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Saga Dynastia: Lazos De Sangre. - Capítulo 21

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21: Cierre 21: Cierre Rey de Suecia, Rey de Finlandia y Rey de Noruega, fueron los títulos que se dieron al entrar en triunfo en la capital de su reino, Kalanti.

La gente celebraba tirando flores, dando saltos de alegría, el pueblo estaba orgulloso de su rey y orgullosos de sus hijos.

Finalmente llegaron al palacio, donde Jaakko recibió a su hermano con un abrazo, ambos habían estado en la guerra, pero en distintos frentes, tenían mucho tiempo sin verse.

Cuando termino el abrazo no dijeron nada, puesto que los dos sabían que había algo pendiente.

Al abrirse las puertas del palacio, los militares y algunos nobles nuevos estaban presente, la corte de Kalanti, en cada columna de camino al trono estaba custodiada por un Guardia Blanca enmascarado.

En el trono, sobre la alfombra roja se alzaban ambos tronos, en el trono de la reina consorte, estaba ella misma, con un vestido de gala largo, rico en colores y algunas joyas pequeñas incrustadas, denotando su poder y riqueza.

Tenía la frente en alto y las manos colocadas en los brazales del trono.

No se levantó, miraba fijamente y seriamente al rey.

–Su Alteza, el Rey de Suecia, Noruega y Finlandia: Antonio II.

Anuncio el sirviente del palacio, pero hubo un silencio sepulcral en la sala, la reina no se levantó.

Podía considerarse una falta de respeto, pero nadie dijo nada, ni siquiera el rey, este intento acercarse para hablar, pero la reina levanto la mano, ordenándole callar.

Este obedeció, varios de los presentes se miraron, atónitos.

–Soy la Reina consorte de Suecia, Noruega y Finlandia, Leonor.

No tengo sangre real, no pertenezco a ninguna casa, pero según las normas de la familia real de Suomi, los reyes se arrodillan ante sus iguales o personas que se han ganado el respeto y honor de la familia.

Yo me he inclinado ante usted muchas veces majestad, disculpe la osadía, pero nunca he visto que usted respete las propias normas de su familia.

¿Acaso no honra la tradición?

Aquellas palabras resonaron en toda la sala del trono, aunque normalmente, los presentes criticarían tal acción irrespetuosa, no podían, estaba hablando quien con solo trescientos guardias blancas derroto a dos mil hombres que se habían levantado en armas contra el trono, ella sola, sin ningún general que la apoyase, además de ser la esposa del rey.

Como si las palabras hubieran sido para ellos y no para el rey, poco a poco todos empezaron a arrodillarse, Kristian tampoco tardo en hacerlo, todos lo hicieron.

Antonio fue el único de pie, mirando a su esposa, sonrió ligeramente mientras asentía, arrodillándose.

El mas grande rey del norte, el que podía hacer temblar a todo el norte de Europa con solo una palabra, el mas rico y poderoso que ha existido en toda la historia finlandesa, se arrodillo ante su esposa consorte.

Lentamente se pusieron de pie cuando la reina lo ordeno y solo ahí se levanto, fue hasta su esposo, se inclino y ambos se tomaron de la mano para sentarse en el trono.

Los soldados desenfundaron y presentaron sus armas a los reyes.

Mas adelante, ambos reyes estarían en la alcoba, Antonio arrodillado con la cabeza entre las piernas de Leonor.

–No… –Dijo el rey– Hay palabras que demuestren cuanto lo siento….

Si… me dejas… lo entenderé… soy un miserable… patético.

Leonor beso la mejilla de su esposo, acariciando su cabello con suavidad y delicadeza.

–Eres un hombre –Hablo con suavidad la reina–.

Eso es lo que eres, uno que comete errores, uno que tiene sentimientos, emociones que lo han llevado a cometer esos errores, el pasado no define nuestro futuro, lo forjamos nosotros y a partir de ahora, tu debes ser diferente, tienes que forjar un nuevo hombre, la venganza no te trajo nada, solo soledad, tristeza e ira.

¿Qué hubieras hecho si lo hubieras perdido todo?

–Me habría arrojado al mar… Leonor asintió.

–Valora lo que tienes ahora y deja de llorar por el pasado, porque nunca lo podrás cambiar, nunca lo olvidaras, se un verdadero rey, se un verdadero Suomi.

Antonio escucho, apretando, como anhelando a Leonor, le había hecho tanta falta.

Finalmente, ambos se abrazaron y se acostaron en la cama, frente a frente.

El rey ya no sería el mismo a partir de ese día.

Kristian por otro lado, cabalgo por la ciudad y salió a las afueras de al misma con escolta de solo cinco hombres y con una carreta con los cuerpos de sus amigos, en un terreno espacioso y verde con campos de trigo, se encontró con una casa de modesto tamaño, un niño los vio llegar y fue avisar a los demas, la madre de Karl salió por la puerta y camino tan rápido como pudo hacia ellos.

Kristian bajo de su caballo y tomo el hacha de su amigo.

Fue entonces cuando la madre de Karl se detuvo poco a poco.

Kristian la llevo en sus manos hasta quedar frente a ella.

En la carreta, envuelto en sabanas blancas estaba el cuerpo de su amigo, la madre se acercó a él y acaricio las mejillas de su hijo, besando su frente.

Kristian intento decir algo, pero la mano de la mujer se interpuso.

–No hay palabras que puedas decir –Reclamo entre lágrimas– para calmar este dolor… deja el hacha y el cuerpo, y vete, el rey ya me ha quitado un hijo, no quiero nada de él o del reino.

El joven no respondió, simplemente se calló, dejo ambas cosas como le pidió y se marchó.

Los capadocios de Finlandia estaban reunidos en una colonia que habían fundado hacía mucho tiempo por una expedición de estos hacia el norte buscando colonizar, sin embargo, el plan nunca se llevó a cabo y quedaron como una comunidad y súbditos del reino, mezclándose con la población local, estaba cerca de Pori, la ciudad costera al norte de Kalanti.

Llego allí y se encontró con una casa de piedra grande, de estilo oriental como las gentes que allí Vivian.

Llamo a la puerta.

No importaba cuanto se hubiera mentalizado, porque nada lo preparaba para que quien abriese la puerta fuera una mujer con una barriga embarazo evidente, la mujer con pecas, la prometida de Caleb.

Esta sonrió.

–Llegaron!

¡Por fin!

¡Donde esta quiero verlo!

Kristian no pudo decir nada, solamente salieron lagrimas de sus ojos y un sonido entrecortado al intentar hablar.

La sonrisa se esfumo de sus ojos, miro las manos de Kristian, la espada de caleb y luego miro detrás de él, en la carreta envuelto en mantas estaba su prometido.

Se llevo las manos a la boca, negando con la cabeza.

Kristian intento hablar, pero la mujer empezó a golpear su pecho, mientras las lágrimas caían al suelo.

–PROMETISTE QUE VOLVERIA!

¡PROMETISTE QUE CRIARIAMOS A NUESTRO HIJO!

–Gritaba, con dolor y furia– ¿¡PROMETISTE QUE LO CUIDARIAS COMO TE ATRAVES A APARECERTE POR AQUÍ CON SU CUERPO!?

–Lo… siento… puedo… darles dinero para… –LO SIENTES!?

¡¿MI HIJO CRECERA SIN PADRE Y TU SOLO PIENSAS EN DARME DINERO PARA QUE?!

¿¡ALIVIAR UN POCO TU CONCIENCIA!?

Los padres de Caleb aparecieron, detrás de ella miraron y entendieron la situación, la madre de Caleb también estallo en llanto, abrazando a su marido, este tomo en brazos a ambas y luego miro a Kristian, en sus ojos se veía que estaba buscando en Dios la fuerza para mantener la compostura.

–Ya… haz hecho suficiente… Kristian… por favor vete… El Gran Maestre dejo, como con la madre de Karl, la espada y el cuerpo.

Miro una última vez la casa, y se marcho junto a sus hombres.

Cuando llego al palacio, encontró consuelo en los brazos de su hermana, llorando por un largo rato.

Pasaron días, semanas, la tristeza nunca se iba, su hermano organizo los territorios conquistados y el rey cambio su postura, los daneses que quedaban, inocentes o no, fueron perdonados, se les devolvieron las tierras incautadas, sus posesiones y se les devolvió el derecho a vivir en tierras del nuevo reino.

Antonio intento mantener una política de igualdad que fue difícil aplicar, debido a que aun había rencor, pero poco a poco la población lo fue aceptando.

El Gran Maestre, cuando hubo pacificado todo, pidió permiso a su hermano para hacer un viaje a Britannia, tierra de los familiares ingleses de los Suomi.

Allí Kristian exploro el reino, tratando de encontrar un propósito en su vida al alcanzar su objetivo.

Volvió a la capital, Winchester, antigua capital de Wessex, que ahora formaba parte de Danelaw, probablemente el único territorio habitado por daneses con el cual Antonio mantenía una relación diplomática favorable, y eso solo porque el anterior rey era un conocido y la actual reina era su familia.

Camino por las calles empedradas, las casas de piedra y sus techos de paja realmente dejaban mucho que desear, estaban en proceso de recuperarse de una profunda crisis económica por la guerra.

Para distraerse de la vista melancólica, entro a una taberna, la tristeza inundaba su corazón.

Murmullos sonaron cuando el apareció, los rumores habían llegado hasta allí, ya se conocía la historia de la guardia y sobre todo la de él, lo llamaban: El Demonio Blanco.

Nadie sabía cuál fue el número exacto de daneses que asesino en Estocolmo, solo se tienen los de los rumores, algunos hablan de cien, otros de trescientos y otros mas exagerados dicen que mas de quinientos.

Solo se sabía que era el mejor espadachín del norte, líder de la poderosa Guardia Blanca, hermano del rey y que entraba en la taberna pidiendo al dueño una jarra de cerveza.

Miro su reflejo en ella, pero no la bebió de inmediato, sus ojos reflejaban su tristeza, incluso su enojo contra si mismo, tenia ojeras y aunque sus ropajes estaban impecables, su rostro parecía desaliñado.

No había podido distraerse explorando, hablando o participando en torneos, en nada, por lo que solo le quedaba la bebida.

Realmente no le gustaba, para nada, pero quizás si consumía más, podría acostumbrarse y saborear.

Cuando estaba por beber, cuando acercaba la jarra a sus labios, se sentó a su lado una mujer pelirroja, de piel blanca, un poco menos palida que la de el mismo.

Con un vestido azul, con escote algo pronunciado y un aspecto de una mujer que ha crecido entre hombres, puesto que su rostro no era fino, si no rudo, pero guardando una belleza natural hipnotizante.

Kristian aparto la mirada cuando la chica lo miro a él.

Dejo la jarra en la mesa y ella también pidió una, aunque tampoco la bebió.

Ambos guardaron un silencio incomodo, hasta que finalmente Kristian trago saliva y se volteo a hablarle, pero ella también lo hizo, encontrándose con sus ojos azules.

–No bebes?

Preguntaron mutuamente, ambos rieron un poco, ruborizándose.

–Yo… bueno… realmente no… –Contesto primero la chica– pero… estaba caminando y como no… estaba con nadie pues… quise probar algo nuevo.

–Alcohol?

–Kristian levanto una ceja.

–Jeje… no tuve otra idea… mi vida es un poco… solitaria y aburrida y eso que tengo hermanos, aunque no es lo mismo… ¿sabes?

Kristian sonrió asintiendo.

–Si… también tengo hermanos, te entiendo… –Entonces parece que tenemos algo en común.

Nuevamente miraron sus bebidas, ninguno quería beberlas, no ahora, los dedos de la chica golpearon de forma armónica la mesa mientras Kristian se rascaba la nuca, y al ver que nada sucedia, decidió tomar la iniciativa, aunque con mucho nerviosismo.

–Pues… parece que ninguno quiere beber…

jeje… quieres… ahm… pasear?

El tono nervioso de Kristian hizo reír levemente a la chica, Kristian se ruborizo, pero la joven asintioy se levantó.

–Eres lindo, me agradas, vamos a pasear, conozco lugares que no son tan lúgubres, por cierto, me llamo Alicia.

El joven también se levantó.

–Y yo Kristian.

Ambos dieron sus cervezas a alguien más y Kristian dejo una moneda de oro como pago.

Las salidas fueron frecuentes durante esos días, se convirtieron en semanas y luego en un par de meses, Kristian tuvo que volver, pero cada cierto tiempo regresaba con Alicia a Britannia conociendo a su particular familia numerosa, que curiosamente surgía de dos hermanos finlandeses, aunque nunca supo del todo porque se habían ido, solo sabía que se llamaban Lucas y Erik, el segundo era el padre de Alicia.

Después de muchas citas, finalmente el amor surgió entre ambos, y después de un tiempo se casaron, fruto de esa relación, nacieron dos primeros hijos.

Kristian ya tenía en mente los nombres de sus dos pequeños: Caleb y Karl.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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