kristian era intocable, invencible.
La sangre empezó a inundar la calle, riachuelos del liquido rojo se deslizaban por las rendijas de las piedras incrustadas en la calle.
Aunque cada uno de sus músculos estuviera al límite, no le importaba, el dolor físico era lo menos importante en ese momento.
Los escudos se quebraron, las lanzas se rompieron y las armaduras se destrozaron.
Los gritos mezclados con furia y dolor acompañaban los ataques de Kristian.
Cuando todo acabo en esa calle, un espectáculo de sangre y miembros esparcidos por toda la calle apareció, como una especie de rio sangriento lleno de miembros y cuerpos mutilados.
La Guardia busco a su líder, pero este ya caminaba al palacio, se miraron entre sí, aterrados por su propio jefe, pero lo siguieron.
¿Qué más podían hacer?
Muchos reportan haber visto al Gran Maestre por las calles, masacrando a todos los daneses que se encontraba, llenando su armadura de sangre, como un demonio que no tenía la más mínima pizca de piedad.
Kristian repetía en su mente una y otra vez cada momento compartido con sus amigos, la fiesta en la aldea, los entrenamientos con sus amigos, las noches en que los tres soñaban con ser grandes héroes de guerra, el había buscado lo que ya tenia con el, se sintió miserable y despreciable, y cada que lo recordaba, gritaba de dolor y furia.
Ahora cada emoción que sentía cada recuerdo que se reproducía en su mente, eran su impulso, su motivación, lo que hacía que cada fibra de su ser, aunque estuviera al borde del colapso se moviera contra sus enemigos, matándolos de las formas más sangrientas posibles.
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