Saga Dynastia: Lazos De Sangre. - Capítulo 6
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6: Vinculos 6: Vinculos Un pequeño Kristian caminaba por los pasillos de un palacio, uno con alfombra roja que cubría los pasillos y habitaciones, de manera simétrica tenía leones como los que llevaba el rey, dorados, como símbolos de la casa real, la de Suomi.
El pasillo por donde iba, estaba en el ala este del palacio, las grandes ventanas que daba a la hermosa vista de un bosque nevado que se extendía más allá, una vista magnifica.
Cada tanto aparecían guardias blancas patrullando el exterior o vigilando las puertas de ciertas habitaciones, o como patrullas dentro del propio palacio en número de cinco.
Kristian se frotaba las manos continuamente, además de mirar el suelo y tener su cabeza llena de pensamientos, dudas, y miedos.
Intento mantener una actitud calmada, pero sus manos no paraban de moverse.
En ese momento apareció de una de las puertas una mujer, con un delantal marrón con manchas de pintura, incluso en su rostro fino, que de hecho era muy parecida a él, pero con una nariz que se asemejaba más a la de Antonio, tenía manchas de pintura en su frente de distintos colores y en el menton una de color verde.
Era un poco baja, de cabello blanco, pero de un tono relativamente más oscuro que el del rey, ojos verdes, y cuando volteo hacia un lado, se encontró con la mirada de Kristian, esbozando una sonrisa y se lanzó por el a darle un abrazo.
Se llamaba Abril, princesa de Suomi, hermana de Kristian y del rey.
–Kristian!
Hermanito… –Exclamo mientras lo abrazaba– Lamento no haberte ido a visitar es… que… bueno, estaba un poco ocupada.
El pequeño sonrió respondiendo al abrazo y luego la miro.
–No pasa nada, ¿y los dibujos?
–Ah bueno, pintar un cuadro con tantas personas en él es un poco complicado jeje… pero creo que lo lograre.
Una mueca de sorpresa se dibujó en el rostro de Kristian.
–Ahora pintas cuadros?!
Abril rio, y camino con su hermanito agarrados de la mano.
Sintió la aspereza de su mano, cayos había en ella, señal de todo lo que se esforzaba en el entrenamiento, una punzada se clavó en el corazón de la princesa, suspiro ante esto y lo disimulo con una sonrisa.
–Si y, además, mejore las pinturas del cuarto, y poco más, creo que iré pintando más con el tiempo.
–Me pintaras a mí?
–Claro!
Cuando seas más grande, jejeje Ambos sonrieron, hubo un momento de silencio, abril se volvió hacia Kristian, para hacer una pregunta después de analizar la situación.
–Aunque… ahora que lo pienso, hoy es el día en que empieza a entrenar el combate –Abril levanto una ceja– ¿Qué haces aquí?
Deberías estar allá, además de que no deberías venir hasta que terminases el entrenamiento.
–Bueno… quería aprovechar un momento y escape para venir, hace tiempo que no te veía, ¡te extrañaba!
Abril no pudo evitar sonreír de oreja a oreja por lo adorable del momento, se agacho y lo miro a cara a cara.
–Agradezco eso –Dijo, cambiando su rostro a uno un poco más serio, pero no demasiado– Pero debes volver, podrías tener problemas y más si tu hermano te ve.
Kristian bajo un poco la cabeza, abril lo noto y le acaricio la mejilla y luego puso su dedo en el mentón, levantándole el rostro suavemente, para hacer que volviese a mirarle.
–Que ocurre?
El pequeño la miro con algo de tristeza.
–Pensé que esforzándome lograría aceptarme, soy el primero de la clase y me va mejor que el resto en los ejercicios… pero aún sigue sin hacerlo, ni siquiera me llama hermano, ni me habla… Un suspiro de frustración y enojo salió de Abril, miro un momento a los lados y luego al suelo como buscando relajarse, y luego lo miro con una sonrisa forzada y pequeña.
–Dale tiempo….
–Pero ya ha pasado mucho… que más necesita que le demuestre?
–Disciplina.
Una voz resonó del pasillo, los dos voltearon y se encontraron con la mirada penetrante del monarca, más joven, pero no menos alto, acompañado de sus soldados enmascarados.
Kristian se paró firme rápidamente y luego hizo una reverencia.
El ambiente se volvió tenso, abril se levantó lentamente mirando a Antonio sin miedo, al contrario de Kristian, quien estaba que temblaba por el miedo.
Antonio miro a ambos, deteniendo su vista en el pequeño recluta.
Sus brazos estaban detrás de su espalda, sus ropajes reales denotaban su presencia y su estatus: una capa semicircular, que llegaba hasta la cintura, sin capilla y con un cuello estrecho que ribeteaba el borde superior, de color purpura, un color exclusivo para la nobleza, poco común en las familias reales nórdicas, pero esta familia no era como ellas.
Debajo había un jubón rojo con detalles dorados, acompañado de un pantalón negro y botas de cuero con cordones.
–Se supone que no debes estar aquí –La voz grave del monarca se extendía por el pasillo– esto podría costarte tu lugar en la Guardia.
–No fue su culpa –Se apresuro a interrumpir abril– Yo lo hice venir, fue mi idea y mi decisión.
Antonio miro a abril, esta fijo sus ojos en los de su hermano, como si estuviera esperando que dijese algo, lista para discutir.
El rey respiro hondo y miro a Kristian.
–Ve al fuerte antes de que cambie de parecer, estos soldados te acompañaran.
Kristian asintió, y se retiró junto a los otros guardias, dedicándole una última mirada a Abril, y esta se la devolvió con una pequeña sonrisa tranquilizadora.
Cuando el pequeño noble se fue, la princesa se giró hacia su hermano frunciendo el ceño formando una mueca de enojo y disgusto.
–Tres años de entrenamiento y no le has dirigido la palabra?
–Reclamo– Es tu hermano!
–Medio hermano –Espeto Antonio– Es un bastardo.
–Tenemos sangre de la misma madre corriendo por nuestras venas, se esfuerza por ganarse tu aprobación, quiere ganarse tu amor… –Pues que siga luchando.
Antonio empezó a caminar hacia afuera, pero abril lo detuvo tomándolo del brazo.
–Que pasa contigo?
Nuestra madre no nos crio así, nos crio para que nos cuidáramos entre nosotros, somos todo lo que tenemos, y para Kristian, nosotros somos todo lo que tiene, y tú eres su ídolo, te admira, quiere ser como tú.
Somos Suomi, eres mejor que esto.
La cabeza del rey se meneo negativamente mientras apartaba la mano de su hermana con suavidad.
–La existencia de Kristian pone en riesgo lo que hemos conseguido estos años, si se enteraran de donde viene, si supieran, todo se vendría abajo, y no solo eso.
Su mera existencia me recuerda a su padre.
–A nadie le importara y mucho menos cuando se haga un Guardia Blanca, hay muchos bastardos, además, no es su culpa, el no eligió a su padre, no debe sufrir por algo que no pudo evitar, por favor hermanito.
Los ojos llenos de súplica de Abril se fijaron en los de Antonio, el rey se volteo, y empezó a caminar, deteniéndose en la puerta, justo antes de salir.
–Deberá ganárselo, quizás nadie le preste atención a su origen, que eventualmente se sabrá, pero si quiere que yo lo considere un Suomi y lo trate como un igual, tendrá que luchar.
Abril dio un profundo suspiro, mirando al suelo y luego al cielo, suplicando a su madre que le diera paciencia y fuerza, entrando a su habitación nuevamente, con profunda tristeza e impotencia.
Ese mismo día, después del combate con Karl, Caleb se encontraría con Kristian, cerca de donde habían transcurrido los duelos, teniendo un descanso de los combates, cerca de un banco.
–Eres muy listo!
¡Lo enojaste y luego lo golpeaste!
¡Y ganaste!
–Exclamaba Caleb con entusiasmo y admiración– Donde aprendiste a combatir así?
Kristian rio un poco, estirándose, Caleb se sentó en el banco, mirando al noble.
–Solo fue mucha práctica, tú también podrás hacerlo algún día.
–Ooh… eso crees?
¿De verdad?
Los ojos de Caleb se llenaron de ilusión, Kristian sonrió, y le revolvió el cabello con su mano.
–Claro que sí.
Karl hizo aparición, detrás de ellos, con cierta pena, pero Kristian lo escucho llegar, sobre todo porque es difícil no escucharlo caminar.
–No vas a vengarte y atacarme por la espalda cierto?
–Dijo riendo Kristian.
Caleb se volteo a ver a Karl, y el campesino soltó una breve carcajada, nerviosa.
–No habría honor en eso.
–Y yo te habría matado!
–Exclamo Caleb– te apareces por la espalda eso no es precisamente algo agradable!
–Calma enano, no podrías ni acercarte.
–Como me llamaste!?
Una pequeña discusión se desato entre el capadocio y el campesino, a duras penas se estaban conociendo y ya estaban peleándose.
Aparte de Karl, había otros ojos mirando, pero no pudo notar cuales, cuando se volteo no vio nada, pensó que era su imaginación y solo se concentró en separar a sus dos nuevos amigos, una sonrisa se dibujó en su rostro.
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