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Saga Dynastia: Lazos De Sangre. - Capítulo 5

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5: El Rey 5: El Rey La batalla llevaba desarrollándose más de diez minutos, las fuerzas de los nórdicos flaqueaban, los Guardias Blancas estaban arrasando con ellos, tanto por su entrenamiento como por el caos que las flechas de los arqueros en los árboles provocaban.

Sin mando, sin unidad, los nórdicos peleaban por sobrevivir.

Aun así, con la terquedad que los caracteriza, no se rendían, de hecho, superaban en número a la guardia y la batalla dependía de cuanto podrían aguantar.

Era una pelea de desgaste, que por ahora favorecía a la guardia, pero al más mínimo descuido, la balanza podría inclinarse del lado contrario.

Kristian tomo rápidamente su espada y se giró hacia Caleb, quien se acercó, girándose hacia la batalla poniéndose al lado de Karl y Kristian, este último se posiciono igual que él, en guardia y a su lado.

–Gracias, nos dio problemas –A ti te dio problemas –Interrumpió un orgulloso, pero adolorido Karl– Yo lo tenía controlado.

–Aja, los salve, así que me deben lo que hayan apostado –Caleb sonrió y tomo una de sus flechas del carcaj– Ahora asesinemos a unos cuantos, ¿quieren?

Karl y Kristian asintieron gruñendo por haber perdido la apuesta, cargando junto a Caleb contra el enemigo.

Los tres eran imparables, máquinas de matar, Kristian por sí solo asesinaba hasta cinco enemigos al a vez, Karl destruía sus filas, mientras Caleb disparaba flechas certeras cubriendo sus espaldas, cada uno confiaba plenamente en el otro, era como ver un baile, una danza, una de muerte y de destrucción, Karl con su propia fuerza era capaz de romper líneas con una sola carga, Kristian saltaba sobre su espalda rematando a todo el que estuviera detrás, Caleb se mantenía cerca, cada uno fluyendo en perfecta sincronía, con perfecta fluidez.

Fue tal su eficacia, que el flanco derecho enemigo empezó a flaquear.

Era el momento que esperaba Kristian, se colocó detrás de La Guardia Blanca, y miro el panorama, observando como sus soldados mantenían, con dificultad, una línea de batalla.

–Den la señal!

–Grito dando órdenes a soldados con cuernos– Que el león ataque!

Un soldado con un casco con detalles dorados, tomo un cuerno que colgaba de su cintura y lo soplo con fuerza.

Un sonido grave resonó por todo el campo de batalla.

Los arqueros empezaron a bajar de los árboles, disparando ahora desde la base de ellos, desde la retaguardia, provocando que los nórdicos se girasen y buscaran cargar contra ellos.

Fue entonces cuando un segundo cuerno resonó, del camino surgieron figuras, hombres a caballo, muchos de ellos, cargando directamente hacia los nórdicos con una ferocidad y velocidad mortal.

Todos eran guardias blancas.

Al frente de todos ellos, estaba un hombre levemente más alto que el resto, dos metros diez, de cabello blanco, ojos azules, nariz puntiaguda y piel blanca, llevaba una capa blanca igual que los demás, pero con un león parado sobre sus dos patas traseras, de color rojo, su armadura blanca también contenía detalles en dorado y un león igual del mismo color en su pecho.

Cargando con su sable en mano, apuntando hacia adelante motivando a sus soldados junto a él a cargar.

Los nórdicos sintieron sus piernas temblar, intentaron formar una línea, pero fue desecha por el impacto de la caballería que destrozo sus escudos, sus fuerzas y su moral.

Fue brutal, estruendoso, el hombre descrito antes decapito al primer soldado con el que se enfrentó y degolló a otros tantos hasta que se detuvo y comenzó su lucha contra los soldados a pie.

Intentaron rodearlo y tumbarlo, pero soldados de capa negra aparecieron y los detuvieron.

Estos eran más grandes que los soldados comunes de la Guardia Blanca, sus cascos traían una máscara que cubría sus rostros, y debido a la lejanía del suelo con respecto a su tamaño, nadie podía verle los ojos, parecía que se enfrentaban a unos demonios, espíritus.

Varios huyeron, despavoridos, gritando aterrorizados rogando a los dioses piedad.

El hombre de cabello blanco bajo de su caballo rápidamente, desvió una estocada enemiga con su sable y lo clavo en el pecho de su enemigo, dejándolo ahí clavando en el mientras moría, desenfundo una espada larga que llevaba en el lado izquierdo de su cintura.

Con empuñadura dorada y un mango con tiras envueltas en el de oro, el pomo era la cabeza de un león y en la hoja llevaba inscrita en runas: “Esta es la espada del rey, temblad enemigos de Finlandia”.

Camino lentamente, mirando a los enemigos frente a él, con el ceño fruncido, con una mirada de odio que se clavaba fijamente en sus enemigos, parecía que sus ojos los quemaba hasta el alma, era tal que estos temían acercarse a él, temiendo lo que pudiera pasarles se mantenían alejados, pero hubo otros que no tuvieron tanta suerte.

Estos, en número de tres, cargaron contra él, con espadas.

El monarca, sosteniendo la espada con ambas manos, desvió los cortes lanzados hacia el con una rapidez mortífera y de un solo corte de izquierda a derecha, los degolló, salpicándose de sangre en el proceso, dejándolos morir lentamente mientras caminaba, pisando la mezcla de nieve y sangre, sin inmutarse hacia los próximos enemigos, respirando calmadamente.

Los soldados que los acompañaban, sin rostro, lo seguían, una imagen espectral se cernía sobre los nórdicos, mientras el rey se abría paso entre las filas enemigas, parecía que, sin caballos, realmente no podrían ser más una amenaza, pero estaban equivocados, eran incluso más peligrosos.

Podría decirse que la muerte misma estaba en los ojos del rey, además su imagen, bañado en sangre que goteaba sobre la nieve blanca al lado de diferentes cadáveres o soldados agonizantes dando gritos de dolor provocaba un profundo terror a los nórdicos.

El paso de su armadura, y la de sus soldados, un sonido que jamás olvidarían, cada vez que duerman escucharían la nieve estremecerse ante estos pasos pesados, los de la muerte encarnada.

Con un ataque de tres frentes, Kristian, Caleb y Karl, más el monarca en el campo de batalla intimidando con su presencia y motivando a los suyos, los lideres nórdicos muertos o demasiado ocupados manteniéndose con vida, los soldados empezaron a huir despavoridos, incluso siendo superiores en número, sus fuerzas se iban al ver cómo se acercaban el trio del principio o el rey hacia ellos.

En pocos minutos, la guardia blanca gritaba al cielo celebrando la victoria mientras los últimos morían o huían.

Caleb salto de alegría elevando los brazos al aire, Karl retiro el hacha del último enemigo abatido y la coloco en su hombro con una sonrisa, Kristian limpio su espada con un cadáver antes de guardarla, sonrió levemente, el joven capadocio agarro de los hombros a ambos acercándolos a él con una sonrisa alegre.

–Hay que celebrar nuestra primera victoria!

–Vocifero– Y ver quien mato a más enemigos, evidentemente fui yo.

–Y que más soñaste?

–repuso Karl– Mi hacha corto tantos enemigos que hasta perdió filo.

–Claro, rematabas los que yo dejaba en el suelo.

–Agrego Kristian Burlonamente– Quizás debas volver al campo, pero aléjate de los cerdos.

Caleb y Kristian rieron, Karl gruño levemente, varios soldados de la Guardia hablaron con Kristian.

Cuando Caleb comenzó a señalar con sus manos que le dieran su pago por matar al Berserker, Karl miro a Kristian, pero el noble solo asintió siguió hablándole a los soldados, evidentemente haciéndose el tonto para no pagar y con un nuevo gruñido, Karl pago las veinte monedas.

La risa del joven príncipe se escucho y Karl solo frunció el ceño.

Entonces las alabanzas fueron más grandes cuando el rey pasaba entre los soldados, sonriendo y felicitando a sus hombres, mientras que con un pañuelo se limpiaba el rostro, terminando frente a los tres jóvenes.

El rey sonrió a Caleb y a Karl felicitándolos, a Kristian le vio directamente a los ojos.

Al joven Kristian por un momento le brillaron sus ojos, como esperando algo de reconocimiento, su pecho se hincho levemente, esperando lo que dijese el rey.

Sin embargo, este solo cambio su rostro a uno serio.

–Recuento de Bajas –Dijo el rey sin más.

Kristian le costó unos instantes responder, algo decepcionado, pero sin dejar de tener la frente en alto.

–Hasta el momento me han informado de quince heridos señor, las bajas regulares ascienden a más de noventa, según me informaron desde la retaguardia, quizás tengamos doscientas… –Bien… reagrupa las tropas y a la guardia, hay que prepararnos para nuestro próximo movimiento, que todos tengan doble ración esta noche.

Otro grito alegre fue lanzado por los soldados, Kristian asintió lentamente y sin más, reunió a los oficiales impartiendo ordenes, cuando hubo terminado unos segundos más tarde, estarían sus dos amigos aun ahí.

–De verdad ni siquiera una palmada en la espada?

–Hablo indignado Caleb– Fuiste el mejor combatiente hoy, ¿por qué no te dijo nada?

–Quizás solo evita que se le suba a la cabeza.

–Enserio Karl?

Literalmente nos felicitó en persona el Rey Antonio, el rey de Finlandia.

Kristian rio entre dientes.

–No le demos importancia, quizás en el futuro diga algo.

Caleb suspiro, pero decidió no continuar hablando sobre el tema.

–Vayamos a comer y descansar –El campesino se giró mientras hablaba– Ha sido un día largo.

–Bien!

¡Devorare ese ciervo que cazamos el otro día!

Kristian se mantuvo detrás, siguiéndolos, no pudo evitar agachar un momento la cabeza y ver sus manos, aun sucias con la nieve y la tierra y la sangre de sus enemigos.

Había matado, no había procesado hasta ese momento lo que había hecho, había arrebatado vidas humanas, su mente se inundó de pensamientos, el rey, la batalla, el berserker, todo llego de golpe a su cabeza, y luego las simples órdenes del monarca, su rey, solo quería su aprobación, quería que su hermano, al fin lo aceptase… al parecer aún faltaba mucho para ello.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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