Saga Dynastia: Lazos De Sangre. - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 El Príncipe y El Campesino
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2: El Príncipe y El Campesino 2: El Príncipe y El Campesino Antes de ese día, antes de que los soldados en aquel bosque nevado estuvieran a punto de derramar sangre, antes de que supieran manejar con tanta pericia los arcos y las ballestas, hacia poco más de una década, en las afueras de la capital de este reino finlandés, Kalanti, en un campo abierto, donde se alzaba un muro de piedra de más de ocho metros de alto, vigilado por soldados con armadura blanca como las que llevarían los jóvenes antes narrados en la batalla.
Resguardaban diversos edificios de piedra, barracas y escuelas, donde había niños siendo educados en materias como historia, filosofía y matemáticas, lo necesario para que no fueran soldados fáciles de manipular, evitando que la avaricia se apoderase de ellos, además de la clara enseñanza basada en la lealtad y el honor de servir al reino y sobre todo al rey.
A través de calles de tierra, donde trotaban varios grupos de reclutas, donde los soldados conversaban entre sí y compartían historias, se estaba formando una elite guerrera distinta a las demás, una que no tuviera rival en Europa y el mundo.
Más hacia el centro de aquel fuerte había un espacio cuadrado, donde diversos reclutas se encontraban dentro de círculos marcados en la tierra, en enfrentamientos de uno contra uno, con espadas de madera supervisados por otros soldados experimentados y veteranos.
En uno de estos círculos se encontraba un joven alto, incluso apenas siendo un niño de nueve años, era más alto que el resto, además de ser algo robusto.
Su duelo acabo cuando el pelirrojo bloqueo un tajo vertical de su rival y como contraataque lanzo una patada tan fuerte que saco al joven iniciado fuera del círculo.
–Alguien más desea enfrentarme?
¿Ya van tres que he vencido, quien quiere ser el cuarto?
–Declaraba altaneramente colocando la espada de madera en su hombro, mientras caminaba por el circulo– ¿o acaso me lo dejaran tan fácil el ascender y ser su líder, seré yo el gran maestre?
¿El Gran Maestre Karl?
Los niños dudaron, murmuraron entre sí, nadie se atrevió a pasar en los próximos segundos.
El joven pelirrojo negó con la cabeza, decepcionado, para posteriormente levantar la mirada y ver a todos señalando con su espada a cada uno de ellos.
–Y así quieren que el rey les confié su vida?
La duda creció, pero nadie se movió.
Sin embargo, cuando todos dudaban, alguien salió de entre sus filas, de cabello rubio y ojos verdes, el mismo del principio.
Con un rostro impasible, camino hasta quedar al frente de Karl, y lo miro directamente.
Su rostro era fino, su nariz puntiaguda y, en pocas palabras, parecía más un simple noble que un guerrero.
–Parece que se te subió a la cabeza, alguien debe hacerte abrir los ojos –Hablo el joven Rubio mientras esbozaba una pequeña sonrisa– ¿Gustas tener un duelo?
El mentón de Karl se tensó, con los ojos hizo notoria su molestia como si una flama se hubiera encendido.
–Parece que eres tú al que se le subió a la cabeza sus pequeños momentos de suerte, no creas que por tener un rostro bonito seré amable, no me interesa de donde vengas, aquí dentro no eres más que un gusano.
Un niño mimado no me derrotara.
Karl se colocó en posición para combatir con la guardia alta tomando la espada con ambas manos, mientras sonreía confiadamente.
El rubio solo camino hacia el circulo tomando la espada de madera del recluta que había derrotado Karl anteriormente.
–¿Hablas mucho, demuestra que de verdad puedes derrotarme, o solo son palabras?
Karl no tardo en lanzar su primer ataque, con furia, intentando hacer un corte lateral desde la derecha.
Su rival lo bloqueo con facilidad usando su espada, contraponiéndola a la de Karl y sosteniéndola con fuerza para evitar que el campesino lo golpease y con una patada lo aparto, para contraatacar con tajos directos al cuerpo de Karl, pero a una velocidad considerable, más que a las que se había enfrentado el pelirrojo.
Las espadas cortaban el aire, y luego chocaban entre sí, con fuerza y estruendo, los movimientos de los pies de ambos sacudían la nieve, levantando copos en el aire.
Los iniciados veían con asombro el combate que se desarrollaba, intrigados, queriendo saber quién ganaría.
Karl bloqueo unas ultimas estocadas antes de lanzar un tajo vertical a la cabeza de su oponente, el cual antepuso su espada y Karl soltó una mano de la suya para propinar un fuerte puñetazo al rostro de su rival.
Este retrocedió llevándose la mano a la nariz.
Karl intento aprovechar el momento y quiso acabar el combate con una última estocada al pecho, pero el joven de cabello rubio la desvió con su espada y lanzo otra patada al estómago de Karl, haciéndolo retroceder y pausando la pelea momentáneamente.
Karl jadeo, llevando su mano a su estomago, mirando a su rival, quito la mano de su estomago para secarse el sudor de la frente con la parte superior de la misma, dejando la palma a la vista de su rival.
–Admito… que no eres solo palabras… sabes pelear –Dijo Jadeante el joven– Me estas dando problemas… y por lo que veo… eres campesino… no?
Tendré que exagerar la historia… un campesino no puede siquiera haberme tocado con las mismas manos con las que limpia a los cerdos.
El campesino fulmino a su oponente con la mirada, y con un grito de furia, se dejó llevar por la ira, haciendo que sus ataques fueran poderosos, pero sin calculo, sin estrategia, caóticas y sin sentido, haciéndolos fácil de desviar para su oponente, incluso dio algunos saltos a los lados, dejando que la espada de madera se estrellase contra la nieve, levantando aun mas nieve con cada golpe, riendo además cada que lo hacia.
Cuando la ira nublo por completo su juicio intento una estocada a su rostro, este solo tuvo que apartarse del camino y lanzar un nuevo ataque vertical hacia su brazo.
Karl dio un pequeño grito de dolor, pero no tuvo tiempo de más, pues su rival dio un codazo en su rostro y remato barriendo sus piernas haciéndolo caer al suelo.
Cuando se dio cuenta, ya tenía la espada de su oponente en el cuello.
–Buena pelea, pero se acabó.
Declaro su rival, estallando en una celebración por parte de los demás reclutas que miraban el combate, Karl, suspiro con enojo, e intento levantarse.
La mano del joven recluta se extendió hacia él, evitando que lo hiciera por si solo.
–Estas jodiéndome?
–gruño– Acabas de humillarme y me das la mano?
–Tu orgullo, es un arma de doble filo, te vi hace un rato, eres un gran luchador, pero eres volátil, fácil de hacer enojar, muy gruñón, solo tuve que molestarte y tus ataques se hicieron fáciles.
Con una voz calmada y una sonrisa pequeña, explicaba esto a su oponente mientras lo ayudaba a levantarse.
–Si no lo controlas, probablemente no sobrevivas a la primera batalla.
Karl lo miro, algo confundido.
–Quien eres y por qué me ayudas?
–Me llamo Kristian, y es mi deber, nuestro deber, somos hermanos de armas y debemos cuidarnos el uno al otro, no quiero que lo primero que vea sea un campesino iracundo muriendo en primera fila.
Kristian sonrió levemente y ambos se quedaron ahí mientras los reclutas les hablaban, Karl estaba algo desorientado, pero mantuvo su orgullo y bromeo con Kristian sobre la pelea, y que, básicamente, lo había dejado ganar.
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