Saga Dynastia: Lazos De Sangre. - Capítulo 7
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7: Demonios 7: Demonios La Guardia Blanca y el resto del ejército de Finlandia regresaron al campamento, Kristian estaba al frente junto al rey, pensativo, con la mirada baja y sus manos tomando las riendas de su caballo, con su casco puesto, usaba un casco común entre los nórdicos, solo que este estaba mas ornamentado que el resto, con su protector nasal con un pequeño rubí.
A lo lejos se escuchó el galopar de caballos, soldados con la bandera finlandesa, un pabellón rojo, con una franja que cortaba verticalmente a la mitad el pabellón y otra que cortaba esa lineal y la bandera en el centro verticalmente, eran doradas y el escudo de la familia real en el centro donde se interceptaban las franjas.
Soldados equipados con una armadura con una armadura ligera y caballos protegidos con lo justo, eran la caballería ligera, de reconocimiento y persecución del ejercito del rey.
El oficial se acercó al monarca y este rápidamente se apresuró a preguntar.
-Bajas?
El soldado negó con la cabeza.
-No, mi señor, muchos nórdicos sucumbieron ante nuestras espadas, temerán nuestro nombre, pero lamento informar que muchos escaparon fuera del bosque, por lo que sabemos se reagrupan en el campamento.
-Bien hecho, descansen en el campamento.
-Si Alteza, gracias.
Los exploradores de incorporaron a la formación y continuaron su camino.
Llegaron al campamento, una gran cantidad de tiendas en el bosque, ocultos y vigilados por más arqueros en los árboles.
En las tiendas había más tropas, fuera y dentro de ellas, en fogatas colectivas o caminando por los caminos de nieve.
Al ver llegar al rey con los soldados sosteniendo estandartes capturados, la celebración no se hizo esperar, elevando sus espadas y puños al aire, celebrando la victoria, Antonio mantenía la frente en alto mientras asentía saludando, en el camino se le unieron otros dos oficiales de alto rango, reconocibles por las capas largas de color blanco y sus cascos con detalles dorados, similares, pero no iguales y superiores al de Kristian.
-Se reportan victorias en los otros frentes -Dijo uno.
-Mas de seiscientas bajas mi señor frente a las más de mil danesas.
El rey asintió, esbozando una pequeña sonrisa de satisfacción.
-Buen trabajo, que descansen sus tropas, pronto daremos el golpe final.
Kristian se limitaba a escuchar, vigilando el panorama, observando como también varios soldados lo felicitaban y otros lo admiraban con respeto, después de todo, su fama crecía dentro del ejército, su habilidad con la espada era ya ampliamente conocida y sus estrategias tampoco se quedaban atrás, después de todo, él había ideado la táctica que hace un momento les había otorgado la victoria.
Kristian y sus amigos se reunieron junto a los soldados de la Guardia en una de las fogatas colectivas cerca de la tienda del rey, sirviéndose las raciones extra que había ordenado el rey, celebraban con cerveza, contando las historias que habían surgido en la batalla, muchos alardeaban de haber decapitado muchos daneses, otros presumían armas y oro robados a los noruegos que habían atacado por otro frente.
-Mi hacha sigue empapada con la sangre de decenas de daneses, noruegos y lo que haya aparecido en ese maldito camino -Declaraba Karl levantando un trozo de carne y hablando con la boca llena a varios soldados- Ahora todos esos desgraciados temerán mi nombre.
Los Guardias asintieron aprobando las acciones de Karl, quien estaba con el pecho hinchado de orgullo.
-Tu habrás matado a muchos, pero yo -Caleb se señalo a si mismo con su pulgar interrumpiendo la conversación de su amigo- Asesine un Berserker, vale el doble que tus decenas.
Los Guardias quedaron boquiabiertos por aquella afirmación, Kristian interrumpió el momento de Caleb al terminar su jarra con agua.
-Eh no te lleves el crédito, lo teníamos.
-SI!
-Karl volvió a hablar- Además, tus flechitas no cuentan.
-Intenten atinar a un furioso Berserker que no para de mover y que esta a punto de matar a dos hombres cansados y débiles.
Kristian parpadeo dos veces y volvió a beber agua, vencido, pero Karl continuo la discusión durante toda la comida, los presentes no sabían a quien apoyar.
El noble solo observo y escucho, sonriendo levemente mientras compartía con sus amigos.
Horas más tarde, la tienda del rey, una más grande que el resto, fuertemente vigilada, debido a la presencia de la Guardia que colocaron sus tiendas alrededor de la del rey.
Con una mesa en medio y un catre cuya única comodidad era el tener sabanas gruesas para el frio, el rey vivía como sus soldados, no abusaba de las ventajas de ser un rey, era austero y humilde.
En esa humilde tienda, se encontraban reunidos generales y oficiales, además de Kristian que estaba al lado del rey, a pesar de que este no parecía darle importancia, solo lo mantenía ahí por su función y posición.
Rodeaban la mesa, con un gran mapa de la zona norte de Suecia, con diferentes soldados de madera pequeños dispuestos en posición de combate, planeando la estrategia.
Eran generales relativamente jóvenes, en términos modernos, algunos apenas pasaban los cuarenta, otros pocos los treinta, pero todos ya habían luchado antes en la guerra.
-En los últimos días se ha aniquilado a más de tres mil daneses -Dijo uno de los generales más veteranos, canoso y con una cicatriz en el ojo, con voz ronca y seca- Y en total en todo este mes han sido casi cinco mil, según lo que hemos podido contar, y hemos sufrido trecientas veinte bajas gracias a la táctica de su majestad y el Gran Maestre.
Sin duda los daneses y los perros falderos de los noruegos no tendrán más opción que retirarse pronto.
Algunos sonidos aprobatorios se hicieron notar de entre algunos oficiales, pero uno de los generales tomo la palabra.
-Dudo mucho que veamos a los daneses retirarse en poco tiempo -Señalo el mapa las afueras del bosque, uno de los jóvenes, de melena larga y rubia, además de barba corta- Su campamento aun guarda treinta y cinco mil guerreros, son tercos y ascenderán a quien haga falta para cubrir a sus oficiales, además, nuestros suministros son limitados y más en el frio norte, quien sabe cuánto tardemos en acabar asustando a todos los ciervos y venados de la zona, los daneses no pararan de hostigarnos.
Ellos aún tienen todo un reino para tomar sus provisiones y seguir atacándonos y les recuerdo que aún tienen cuarenta mil hombres en el sur de Suecia.
-Se acabarán rindiendo, están perdiendo más hombres que nosotros.
-A un ritmo muy inferior al nuestro con los suministros, por cada hombre que matamos perdemos un día de ración, a este paso el frio y el hambre nos mataran.
Una discusión acollarada se desato entre los principales generales, Kristian observaba callado, miro de reojo al rey, el cual estaba concentrado en la mesa, viendo el mapa.
Los guardias con las máscaras que cubrían el rostro se movieron levemente para ver a los oficiales, por si alguno de ellos le hervía lo suficiente la sangre como para perder la cabeza y lanzar algún puñetazo, lo dudaban, pero no lo descartaban.
Kristian iba a ordenar hacer silencio, pero fue interrumpido por Antonio, el cual se levanto colocando ambas manos en la mesa, con solo ese gesto, los generales callaron de inmediato, mirando a su alteza, entre expectación y nerviosismo.
-No es tiempo para pelear por algo tan absurdo -Increpo el rey a sus generales- Si no podemos esperar más, y tampoco podemos retirarnos, la opción es clara: Atacaremos.
Los generales abrieron sus ojos de par en par por la sorpresa mirándose los unos a los otros.
Uno no tardo en protestar con un tono algo nervioso y tembloroso.
-Majestad…
usted mismo dijo que enfrentarse a los Daneses y Noruegos de frente es un suicidio…
Antonio asintió y tomo a las figuras que representaban a las tropas finlandesas y las avanzo hasta la orilla del bosque.
-Los arqueros nos han sido útiles, son rápidos, precisos y silenciosos, les enseñamos eso, tomemos a una parte de ellos y hagamos que se infiltren por la noche en el campamento enemigo -El Rey movió las piezas que simbolizaban a los arqueros- deberán hacer que estalle en llamas, además de eliminar a la mayor cantidad de oficiales posibles en el camino.
Nosotros estaremos esperando que las llamas y el caos se apoderen de ellos y atacaremos, primero la caballería, abriéndose paso entre los enemigos, luego la guardia blanca y el ejército regular, los primeros de frente, los segundos irán detrás de nosotros y las tropas regulares que ataquen los flancos, evitando que escapen hacia el oeste o el este, que solo vayan al sur donde nuestros caballos los destrozaran.
Tendremos que realizar algunos ajustes y quizás tener planes de reserva, la situación siempre se sale de control en las batallas, pero por lo menos podremos tener el control de este combate si lo ejecutamos con la precisión que nos caracteriza.
-Y si fallamos?
-Dijo uno de los presentes con tono nervioso.
-No podemos fallar, no hay plan de respaldo, si fallamos, moriremos de hambre aquí.
-Sentencio Antonio con firmeza-.
Hemos peleado durante mucho tiempo entre la nieve y la sangre de nuestros hermanos de armas.
No solo eso, si sucumbimos aquí, todo lo que conocen ardera, hijos, hermanos, madres, padres, todos morirán, así que preparen a las tropas, mañana por la noche lanzaremos el ataque, si tienen otra idea, díganla ahora.
Los presentes miraron el mapa, unos asintiendo lentamente, otros llevándose la mano a la cabeza y otros a la barbilla.
La duda inundo la habitación, pero realmente no tenían otra alternativa.
El frio y el hambre los acabaría matando lentamente y una pelea de frente sería una muerte más digna, pero no tendría sentido desperdiciarla y dejar morir a toda su nación por ello.
Asintieron y se retiraron de la carpa.
Excepto Kristian.
El joven noble antes de salir se detuvo frente al monarca.
Este levanto la mirada y le vio, suspiro y tomo de la mesa una pluma y se sentó.
-Aun…
¿Aun no es suficiente?
-Pregunto con voz entrecortada.
-Acaso crees que una batalla es suficiente?
Ja…
-Contesto el rey burlonamente-.
Si fuera así de fácil, todos mis generales serian reyes.
Tu plan salió bien, lo admito, pero aún nos queda mucho por delante.
-Pero…
Antonio bajo la mirada interrumpiéndolo con el sonido de su escritura, en el acto mientras escribía.
-Ve a descansar, mañana prepara a la guardia, la necesito lista.
Kristian, algo frustrado, suspiro levemente, hizo una reverencia y se retiró.
Antonio detuvo la escritura un momento, vio el documento, era una carta dirigida a Leonor, su esposa, su reina.
La miro detenidamente, solo había escrito palabra tras palabra, no encontraba la manera de iniciarla…
no después de lo sucedido.
Sacudió la cabeza negativamente y arrugo la carta arrojándola al suelo, soltó la pluma y se llevó las manos al rostro, con la cara hacia el suelo.
Un gran peso reposaba en su corazón, no sabía que decir, no sabía que hacer, quizás fue el orgullo o fue el estar harto de pensar, pero al final, se levantó con el ceño fruncido y se acostó en su cama, obligándose a dormir para que iniciara el día de mañana.
Tardo varias horas, pero finalmente, después de dar tantas vueltas en la cama, logro dormir.
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